Buenas noches Taringueros, este es mi segundo post y quise abordar un tema que me parecio mas que fascinante, la Bilocacion.
Bilocación es un término utilizado para describir el fenómeno paranormal o sobrenatural en el cual una persona u objeto estaria ubicado en dos lugares simultaneamente. En el caso de las personas, la persona que lo experimenta es capaz de interactuar con su entorno normalmente, incluida la posibilidad de experimentar sensaciones y de manipular objetos físicos exactamente como si hubiera llegado a traves de medios naturales.
El termino es igualmente un supuesto teórico que se emplea en el calculo complejo de ecuaciones con varias incognitas de indeterminaciones; por ejemplo, en física cuantica.
Casos de Bilocación
El enigmatico caso de la Bilocacion fantasmal del Hospital de Granada
Se cumplen veinte años desde que en el Hospital Materno Infantil de Granada se produjo un extraño suceso del que fueron testigos dos enfermeras: la aparición de un supuesto fantasma. Pero lo más lo más insólito del caso es que este habitante venido del Más Allá protagonizó el primer caso de bilocación en un espectro.
Aunque en el exterior el calor era asfixiante, dentro del Hospital Materno Infantil de Granada la elevada temperatura de aquella tarde de julio de 1985 se sobrellevaba gracias al potente aire acondicionado. La enfermera Elena de Teresa, cuyo puesto de trabajo habitual se encontraba en el departamento de Rayos X, estaba por aquellos días en información. La recepción era un recinto de pequeño tamaño, con una ventana de atención al público y una puerta lateral para entrada y salida del personal autorizado, que en ocasiones algunos enfermos y sus familiares usaban para realizar consultas. Así sucedió aquella tarde. A pesar de que el recibidor se encontraba casi desierto, un señor vestido de negro y con gesto serio se asomó bajo el dintel requiriendo la atención de Elena. Dio el nombre de una enferma recién operada de un tumor y solicitó permiso para visitarla, alegando ser su marido. La enfermera introdujo el nombre de la mujer en el ordenador y comprobó que se encontraba en Reanimación. Antes de que pudiera explicar al hombre cómo subir a la habitación, una muchacha se acercó a la ventanilla. Su rostro blanco como la cal, su mirada esquiva y sus brazos caídos a ambos lados del cuerpo la convertían en una persona un tanto atípica. Con voz trémula preguntó por la salud de su madre. Al tomar el nombre, Elena se sorprendió al ver que era el mismo que el que le había dado el señor de negro.
“Familia peleada”, pensó. –La enferma está en Reanimación –dijo Elena en voz alta para que la oyeran ambos–. Pueden subir. –¿Cómo que pueden? –respondió el hombre con el ceño fruncido. “Familia peleada y, además, que no se habla”, volvió a pensar la enfermera. –Puede usted subir, caballero. Elena le dio a cada uno un pase y se olvidó de la intrigante anécdota. Por el momento. A los pocos minutos, la pálida muchacha regresó a la ventanita y solicitó hablar con el médico que atendía a su madre. Elena llamó a Reanimación, donde le informaron de que Alicia, la anestesista, estaba en la cafetería. Le mandó, por lo tanto, un mensaje al busca, y Alicia llamó enseguida. Cuando Elena le contó que había una joven que quería consultar algo con respecto a su madre, la anestesista se dirigió hacia la recepción. Una vez allí, Alicia y la joven subieron juntas a la tercera planta.
