* Es solamente texto con una imagen al final. Para los que les gusta leer historias, este post es para ellos. Si no te gusta leer, hace el intento, solo perdes un poco de tiempo.
El Comandante
El ilustre guerrero de noble estirpe
Un septiembre de mil novecientos ochenta y cinco, un señor de piel morena capaz de tomar café hirviendo caminaba en el pasaje Los Pinos, Mejicanos, San Salvador. En ese momento, un clarinero alzaba vuelo luego de anunciar la mañana en el balcón de la casa número cinco del mismo pasaje. Mientras, en el primer piso de la casa después de despedir a su esposo, Maria Elena de Molina, lavaba los platos usados en el desayuno. A la vez, en el segundo piso un espermatozoide con un Cromosoma “Y” perteneciente a un nuevo esposo, viajaba para insertarse en un huevo de Maria. Nueve meses después en tiempos de guerra civil y desesperación donde la sociedad estaba en busca de paz y cambio. A las afueras de la ciudad se vivía un ambiente hostil, aun así, un día común y corriente para muchos habitantes y un día muy especial para la familia Molina Castillo. Rosa Espinoza viajo a la ciudad capital para cuidar de su hija Maria Mercedes Castillo. Cargando canastas llenas de queso, crema, frijoles y ropa; la madre llego a la casa donde la familia empieza y donde los sueños no son imposibles. Maria Mercedes, sintió un dolor en su vientre y su esposo estaba listo con su equipaje para dar travesía al lugar donde las personas mueren y empiezan a vivir. Los padres del esposo se despertaron bajo la zozobra del acontecimiento. Alarmantes todos, ejecutaron el plan de emergencia luego de ver que ha llegado la hora cero. María Mercedes y su esposo se dirigen hacia el hospital y todo queda en expectativa. Hay una criatura que estaba empezando a vivir, pero las historias solo reviven este momento como memorias contadas a su oído tiempos después. Cuentan las anécdotas que los esposos llegaron al hospital cargando bultos, dolor, miedo y felicidad. María Mercedes fue trasladada a la sala de partos del hospital y el padre no pudo entrar a la habitación por el miedo que le causaba ver la sangre de su esposa. El esposo se quedo perplejo ante la situación en la sala de espera, mientras María Mercedes sufría en su labor. Los doctores amarraron de la cama a la futura madre y ella se preguntaba el porqué de aquel trato tan amargo. Los estudiados salvadores de vidas le dijeron que la labor era dura y que la necesidad del trato apremiaba. Así comienzo el castigo destinado a las hijas de Eva. El castigo del dolor del viaje para conocer el fruto del árbol de la vida en el Edén del amor y el pecado concebido. Maria sufría, pero su merced por una vida prevaleció. Vivian en una tierra maldita por la guerra pero bendita por su nombre y su gente. Es una tierra donde los salvadores nacen y son destruidos, pero es la tierra donde las mentes sueñan con un nuevo mañana. Dios, Unión y Libertad se leen en los símbolos de la nación mientras la gente saluda a su patria orgullosa por el amor que le tienen de ser hijos suyos, hijos de la patria. Si todo fuese tan sencillo como eso, el territorio no estuviera maldito. Aun así, hay gritos de esperanza y Dios siempre escucha y resuelve. Pese al ambiente hostil, Rosa, viajo medio país para poder estar en el momento en que su hija transcendería hacia un nuevo amor solo comparado con el amor de Dios. Después de encomendar a Dios y a la Santísima Madre María a su hija y al fruto por venir; Rosa se dirigió hacia el hospital para imponer su presencia y su mandato. Porque el amor y respeto más grande en la tierra le pertenece a una madre.
