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35 años de caida en combate del cro Roby Santucho (III)

Info7/19/2011
35 años de caida en combate del cro Roby Santucho (III)

Testimonio: Una revisión necesaria

...Los Santucho son por lo general parcos, reflexivos, metódicos. Roby era brillante, hiperactivo, apasionado: estas características lo convirtieron en el "niño mimado" de la familia. Francisco René era parco, metódico... y extremadamente generoso, humilde, autocrítico. Tengo para mí que fue cediendo palmo a palmo ante su fogoso hermano como lo puede hacer un padre amante ante un hijo pródigo y talentoso (aunque en el fondo no esté de acuerdo con elementos esenciales de algunos de sus actos). Pero eso no se manifestó en la vida pública de ambos (es decir, el funcionamiento interno del Partido) donde todos los Santucho que militaron acataban a rajatabla la disciplina militar de la Organización.

...Lo que sí percibí, por el diálogo, el afecto, la solidaridad personal que me unía con FR, es un sentimiento de congoja, desazón, un poco de cansancio, por lo que interpreté (yo interpreté, no me lo dijo él) que su relegación a tareas relativamente secundarias era algo muy injusto que a la vez lo deprimía. También es cierto que Francisco René se ocupaba de muchísimas tareas en la ciudad de Tucumán, pues en aquél tiempo ningún militante (menos los de dirección) efectuaba únicamente tareas específicas, sino debía ser al mismo tiempo un obrero, un agitador barrial, así como ocuparse de las tareas del hogar y si tenía compañera cocinar, lavar platos, lavar pañales, pues se consideraba eso parte de la disciplina antimachista y revolucionaria que debíamos efectuar para construir "hombres nuevos", comenzando por nosotros mismos. El Negro (FR) no tenía a su compañera consigo, pero estoy seguro que vivía "en equipo" (en ese tiempo todos vivíamos así) con otros compañeros y compañeras, por lo cual estoy seguro de que también emprendía tales tareas.

...Sin duda Francisco René estaba entre los mejores marxistas leninistas que había en el Partido, pues evidentemente él cuando emprendía algo buscaba llevarlo hasta la máxima perfección y compromiso con lo que decidía hacer. Todos aceptábamos el marxismo leninismo -incluyéndome, como lo sigo haciendo hoy: no he dicho para nada que repudie al marxismo leninismo, por el contrario. Para ilustrar esto puedo esgrimir varios artículos publicados en diferentes medios, pero sólo transcribiré fragmentos de uno más o menos reciente, publicado en el periódico La Verdad (de las Madres del Dolor):

[...]"La primera vez que Lenin subió a un improvisado palco para dirigirse a la inmensa multitud que había tomado Rusia, aquello debe de haberle parecido un hermoso sueño. Hasta algunas horas atrás, era un pobre desterrado; su vida con su familia había transcurrido subsistiendo en miserables pensiones europeas, con el riesgo de ser asesinado en cualquier momento por la pervertida policía secreta del imperio. Un hombre para el cual desde el espantoso linchamiento de su querido hermano, presenciado siendo un niño, casi todo había sido sufrimiento, privaciones económicas, zozobra espiritual. Decidido a tomar la antorcha de ese hermano amado, en quien los asesinos habían castigado su militancia socialista, Lenin adoptó la lucha por esa utopía como la razón de su vida. Y fue premiado con el maravilloso triunfo que convirtió a su país en la primera nación socialista del mundo."

[...]"La monstruosa estampida, planificada hasta en sus últimos detalles por el imperialismo capitalista, levantó como uno de sus sonsonetes más caros el supuesto "arcaísmo" de las ideas socialistas, "demostrada" según sus ideólogos por «el fracaso de la Unión Soviética».

"Que esta es una rústica mentira queda en evidencia sólo con mirar las estadísticas del producto interno del inmenso territorio ruso durante el zarismo junto a las de ese mismo país en los años 50. O comparar la realidad miserable de los millones de andrajosos habitantes de principios de siglo, con la ordenada participación en los miles de obreros en las gigantescas estructuras productivas gestionadas colectivamente en las ciudades y el campo. Gracias al socialismo -aún imperfecto- la Unión Soviética había logrado convertirse en la segunda potencia mundial, muy adelante de Japón, Inglaterra, Canadá o Alemania. Sólo EEUU estaba delante de ella, en los años 50... debido a los incalificables crímenes cometidos sobre Japón con sus bombas infernales y a su manipulación infrahumana de la guerra, permitiendo que Europa cayera en la peor carnicería para convertir a sus países en rehenes de la banca sionista norteamericana.

"Decir hoy que el socialismo "ha demostrado su fracaso" porque una burocracia corrupta lo haya malogrado en Rusia, es como sostener que el matrimonio se convirtió en una institución inviable porque algún esquizofrénico haya asesinado a su esposa y sus hijos."

[...](Subtítulo)"Nuestros niños vivirán un mundo mejor

"Cuba es hoy el país más avanzado del mundo. Su sistema es un faro para la humanidad, como lo fue desde que a mediados del siglo XX tomaran el poder ese puñado de gloriosos idealistas conducidos por Fidel Castro y nuestro querido hermano Ernesto Ché Guevara.

"Las estupideces intentando probar que Cuba es un fracaso, señalando su humildad económica, son tan válidas como decir que Soros es para la humanidad un modelo mejor que San Francisco de Asís.

"La espantosa calamidad que agitan sobre el mundo los salvajes -quienes llevan como mascarón horrendo a George W. Bush- es el resultado de haberse convertido el capitalismo en un cáncer. Como tal debe ser extirpado en un periodo próximo, so pena de convertirse de otro modo en el destructor del planeta.

"Muerto a finales del siglo XIX, este sistema superado por sus propios mecanismos sociales, ha logrado mantenerse en vigencia sólo por el perverso ejercicio del crimen, la estafa, la mentira convertida en razón de estado. Inyectándole elementos artificiales, han convertido al cadáver putrefacto del capitalismo en una horrenda anomalía gobernante, igual que los tom-tom macutes del macumbero haitiano Duvalier.

"El socialismo ha resucitado en el inconsciente colectivo de toda la humanidad, hoy. Con Cuba llevando su luminosa bandera a la vanguardia, es la única posibilidad sensata para que nuestra especie siga evolucionando, hacia realidades cada vez superiores y más felices... como lo ha venido haciendo, hasta ahora, desde sus orígenes." (Fin de la cita)*

Entonces, el marxismo sigue siendo para mi criterio la herramienta más eficaz que existe para analizar la realidad, en sus aspectos social e histórico. Lejos de mis intenciones está el intentar desautorizarlo. Sí digo que muchos convierten al marxismo (siempre incomprendido por ellos) en un resumen sectario que termina por aislarlos de la realidad que dicen interpretar.

Es cierto que lo mismo sucede con los cristianos (generalmente con peores consecuencias). ¿Por qué me atribuyes el no repudiarlo? Por el contrario, los repudio en primer lugar, porque la mayor parte de esos "cristianos" (en realidad no lo son, como los fanaticos fundamentalistas tampoco son verdaderos marxistas), esos pseudocristianos suelen disponer de grandes segmentos de poder (a veces de todo el poder, como el generalísimo Francisco Franco). Repudio en primer lugar las acciones del papa Juan Pablo II, a quien jamás consideré un lider cristiano, sino un vil agente del imperialismo internacional. Lo hice también por medio de artículos publicados, por ejemplo, "Carta abierta a la iglesia argentina"...

