Hoy 5 de Marzo hace 5 meses que no fumo. Suena tan poco y sin embargo es tanto. El dejar de fumar me tomó tiempo y no me permitió concentrarme en otras cosas, como sentarme tranquila frente a la computadora y escribir. Sólo los fumadores saben lo que significa abandonar este vicio maldito. El no-fumador no puede entender porque es tán difícil dejar el tabaco, a decir verdad, ni yo lo entiendo realmente. La nicotina es una substancia muy adictiva y esa adicción queda por siempre grabada en el cerebro. Se trata de una trampa muy sutil ya que no sentimos el efecto que esta droga nos produce, pero nos volvemos locos cuando no podemos fumar. Se fuma en todas las ocasiones, cuando estamos nerviosos y cuando estamos relajados, para estimularnos y para calmarnos, para celebrar y para recibir malas noticias. No es posible que una droga sirva para tantas cosas a la vez y es ahí que radica la trampa. Lo veo como un misterio mortal que nunca comprenderé pero del cúal caí en sus garras hace demasiado tiempo.
En el momento que uno decide dejar de fumar tomamos conciencia de la esclavitud en la que vivimos. Fumar es una esclavitud. Yo me considero una persona con fuerza de voluntad e inteligente para tomar decisiones importantes. A pesar de eso no fumo hace 5 meses y tengo la intención de seguir así el resto de mi vida porque adoro la libertad.
Los primeros días fueron de una sensación de libertad fantástica y ahora, despues de 5 meses, los motivos por los que no fumo son más difusos y un sentimiento de vacío se apodera de mí por momentos queriéndome convencer de que la vida nunca será la misma sin fumar. Esa es la trampa psicológica del tabaco, ese monstruo interno que me susurra y pide un cigarro bajo diferentes máscaras. Lo único que debo hacer es darle oídos sordos, lo que no me debería costar, pero mi mente no necesita de implante para escuchar.
Al dejar de fumar nos enfrentamos con nosotros mismos y hablamos lo que antes callabamos. Esto es lo que más me asusta en este proceso de abandono, los cambios de humor que tengo y decir lo que los otros no quieren oir. Siempre recaí por este motivo pero ahora sólo me resta aprender de mis fracasos anteriores y disfrutar la vida sin malos humos plenamente.