El niño fue llevado en brazos por una enfermera para presentarlo ante la familia. Rosa se adelanto y arrebato al niño de los brazos de la mujer anónima. La enfermera reprocho el evento preguntando la razón de su acción. Y Rosa le respondió que ella estaba en todo su derecho porque ella era su abuela. Ella es la madre de la madre, la Rosa de Maria, la flor de la sangre buena y tenía todo el derecho bajo todas las leyes hechas por el Grande. Es así como el primer contacto filial de aquel niño fue bendecido por la caricia de su abuela, joven todavía y con el afán de conocer el fruto de su vientre. Porque el fruto de su vientre fue su hija y porque el vientre de su hija le pertenece. Rosa se preguntó el nombre del comandante que sostenía en brazos y no dudó en presentarlo ante la estirpe. Toda la familia se reunió en la habitación donde María se recuperaba. La habitación blanca, fuera de todo sollozo de dolor fue invadida por el júbilo. Rosa entrego al recién nacido a la madre verdadera, mientras Maria derramaba toda su merced hacia él. La curiosidad dicen por ahí que mato al gato, pero Rosa no iba a dejar que ese gusano curioso en su estomago le quitara un aliento mas de vida para conocer el nombre de aquel niño. El comandante todavía no abría sus ojos, pero hacía gala de la única cosa que se le ha criticado toda su vida. El recién nacido trajo consigo una cabellera negra rebelde, pero, lucia galante y coqueto ante las miradas de pocas. Al menos, eso decía Maria Mercedes. “Parece Clarinero” dijo Salvador Castillo, padre de Maria, días después al apreciarle el cabello del niño con humor. Pero, mientras la criatura galante yacía en los brazos de su madre, Rosa pregunto por el nombre de la nueva esperanza. Maria Mercedes y su esposo habían pensado muchos nombres para el niño. José, Manuel, Salvador, René, etc. Cualquier nombre que hubiera sido nunca hubiese encajado, pero la abuela tenía que imponer el respeto que siempre se le había tenido. “Déjense de babosadas” dijo Rosa. “El niño se va a llamar como su padre.” Nadie objeto la orden de la abuela materna y todos pensaron lo mismo en sus mentes. -Que así sea – dijeron todos. Haciendo gala de los nombres y de las escrituras, un nuevo peldaño de la estirpe se había formado. Manuel de Jesús y María Elena, padres del esposo, Salvador y Rosa, padres de Maria. Un Jesús para la Magdalena y un Salvador para la Rosa. Estos son los abuelos del nuevo ser. Así que la pareja de Maria, no tenia de otra más que lucir su nombre en la sangre de su sangre con orgullo. El padre y el primogénito ahora comparten el nombre, fusionando las características de los genes familiares en un ser de la nueva vida.
El Comandante rechazo los pechos de la madre por haber ingerido primero la nueva y mejorada leche enlatada, pensó “No tomare de esta porque yo soy Luis, el ilustre guerrero , y también Alberto, de la noble estirpe.” Así pues, el significado del nombre se impone y como un comandante decide. Nacido bajo el signo de Géminis, donde todo es blanco o negro, con el sol que es el símbolo de Dios como su astro regidor, el recién nacido es terco y noble de nacimiento. Luis Alberto vive como un ilustre guerrero de noble estirpe, bajo muchos seudónimos. Un guerrero de la vida y un noble nacido de la humildad. No hay mejor regalo que tener un nombre en esta vida caótica, donde la historia es escrita por uno mismo y las historias solo comienzan desde el momento que se nace hasta el momento del último suspiro. Ser o no ser, como escribió Shakespeare, o decir “si quiero ser, yo puedo ser” como dice el Comandante, ese es el dilema. Dios puso a un niño en la tierra, engendrado por un padre y una madre, para que todos vean hasta dónde pueda alcanzar el fruto del árbol de la vida. Las memorias del ilustre guerrero de noble estirpe son el afán por descubrir las aventuras y plantar los pies para escalar los obstáculos de la vida. Vivir o vivir, no queda más de otra, porque él es Luis Alberto hasta el fin. Mientras tanto, en tiempos de guerra civil y desesperación donde la sociedad está en busca de paz y cambio, los bebés se preocupan por comer, los jóvenes por su identidad, los adultos por sus hijos y los ancianos por vivir.
Tiempos después se conoció de la existencia del ilustre guerrero . Cuando lo conocieron, relataban su nacimiento tal y como está adaptada. Ese nacimiento dio inicio a una maravillosa historia, su vida. Una historia que enseña con sus acciones y relata con la memoria. No importa si la historia es larga o corta, la vida está hecha para contarla. Era el primero de junio de mil novecientos ochenta y seis a las quinientas con cincuenta horas en San Salvador, El Salvador cuando nació el Comandante.