Ni golpe ni elección

Vamos ahora a la etapa que considero clave para el problema que discutimos. La del interregno democrático del presidente Cámpora, y los meses inmediatamente previos y posteriores. Cuando nos preparábamos para las elecciones yo era militante de base del ERP en Santiago del Estero, en un equipo integrado por Mario Giribaldi, Juan Mignani, la compañera de Mario (una chica de La Banda, excelente compañera, cuyo nombre no recuerdo) y María Rosa Di Chiara. Mario era responsable político, yo militar. La dirección del Partido bajó instrucciones precisas que para la "farsa burguesa" que se avecinaba, nuestra consigna debía ser "Ni golpe ni elección: Revolución". Tomando para esta circunstancia una consigna ultraizquierdista de los grupos más sectarios y pequeños de la Universidad, como Espartaco o el FAUDI, de raíz trotskista (que compartíamos por entonces, ya que el PRT formaba parte de la IV Internacional).

Pronto -hacia enero de 1973- empezó a cambiar la postura partidaria, lo cual se comunicaba en Boletines Internos (BI) y los editoriales de El Combatiente, así como en la "prensa legal" (Posición y Nuevo Hombre). Pues se analizaba la posibilidad de un frente amplio (es decir, entre sectores revolucionarios) para participar de las elecciones, pues era impresionante el crecimiento de nuestro partido entre el pueblo, al punto de que cada semana se verificaban nuevas incorporaciones o sectores políticos interesados en aliarse con el PRT, especialmente en las regionales Córdoba, Tucumán y Buenos Aires. Había mucho entusiasmo entre los compañeros. Extraoficialmente, se conversaba de que el Partido le había propuesto a Agustín Tosco la candidatura a presidente, llevando como vicepresidente a Armando Jaime, un peronista revolucionario de Salta. Esta propuesta evoluciona y desde el Partido se lanza una orden general que lleva a extraordinarios esfuerzos para conformar un Frente Popular con miras a participar en las elecciones: ya es demasiado tarde, estamos en febrero, faltan menos de 30 días para la votación. No se logran acuerdos de importancia con otros sectores, Tosco prefiere no comprometerse con algo que parece muy improvisado... a la postre, el Partido termina dejando a sus militantes en libertad para votar a conciencia, por quien le parezca mejor. Pero reparte unas calcomanías -del ERP- y unos volantecitos a color, con la bandera del ERP y algunas consignas. Se instruye en los equipos para que pongamos esos volantecitos en el sobre y los depositemos en las urnas, a manera de "encuesta", para ver cuántos están dispuestos a votar al ERP.

El 11 de marzo de 1973 voté a Cámpora. "Que me perdonen los compañeros" -pensé- pero yo era la primera vez que votaba (me había criado prácticamente bajo dictaduras militares) y no iba a tirar, a los 22 años, mi voto poniendo estampitas en las urnas, aunque fuesen de una estrella roja.

La situación general desató intensas discusiones en el Partido, que además sufría otros profundos desgarramientos, como su separación de la IV Internacional bajo durísimas acusaciones mutuas, y la escisión del ERP 22 de Agosto, grupo de compañeros conducidos por cuadros del PRT, como el Gallego Fernández Palmeiro o Vicente Zito Lema, que consideraban lo correcto aliarse con el peronismo, en esta circunstancia, y votar a Cámpora. **

Nosotros estábamos indecisos (me refiero a uno u otro compañero o compañera que conversábamos amigablemente aquí o allá, sin atrevernos a plantear nuestras dudas abiertamente, pues nos considerábamos "perejiles" o cuadros menores). Ya en el periodo democrático se produce el desastre del Comando Sanidad (junio de 1973) y el inesperado copamiento del Regimiento de Azul, enero de 1974, que agudizan las contradicciones tanto en el seno de la sociedad como entre nosotros mismos. Quien era mi novia en ese entonces fue luego mi esposa y sigue siéndolo hasta hoy; me acompañó en la cárcel y la posterior continuidad de una vida en común. Es una cordobesa, con quien discutíamos este asunto: ella puede testimoniar la furia con que recibí ambas acciones del ERP, diciéndole "Estos estúpidos -aunque sean nuestros compañeros- ¿No se dan cuenta que estamos creciendo extraordinariamente entre las masas, y con eso le dan argumentos al enemigo para que nos aniquilen?". Pues bien, para ir al tema central del debate, mencionaré una conversación a solas con Francisco René Santucho, una noche de Enero de 1974, en una plazoleta que hay al lado de la Terminal de Córdoba, en un banco de cemento, a las once menos diez, mientras lo acompañaba a esperar el colectivo que debía llevarlo de regreso a Tucumán. Allí fue donde expuse mi profunda disconformidad con la línea partidaria que impulsaba acciones armadas de gran envergadura y alto riesgo, cuando el momento político que vivíamos, a todas luces, alentaba a poner todos los esfuerzos en el desarrollo y consolidación de una estructura de masas (el "agua" de los vietnamitas) que nos permitiera volver, cuando fuese necesario, a combatir en la clandestinidad pero con gran inserción nacional en todos los sectores de nuestro pueblo, lo cual dotaría al Partido de infinitos recursos para tener éxito en su lucha revolucionaria. El me dijo coincidir con ese análisis. Entonces le pregunté, respetuosamente, dado su lugar en la Dirección del Partido, por qué no planteaba él esos cuestionamientos. Textualmente me contestó: "No nos van a dar bola. Estamos en minoría".
No puedo decir más que eso. Fue la última vez que lo vi. La guerra se intensificaba. En mayo de 1974 allanaron la revista Posición, donde trabajaba, y nos detuvieron por 48 horas a Rodolfo Mattarollo, Nelso del Vechio y a mí. En agosto de 1974, mi concuñado, José Luis Boscarol, médico y uno de los jefes del ERP en Córdoba, murió en combate con una patrulla policial, poco después de copar el cuartel militar de Villa María. Su esposa -hermana de Gloria, mi compañera- obviamente no podía retirar el cadáver, por lo cual decidimos ir nosotros a hacerlo. De nuevo nos meten presos. Increíblemente (Córdoba era un batifondo tremendo, había combates a cada rato), nos sueltan dos días después, pero una semana más tarde lanzan el pedido de captura para ambos. Desde entonces no podemos detenernos mucho en ningún lugar, y luego de pasar por varias casas de Córdoba y Santiago, debimos alejarnos lo más que pudiéramos de esos lugares donde nos buscaban para liquidarnos. 1975 me tomó en San Francisco de Córdoba, donde trabajé primero como albañil, luego como encargado de personal en una gran fábrica metalúrgica, efectuando las agotadoras tareas del Partido y el ERP además, hasta que nos capturaron -a mi esposa, mi hijita Anahí de 5 meses y a mí-, el 13 de enero de 1976.

En el invierno de 1977 llevaron a Sierra Chica un compañero del ERP que había sido responsable militar de una zona de Tucumán. Le pregunté si sabía algo de mi amigo. Me miró en silencio por un instante. ¿No te habías enterado? Me dijo. No, contesté. Lo han secuestrado. Algunos compañeros dicen que lo han visto con vida, por última vez, en "La Escuelita" de Famaillá. Estaba muy torturado.

Hablábamos de Francisco René (el Negro) Santucho, fundador del FRIP y por entonces -según me dijo el compañero- Responsable del Area Legal del PRT en la ciudad de Tucumán.