Dos figuras idénticas
No habían transcurrido ni quince minutos cuando una vez más la joven apareció por la ventana de Información, repitiendo que quería hablar con el médico que atendía a su madre. Algo extrañada, Elena llamó de nuevo a Reanimación. –Alicia, está aquí la joven que antes ha preguntando por ti –le informó la enfermera. –Disculpa, no he podido atenderla porque cuando hemos llegado he tenido que ir a socorrer a una mujer que estaba de parto por cesárea –respondió la doctora–. Pero no te preocupes, ahora mismo la informo. La tengo aquí delante. Elena no podía creer lo que estaba oyendo. –No puedes tenerla delante –alegó– porque está aquí, en Información. Aunque la conversación se estaba desarrollando a través de un megáfono abierto, la muchacha no intervino en ningún momento, cosa extraña dado el trasfondo del diálogo. –¿Cómo es la “tuya”? –dijo Alicia en tono casi cómico. Cerca de ella, y divertidas con la charla, se encontraban una auxiliar y una enfermera, que fueron testigos de la insólita situación. –Tiene el pelo rubio y rizado. Viste unos pantalones vaqueros y una camisa azul a cuadros. En el cuello tiene una especie de gargantilla muy llamativa. Alicia confirmó a Elena que la persona que había delante de ella era idéntica. Sin saber qué pensar, se le ocurrió una idea para desvelar el enigma. –Voy a dejar a la chica de arriba en la sala de espera de Reanimación, que está vacía en este momento. Echaré la llave. Mándame a la joven de abajo y yo la espero a pie de escalera. Elena le dio el vale a la misteriosa chica, esta se lo entregó al celador y subió por las escaleras. Pocos minutos después, Elena recibió una llamada de Alicia. Aunque había estado esperando un buen rato junto a la escalera de la tercera planta, allí no había aparecido nadie. –¿Y la joven de arriba? –preguntó Elena. –Ha desaparecido de la sala. Y la llave estaba echada –dijo Alicia. Aquello fue la gota que colmó el vaso del desconcierto. Asustadas, llamaron al celador, quien recordaba perfectamente los rasgos de la muchacha. Los tres recorrieron el hospital desde la séptima planta hasta el sótano en busca del enigmático personaje. Por más vueltas que dieron, la chica no apareció.
Terrible experiencia
Pasaron los días y aquella señora enferma recientemente operada fue dada de alta en Reanimación y enviada a planta. Aunque no era frecuente que la anestesista acompañase a los enfermos a la habitación, Alicia lo hizo en aquel caso, picada por la curiosidad de lo sucedido con su supuesta hija. Nada más llegar, la mujer fue recibida por su marido y su hijo, que ya estaban en la habitación. En la mesita de noche, una fotografía de aquella muchacha adornaba la espartana sala. –¿Quién es la chica? –preguntó Alicia como quien no quiere la cosa. –Es mi hija –respondió la enferma con un suspiro. –Pues menuda broma nos gastó el otro día… –comentó Alicia. De pronto, el marido y el hijo se abalanzaron sobre Alicia y la echaron casi a empujones de la habitación. En ambos se apreciaba una repentina violencia. –No vuelva a bromear con eso delante de mi madre –dijo el joven, casi sin aliento–. Mi hermana murió hace dos años en un accidente. Fue tal la dureza de la experiencia que Alicia estuvo de baja durante algún tiempo, presa de una profunda depresión.
20 años después
En un reciente encuentro con una de las protagonistas de la historia, Elena de Teresa, esta me ofreció algunos datos interesantes, de esos que afloran con el prisma del paso del tiempo. Habían transcurrido dos décadas desde el insólito encuentro y aún lo recordaba como si fuera ayer. Aunque Elena es una mujer que suele mirar a los ojos cuando habla, le fue imposible hacerlo con aquella joven, que parecía rehuirle la mirada en todo momento. Le llamó la atención también que no hiciera gestos ni movimientos. Estaba totalmente estática, en ningún momento movió los brazos, caídos a ambos lados del cuerpo. También le resultó muy extraño que siempre que la joven pasaba por el hall este estuviera casi desierto, con la única presencia del celador. ¿Fruto de la casualidad? Pero se produjeron más anomalías relacionadas con este caso. Por un lado, cuando tiempo más tarde el investigador navarro Juan José Benítez intentó acceder al expediente de la enferma, este había desaparecido como por arte de magia. Por más que los empleados y la propia dirección del hospital intentaron localizarlo, nunca apareció. Tampoco la enferma regresó a la unidad para continuar su tratamiento o para realizarse nuevas pruebas, como habría sido lo normal. No se supo más de ella. Por lo tanto, todos los esfuerzos por localizarla y dar respuesta al misterio fueron en vano. Además, Elena de Teresa, tras enterarse de la terrible experiencia por la que pasó Alicia en la habitación de aquella mujer recién salida de Reanimación, experimentó un suceso inexplicable: su casa estuvo oliendo a gasolina durante un mes. No logró encontrar el origen de aquel pestilente olor. Después, todo volvió a la normalidad.
