“Mi alma no encuentra escalera al cielo a menos que sea a través de la hermosura de la tierra”.
Miguel Ángel Buonarroti
A través de los años la humanidad ha dado muestras del genio que puede tener y desarrollar, traduciéndolo en grandes obras artísticas: novelas, poemas, cuentos, pinturas, esculturas, edificios, piezas musicales, etc.
Miguel Ángel Buonarroti es, sin duda, un nombre que marcó la Historia del arte. Su genialidad y talento lo hicieron merecedor del título de Hombre Renacentista, el cual denota sabiduría y conocimientos en diferentes ciencias y artes.
Desde el majestuoso David, hasta la imponente Capilla Sixtina, Buonarroti logró capturar la atención del mundo, pero tenía otros talentos, también escribía poemas y sonetos. La mayoría de ellos fueron dedicados al joven Tommasso Cavalieri, quien fue un estudiante del artista; sin embargo, se cree que su relación iba más allá. Miguel Ángel tenía 57 años cuando conoció a Tomasso quien en ese entonces tenía alrededor de 17.
El joven aprendió a dibujar con la ayuda de Miguel Ángel y gracias a su cercanía, la fama de Cavalieri aumentó de forma considerable.
En algunas ocasiones olvidamos que los grandes personajes, creadores de belleza y arte, eran como todos nosotros y que igualmente sentían dolor, ira y amor. La flecha de Cupido no se desvió del blanco cuando se trató de herir al autor de `La Piedad´.
Para Miguel Ángel, el encuentro con Tomasso fue como una iluminación, incluso hasta la fecha se conservan algunas de las cartas que el maestro le escribió al joven. A pesar de que no existe alguna prueba de que hubo una relación amorosa entre ellos, las cartas que Buonarroti le dedicó a su joven aprendiz muestran un amor que va más allá de una simple amistad. Las cartas eran enviadas junto con dibujos que Tomasso debía estudiar y replicar. El maestro sólo brindaba este beneficio a su joven aprendiz. Con el tiempo, Cavalieri logró mejorar de manera exponencial su técnica. Se sabe que varios expertos se mostraban confundidos sobre la autoría de los dibujos, pues la calidad de ellos igualaba a la de Miguel Ángel.
En una de las cartas escritas al joven se lee:
“Su señoría, única luz del mundo en nuestra era, nunca estará satisfecho con el trabajo de otro hombre porque no hay otro hombre que se te asemeje, ninguno que te iguale…Me apena grandemente que no pueda recuperar mi pasado y así, de esa manera, por más tiempo estar a su servicio. Tal como es, sólo puedo ofrecerle mi futuro, el cual es corto ya que soy anciano… Eso es todo lo que tengo que decir. Leed mi corazón ya que la pluma es incapaz de expresarse bien”.
Se decía que el joven Tomasso compartía los sentimientos que su maestro sentía por él. Y en sus respuestas se puede notar un afecto que sobrepasa los límites de una simple amistad:
“Juro retornarle su amor. Jamás he amado a un hombre más de lo que lo amo. Me he sentido enfermo, al borde de la muerte y su carta me ha revivido; si no llega a ser por ella, habría muerto”.
Gracias a este amor imposible, Miguel Ángel escribió sonetos en los que muestra la intensidad de su amor por el joven Tommasso:
“Si el casto amor, si la bondad sobrepujante,
Si dos amores comparten una misma fortuna,
Sino duro de uno será inquietud del otro,
Dos pechos guiados por un sólo espíritu y deseo,
Y si dos cuerpos tienen una sola alma eterna
Crece y como alas semejantes a ambos iza al Cielo,
Si el golpe y dorado dardo del amor puede quemar
Y separar las partes vitales de dos pechos,
Ninguno amándose a sí mismo, sino uno al otro,
Y éste a aquél, con un sólo deleite y gusto,
Afinidad que a ambos hace ambicionar un sólo fin,
Si miles y miles de seres no serían nada
Ante amor tan atado, ante finalidad tal…
¿Cómo una sola afrenta puede quebrarlo y desatarlo?”.
En esa época la homosexualidad era un crimen y, por lo tanto, la relación entre ambos no fue más allá de lo platónico. Sin embargo, fue gracias a la tinta y al papel que estos sentimientos pudieron ser expresados:
“Ya sabes que sé, dueño mío, ya sabes
Que he venido a gozarte más de cerca;
Ya sabes que sé, que sabes que soy yo, entonces,
¿Por qué aplazar más tiempo el encuentro?
Si la esperanza que me diste es cierta
Y cierto el buen deseo que me has concedido,
Deja que caiga el muro alzado entre los dos,
Pues la fuerza crece con el íntimo infortunio.
Si yo en ti sólo amo, caro dueño mío,
Lo que más tú amas en mí, no te enfades
Si un espíritu está enamorado del otro.
Lo que en tu hermosa cara ansío y aprendo
La humana inteligencia apenas presiente:
Necesaria es la muerte del que quiera verte”.
Se dice que cuando Miguel Ángel murió, Tomasso estuvo con él sosteniendo su mano mientras el artista daba su último respiro.
Si bien el tiempo, las costumbres y la visión acerca de las relaciones y sobre las parejas ha cambiado, el amor que se profesaban estos italianos iba más allá. La admiración, convivencia y aprendizaje mutuo creó lazos que trascendieron.