No había experiencia ni voluntad de acción política pública

Volviendo al periodo peronista antes del golpe, el crecimiento del PRT y sus simpatizantes, que se canalizaba a través del FAS, sigue de un modo extraordinario. En todos los barrios -especialmente los más humildes- se movilizaban cantidades de gente en acciones solidarias, cooperativas, asociaciones vecinales, etcétera, liderados por compañeros. Pero también seguían los combates y acciones militares de gran envergadura, algunos muy exitosos como el de Villa María, otros desafortunados, como el de Catamarca. Aunque sin que haya una relación directa, pero en tal contexto se incrementan de un modo brutal las acciones de represalia por parte de las "Tripe A" y el "Comando Libertadores de América" (su versión cordobesa). Recuerdo no sin espanto que una mañana me levanté, salí de la pensión donde por entonces nos alojábamos con mi esposa, en un barrio de Córdoba (era un viernes), y en la portada de los diarios vi: 44 muertos durante esta semana. ¡44 muertos en manos de los parapoliciales! Y, ¿quiénes eran sus víctimas? Esos dirigentes vecinales, sindicales, villeros, que nosotros estábamos reclutando para la actividad política legal de nuestro partido. Estaban a mano, pues a diferencia de nosotros, no poseían armamento ni instrucción militar, ni sistemas de comunicación rápida que les permitiera eludir las acciones depredadoras repentinas del enemigo. Esto me desasosegaba (creo que a todos) cada vez más. No tenía mucho tiempo para pensarlo, sin embargo. Muy pronto, a principios de 1975, el PRT decretó nuevamente el abandono virtual del trabajo político público, y se concentró estrictamente en el fortalecimiento del aparato interno. Ello a través de Escuelas de Cuadros, prácticas clandestinas, etcétera.
De tal manera nos deslizamos con gran sigilo durante meses muy intensos, hasta que... de repente, hacia fines de 1975... ¡otra vez salió una orden de la dirección invitando a una "tregua" a las fuerzas enemigas, y llamando a los militantes para establecer vínculos democráticos con todos los sectores políticos!... Debíamos esforzarnos en realizar reuniones con "todos los sectores democráticos", para "solicitar al gobierno una Asamblea Constituyente". Esta decisión (que según mi criterio se debía a que nos estaban diezmando aceleradamente) no tuvo gran eco. Me recuerdo haciendo el ridículo durante una reunión efectuada en San Francisco de Córdoba (cabecera del departamento San Justo) en el sindicato de la Sanidad, a la hora de la siesta, con un calor de 40 º... todos encapuchados... habíamos puesto como condición que los otros sindicalistas (de la UOM, UOCRA, etcétera, y miembros de la UCR, PC, Partido Socialista, etcétera), con quienes queríamos iniciar un "diálogo político" estuvieran encapuchados también, pues era demasiado peligroso que conocieran las caras de los militantes de un movimiento perseguido a muerte como lo éramos en ese momento. ¿Cómo podríamos llegar a acuerdos políticos profundos en esas condiciones? Fue la primera y última reunión que hicimos, creo que muchos de los dirigentes legales que aceptaron participar lo hicieron únicamente por curiosidad.

Los jóvenes del PRT

No quiero alejarme de los ejes que marcas en tu nota, por ello expresaré lo que creo respecto de dos último puntos:

a) la resposabilidad de Roby Santucho en el desastre de Monte Chingolo.

b) Los militantes marxistas leninistas del PRT y su comparación con los militantes cristianos.
Respecto de si Roby sabía o no que el combate de Monte Chingolo estuvo entregado, no caben dudas. Existen abundantes testimonios documentales sobre ello. No hace mucho la revista Estrella Roja -editada por uno de los grupos que pretende continuar al PRT en la actualidad- publicó la copia de un BI de aquella época, donde se expresa claramente que el Comandante Roby ordenó continuar con los planes previstos, pese a conocer que había grandes riesgos de que el enemigo los conociera, dado que había sido descubierto un infiltrado policial, quien fuera juzgado por un Tribunal Revolucionario y ejecutado en esos días. Hay varios compañeros que ocupaban puestos de dirección y ellos podrían dar testimonio irrefutable en tal sentido hoy. Me limitaré a citar textualmente un fragmento del excelente libro de Luis Mattini *** sobre este asunto:
(luego del descubrimiento del infiltrado policial)"...Por una elemental regla de seguridad Santucho y el Buró Político deberían haber "levantado" la acción planeada y el no haberlo hecho no tiene la más mínima justificación. Sólo se explica entendiendo que a esta altura estaban perdiendo totalmente la conciencia, la iniciativa y entraban en la desesperación.

"En sesión del Buró Político, Santucho afirmó que había hecho "un examen minucioso de los hechos [...] y del mismo se desprendía que la operación no estaría detectada". Por lo tanto insistió en llevarla a cabo para lo cual era necesario reemplazar al jefe caído (Juan Ledesma y gran parte del aparato logístico del ERP, entregados por el parapolicial). Esta cuestión no era fácil, el ERP no tenía demasiados jefes militares capaces de encarar operaciones de esa envergadura. Finalmente optó por Benito Urteaga. El personal que se emplearía serían las compañías de las regionales del Gran Buenos Aires reforzadas por un numeroso grupo que estaba acuartelado esperando para marchar al monte. Asimismo militantes del PRT que no revistaban como guerrilleros del ERP en Buenos Aires deberían colaborar para bloquear los posibles accesos a la zona del arsenal por las fuerzas represivas."

c) Durante la militancia en Santiago del Estero y en Córdoba conocí a muchas de las mejores personas que hubiese tratado en mi vida. Compañeros extraordinarios, sigo considerando hasta el día de hoy que eran lo mejor de la juventud de entonces, por talento, capacidad de trabajo, inteligencia, generosidad, imaginación. Todos ellos eran marxistas leninistas, y apenas uno o dos cristianos. De estos últimos, el que más recuerdo era un sacerdote católico, a quien llamábamos "Cura Gringo" (no podíamos conocer nuestros nombres verdaderos). Me contaron que su último destino fue en los cerros tucumanos, donde los militares de Bussi lo capturaron y, sabiendo que era cura, lo clavaron en una cruz, cabeza abajo, y lo torturaron salvajemente hasta que expiró. Eso cuando aún mi esposa Gloria y yo estábamos en libertad.

Más tarde, en la cárcel, nos separaron, pues las mujeres -luego de un período terrible de aniquilamiento en el Campo de Concentración de la UP1, en Córdoba y otras- fueron a parar todas a Villa Devoto. Mientras los varones fuimos depositados finalmente en Rawson, Sierra Chica y La Plata. A mí me tocó habitar las dos últimas.

Durante los siete años (menos dos meses) que me tocó estar en prisión, conocí a los mejores compañeros que tuve oportunidad de tratar en mi vida entera. Y los mejores de los mejores, eran los del PRT. Entre nosotros hubo un porcentaje tan mínimo de traiciones, que no sé si llegan a los dedos de las manos para contarlos entre cerca de unos dos mil compañeros del PRT presos durante ese periodo. Mientras no podemos decir lo mismo de otras organizaciones, de donde se desprendían pelotones enteros para ofrecer mayor o menor grado de colaboración a un enemigo que ya parecía omnipotente.

Mi conocimiento de la vida partidaria interna se acrecentó enormemente, y pude reconstruir grandes huecos oscuros que tenía sobre la historia del PRT, gracias al diálogo con numerosos compañeros provinientes de las diferentes regionales. Así como otros que militaron en el ERP, en la Compañía del Monte (donde estuvo también la hermana de mi esposa) en los sindicatos del Cordón Industrial de Buenos Aires, etcétera. Quiero decir con todo esto que nada me separó ni me separa de los compañeros marxistas leninistas auténticos con quienes guardé y guardo un compañerismo y afecto fraternos. Mi convicción es que tanto se puede ser marxista como cristiano, lo que importa es ser alguien que aspira a ser bueno y por lo tanto, buen revolucionario. Lo demás, se va solucionando en la práctica común, como lo hicimos entonces y ahora, durante el desarrollo de la militancia en el seno mismo de los sectores trabajadores, de los más humildes y necesitados...