Padre Pío, la Bilocacion
En el convento de San Elías de Pennisi, Fray Pío experimentó por primera vez el fenómeno de la bilocación. La noche del 18 de enero de 1905, mientras se encontraba en el coro, recogido en profunda oración, se sintió trasladado a una casa señorial de la ciudad de Údine, donde estaba muriéndose un hombre y naciendo una niña.
El caso curioso fue narrado por el mismo religioso que, por obediencia lo puso por escrito y, después de muchos años, por la joven que entonces había nacido.
"Hace días- escribe Fray Pío- me pasó algo insospechado: Mientras me encontraba en el coro con Fray Atanasio, eran como las 23 horas del 18 de este mes cuando me encontré en una casa señorial donde moría un papá mientras nacía una niña. Se me apareció entonces la Santísima Virgen que me dijo: ‘Te confío esta criatura, es una piedra preciosa en su estado bruto. Trabájala, límpiala, hazla lo más brillante posible, porque un día quiero usarla para adornarme…’ Le contesté a la Virgen: ‘¿Cómo podría ser posible, si yo soy todavía un estudiante y no sé si un día podré tener la suerte y la alegría de ser sacerdote? Y aunque llegue a ser sacerdote, ¿cómo podré ocuparme de esta niña, viviendo yo tan lejos de aquí?’ La Virgen me respondió: ‘No dudes. Será ella quien irá a buscarte, pero antes la encontrarás en la Basílica de San Pedro en Roma’. Después de esto… me encontré otra vez en el coro".
Este escrito fue cuidadosamente guardado por el director espiritual del Padre Pío, el padre Agustín de San Marco en Lamis. La niña de la que se habla en el escrito se llama Giovanna Rizzani. Su Papá estaba inscrito en la Masonería. Durante su última enfermedad, su lujosa residencia fue rigurosamente vigilada día y noche por los masones, situada en la calle Tiberio de Ciani No. 33 de la ciudad italiana de Údine. Esto, para impedir el paso de cualquier sacerdote.
Horas antes de morir, su esposa Leonilde- que era muy religiosa- estaba cerca del lecho del moribundo recogida en oración y lágrimas. De repente vio salir de la recámara y alejarse por el pasillo a un fraile capuchino. Se levantó enseguida, lo llamó y lo siguió mientras el fraile desaparecía.
La señora estaba extremadamente angustiada pensando en su esposo que se moría sin los auxilios religiosos. En aquel momento, oyó gemir al perro que estaba amarrado en el jardín de la casa, como si el animal percibiera la muerte ya próxima del amo.
La señora, no aguantando el gemido del perro, fue a soltarlo. En esos momentos sintió los dolores del parto y allí mismo dio a luz a una niña. El administrador de la casa corrió para ayudarle. De lejos vieron la escena los dos masones que vigilaban la entrada y también el párroco que quería entrar a la casa para auxiliar al moribundo.
El administrador, después de que ayudó a la señora a alcanzar la recámara, bajó indignado contra los masones que impedían el paso al sacerdote y les gritó: "Dejen entrar al padre. Ustedes pueden impedirle que asista al moribundo, pero no tienen derecho a impedirle que vaya a bautizar a la niña que acaba de nacer prematuramente".
Fue así como se dejó pasar al sacerdote, que además de bautizar a la niña, administró los últimos sacramentos al moribundo arrepentido.
A la muerte del señor Juan Bautista Rizzani, la joven viuda se trasladó a Roma con sus papás. Allí, la pequeña Giovanna creció educada cristianamente.
Bueno aqui finaliza mi post, espero que halla sido de su agrado, saludos y por favor comenten asi me ayudan a mejorar.
