La imagen de Cristo es una imagen que comienza con la muerte, es realmente morir a uno mismo. Pablo en Filipenses 3:10 nos dice: “a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte.” Imagínese al cristiano perfecto, ¿Cómo es él? Es paciente, bondadoso, no busca lo suyo, no se enaltece ni se da importancia, no se le puede provocar fácilmente, soporta todo. ¿Cuándo fue la última vez que estuvo en un funeral? Para mí es sorprendente oir a la gente comentar acerca de los muertos....Oiga lo que dice la gente: -que bueno que era, -se nos fue un gran hombre, -no ha habido mujer como ella. Una vez que ha muerto todos hacen buenos comentarios del difunto. Así que si quiere que la gente hable bien de usted ya sabe lo que debe hacer: ¡Morirse! Eso es el cristianismo: muerto al yo para que el Espíritu Santo controle nuestras vidas. Jesús lo dijo claramente en Juan 12:24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. Este es el cuadro que ejemplifica lo que tiene que pasar para que podamos ser hechos a la imagen de Cristo. La imagen terrenal está en nosotros y el viejo hombre estará presente hasta la glorificación, cuando será sacado, pero él ya no manda en nuestras vidas. Cristo en este versículo dio a conocer la manera de llegar a ser vencedores. Aunque la Cruz de Cristo es una contradicción o locura para muchos, el creyente allí encuentra su victoria. Cristo no solamente murió por nuestros pecados sino que crucificó al Yo, al hombre viejo. El cuadro de la Cruz era patético, la gente movía la cabeza al verle, pero ahí el venció por nosotros crucificando nuestra naturaleza pecaminosa y librándonos así de su dominio (Romanos 6:6). Jesús con su muerte nos dio vida, solamente si el grano cae en tierra y muere lleva fruto; eso es exactamente lo que hizo, darse para producir fruto. Ese fruto somos nosotros. El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas (Santiago 1:18) Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. (Romanos 8:29) Hemos nacido porque Cristo murió, sin Su obra en la Cruz no hay mensaje, no hay Evangelio, solamente condenación. Dios nos hizo nacer por la verdad, por el acto de Cristo en la Cruz. Somos los frutos de la obra de Jesús. También por su muerte llega a ser el primogénito, el primero de muchos hermanos; esos hermanos somos nosotros. Si él no derramaba su sangre en la cruz y moría, jamás hubiéramos podido ser sus hermanos,y miembros de la familia de Dios. Igual debe pasar con nosotros para poder ser transformados, nos toca morir,para que Dios tenga la libertad de moldearnos a su imagen esto pasó en la Cruz. Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. (Romanos 6:6) Dios nos hace nuevas criaturas, él no trabaja en el viejo hombre para reformarlo, más bien produce un nuevo hombre creado según él mismo: “vestíos del nuevo hombre creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” (Efesios 4:24). Es la obra de Dios en nosotros, jamás podremos transformarnos en nuestros esfuerzos, por más que ame al Señor y sea sincero, en sus fuerzas no podrá ser hecho a la imagen de Su Hijo, esa es la obra de Dios. Nos toca decirle: Entiendo Señor y quiero dejarte el control de mi vida para que hagas tu voluntad y tú me cambies, honestamente yo no puedo, lo acepto. Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes.(1 Corintios 15:36) No lo digo para condenaros; pues ya he dicho antes que estáis en nuestro corazón, para morir y para vivir juntamente.(2 Corintios 7:3) Pablo habla de morir para vivir juntamente, esto es contrario a lo natural. Nosotros hablamos de vivir para luego morir y Pablo lo invierte: morir primero para luego vivir. La verdad es que primero viene la muerte al Yo y luego la vida nueva en Cristo. Esto ocurre a través del Espíritu Santo quien vive en nosotros y manifiesta Su fruto; él produce la imagen de Jesús en nosotros. En la posicion evangélica actual en cuanto al crecimiento espiritual, ni idea de la obra de Dios en nosotros, el enfoque siempre es yo haciendo para Dios, no Dios haciendo en nosotros. Llegar al final de uno mismo, es el primer paso para caminar en fe hacia la madurez espiritual. es el primer paso para caminar en el Espíritu. Uno de los medios más efectivos que Dios usa es el fracaso. Muchos simplemente se aterran de pensar en la posibilidad de fracasar en sus vidas. Todo ese tiempo estamos resitiendo al mayor instrumento que Dios usa para conformarnos a la misma imagen de su Hijo. El fracaso cuando concierne al yo en nuestras vidas,es el plan de Dios para dejar de confiar en nosotros mismos y nos entreguemos a Jesucristo, quien nunca falla. “El plan de Dios para cada uno de nosotros.” ¿Cuál es ese propósito? Conformarnos o moldearnos a la imagen de Cristo. ¿Cómo lo hace? Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2 Corintios 3:18) El punto es que Dios tiene una ley funcionando: Nosotros llegamos a ser como aquello en lo cual enfocamos nuestra atención. Si somos atraídos por este mundo pecaminoso, llegamos a ser extremadamente mundanos; si vivimos para el yo, llegamos a ser más y más egocéntricos. Pero cuando fijamos nuestros ojos en Cristo, llegaremos a ser más y más como él. Al mirarle consistentemente en la Palabra, el Espíritu Santo, quietamente y con mucho esfuerzo cambiará el centro y fuente de nuestra vida del Yo a Cristo. Los hijos son un ejemplo cuando los varones quieren ser como su papá y las niñas como su mamá. Caminan como sus Padres, quieren vestirse como ellos, porque están enfocados en ellos. Los padres llegan a ser su buen ejemplo o su mal ejemplo. Pero para los cristianos el enfoque debe estar en el Señor Jesucristo. Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. (Filipenses 2:13) ¿Están sus ojos enfocados en Cristo? Dios hará todo lo que tenga que hacer para que la vida de Su Hijo sea manifestada en nuestros cuerpos mortales. Este es Su propósito... Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, . . .(Hebreos 12:2)