Historias de la militancia argentina: Benito Jorge Urteaga

El 19 de julio de 1976, junto a Santucho, cayó combatiendo Benito Jorge Urteaga y en las cercanías fue secuestrado Domingo Menna. Eran ellos, junto a Mario Roberto, los más destacados miembros de la dirección del PRT. También fueron secuestrados y desaparecidos los importantes cuadros partidarios: Liliana Delfino, Ana María Lanzillotto y Fernando Gértel. El estupor que causó la muerte de Santucho y los homenajes posteriores postergaron el reconocimiento hacia los demás compañeros. Hoy queremos recordar a quién fue no sólo uno de los más importantes dirigente de nuestro Partido y sino de la Revolución en la Argentina.
Benito, o Mariano como lo llamábamos en la clandestinidad, era oriundo de la ciudad de San Nicolás. Su padre era diputado radical, durante la presidencia de Arturo Illía, cuando éste fue derrocado por el golpe militar encabezado por el dictador Onganía, el 28 de junio de 1966. Ese día Benito, que tenía alrededor de 19 años y trabajaba como secretario de su padre, se había dirigido junto a sus compañeros a las inmediaciones del Congreso para reunirse en la confitería El Molino. La leyenda cuenta que durante la reunión, mientras sus compañeros rumiaban la impotencia, él fue el más decidido del grupo: “ante esta situación –dijo- lo que tenemos que hacer es empuñar las armas”.
No conocemos las circunstancias de su ligazón e incorporación al PRT, pero es evidente que inmediatamente se puso a concretar la propuesta hecha en la confitería El Molino. Es así que los documentos partidarios ya lo mencionan jugando un papel destacado en la lucha interna desatada en el Partido a mediados de 1969. Leemos en el documento del Vto Congreso que fue “la carta de Mariano, primera reacción del ala leninista” la que alertó sobre la inoperancia de la dirección en aplicar las resoluciones del IV Congreso partidario, convirtiéndose, de esta manera, en uno de los más firmes dirigentes de la Tendencia leninista.
Participó en el V Congreso del PRT que fundó el ERP el 29 y 30 de julio de 1970, y fue electo miembro del Comité Central y decidido combatiente en las primeras acciones armadas. En noviembre de ese año fue detenido por su participación en la expropiación del Banco Comercial del Norte. En la cárcel se destacó en la preparación de la fuga del Penal de Villa Urquiza, la que se concretó el 6 de septiembre del año siguiente. En cruento combate se abrió camino hacia la libertad junto a 17 compañeros. Las fuerzas represivas tendieron un cerco sobre la ciudad de Tucumán, recapturando algunos de los evadidos, pero él junto a otros logró evadirlo y reincorporarse a la lucha.
Después de la detención de Santucho y Gorriarán en agosto de 1971 y del secuestro y desaparición de Pujals el 16 de septiembre, Mariano asumió la máxima dirección del Partido, y se instaló en Buenos Aires y, posteriormente, en La Plata. En esa época lo conocí. Entre otras tareas estaba impulsando la formación de los Comités de Base. Apoyándose en los mismos el PRT proponía construir un partido electoral con vistas a ampliar nuestra respuesta a la táctica contrarrevolucionaria del Gran Acuerdo Nacional. Un día, a principios de 1972, me citó y me designó, bajo la responsabilidad de la entrañable compañera Susana Gaggero, para que iniciáramos el trabajo del Frente Legal partidario en la Regional Sur de Buenos Aires. Cuando el 22 de agosto de 1972 nos enteramos de los fusilamientos de Trelew nuestro ánimo era de dolor por los compañeros asesinados y odio y furia contra los militares asesinos. Yo pesaba: “ahora vamos a salir a reventar milicos”. Con ese ánimo llegué a la casa de una compañera y me encontré a Mariano quién había terminado de escribir un largo documento al pueblo argentino donde denunciaba los crímenes, analizaba la situación política y llamaba a redoblar la lucha para terminar de derrotar a la dictadura, también alertaba al pueblo sobre la táctica del engaño que significaba el GAN. Pero lo que más me llamó la atención, y que reflejaba su maduración como dirigente revolucionario, fue la serenidad de Benito y del documento, el cual finalizaba con esta consigna: “Ante esta provocación respondemos serenamente ¡Han muerto dieciséis revolucionarios! ¡Viva la revolución!
Además de dirigir al Partido y al ERP, en esos momentos de brusco viraje en la situación política y de extrema debilidad de la estructura organizativa del Partido, por los golpes de la represión, debió asumir nuevamente la lucha interna en contra de dos corrientes que se oponían al leninismo que encarnaba el PRT. Una orientada por el trotskysmo de la 4ta. Internacional y, la otra influenciada por el rebrote populista en las filas de la izquierda, debido a que en algunos compañeros generó expectativas la táctica confrontativa de Perón con la dictadura de Lanusse. También, por esta época, Mariano me encargó que organizara una reunión en mi casa de la que participaron él y Silvio Frondizi. Mientras yo cebaba mates escuchaba como Mariano le proponía a Silvio integrar la formula presidencial junto al ya legendario Agustín Tosco. Silvio aceptó inmediatamente y dijo estar “muy de acuerdo, incluso con el orden”, y agregó algo que le escuché decir otras veces, que él era un traidor a su clase, la burguesía, ya que luchaba del lado de los obreros.
Después del 25 de mayo de 1973, Benito jugó un extraordinario papel en la tarea de construcción del Partido en el proletariado industrial de las grandes fábricas. Se conserva su conferencia sobre la formación multilateral de los cuadros de un partido revolucionario. En ella puso énfasis en la fusión del Partido con la vanguardia obrera y en la que se refleja la experiencia que personalmente estaba realizando. Por esa época además de sus responsabilidades en el Buró Político partidario – jefe de inteligencia, de allí su grado de Capitán del ERP, dirigir la Regional Buenos Aires y luego las tres regionales en las que se dividió esta- fue designado, para completar su formación, responsable del Frente partidario en la fábrica automotriz Ford. A esta tarea le imprimió un extraordinario dinamismo. Edición de volantes, boletín fabril. Organización de las células de militantes partidarios, etc. El papel dirigente en las jornadas de junio y julio de 1975 que los jóvenes y poco experimentados militantes obreros jugaron en las movilizaciones de esa fábrica, y de toda la zona norte del Gran Bs As, no fue ajena a su intervención. Benito fue así uno de los protagonistas de la columna Norte de las Coordinadoras en lucha.
Después de la caída del Comandante Juan Eliseo Ledesma, jefe del Estado Mayor del ERP, Mariano fue designado al mando de la operación de asalto y copamiento del Batallón de Arsenales 601 de Monte Chingolo. El 23 de diciembre el ERP emprendió la acción más grande y más ambiciosa; en ella participaron trescientos combatientes las tres compañías y el Pelotón especial que formaban el Batallón General San Martín de Buenos Aires. Nos vimos al otro día, no parecía haber entrado en la desesperación, como ha dicho un ingrato ex compañero suyo, más vale era tranquilidad y firmeza lo que trasmitía a sus subordinados. Me entregó un montó de papelitos de control de los participantes en el asalto y de los informes y me pidió que ordenara los nombres de los compañeros que no habían regresado, eran 45, luego supimos de alguno más. De los informes extrajimos los más interesante y los pasamos a la redacción de la Estrella Roja.
La dura derrota sufrida en esta acción no doblegaron su extraordinario optimismo y su voluntad de seguir firmemente en la lucha. De las reuniones del Secretariado de la Regional Sur, que tuvimos en los meses siguientes, recuerdo algunas anécdotas que reflejan su carácter y entusiasmo. Una ves nos dijo: “en el Buró Político calculamos que en cinco años más es posible que tomemos el poder”. Otro compañero, Luís Angelini, el Gordo Horacio dirigente de los obreros de la fábrica Rigolleau, me pasó un papelito por debajo de la mesa en el que decía: Horacio, Jefe de la Cheka, Roberto, o sea yo, Comisario de Chivilcoy. En otra oportunidad, cuando la represión arreciaba sobre el pueblo y sobre las organizaciones revolucionarias nos dijo, sin formalismos, en tono coloquial, lo cual no le quitó gravedad a sus palabras logrando que todos lo sintiésemos como un juramento, que: “Así quede vivo uno sólo de nosotros el PRT va a seguir existiendo”.
Mariano, o Benito, era un muchacho alegre, dicharachero. En las muchas reuniones que compartimos, pese a no abandonar su función de dirigente partidario, no podía ocultar su picardía y su buen humor, siempre dispuesto a contar un chiste que disfrutaba contagiosamente, tomar un vino, tocar la guitarra y cantar con sus amigos. Una anécdota que cuenta Pola Augier lo pinta tal como era. Como no podían casarse legalmente, un día que caminaban por Avellaneda le dijo a Pola que ya era hora de que se casaran. : “Se metió en una joyería y compró dos anillos de compromiso. Salió muy contento y detuvo a una viejita que pasaba. Sin vacilar y con esa sonrisa compradora que conseguía todo, le dijo: ‘Linda señora, hemos observado a todos los que pasan por esta calle y creemos que usted es la más respetable. Ella y yo nos queremos mucho y no podemos casarnos por razones poderosas. Quisiera que usted nos casara, ahora, aquí mismo’...ella dejó las bolsas y con una gran sonrisa preguntó a Mariano si teníamos anillos. Los tomó en sus manos, les dio un beso y mientras nos colocábamos mutuamente los anillos, dijo algo así como: ‘Deberán amarse y respetarse hasta que la muerte los separe. Dios los Bendiga’. Nos dio un beso. Levantó las bolsas y retomó su camino”. De su matrimonio con Pola Augier nació su hijo José.
El 19 de julio, el PRT sufrió su golpe más duro del cual no pudo reponerse, no sólo Robi y el Gringo Menna cayeron combatiendo sino sus compañeras Liliana Delfino, miembro del Comité Ejecutivo, y Ana María Lanzillotto y Fernando Gértel, también perdimos a nuestro jefe y querido compañero Benito Urteaga, Mariano. Pese a todo sus enseñanzas y su ejemplo no se han perdido, permanecen vigentes en la voluntad de las nuevas generaciones de revolucionarios quienes las llevaran como bandera hacia la victoria.