Varias
Que es la Bilocación?
Bilocación es un término utilizado para describir el fenómeno paranormal o sobrenatural en el cual una persona u objeto estaria ubicado en dos lugares simultaneamente. En el caso de las personas, la persona que lo experimenta es capaz de interactuar con su entorno normalmente, incluida la posibilidad de experimentar sensaciones y de manipular objetos físicos exactamente como si hubiera llegado a traves de medios naturales.
El termino es igualmente un supuesto teórico que se emplea en el calculo complejo de ecuaciones con varias incognitas de indeterminaciones; por ejemplo, en física cuantica.
Casos de Bilocación
El enigmatico caso de la Bilocacion fantasmal del Hospital de Granada
Se cumplen veinte años desde que en el Hospital Materno Infantil de Granada se produjo un extraño suceso del que fueron testigos dos enfermeras: la aparición de un supuesto fantasma. Pero lo más lo más insólito del caso es que este habitante venido del Más Allá protagonizó el primer caso de bilocación en un espectro.
Aunque en el exterior el calor era asfixiante, dentro del Hospital Materno Infantil de Granada la elevada temperatura de aquella tarde de julio de 1985 se sobrellevaba gracias al potente aire acondicionado. La enfermera Elena de Teresa, cuyo puesto de trabajo habitual se encontraba en el departamento de Rayos X, estaba por aquellos días en información. La recepción era un recinto de pequeño tamaño, con una ventana de atención al público y una puerta lateral para entrada y salida del personal autorizado, que en ocasiones algunos enfermos y sus familiares usaban para realizar consultas. Así sucedió aquella tarde. A pesar de que el recibidor se encontraba casi desierto, un señor vestido de negro y con gesto serio se asomó bajo el dintel requiriendo la atención de Elena. Dio el nombre de una enferma recién operada de un tumor y solicitó permiso para visitarla, alegando ser su marido. La enfermera introdujo el nombre de la mujer en el ordenador y comprobó que se encontraba en Reanimación. Antes de que pudiera explicar al hombre cómo subir a la habitación, una muchacha se acercó a la ventanilla. Su rostro blanco como la cal, su mirada esquiva y sus brazos caídos a ambos lados del cuerpo la convertían en una persona un tanto atípica. Con voz trémula preguntó por la salud de su madre. Al tomar el nombre, Elena se sorprendió al ver que era el mismo que el que le había dado el señor de negro.
“Familia peleada”, pensó. –La enferma está en Reanimación –dijo Elena en voz alta para que la oyeran ambos–. Pueden subir. –¿Cómo que pueden? –respondió el hombre con el ceño fruncido. “Familia peleada y, además, que no se habla”, volvió a pensar la enfermera. –Puede usted subir, caballero. Elena le dio a cada uno un pase y se olvidó de la intrigante anécdota. Por el momento. A los pocos minutos, la pálida muchacha regresó a la ventanita y solicitó hablar con el médico que atendía a su madre. Elena llamó a Reanimación, donde le informaron de que Alicia, la anestesista, estaba en la cafetería. Le mandó, por lo tanto, un mensaje al busca, y Alicia llamó enseguida. Cuando Elena le contó que había una joven que quería consultar algo con respecto a su madre, la anestesista se dirigió hacia la recepción. Una vez allí, Alicia y la joven subieron juntas a la tercera planta.
