"Que se pierdan mil gobiernos, pero que se salven los principios"

La vida de Hipólito Yrigoyen estuvo llena de certezas y, aún hoy, está cargada de misterios. Fue abogado, comisario, profesor y político. Conspirador y revolucionario. Y dos veces presidente de la nación argentina a través del voto popular, por la vía del sufragio, a favor del cual luchó toda su vida.
Yrigoyen pensaba que el voto iguala, legitima, solidariza. Es la herramienta que coloca a todos los ciudadanos en un pie de igualdad.
Nació y se crió en el seno de una familia de clase media baja, por lo que tuvo que buscar empleo para solventarse y, en algunas ocasiones, lo hizo abandonar sus estudios. Era sobrino de Leandro Nicéforo Alem, hermano menor de su madre Marcelina Alén. Se recibió de abogado pero nunca ejerció tal profesión.
El primer gobierno de Yrigoyen fue innovador en varios aspectos para la historia argentina. Además de haber sido elegido mediante la reforma electoral por la cual luchó por varios años, fue el primer presidente surgido de las clases populares, lo cual puso fin a la hegemonía conservadora y marcó el ingreso de la clase media en la política del país. Asimismo, fue el primero en adoptar una línea nacionalista y en plantear una reforma social. Asumió la presidencia en el marco de una crisis provocada por la Primera Guerra Mundial en Europa, lo que provocó el cierre de los mercados argentinos y frenó gran parte de la actividad económica. Esto repercutió en grandes manifestaciones obreras y se reflejó en el crecimiento exponencial que experimentaron los gremios durante el período. Se sancionaron reglamentaciones para proteger a los campesinos y se crearon cajas jubilatorias para empleados públicos y estatales. Yrigoyen dictó medidas para que la Argentina controlara sus transportes, yacimientos energéticos y su propia moneda. Se regularon las tarifas de los ferrocarriles operados por capitales británicos, a la vez que se creaban líneas férreas estatales.
En 1922 fundó Yacimientos Petrolíferos Fiscales, una empresa estatal destinada a explotar las riquezas energéticas del país. El estallido de la reforma universitaria fue bien visto por su gobierno, e Yrigoyen impulsó una serie de normas a favor de los reformistas. Pese a las iniciativas que favorecieron a sectores obreros y medios, su mandato se vio manchado por las mayores masacres en la historia argentina: la semana trágica, la masacre de la Forestal y la Patagonia rebelde, con centenares de obreros fusilados por parte de las fuerzas policiales y grupos de extrema derecha como la Liga Patriótica, ya que el gobierno no pudo controlar ni satisfacer los pedidos de los manifestantes. No existe unanimidad entre los historiadores para determinar el grado de responsabilidad del mismo Yrigoyen en las masacres; no obstante, es un hecho que el presidente nunca mandó investigar los sucesos trágicos ni los condenó públicamente. En materia de política internacional, Yrigoyen mantuvo una posición neutral ante la Primera Guerra Mundial y, finalizada ésta, abogó por la igualdad entre naciones vencedoras y vencidas, a la vez que defendía el principio de no intervención. La expansión económica que experimentó la Argentina durante el periodo conocido como república radical sigue siendo hasta hoy en día el ciclo de mayor crecimiento económico en la historia argentina, ciclo sólo superado por la gestión del presidente Arturo Illia.
La personalidad de Hipólito Yrigoyen es uno de sus rasgos más distintivos y recordados. Siempre fue una persona discreta y reservada. Prácticamente no hay registro de que haya dado discursos ni le agradaba mostrarse en público, y las pocas veces que iba a actos se retiraba rápidamente. No le agradaba sacarse fotografías (existen unos pocos retratos fotográficos de su juventud), y en ninguna se lo puede ver sonriente. Pese a lo mencionado, Yrigoyen fue una de las primeras personalidades políticas con gran transcendencia entre las masas.A lo largo de su vida emprendió numerosas acciones solidarias aun cuando su situación económica no era la más solvente, ya sea donando sus sueldos al Hospital de Niños o regalando sus trajes hechos por sastres a las personas más necesitadas. Su austeridad lo llevó a vivir en barrios humildes.
No bebía ni fumaba, a excepción de media botella de champán que tomaba ya que el dióxido de carbono mejoraba su digestión.8 Aun cuando era un exitoso estanciero, siguió viviendo en su misma casa de la calle Brasil con su hija Elena y su secretaria. Su hogar no contaba con calefacción ni muebles lujosos, y rechazó cualquier casa que le ofrecieron cuando asumió su primer puesto de legislador. Siempre era llamado por su apellido y pocos amigos muy íntimos se dirigían a él por su nombre de pila, como Marcelo T. de Alvear y Fernando Saguier, pero no lo tuteaban. No hablaba mal de otras personas (ni políticamente hablando), y cuando alguien lo hacía, él no intervenía en la conversación. Si alguien por algún motivo no le caía bien, no lo despachaba públicamente con malos comentarios: sencillamente dejaba de recibirlo, o pronunciaba mal su apellido en público.
Cuando era profesor solía comprar los libros que los alumnos no podían adquirir. Así mismo, en una ocasión una profesora tuvo que faltar varios meses por enfermedad, e Yrigoyen le pagó los sueldos por los correspondientes meses. Este tipo de acciones siempre las emprendió anónimamente, en este caso prestando fondos al ente escolar para que este le pagara los salarios a la profesora. Durante sus presidencias los gastos de representación de la residencia no superaron los mil pesos diarios, y sólo usó dos coches viejos ya existentes en la casa de gobierno para desplazarse. Además siguió viviendo en su casa de la avenida Brasil y rechazó morada alguna ofrecida por su título de presidente. Al asumir el gobierno ordenó que se retiraran los retratos con su efigie que decoraban algunas oficinas públicas.