BENITO URTEAGA
HÉROE DE LA REVOLUCIÓN
ANTIIMPERIALISTA LATINOAMERICANA Y SOCIALISTA
HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE


Sobre aciertos y errores en la historia del PRT-ERP

El análisis debe hacerse a partir de la ruptura del PRT con el sector morenista, cuando comienza a hacerse una rectificación en la línea perretista, en especial de los hermanos Santucho que provenían del nacionalismo popular del FRIP. Sin duda que todo eso gira en torno a la maduración política de Mario R. Santucho, impactado por el avance de la lucha de clases en nuestro país y por la victoria de la revolución cubana que apreció personalmente.
De las mejores virtudes del PRT, haremos una apretada síntesis de la que se desprende, como principal, el planteo de la necesidad de un partido que apunte a ser un partido del proletariado, el no haber vacilado en empuñar las armas y llamar a conformar el «Ejército Popular» (verdadero objetivo de la creación del ERP, y no tomar a éste como el brazo armado del PRT más allá de la pertenencia orgánica de los combatientes al PRT), e iniciar la lucha armada producida la situación de crisis revolucionaria a partir del Cordobazo.
El PRT tuvo una estructura partidaria propia del partido de cuadros, celularizado y compartimentado, con una dirección centralizada, basando además la democracia interna en el centralismo democrático. Fue un partido de acción que ganó el respeto del pueblo con la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Para avanzar en los frentes de trabajo conformó distintas comisiones nacionales que no cayeron en el formalismo (comisiones de prensa, frente de propaganda, organización y finanzas, comisión de solidaridad con los presos y comisión gremial, etc).
Tuvo el objetivo de conformar organizaciones más amplias como la Juventud Guevarista, que organizó a jóvenes simpatizantes y aliados en secundarios y universitarios como filtro al Partido. También existieron comités sindicales de base en los principales centros fabriles y se impulsó al FAS como núcleo del frente y tercera «varita mágica».
También interesa ver los déficits de esta rica experiencia del partido dirigido Santucho.