El Comandante
El ilustre guerrero de noble estirpe
Un septiembre de mil novecientos ochenta y cinco, un señor de piel morena capaz de tomar café hirviendo caminaba en el pasaje Los Pinos, Mejicanos, San Salvador. En ese momento, un clarinero alzaba vuelo luego de anunciar la mañana en el balcón de la casa número cinco del mismo pasaje. Mientras, en el primer piso de la casa después de despedir a su esposo, Maria Elena de Molina, lavaba los platos usados en el desayuno. A la vez, en el segundo piso un espermatozoide con un Cromosoma “Y” perteneciente a un nuevo esposo, viajaba para insertarse en un huevo de Maria. Nueve meses después en tiempos de guerra civil y desesperación donde la sociedad estaba en busca de paz y cambio. A las afueras de la ciudad se vivía un ambiente hostil, aun así, un día común y corriente para muchos habitantes y un día muy especial para la familia Molina Castillo. Rosa Espinoza viajo a la ciudad capital para cuidar de su hija Maria Mercedes Castillo. Cargando canastas llenas de queso, crema, frijoles y ropa; la madre llego a la casa donde la familia empieza y donde los sueños no son imposibles. Maria Mercedes, sintió un dolor en su vientre y su esposo estaba listo con su equipaje para dar travesía al lugar donde las personas mueren y empiezan a vivir. Los padres del esposo se despertaron bajo la zozobra del acontecimiento. Alarmantes todos, ejecutaron el plan de emergencia luego de ver que ha llegado la hora cero. María Mercedes y su esposo se dirigen hacia el hospital y todo queda en expectativa. Hay una criatura que estaba empezando a vivir, pero las historias solo reviven este momento como memorias contadas a su oído tiempos después. Cuentan las anécdotas que los esposos llegaron al hospital cargando bultos, dolor, miedo y felicidad. María Mercedes fue trasladada a la sala de partos del hospital y el padre no pudo entrar a la habitación por el miedo que le causaba ver la sangre de su esposa. El esposo se quedo perplejo ante la situación en la sala de espera, mientras María Mercedes sufría en su labor. Los doctores amarraron de la cama a la futura madre y ella se preguntaba el porqué de aquel trato tan amargo. Los estudiados salvadores de vidas le dijeron que la labor era dura y que la necesidad del trato apremiaba. Así comienzo el castigo destinado a las hijas de Eva. El castigo del dolor del viaje para conocer el fruto del árbol de la vida en el Edén del amor y el pecado concebido. Maria sufría, pero su merced por una vida prevaleció. Vivian en una tierra maldita por la guerra pero bendita por su nombre y su gente. Es una tierra donde los salvadores nacen y son destruidos, pero es la tierra donde las mentes sueñan con un nuevo mañana. Dios, Unión y Libertad se leen en los símbolos de la nación mientras la gente saluda a su patria orgullosa por el amor que le tienen de ser hijos suyos, hijos de la patria. Si todo fuese tan sencillo como eso, el territorio no estuviera maldito. Aun así, hay gritos de esperanza y Dios siempre escucha y resuelve. Pese al ambiente hostil, Rosa, viajo medio país para poder estar en el momento en que su hija transcendería hacia un nuevo amor solo comparado con el amor de Dios. Después de encomendar a Dios y a la Santísima Madre María a su hija y al fruto por venir; Rosa se dirigió hacia el hospital para imponer su presencia y su mandato. Porque el amor y respeto más grande en la tierra le pertenece a una madre.