Dos figuras idénticas
No habían transcurrido ni quince minutos cuando una vez más la joven apareció por la ventana de Información, repitiendo que quería hablar con el médico que atendía a su madre. Algo extrañada, Elena llamó de nuevo a Reanimación. –Alicia, está aquí la joven que antes ha preguntando por ti –le informó la enfermera. –Disculpa, no he podido atenderla porque cuando hemos llegado he tenido que ir a socorrer a una mujer que estaba de parto por cesárea –respondió la doctora–. Pero no te preocupes, ahora mismo la informo. La tengo aquí delante. Elena no podía creer lo que estaba oyendo. –No puedes tenerla delante –alegó– porque está aquí, en Información. Aunque la conversación se estaba desarrollando a través de un megáfono abierto, la muchacha no intervino en ningún momento, cosa extraña dado el trasfondo del diálogo. –¿Cómo es la “tuya”? –dijo Alicia en tono casi cómico. Cerca de ella, y divertidas con la charla, se encontraban una auxiliar y una enfermera, que fueron testigos de la insólita situación. –Tiene el pelo rubio y rizado. Viste unos pantalones vaqueros y una camisa azul a cuadros. En el cuello tiene una especie de gargantilla muy llamativa. Alicia confirmó a Elena que la persona que había delante de ella era idéntica. Sin saber qué pensar, se le ocurrió una idea para desvelar el enigma. –Voy a dejar a la chica de arriba en la sala de espera de Reanimación, que está vacía en este momento. Echaré la llave. Mándame a la joven de abajo y yo la espero a pie de escalera. Elena le dio el vale a la misteriosa chica, esta se lo entregó al celador y subió por las escaleras. Pocos minutos después, Elena recibió una llamada de Alicia. Aunque había estado esperando un buen rato junto a la escalera de la tercera planta, allí no había aparecido nadie. –¿Y la joven de arriba? –preguntó Elena. –Ha desaparecido de la sala. Y la llave estaba echada –dijo Alicia. Aquello fue la gota que colmó el vaso del desconcierto. Asustadas, llamaron al celador, quien recordaba perfectamente los rasgos de la muchacha. Los tres recorrieron el hospital desde la séptima planta hasta el sótano en busca del enigmático personaje. Por más vueltas que dieron, la chica no apareció.
Terrible experiencia
Pasaron los días y aquella señora enferma recientemente operada fue dada de alta en Reanimación y enviada a planta. Aunque no era frecuente que la anestesista acompañase a los enfermos a la habitación, Alicia lo hizo en aquel caso, picada por la curiosidad de lo sucedido con su supuesta hija. Nada más llegar, la mujer fue recibida por su marido y su hijo, que ya estaban en la habitación. En la mesita de noche, una fotografía de aquella muchacha adornaba la espartana sala. –¿Quién es la chica? –preguntó Alicia como quien no quiere la cosa. –Es mi hija –respondió la enferma con un suspiro. –Pues menuda broma nos gastó el otro día… –comentó Alicia. De pronto, el marido y el hijo se abalanzaron sobre Alicia y la echaron casi a empujones de la habitación. En ambos se apreciaba una repentina violencia. –No vuelva a bromear con eso delante de mi madre –dijo el joven, casi sin aliento–. Mi hermana murió hace dos años en un accidente. Fue tal la dureza de la experiencia que Alicia estuvo de baja durante algún tiempo, presa de una profunda depresión.
20 años después
En un reciente encuentro con una de las protagonistas de la historia, Elena de Teresa, esta me ofreció algunos datos interesantes, de esos que afloran con el prisma del paso del tiempo. Habían transcurrido dos décadas desde el insólito encuentro y aún lo recordaba como si fuera ayer. Aunque Elena es una mujer que suele mirar a los ojos cuando habla, le fue imposible hacerlo con aquella joven, que parecía rehuirle la mirada en todo momento. Le llamó la atención también que no hiciera gestos ni movimientos. Estaba totalmente estática, en ningún momento movió los brazos, caídos a ambos lados del cuerpo. También le resultó muy extraño que siempre que la joven pasaba por el hall este estuviera casi desierto, con la única presencia del celador. ¿Fruto de la casualidad? Pero se produjeron más anomalías relacionadas con este caso. Por un lado, cuando tiempo más tarde el investigador navarro Juan José Benítez intentó acceder al expediente de la enferma, este había desaparecido como por arte de magia. Por más que los empleados y la propia dirección del hospital intentaron localizarlo, nunca apareció. Tampoco la enferma regresó a la unidad para continuar su tratamiento o para realizarse nuevas pruebas, como habría sido lo normal. No se supo más de ella. Por lo tanto, todos los esfuerzos por localizarla y dar respuesta al misterio fueron en vano. Además, Elena de Teresa, tras enterarse de la terrible experiencia por la que pasó Alicia en la habitación de aquella mujer recién salida de Reanimación, experimentó un suceso inexplicable: su casa estuvo oliendo a gasolina durante un mes. No logró encontrar el origen de aquel pestilente olor. Después, todo volvió a la normalidad.