Sin duda los errores fueron de origen político, a saber:
-Mantener resabios trotskistas de la «revolución permanente», que se expresaban en su mismo programa, resumidos en su consigna «por la revolución antiimperialista y socialista» en vez de la que hubiera sido correcta: «Revolución Democrática, Popular y Antiimperialista dirigida por la clase obrera y en marcha al socialismo». El PRT no tenía bien en claro el problema nacional de la revolución planteado por Stalin, si bien fue la organización que mejor supo rescatar los símbolos y las fechas de la guerra anticolonialista en nuestro país. Fue un error entrar y mantenerse adentro de la IV Internacional trotskista que, en el fondo contraria a la línea de lucha armada, le formó fracciones como la «Fracción Roja» del ERP con Joe Baxter.
-A consecuencia de errores políticos también hubo una desviación militarista y al mismo tiempo o desprendido de la mal concepción de la formación del Estado, ya que al inicio del gobierno peronista de 1973, mientras ofrecían una tregua al gobierno de Héctor Cámpora, comprometiéndose a no tocar ningún funcionario del gobierno, seguía sus operaciones militares con la consigna de «Ninguna tregua al ejército opresor y las empresas imperialistas». Estas acciones armadas llevaron al intento de copamiento del cuartel de Sanidad en setiembre de ese año, cuando las masas populares aún tenían bastante expectativa en el gobierno que habían votado tras la dictadura. Allí cometieron un doble error: equivocada táctica hacia las masas y separación artificial de gobierno-Estado.
-Una vez consumado este error (materializado en el asalto al comando de Sanidad) también se aprecian errores tácticos militares muy gruesos.
Al considerar correctamente al Ejército como una fuerza de elite del estado, subestimó al resto de las fuerzas represivas creyendo que se desbandarían.
No contaron con la experiencia del EGP de Jorge Masetti en Salta, que fue aniquilada en abrilde 1964 por la Gendarmería. En la propia lucha rural del ERP en Tucumán hubo un primer cerco tendido por la Policía Federal, que Santucho debió romper en una dura semana de marchas forzadas en plena etapa de entrenamiento del primer contingente rural.
-A medida que el PRT-ERP se fortalecía y desarrollaba cayó en el formalismo-militarismo de formar grandes unidades de combate, el formalismo de completar las plantillas de oficiales y si estas unidades no tenían esa forma administrativa, no entraban en combate.
Este error llevó al desastre de Regimiento de Catamarca, ya que se suspendió una importante acción en Rosario, porque la compañía «Combate de San Lorenzo» aúnestaba completando la plantilla.
Se decidió entonces el asalto a la unidad del ejército en Catamarca para el cual se disponían dos compañías: la «Decididos de Córdoba» y la de Monte «Ramón Rosa Jiménez». Se optó por ésta, que debió trasladarse a un terreno desconocido y atacar a una compañía acantonada y descansada (lo que el Che Guevara siempre desaconsejó).
Indudablemente obnubilados Santucho y el resto del ERP con el éxito de la «Decididos de Córdoba» en el ataque al Destacamento 141 de Córdoba y en menor medida a la Fábrica Militar de Villa María, se encaró mal lo de Catamarca.
Si bien en principio no se pretendía entrar en operaciones en el monte tucumano (el traslado allí de combatientes experimentados era para prepararlos para el monte), el movimiento fue detectado.
El reaccionario gobierno de Isabel Perón inventó un conflicto policial en Tucumán y envió a la Federal a la provincia. Esta se quedó e inició el cerco ya mencionado. Quedaban dos opciones para el ERP: desaparecer, descubierto el foco antes de tiempo, o presentar batalla.
Se optó por lo segundo sin una decisión tomada en el colectivo del Comité Central, violándose el centralismo democrático y cayendo en el «ordeno y mando» de Santucho.
Fue un error táctico entrar en combate sin una fuerza con asentamiento político en la zona. Se dió certeza al enemigo de su existencia y no se buscó despistarlo buscando otro rumbo para el funcionamiento de la Escuela de monte.
Otro error fue la subestimación del enemigo. Tal vez por autosuficiencia, se informó en el periódico «Estrella Roja» del «exitoso ensayo de la Subametralladora JCR». Sin querer, se estaba dando información a la inteligencia enemiga diciendo «tenemos una fábrica de armas».
Uno de los mayores errores de tipo militaristas fue medir la acumulación de fuerzas principalmente en número de combatientes, bajas producidas al enemigo, armas ocupadas, cantidad de prensas vendidas y no privilegiar la acumulación de fuerzas en la dirección del movimiento de masas.
Así no se vio el repliegue del movimiento de masas a partir del Rodrigazo, en 1975. En vez de acompañar a las masas y refugiarse ahí para moverse como «pez en el agua», el PRT-ERP -ya muy golpeado-, se quedó solo tratando de mantener «la ofensiva». Se cayó en cierto modo en la guerra de aparatos, sin tener en cuenta la correlación de fuerzas y el retroceso de masas.
En diciembre de 1975 se sufrió la durísima derrota de Monte Chingolo, al intentar tomar el Batallón de Arsenales 601 en diciembre de 1975, que debilitó enormemente al PRT-ERP en vísperas del golpe de Estado de marzo de 1976.
Ese traspie, más los asesinatos y desapariciones de Santucho, Benito Urtega y Domingo Menna en julio del año siguiente, de alguna manera sellaron la posterior desaparición de la organización.
Los dirigentes como Luis Mattini y Enrique Gorriarán Merlo, que pasaron a dirigir el Buró Político, cometieron gruesos errores como ordenar el exilio masivo de la militancia. Tampoco fueron capaces de elaborar una correcta política ni un balance unificado de las causas de la derrota política, que terminó siendo global.
Esquemáticamente se puede decir que hubo una historia con aciertos y errores del PRT entre 1965 y 1970. Que en ese año con el V Congreso y la fundación del ERP comienza el tramo más positivo y prometedor de la organización. Y que en 1974, aproximadamente, se inicia -aún con Santucho vivo- un período de más errores y crisis. La represión de 1976 acentuó el problema al segar el núcleo de la dirección.
Para 1977-1979, el PRT había colapsado definitivamente por causa de errores políticos y militares, más las divisiones internas, lo que impidió todo intento de reconstrucción.

Actitudes insólitas del ERP

El 8 de enero de 1971, mediante una encomienda remitida a la terminal de ómnibus de Rosario, el ERP devolvió un paquete con armas de colección, expropiadas anteriormente por error a un particular, ya que "son muy antiguas y no sirven para la guerra revolucionaria".

Stanley Silvester, cónsul inglés y directivo del frigorífico Swift, secuestrado en el marco de un conflicto con obreros de la carne en 1970, operación mediante la cual el PRT-ERP adquirió notoriedad y prestigio a nivel nacional e internacional, declaró alegre y lozano luego de ser liberado, que sus secuestradores lo trataron "excelentemente" durante su breve cautiverio, jugaba al ajedrez y "me daban de comer bife y ensalada todos los días". Y hasta le regalaron un pulóver.

"¡Vengan que hay carne gratis para todos!", se escuchaba desde los megáfonos la noche del 20 de enero de 1971 en el barrio de Saladillo (Rosario), donde militantes del ERP habían llevado un camión con medias reses expropiado a un frigorífico, situación que se repitirá el 2 de abril; el 1 de marzo el reparto de carne había sido en la popular barriada de Pueblo Nuevo. La expropiación y reparto de mercaderías fue una de las claves del prestigio del ERP en los barrios marginales, en principio en Rosario y luego en todo el país: el 27 de octubre de 1970 el comando "Paula Alarcón" expropió un camión y distribuyó 27.000 botellas de leche entre los pobladores de la villa de Godoy y Felipe Moré (Rosario).

Domingo Menna, el "Mingo"

- Cuando el 19 de julio de 1976 la dictadura anunció que había dado muerte a Mario Roberto Santucho y Benito Urteaga, ocultó que los militares capturaron a Domingo Menna - el Mingo - a su compañera Ana María Lanzillotto (embarazada, cuyo hijo/a fue robado y sigue siendo buscado por su familia) y a Liliana Delfino (compañera de Santucho). Una sobreviviente del campo de concentración de Campo de Mayo, Patricia Erb, contó que lo vio a Mingo engrillado, quien le daba aliento a ella que estaba muy torturada y le hacía relatos de la guerra de Vietnam. Además le dio los nombres de las prisioneras y de otro traído después: Alberto Vega (que era el seudónimo de Eduardo Merbilhá, otro miembro de la dirección del PRT). Estos últimos testimonios de la vida de Mingo lo pintaban cabalmente cómo fue en toda su vida de militante revolucionario.

Su conducta emulaba el temple de Julius Fucik, el comunista checoslovaco de quien había leído su reportaje al pie del patíbulo, manuscrito en una prisión nazi. Y la de los resistentes vietnamitas en los pozos de Poulo Cóndor bajo las bayonetas de los colonialistas franceses, cuya historia aprendió leyendo a Ho Chi Minh. Mingo se comportó ante sus verdugos como esos obreros anarquistas italianos encarcelados y ahorcados en Estados Unidos, otra historia que leyó del escritor norteamericano Howard Fast en La pasión de Sacco y Vazetti. Mingo alcanzó la estatura moral de Antonio Gramsci, muerto en las prisiones fascistas de Mussolini. Del revolucionario italiano admiraba su contribución al marxismo y La construcción del partido del proletariado.

Mingo también había nacido en Italia en 1947, en Casalánguida, en la región del Abruzzo, desde donde emigraron sus padres, Irma y Pánfilo, y su hermanita menor Raquel (secuestrada en 1977 siendo también militante del PRT), e instalaron una sastrería en Tres Arroyos en 1952, en el sudeste de la provincia de Buenos Aires.

En 1965, Mingo fue a estudiar Medicina a Córdoba y al poco tiempo se incorporó al naciente Partido Revolucionario de los Trabajadores, cuando apenas reunía un puñado de militantes que distribuían La Verdad. En 1966 fue cofundador de la agrupación estudiantil Espartaco, el frente único del PRT con la agrupación Felipe Valiese, uno de cuyos integrantes era el entonces metalúrgico René Salamanca (elegido secretario de SMATA en el '72, secuestrado el 24/3/76). Ese año fue protagonista destacado de las luchas contra la dictadura de Onganía. Fue detenido en la primera toma del Hospital de Clínicas el 18 de agosto del '66, luego de liberar de las garras de cuatro canas a su compañero de carrera Alberto Cerda (militante del PC), herido de bala en el raje. Redactaba y repartía volantes, pintaba paredes. Agitador callejero y orador infatigable en asambleas, organizó los primeros grupos de resistencia a la represión en Barrio Clínicas, ocupado el 7 de setiembre en respuesta al asesinato de Santiago Pampillón el 7 de setiembre.

