InicioInfoLos gestos hablan mucho.--Que dicen?

Los Gestos que dicen.




Entre un 70% y 80% de toda comunicación oral permanece oculto a nosotros si desconocemos las claves para interpretar certeramente el discurso gestual del otro, donde, además de información, radican las actitudes y sentimientos frente a lo que decimos, sin falsificaciones, puesto que tal discurso es una emisión inconsciente, ¡muy poco controlable!



Como todo código, el gestual se conforma de unos signos (los gestos), una semántica (lo que los gestos significan) y una sintaxis (la conexión existente entre varios gestos, afectando el sentido o semántica general de la frase gestual). Todo esto es imprescindible si deseamos decodificar (interpretar) correctamente el discurso gestual.



Entendemos por signo gestual cada gesto que hace una persona en la dinámica comunicacional, tanto si escucha como si habla, y que expresa básicamente una información actitudinal frente a lo que el emisor gestual dice, escucha o ve; por ejemplo: el sujeto A dice al sujeto B: ¡Me pareces absurdo!, y el sujeto B, un segundo después, se rasca la nuca; el sujeto B ha expresado una actitud de rechazo al texto emitido por A... ¡sin haberlo dicho con palabras! Podríamos asegurar que, en el marco de una comunicación oral, cada gesto se carga de un significado, de una semántica, solo que la de algunos gestos es más contextual que comunicacional; así, por ejemplo, si conversan dos personas en una oficina con el aire acondicionado a 10ºC, estarán cruzadas de brazos ambas, sin que ello signifique una actitud de bloqueo mutuo, puesto que el gesto obedece a la temperatura ambiente de dicha dependencia.





Valga decir, entonces, que antes de precisar un pequeño inventario de gestos y sus significados, hay que hacer 3 advertencias:
1º)Hay gestos contextuales que obedecen a circunstancias ajenas a la comunicación.
2º)Hay muletillas gestuales, es decir, gestos que son efectuados por puro hábito, como los tics nerviosos.
3º)Gestos locales, aquellos que los habitantes de un país efectúan comúnmente con el fin de sentirse afiliados existencialmente a un colectivo humano, como sería el caso del clásico cruce de brazos de los españoles para charlar amenamente sobre algo, o el hábito entre venezolanos que charlan sentados de cruzar los tobillos debajo de la silla.
En el caso de estas tres advertencias, no debemos tomar la semántica del gesto como la reseñan los libros de kinesia, esto es, literalmente.



Por semántica gestual, tenemos el significado de cada signo gestual; así, por ejemplo, cuando quien habla se rasca la nuca, dicho signo podría significar mentira o inseguridad en el emisor; pero si el signo lo produce no el emisor sino el que escucha un mensaje, podría significar rechazo a lo que oye.






La sintaxis gestual es la necesaria conexión entre varios signos gestuales, que apunta hacia un sentido general de la frase gestual, lo que podríamos establecer como una conclusión; de este modo, si alguien que escucha emite la siguiente sintaxis gestual: apoya la cara en la mano, luego mira el reloj y se toca el ojo, para finalmente cruzar los brazos, nos estará diciendo: estoy aburrido y no veo la hora de que esto concluya. La sintaxis gestual es esa secuencia de gestos encadenados por un mismo significado.





Una vez explicado esto, podemos desarrollar brevemente un sucinto inventario de signos gestuales, que pueden ser ampliados en un extraordinario libro de Allan Pease, titulado El lenguaje del cuerpo.
Tenemos varios binomios gestuales interesantes: poder/servicio, aceptación/rechazo, interés/aburrimiento, mentira/verdad.



Desde el saludo, toda persona nos da información sobre su actitud frente al poder, nos dice me gusta mandar, me gusta servir, soy equilibrado. Cuando alguien nos da la mano con la palma hacia abajo (mano del poderoso), nos está diciendo que le gusta mandar, y que se siente por encima de nosotros, su rol es dominante; cuando alguien da la mano con la palma hacia arriba, nos expresa su vocación de servicio, su deseo de ayudar; quien nos da la mano verticalmente, nos señala que es una persona equilibrada en el ejercicio del poder, racional y calculadora. Este simple dato le puede permitir a un líder reconocer rápidamente en su equipo quiénes tienen dotes de conductores y quiénes de colaboradores.



Si alguien camina con las manos atrás, sujetadas a la altura de la muñeca, será sin duda alguien con actitudes para la supervisión; pero si una de las manos sujeta no la muñeca, sino el antebrazo, estará revelando algún grado de frustración proporcional a qué tan cerca del codo lleva la mano. Si un empleado camina sin arrastrar los pies, y con los brazos batientes de manera alternada, casi como una marcha, su jefe sabrá que tiene un subalterno proactivo, que lo será tanto más si camina con la cabeza y los hombros ligeramente adelantados a la cintura.



Si alguien nos escucha, y al hacerlo se toca levemente la oreja, el ojo, la nariz o se rasca/acaricia la nuca, nos estará expresando su rechazo o bien a lo que decimos, o bien a la escasez de tiempo, o bien a la presencia inoportuna de un tercero. Si nos escucha manteniendo la mirada y con un índice apoyado en la sien, estará manifestando su gran interés; y si además involucra la barbilla en el gesto, estará analizando lo que decimos.



Si quien habla se toca levemente la oreja, el ojo, la nariz o se rasca/acaricia la nuca, nos estará mintiendo o expresando inseguridad. Para estos casos, es recomendable hacer lo que yo he denominado mayéutica gestual, esto es, preguntar para observar tanto la respuesta verbal como la no verbal y su pertinencia, y de este modo poder asegurar, basados en una sintaxis gestual rica, que el sujeto en cuestión miente. Sobre todo cuando pretendemos concluir que nuestro interlocutor miente, es imperativo aplicar la mayéutica gestual, con el fin de reducir a su mínima expresión el margen de error.



Cuando se organicen equipos de venta, negociación o mediación, es importante tomar en consideración el discurso gestual en virtud de la direccionalidad corporal, pues, cuando dos personas conversan, podemos saber si hay encuentro o desencuentro entre sí, según como estén dirigidos sus cuerpos; de este modo, si una pareja de vendedores (dama y caballero) se dirigen a un potencial cliente para presentarle un producto, el prospecto dirá con la dirección de su cuerpo a quién de ambos vendedores eligió para establecer la relación comercial, y lo indicará dirigiéndole su cuerpo desde los primeros segundos de conversación, a lo que el equipo, previamente coordinado, debe responder cediendo el protagonismo de la exposición a la persona que el prospecto escogió; si este detalle es pasado por alto, la negociación puede venirse al suelo.



Podemos concluir asegurando que la Semiología del Gesto representa para el líder una fuente inagotable de información cualificada, que permitirá tomar medidas idóneas y justas. Cada vez más, la Semiología del Gesto aporta sus beneficios a tareas sociales tan difíciles como, por ejemplo, la prevención del delito; así, en Estados Unidos, los interrogatorios policiales se llevan a efecto no solamente asistidos por el detector de mentiras, sino por un semiólogo gestual que interpreta los gestos emitidos durante el interrogatorio, con lo que el proceso se hace más confiable, puesto que, siendo el discurso gestual eminentemente inconsciente, la posibilidad de falsearlo es muy remota. Si incorporamos esta disciplina a nuestra cotidianidad, con absoluta seguridad, estaremos mejorando nuestra calidad y pertinencia comunicacionales.


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