Dos vecinos de Terrassa, en Barcelona, se quitaron la vida arrojándose al tren en 1972. En posesión de cada uno de ellos se halló una nota manuscrita en la que se podía leer; “los extraterrestres nos llaman”. Treinta y un años después los protagonistas de esta trágica historia fueron inmortalizados en una película de cine del director Oscar Aibar, sin embargo el suceso, lejos de haberse resuelto, sigue lleno de interrogantes, sigue siendo un enigma pendiente.
Los hechos
Todo empezó con las primeras luces del lejano 20 de junio de 1972. Un convoy de RENFE que se desplazaba por la vía férrea Barcelona-Zaragoza descubría junto a los raíles, el cuerpo sin vida de un hombre. Cuando poco antes de las siete de la mañana los agentes judiciales llegaron al kilómetro 335,950, a escasos metros del apeadero de Torrebonica, en la provincia de Barcelona, comprobaron que no era una, sino dos, las personas fallecidas. "(…) En la cuneta de la vía, hacia la parte sur y a unos tres metros del cadáver descrito, -leemos en las diligencias judiciales- existe otro cadáver en posición de cubito supino, también con la cabeza destrozada. Viste con ropas parecidas al anterior."
Persecución a los ufólogos
Paradójicamente, la inmolación había tenido lugar horas después de que la televisión española emitiera la película "Hombres de otros mundos". La prensa interpretó el suicidio como una escena más del film y cargó con saña contra quienes se dejaban seducir por estas materias; “La psicosis espacial puede inducir al suicidio” titulaba La Vanguardia de la pluma del prestigioso periodista Enrique Rubio o “Dos amigos influenciados por esta extraña creencia ponen fin a sus vidas” rezaba el Diario de Barcelona. No tan afinada como en la actualidad, la maquinaria mediática de la ya decadente dictadura franquista pretendía cargar el San Benito de este sonado suicidio al emergente interés por los OVNIS. Y es que, animado por un torrente de informaciones en los periódicos, proliferaron en la España de los setenta numerosas “asociaciones de amigos del espacio” que, al parecer, inquietaban más de lo debido al régimen.
Entre las más conocidas se hallaba Eridani, (Agrupación de Estudios Cosmológicos) que impulsó el célebre parapsicólogo José Luis Jordán Peña y a la que estuvo vinculado uno de los suicidas, según comprobamos en documento privado al que tuvimos acceso.
Para colmo, días después de haberse inmolado, tres personas recibían una carta póstuma de los suicidas. Una fue enviada al ufólogo Marius Lleget, a la sazón el rostro visible de la ufología. La otra fue a parar a una asociación de amigos del espacio de Zaragoza y la tercera a la ONU.
En ellas aseguraban que desde hacía algún tiempo tenían contactos directos con seres de otros planetas que habían mutado su personalidad y que había llegado el momento de partir hacia el “centro galáctico” (sic).
Las repercusiones
La muerte de los suicidas, en cualquier caso, tuvo un efecto demoledor sobre la psicología de Lleget quien, creyéndose responsable en parte (quince días antes habían estado en una de sus conferencias en Sabadell) tuvo dos tentativas de suicidio y estuvo un año en una institución psiquiátrica. Eso al menos reza en un escrito de Antonio Ribera –íntimo amigo del ufólogo- dirigido al prestigioso investigador galo Aimé Michel. Lleget, a partir de entonces, cambia su postura respecto a la visita de seres extraterrestres y se convierte en un profundo negador. Buena parte de los ufólogos –los que creían en el contacto- entienden que los suicidas han sido eliminados por los míticos hombres de negro y evitan investigar a fondo el caso. Finalmente estaban los que mantuvieron estrecho contacto con ellos y que, por miedo a verse implicados en pleitos, se escondieron en la retaguardia. ¿Qué nos queda?
Un caso criminalísticamente no resuelto, un “contacto” no probado y una utilización mediática del suceso para asestar un golpe de gracia a la moral de quienes se interesaran por estos temas.
Nada sabemos del resto de miembros de Rasdi & Amiex que continuaron con la labor de “mutación” iniciada por los ufólogos suicidas ni si ésta consiguió nuevos acólitos. Tampoco mucho acerca de las creencias que llevaron a Rodríguez y a Turu a pensar en las vías del tren como forma de “trascender”. Pero no cabe duda de que lo premeditó, al menos José Felix quien le dejaba escrita a su esposa estas frases que ven por primera vez la luz:
“Hace dos años que intervinieron en un contacto directo conmigo. Tú sabes más o menos algo de ello, pues bien, ha llegado el momento que me exigen marchar a su estado y dimensión por razones cósmicas que ni puedo explicarte ni entenderías. Hoy es el día maravilloso y tan anhelado por mi, la hora la ignoro totalmente. Creo que está demás declararte que paso a una vida mucho más maravillosa que la terrícola (…) Es mi voluntad que ya no eches ni una lágrima por mi cuerpo. Cuando mi cuerpo esté partido yo ya no estaré en él. Mi deseo es que pongas en honor a esa ida eterna donde ingreso el mino a la Alegría, que ello te demuestre que mi alegría es eterna”.