Estudioso incansable de textos de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Mandel, Mao, Giap, Le Duan, Milcíades Peña, Silvio Frondia, asumió como pocos los escritos del Che, que reproducía a mimeógrafo. Su caída en Bolivia el 8 de octubre del '67, aceleró su entusiasta participación en el IV Congreso del PRT, que tras intenso debate ideológico contra el economicismo de la anterior dirección, dio nacimiento al nuevo periódico El Combatiente.

Mientras estudiaba y hacía changas, fundó el Movimiento de Acción Programática 7 de Setiembre entre los estudiantes y la Agrupación 1° de Mayo en el movimiento obrero. En 1969 estuvo en las barricadas del cordobazo junto al naciente sindicalismo clasista. Poco después, organizó los primeros grupos guerrilleros en los Comandos 29 de Mayo y Che Guevara con el Negro Mauro (Carlos Germán, ex activista de FIAT y FOECyT, y después, miembro del Buró del PRT), con Pichón Foti, Ramiro Leguizamón (de quien tomó el nombre que puso a su primer hijo), Pepe y Frichu Polti, Edy MacLean, Silvia Urdampilleta, Diana Triay, Elda y Mima Fransischetti, Humberto Toschi, entre la pléyade de militantes sumados por él a la organización. Ese año '69, intentó sin éxito liberar a Santucho preso en una comisaría de Tucumán, que después escapó solo.

En 1970, ante una crisis de definiciones estratégicas del PRT, Mingo se alineó con Santucho, Pujals, Urteaga, Leandro Pote y Antonio el negrito Fernández (estos dos dirigentes azucareros), Mauro, Jorge Ulla, Francisco Carrizo, Angel Gertel, Ana María Villarreal, Sbédico y otros, en la Tendencia Leninista, que en el V Congreso del PRT en julio del '70, fundan el Ejército Revolucionario del Pueblo.

El 12 de enero del '71, Mingo es capturado y brutalmente torturado. Tras los barrotes de la cárcel de encausados agitó a los manifestantes de las movilizaciones previas al viborazo del 15 de marzo encabezados por los obreros de SITRAC/SITRAM. Ese segundo cordobazo precipitó la caída de Levingston (sucesor de Onganía), la asunción de Lanusse y el lanzamiento de su "Gran Acuerdo" con los partidos civiles para una salida electoral. En prisión, Mingo mantuvo una polémica con guerrilleros peronistas, acerca del rol de Perón y el populismo, a los que criticaba severamente.

Trasladado a la cárcel de Rawson, fue organizador de la fuga que protagonizó con otros compañeros (Osatinsky y Quieto de FAR, Pujadas de Montoneros y Santucho y Gorriarán del PRT-ERP) el 15 de agosto del '72, llegando a Chile y Cuba.

Regresado al país, contribuyó desde el Buró Político del PRT a la reorganización y crecimiento partidista. Fue lúcido e incisivo editorialista de El Combatiente y redactor de documentos políticos. En 1973 comenzó a escribir los borradores de un nuevo Programa y textos para el VI Congreso del PRT (que no se llegó a realizar), con énfasis en las propuestas del poder -Gobierno Revolucionario Obrero y Popular- y las transformaciones socioeconómicas antimperialistas, anticapitalistas y socialistas.

El 29 de mayo del '73 ocupó la tribuna en el acto masivo de homenaje al cordobazo junto a Agustín Tosco y el presidente de Cuba, Osvaldo Dorticós. No pudo concluir sus estudios de Medicina y en un breve período, trabajó en Acindar, en Villa Constitución. En el '74 volvió a la tribuna en el Córdoba Sport junto a Tosco, en un acto del Frente Antimperialista y por el Socialismo, del que fue gran impulsor, considerándolo una herramienta estratégica junto al PRT, al ERP y a la internacionalista Junta de Coordinación Revolucionaria del Cono Sur.

Militante de plenas convicciones marxistas, analista, polemista y propagandista, organizador sindical, estudiantil y partidario, guerrillero de primera línea; alegre, calentón y solidario hasta en los pequeños detalles, mantenía todas sus características siendo el Secretario de Organización del PRT. Mingo Menna es un ejemplo más de esa generación de los '60 para las actuales generaciones de luchadores sociales y políticos.


El PRT después de 1976

En "Hombres y Mujeres del PRT-ERP", Arnold Kremer (Luis Mattini), quien había sucedido a Mario Roberto Santucho en el secretariado general, afirma que después de la primera reunión de la conducción en Roma (abril de 1977) se había agudizado la ola represiva y que "los golpes de mayo de 1977 significaron la destrucción del PRT-ERP en la Argentina". En consecuenciase se organizó la salida del país de los militantes en la clandestinidad. La medida involucró al noventa por ciento de los militantes en el territorio nacional. La idea era conformar un plan de repliegue que estableciera una retaguardia con base en Brasil, México e Italia con el objetivo de retornar a la lucha en Argentina. Esa decisión "…se iba a transformar en un inesperado, indeseado y largo exilio…" (Luis Mattini, Hombres y mujeres del PRT).

El PRT en el exilio, de unos pocos cientos de personas, se distribuyeron en varios países europeos y sudamericanos, donde constituyeron pequeñas regionales. Sin embargo los grupos más numerosos se instalaron en España, Italia y México. Por su parte el Buró Político se radicó en Madrid. La conducción del PRT estableció dos actividades prioritarias en el exterior: la formación de los militantes y la denuncia del terrorismo de la dictadura en el exterior.

Pero la derrota en el terreno de las armas y la feroz represión ejercida particularmente por el ejército argentino hacia los militantes y simpatizantes del PRT-ERP, que prácticamente estaba diezmado hacia fines de 1976, provocaron serias diferencias entre los sobrevivientes en el exilio. Para fines de 1978 habían emergido dos posturas antagónicas entre los sectores liderados por Arnold Kremer y Enrique Gorriarán Merlo respectivamente. Kremer, en función de secretario general del partido, convoca apresuradamente a un VI Congreso en Italia, hecho que sellaría la fractura y atomización del PRT en el exilio.

En mayo de 1979 unas pocas decenas de militantes se constituyeron en un 6º congreso en zona de los Alpes italianos. Después de formular severas críticas al secretariado general, dicho congreso decide el traslado de la estructura del partido a México. Finalmente el Comité Central, máxima autoridad partidaria, resuelve separar al secretario general Arnold Kremer, quien tiempo después renunciaría al partido.

Arnold Kremer, luego de su renuncia en México, parte a Suecia donde retoma su oficio de metalúrgico y escribe Hombres y mujeres del PRT-ERP. A mediados del 90 regresa al país y se incorpora a la militancia en el PC, que luego también abandonaría. Desde el año 2003 se desempeña como funcionario público. Gorriarán Merlo parte hacia Nicaragua para incorporarse a la revolución sandinista, combatiiendo junto al FSLN que ingresa triunfante en Managua el 20 de julio de 1979. En 1980 organizó la ejecución del dictador nicaragüense Anastasio Somoza, exiliado en Paraguay. De regreso en Argentina colabora en la construcción del Movimiento Todos por la Patria, más tarde responsable del asalto al cuartel de La Tablada.

Con el advenimirnto de la democracia en 1983 muchos de los antiguos combatientes y militantes exiliados se reincorporaron a la vida pública y política del país en distintas organizaciones y agrupaciones. Varios sectores reclamaron el uso de las siglas del PRT, atribuyéndose la herencia de la continuidad histórica. Se consolidaron dos sectores que repudiaron la decisión de sacar al partido al exilio y desconocieron a las direcciones posteriores a la caída en combate del Buró político el año 1976.