Padre Pío, la Bilocacion
En el convento de San Elías de Pennisi, Fray Pío experimentó por primera vez el fenómeno de la bilocación. La noche del 18 de enero de 1905, mientras se encontraba en el coro, recogido en profunda oración, se sintió trasladado a una casa señorial de la ciudad de Údine, donde estaba muriéndose un hombre y naciendo una niña.
El caso curioso fue narrado por el mismo religioso que, por obediencia lo puso por escrito y, después de muchos años, por la joven que entonces había nacido.
"Hace días- escribe Fray Pío- me pasó algo insospechado: Mientras me encontraba en el coro con Fray Atanasio, eran como las 23 horas del 18 de este mes cuando me encontré en una casa señorial donde moría un papá mientras nacía una niña. Se me apareció entonces la Santísima Virgen que me dijo: ‘Te confío esta criatura, es una piedra preciosa en su estado bruto. Trabájala, límpiala, hazla lo más brillante posible, porque un día quiero usarla para adornarme…’ Le contesté a la Virgen: ‘¿Cómo podría ser posible, si yo soy todavía un estudiante y no sé si un día podré tener la suerte y la alegría de ser sacerdote? Y aunque llegue a ser sacerdote, ¿cómo podré ocuparme de esta niña, viviendo yo tan lejos de aquí?’ La Virgen me respondió: ‘No dudes. Será ella quien irá a buscarte, pero antes la encontrarás en la Basílica de San Pedro en Roma’. Después de esto… me encontré otra vez en el coro".
Este escrito fue cuidadosamente guardado por el director espiritual del Padre Pío, el padre Agustín de San Marco en Lamis. La niña de la que se habla en el escrito se llama Giovanna Rizzani. Su Papá estaba inscrito en la Masonería. Durante su última enfermedad, su lujosa residencia fue rigurosamente vigilada día y noche por los masones, situada en la calle Tiberio de Ciani No. 33 de la ciudad italiana de Údine. Esto, para impedir el paso de cualquier sacerdote.
Horas antes de morir, su esposa Leonilde- que era muy religiosa- estaba cerca del lecho del moribundo recogida en oración y lágrimas. De repente vio salir de la recámara y alejarse por el pasillo a un fraile capuchino. Se levantó enseguida, lo llamó y lo siguió mientras el fraile desaparecía.
La señora estaba extremadamente angustiada pensando en su esposo que se moría sin los auxilios religiosos. En aquel momento, oyó gemir al perro que estaba amarrado en el jardín de la casa, como si el animal percibiera la muerte ya próxima del amo.
La señora, no aguantando el gemido del perro, fue a soltarlo. En esos momentos sintió los dolores del parto y allí mismo dio a luz a una niña. El administrador de la casa corrió para ayudarle. De lejos vieron la escena los dos masones que vigilaban la entrada y también el párroco que quería entrar a la casa para auxiliar al moribundo.
El administrador, después de que ayudó a la señora a alcanzar la recámara, bajó indignado contra los masones que impedían el paso al sacerdote y les gritó: "Dejen entrar al padre. Ustedes pueden impedirle que asista al moribundo, pero no tienen derecho a impedirle que vaya a bautizar a la niña que acaba de nacer prematuramente".
Fue así como se dejó pasar al sacerdote, que además de bautizar a la niña, administró los últimos sacramentos al moribundo arrepentido.
A la muerte del señor Juan Bautista Rizzani, la joven viuda se trasladó a Roma con sus papás. Allí, la pequeña Giovanna creció educada cristianamente.
Bueno aqui finaliza mi post, espero que halla sido de su agrado, saludos y por favor comenten asi me ayudan a mejorar.
Varias