La vida de Hipólito Yrigoyen estuvo llena de certezas y, aún hoy, está cargada de misterios. Fue abogado, comisario, profesor y político. Conspirador y revolucionario. Y dos veces presidente de la nación argentina a través del voto popular, por la vía del sufragio, a favor del cual luchó toda su vida.
Yrigoyen pensaba que el voto iguala, legitima, solidariza. Es la herramienta que coloca a todos los ciudadanos en un pie de igualdad.
Nació y se crió en el seno de una familia de clase media baja, por lo que tuvo que buscar empleo para solventarse y, en algunas ocasiones, lo hizo abandonar sus estudios. Era sobrino de Leandro Nicéforo Alem, hermano menor de su madre Marcelina Alén. Se recibió de abogado pero nunca ejerció tal profesión.
El primer gobierno de Yrigoyen fue innovador en varios aspectos para la historia argentina. Además de haber sido elegido mediante la reforma electoral por la cual luchó por varios años, fue el primer presidente surgido de las clases populares, lo cual puso fin a la hegemonía conservadora y marcó el ingreso de la clase media en la política del país. Asimismo, fue el primero en adoptar una línea nacionalista y en plantear una reforma social. Asumió la presidencia en el marco de una crisis provocada por la Primera Guerra Mundial en Europa, lo que provocó el cierre de los mercados argentinos y frenó gran parte de la actividad económica. Esto repercutió en grandes manifestaciones obreras y se reflejó en el crecimiento exponencial que experimentaron los gremios durante el período. Se sancionaron reglamentaciones para proteger a los campesinos y se crearon cajas jubilatorias para empleados públicos y estatales. Yrigoyen dictó medidas para que la Argentina controlara sus transportes, yacimientos energéticos y su propia moneda. Se regularon las tarifas de los ferrocarriles operados por capitales británicos, a la vez que se creaban líneas férreas estatales.
En 1922 fundó Yacimientos Petrolíferos Fiscales, una empresa estatal destinada a explotar las riquezas energéticas del país. El estallido de la reforma universitaria fue bien visto por su gobierno, e Yrigoyen impulsó una serie de normas a favor de los reformistas. Pese a las iniciativas que favorecieron a sectores obreros y medios, su mandato se vio manchado por las mayores masacres en la historia argentina: la semana trágica, la masacre de la Forestal y la Patagonia rebelde, con centenares de obreros fusilados por parte de las fuerzas policiales y grupos de extrema derecha como la Liga Patriótica, ya que el gobierno no pudo controlar ni satisfacer los pedidos de los manifestantes. No existe unanimidad entre los historiadores para determinar el grado de responsabilidad del mismo Yrigoyen en las masacres; no obstante, es un hecho que el presidente nunca mandó investigar los sucesos trágicos ni los condenó públicamente. En materia de política internacional, Yrigoyen mantuvo una posición neutral ante la Primera Guerra Mundial y, finalizada ésta, abogó por la igualdad entre naciones vencedoras y vencidas, a la vez que defendía el principio de no intervención. La expansión económica que experimentó la Argentina durante el periodo conocido como república radical sigue siendo hasta hoy en día el ciclo de mayor crecimiento económico en la historia argentina, ciclo sólo superado por la gestión del presidente Arturo Illia.
La personalidad de Hipólito Yrigoyen es uno de sus rasgos más distintivos y recordados. Siempre fue una persona discreta y reservada. Prácticamente no hay registro de que haya dado discursos ni le agradaba mostrarse en público, y las pocas veces que iba a actos se retiraba rápidamente. No le agradaba sacarse fotografías (existen unos pocos retratos fotográficos de su juventud), y en ninguna se lo puede ver sonriente. Pese a lo mencionado, Yrigoyen fue una de las primeras personalidades políticas con gran transcendencia entre las masas.A lo largo de su vida emprendió numerosas acciones solidarias aun cuando su situación económica no era la más solvente, ya sea donando sus sueldos al Hospital de Niños o regalando sus trajes hechos por sastres a las personas más necesitadas. Su austeridad lo llevó a vivir en barrios humildes.
No bebía ni fumaba, a excepción de media botella de champán que tomaba ya que el dióxido de carbono mejoraba su digestión.8 Aun cuando era un exitoso estanciero, siguió viviendo en su misma casa de la calle Brasil con su hija Elena y su secretaria. Su hogar no contaba con calefacción ni muebles lujosos, y rechazó cualquier casa que le ofrecieron cuando asumió su primer puesto de legislador. Siempre era llamado por su apellido y pocos amigos muy íntimos se dirigían a él por su nombre de pila, como Marcelo T. de Alvear y Fernando Saguier, pero no lo tuteaban. No hablaba mal de otras personas (ni políticamente hablando), y cuando alguien lo hacía, él no intervenía en la conversación. Si alguien por algún motivo no le caía bien, no lo despachaba públicamente con malos comentarios: sencillamente dejaba de recibirlo, o pronunciaba mal su apellido en público.
Cuando era profesor solía comprar los libros que los alumnos no podían adquirir. Así mismo, en una ocasión una profesora tuvo que faltar varios meses por enfermedad, e Yrigoyen le pagó los sueldos por los correspondientes meses. Este tipo de acciones siempre las emprendió anónimamente, en este caso prestando fondos al ente escolar para que este le pagara los salarios a la profesora. Durante sus presidencias los gastos de representación de la residencia no superaron los mil pesos diarios, y sólo usó dos coches viejos ya existentes en la casa de gobierno para desplazarse. Además siguió viviendo en su casa de la avenida Brasil y rechazó morada alguna ofrecida por su título de presidente. Al asumir el gobierno ordenó que se retiraran los retratos con su efigie que decoraban algunas oficinas públicas.