Copamiento en Villa María

El 10 de agosto de 1974 se realizó una de las acciones más exitosas del ERP: el copamiento de la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos de Villa María, Córdoba. Durante horas los guerrilleros tuvieron dominada la guarnición con todos sus hombres adentro, y se fueron llevando varios camiones cargados de armas y explosivos. En base a parte de ese hecho histórico se escribió este capítulo de la novela Ciclo de Antón Tapia, que entregamos a continuación.

Contra el cielo negro silbaban las balas trazadoras. Alguien había comenzado a disparar con una punto 50, desde las casamatas.
-Hay que hacerlo callar- dijo el compañero Responsable-. ¿Te le animas Antón?
Desde dentro del cuartel, los compañeros habían informado que todo iba bien. Los milicos estaban danzando, en el casino de oficiales. Era su fiesta de gala, por el 9 de Julio. Los compañeros los pescaron reunidos; no tuvieron más que arrearlos hasta el fondo del salón. Las mujeres chillaban, al principio. Era cómico ver las caras de los «duros» oficiales pidiendo por favor: «muchachos, no disparen, hay mujeres y ancianos».
El jefe del batallón se había ido a dormir, porque le dolía la cabeza. Cuando se encontró con el caño de un Colt 44 apoyado en la sien parece que se olvidó del dolor. Ni chistó. Daba la impresión de no comprender qué pasaba. Los compañeros informaban por radio que habían empezado a cargar las armas en los camiones. Hasta ahora solamente había tiros en el destacamento de policía, dos quilómetros a retaguardia. Había sido provocado exprofeso por el equipo parapetado en la casa de enfrente, para hacer distracción. El resto de la columna había seguido avanzando, hasta rodear el cuartel. El soldado guardián del puesto 4 era un compañero. Por allí, habían entrado sin inconvenientes cuatro equipos. Los milicos ni se habían soñado el copamiento. Esta vez les habían fallado los Servicios.
-Voy- dijo Antón, descolgando una granada del cinto y empuñando en la otra el 38.
-Cuando te diga, sales- dijo el compañero responsable-:¡ya!
El aire pareció estallar en tableteos y fogonazos; Antón saltó hacia el costado y empezó a reptar lo más rápido que pudo, a la derecha y adelante. Cuando alcanzó de nuevo la oscuridad de la roca, corrió. Los estampidos y tableteos de ametralladoras no cesaban. Ahora, a la punto 50 se le había sumado lo que parecía una Gussi, en la misma casamata.
Antón se rasgó el pantalón al saltar por sobre el alambre de púas. Nadie lo vio. Al fin, consiguió ubicarse al pie de la torre que disparaba, por detrás. Subió uno a uno los escalones, con sus plantas de goma. Los vio. Un cabo joven, tal vez de su edad, y un sargento de bigotes. Estuvo mirándolos por un momento, concentrados ellos en su tarea de disparar las armas. Cuando hicieron una pausa, les habló:
-Bueno muchachos- les dijo-: ya está.
El cabito se quedó tieso y levantó las manos, dejando caer su metralleta. El viejo se dio vuelta sorprendido, haciendo ademán de sacar la pistola.
-No te mates, hermano- le dijo Antón, corriendo apenas el caño del 38 amartillado en dirección a su frente-: La cosa no es contra ustedes.
El bigotudo se quedó tranquilo, y levantó sus brazos. Antón los hizo salir, enfilados, con los brazos en la nuca. Levantó la ametralladora liviana y se la colgó en el cuello. Caminaron por entre las barracas oscuras hacia la plaza de armas. Ahora no se escuchaba más ruido que el de los motores.
Cuando llegaron, Antón los envió a reunirse con el resto de los prisioneros. Bajo un alero, un grupo de oficiales y suboficiales- los zumbos con ropa de dormir- mezclados con mujeres de largo y hombres de traje oscuro y de esmóquin observaban, nerviosos, las tareas de los compañeros. Una compañera y un compañero los vigilaban de cada lado. Casi era innecesario, pues nadie se movía. Ni siquiera se atrevían a hablar. Dos camionetas con carteles de Vino Arizu y dos camionetas se habían acercado a la armería, para cargar. De adentro salían guerrilleros con brazadas de fusiles, FAL, ametralladoras pesadas, cajas de municiones y granadas... «Una verdadera fiesta», pensó Antón.
-Te hai dao el gusto de entrar, varón- le dijo el compañero Comandante, guiñándole un ojo. Antón le sonrió.
Después de que hubieron cargado todo lo que cabía en los camiones y las camionetas, encerraron con llaves a los prisioneros y se retiraron. Se llevaron consigo solamente al jefe del batallón: un coronel. Antón lo observó temblar. Estaba en pijama, y hacía un frío de perros. Se sacó la campera con piel de corderito y se la alcanzó. El hombre le miró a los ojos, agradecido. No parecía mal tipo.
El grueso de la columna se dispersó; los camiones partieron uno para el norte y otro para el sur. Pronto esas armas estarían enterradas o escondidas en cien lugares distintos, en Santiago, Tucumán, La Rioja... Antón fue designado para ir con dos equipos y el médico a ver a los compañeros que peleaban con la policía. Aquello era un infierno. Abriendo fuego con bazucas consiguieron acercarse a la casa y entrar.
¡Vamos compañeros! ¡Retirada!- gritó Antón.
Le respondió la carcajada de César:
-¡Yo de aquí ya no me muevo! ¡Y al carajo los milicos, que me maten si se animan!
El corazón de Antón Tapia palpitó en falso: sobre la camisa verde del César se extendía un machón oscuro, a la altura del estómago.
-¡Hermano¡ -gimió Antón- ¡estás herido!
César le miró orgulloso, los ojitos verdes brillando, los bigotazos rubios más tiesos que nunca, los dientes, amarillos de mate, asomando en la sonrisa. César no es sólo un combatiente es un poeta, pensó Antón mirándolo jaranear y tomar vino de la botella en la peña, recitar con voz potente los versos de Juan Carlos Dávalos, decir yo soy santiagueño, intelectual, mecánico, revolucionario, enamorado y camionero ¡qué carajo!, recopilando bibliografía de Lenín y Trotsky para demostrarle a Antón que ningún buen revolucionario podría ser también católico, ¡cómo se le ocurría! Tenía un boquete en el estómago, se lo habían hecho al comenzar nomás el tiroteo.
La policía de la provincia rodeaba la casa; casi no se podía hablar por el ruido de los disparos.
-Vamos dijo Antón-, apoyate en mí y vamos.
-Es al pedo- le contestó el César -yo estoy acabado. Vayan ustedes. Yo me quedo a contenerlos un rato.
Antón vio que había puesto un cajón de manzanas para apoyar el brazo con el arma, que sostenía con las dos manos. Estaba discutiendo si se iba o se quedaba cuando, repentinamente, se desmayó. De nuevo tuvieron que abrirse paso a bazucasos, hasta los vehículos. Antón alzó el cuerpo flaco de César en sus dos brazos, y lo acomodó cuidadosamente a su lado, sobre la colchoneta. La camioneta con cúpula se puso en marcha.
Anduvieron largo rato. Cuando Antón preguntó qué pasaba, si no iban a llegar nunca, le dijeron que todos los caminos a las ciudades estaban bloqueados: no hallaban por dónde salir. Iban a tener que huir hacia los cerros. Antón le tocó la frente al César: estaba helado. Asustado, prendió la lucecita del techo. La cara de César parecía una máscara de cera.
Lo bajaron en un
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