Miguel Ángel Buonarroti
A través de los años la humanidad ha dado muestras del genio que puede tener y desarrollar, traduciéndolo en grandes obras artísticas: novelas, poemas, cuentos, pinturas, esculturas, edificios, piezas musicales, etc.
Miguel Ángel Buonarroti es, sin duda, un nombre que marcó la Historia del arte. Su genialidad y talento lo hicieron merecedor del título de Hombre Renacentista, el cual denota sabiduría y conocimientos en diferentes ciencias y artes.
Desde el majestuoso David, hasta la imponente Capilla Sixtina, Buonarroti logró capturar la atención del mundo, pero tenía otros talentos, también escribía poemas y sonetos. La mayoría de ellos fueron dedicados al joven Tommasso Cavalieri, quien fue un estudiante del artista; sin embargo, se cree que su relación iba más allá. Miguel Ángel tenía 57 años cuando conoció a Tomasso quien en ese entonces tenía alrededor de 17.
El joven aprendió a dibujar con la ayuda de Miguel Ángel y gracias a su cercanía, la fama de Cavalieri aumentó de forma considerable.
En algunas ocasiones olvidamos que los grandes personajes, creadores de belleza y arte, eran como todos nosotros y que igualmente sentían dolor, ira y amor. La flecha de Cupido no se desvió del blanco cuando se trató de herir al autor de `La Piedad´.
Para Miguel Ángel, el encuentro con Tomasso fue como una iluminación, incluso hasta la fecha se conservan algunas de las cartas que el maestro le escribió al joven. A pesar de que no existe alguna prueba de que hubo una relación amorosa entre ellos, las cartas que Buonarroti le dedicó a su joven aprendiz muestran un amor que va más allá de una simple amistad. Las cartas eran enviadas junto con dibujos que Tomasso debía estudiar y replicar. El maestro sólo brindaba este beneficio a su joven aprendiz. Con el tiempo, Cavalieri logró mejorar de manera exponencial su técnica. Se sabe que varios expertos se mostraban confundidos sobre la autoría de los dibujos, pues la calidad de ellos igualaba a la de Miguel Ángel.
En una de las cartas escritas al joven se lee:
“Su señoría, única luz del mundo en nuestra era, nunca estará satisfecho con el trabajo de otro hombre porque no hay otro hombre que se te asemeje, ninguno que te iguale…Me apena grandemente que no pueda recuperar mi pasado y así, de esa manera, por más tiempo estar a su servicio. Tal como es, sólo puedo ofrecerle mi futuro, el cual es corto ya que soy anciano… Eso es todo lo que tengo que decir. Leed mi corazón ya que la pluma es incapaz de expresarse bien”.
Se decía que el joven Tomasso compartía los sentimientos que su maestro sentía por él. Y en sus respuestas se puede notar un afecto que sobrepasa los límites de una simple amistad:
“Juro retornarle su amor. Jamás he amado a un hombre más de lo que lo amo. Me he sentido enfermo, al borde de la muerte y su carta me ha revivido; si no llega a ser por ella, habría muerto”.
Gracias a este amor imposible, Miguel Ángel escribió sonetos en los que muestra la intensidad de su amor por el joven Tommasso:
“Si el casto amor, si la bondad sobrepujante,
Si dos amores comparten una misma fortuna,
Sino duro de uno será inquietud del otro,
Dos pechos guiados por un sólo espíritu y deseo,
Y si dos cuerpos tienen una sola alma eterna
Crece y como alas semejantes a ambos iza al Cielo,
Si el golpe y dorado dardo del amor puede quemar
Y separar las partes vitales de dos pechos,
Ninguno amándose a sí mismo, sino uno al otro,
Y éste a aquél, con un sólo deleite y gusto,
Afinidad que a ambos hace ambicionar un sólo fin,
Si miles y miles de seres no serían nada
Ante amor tan atado, ante finalidad tal…
¿Cómo una sola afrenta puede quebrarlo y desatarlo?”.
En esa época la homosexualidad era un crimen y, por lo tanto, la relación entre ambos no fue más allá de lo platónico. Sin embargo, fue gracias a la tinta y al papel que estos sentimientos pudieron ser expresados:
“Ya sabes que sé, dueño mío, ya sabes
Que he venido a gozarte más de cerca;
Ya sabes que sé, que sabes que soy yo, entonces,
¿Por qué aplazar más tiempo el encuentro?
Si la esperanza que me diste es cierta
Y cierto el buen deseo que me has concedido,
Deja que caiga el muro alzado entre los dos,
Pues la fuerza crece con el íntimo infortunio.
Si yo en ti sólo amo, caro dueño mío,
Lo que más tú amas en mí, no te enfades
Si un espíritu está enamorado del otro.
Lo que en tu hermosa cara ansío y aprendo
La humana inteligencia apenas presiente:
Necesaria es la muerte del que quiera verte”.
Se dice que cuando Miguel Ángel murió, Tomasso estuvo con él sosteniendo su mano mientras el artista daba su último respiro.
Si bien el tiempo, las costumbres y la visión acerca de las relaciones y sobre las parejas ha cambiado, el amor que se profesaban estos italianos iba más allá. La admiración, convivencia y aprendizaje mutuo creó lazos que trascendieron.