El niño fue llevado en brazos por una enfermera para presentarlo ante la familia. Rosa se adelanto y arrebato al niño de los brazos de la mujer anónima. La enfermera reprocho el evento preguntando la razón de su acción. Y Rosa le respondió que ella estaba en todo su derecho porque ella era su abuela. Ella es la madre de la madre, la Rosa de Maria, la flor de la sangre buena y tenía todo el derecho bajo todas las leyes hechas por el Grande. Es así como el primer contacto filial de aquel niño fue bendecido por la caricia de su abuela, joven todavía y con el afán de conocer el fruto de su vientre. Porque el fruto de su vientre fue su hija y porque el vientre de su hija le pertenece. Rosa se preguntó el nombre del comandante que sostenía en brazos y no dudó en presentarlo ante la estirpe. Toda la familia se reunió en la habitación donde María se recuperaba. La habitación blanca, fuera de todo sollozo de dolor fue invadida por el júbilo. Rosa entrego al recién nacido a la madre verdadera, mientras Maria derramaba toda su merced hacia él. La curiosidad dicen por ahí que mato al gato, pero Rosa no iba a dejar que ese gusano curioso en su estomago le quitara un aliento mas de vida para conocer el nombre de aquel niño. El comandante todavía no abría sus ojos, pero hacía gala de la única cosa que se le ha criticado toda su vida. El recién nacido trajo consigo una cabellera negra rebelde, pero, lucia galante y coqueto ante las miradas de pocas. Al menos, eso decía Maria Mercedes. “Parece Clarinero” dijo Salvador Castillo, padre de Maria, días después al apreciarle el cabello del niño con humor. Pero, mientras la criatura galante yacía en los brazos de su madre, Rosa pregunto por el nombre de la nueva esperanza. Maria Mercedes y su esposo habían pensado muchos nombres para el niño. José, Manuel, Salvador, René, etc. Cualquier nombre que hubiera sido nunca hubiese encajado, pero la abuela tenía que imponer el respeto que siempre se le había tenido. “Déjense de babosadas” dijo Rosa. “El niño se va a llamar como su padre.” Nadie objeto la orden de la abuela materna y todos pensaron lo mismo en sus mentes. -Que así sea – dijeron todos. Haciendo gala de los nombres y de las escrituras, un nuevo peldaño de la estirpe se había formado. Manuel de Jesús y María Elena, padres del esposo, Salvador y Rosa, padres de Maria. Un Jesús para la Magdalena y un Salvador para la Rosa. Estos son los abuelos del nuevo ser. Así que la pareja de Maria, no tenia de otra más que lucir su nombre en la sangre de su sangre con orgullo. El padre y el primogénito ahora comparten el nombre, fusionando las características de los genes familiares en un ser de la nueva vida.
El Comandante rechazo los pechos de la madre por haber ingerido primero la nueva y mejorada leche enlatada, pensó “No tomare de esta porque yo soy Luis, el ilustre guerrero , y también Alberto, de la noble estirpe.” Así pues, el significado del nombre se impone y como un comandante decide. Nacido bajo el signo de Géminis, donde todo es blanco o negro, con el sol que es el símbolo de Dios como su astro regidor, el recién nacido es terco y noble de nacimiento. Luis Alberto vive como un ilustre guerrero de noble estirpe, bajo muchos seudónimos. Un guerrero de la vida y un noble nacido de la humildad. No hay mejor regalo que tener un nombre en esta vida caótica, donde la historia es escrita por uno mismo y las historias solo comienzan desde el momento que se nace hasta el momento del último suspiro. Ser o no ser, como escribió Shakespeare, o decir “si quiero ser, yo puedo ser” como dice el Comandante, ese es el dilema. Dios puso a un niño en la tierra, engendrado por un padre y una madre, para que todos vean hasta dónde pueda alcanzar el fruto del árbol de la vida. Las memorias del ilustre guerrero de noble estirpe son el afán por descubrir las aventuras y plantar los pies para escalar los obstáculos de la vida. Vivir o vivir, no queda más de otra, porque él es Luis Alberto hasta el fin. Mientras tanto, en tiempos de guerra civil y desesperación donde la sociedad está en busca de paz y cambio, los bebés se preocupan por comer, los jóvenes por su identidad, los adultos por sus hijos y los ancianos por vivir.
Tiempos después se conoció de la existencia del ilustre guerrero . Cuando lo conocieron, relataban su nacimiento tal y como está adaptada. Ese nacimiento dio inicio a una maravillosa historia, su vida. Una historia que enseña con sus acciones y relata con la memoria. No importa si la historia es larga o corta, la vida está hecha para contarla. Era el primero de junio de mil novecientos ochenta y seis a las quinientas con cincuenta horas en San Salvador, El Salvador cuando nació el Comandante.