¡ Viva México Hijos de la Chingada
«¿Quién es la Chingada? Ante todo es la Madre». No una madre de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona o la «sufrida madre mexicana» que festejamos el 10 de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre. Vale la pena detenerse en el significado de esta voz. *
Chingar también implica la idea de fracaso. En Chile y Argentina se chinga un petardo «cuando no revienta, se frustra o sale fallido». Y las empresas que fracasan, las fiestas que se aguan, las acciones que no llegan a su término, se chingan. En Colombia, chingarse es llevarse un chasco. En el Plata un vestido desgarrado es un vestido chingado. En casi todas partes chingarse es salir burlado, fracasar. Chingar, asimismo, se emplea en algunas partes de Sudamérica como sinónimo de molestar, zaherir, burlar. Es un verbo agresivo, como puede verse por todas estas significaciones: descolar a los animales, incitar o hurgar a los gallos, chunguear,
chasquear, perjudicar, echar a perder, frustrar.
“Con ese grito [¡Viva México, hijos de la Chingada!], que es de rigor gritar cada 15 de septiembre, aniversario de la Independencia, nos afirmamos y afirmamos a nuestra patria, frente, contra y a pesar de los demás. ¿Y quiénes son los demás? Los demás son los "hijos de la chingada": los extranjeros, los malos mexicanos, nuestros enemigos, nuestros rivales. En todo caso, los "otros". Esto es, todos aquellos que no son lo que nosotros somos. Y esos otros no se definen sino en cuanto hijos de una madre tan indeterminada y vaga como ellos mismos…
La Chingada… una figura mítica… es una de las representaciones de la Maternidad… La Chingada es la Madre abierta, violada o burlada por la fuerza. El ‘hijo de la Chingada’ es el engendro de la violación, del rapto o de la burla. Si se compara esta expresión con la española, ‘hijo de puta’, se advierte inmediatamente la diferencia. Para el español la deshonra consiste en ser hijo de una mujer que voluntariamente se entrega, una prostituta; para el mexicano, en ser fruto de una violación… Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado… Esta concepción de la vida social como combate engendra fatalmente la división de la sociedad en fuertes y débiles…" *
Así como la madre chingada es en quien recae, en forma pasiva, la acción del verbo chingar —explica Paz—, del padre surge la activa. Él es el conquistador por quien se siente un profundo resentimiento y, a la vez, enorme y traumática admiración. Él es el macho, el Gran Chingón.
“El ‘macho’ hace chingaderas —prosigue Paz—; es decir, actos imprevistos y que producen la confusión, el horror, la destrucción. Abre al mundo; al abrirlo, lo desgarra. El desgarramiento provoca una gran risa siniestra. A su manera es justo: restablece el equilibrio, pone las cosas en su sitio, esto es, las reduce a polvo, miseria, nada. El humorismo del ‘macho’ es un acto de venganza. Un psicólogo diría que el resentimiento es el fondo de su carácter…”
Por eso, lo que en México funciona es el chiste y no la educación moral. ¿Cómo educar a todo un pueblo en los valores, cuando la reacción que se produce es el pitorreo y el engaño?
Sí padrecito —aseguraba el catequizado—, sí creo en el Dios único y verdadero; pero acá, en lo oscurito, también venero al resto de mis ídolos... No, mi teniente —diría hoy un policía municipal—, ¿quién dijo que no semos honrados? Si semos rete cumplidores, nomás flojitos y cooperando con la mordida.
La trampa, la tranza, la corrupción…, más que como males, son asumidas por el mexicano como rasgos distintivos de su carácter ancestral, de alguien que siempre ha sido incompletamente sometido. De ahí su doble moral, pues con sus cínicas argucias, mientras pronuncia su aceptación, agachando la cabeza, en su fuero interno está negándose y pensando en la revancha. Por eso, para sobrevivir, siempre actúa fuera de la legalidad que los poderes, o el Estado, pretenden infructuosamente imponerle. Aunque no niega esa dualidad —la de chingar y la de ser cínico— no obstante le avergüenza; pero termina aceptándola en la actitud burlona de quien ha aprehendido la capacidad de chingarse al otro antes de que éste ni siquiera haya pensado en chingárselo.
¿Puede, así, el pueblo mexicano, con tal resentimiento y cinismo anclados en su carácter, y en el contexto del modelo político y socioeconómico que cada día lo perjudica más, asumir una cultura de la legalidad y la rectitud moral?
Parece que eso no le importa mucho por el momento, a pesar de la crisis y debido a ella. Septiembre le brinda una tregua para seguir evadiéndose con el efecto sedante e hilarante del alcohol, y escudándose tras el resentido y cínico grito de: “¡Viva México, hijos de la chingada!”
Una visión escatológica:
El mexicano, al sanar su terrible cruda, volverá su mirada hacia el escudo nacional; su simbología lo inspirará a fin de dejar de ser el hijo de La Chingada —figura mítica de la maldición—, y superar la edípica emulación a su chingón conquistador, para asumirse como el hijo del Águila que, al devorar a la serpiente, purifica y le devuelve el lugar que le prometieron sus legendarios profetas. El Águila —prefiguración del Mesías que vence definitivamente al demonio—, reconciliará al mexicano con su fe profunda y le iluminará el sentido para refundar su patria.
“El águila que devora la serpiente sobre un nopal
puede ser muchas cosas
pero para nosotros es una sola
el escudo nacional
el mandala de los mexicanos.”
El imán - Tomás Calvillo
*Palabras de Octavio Paz (Premio Novel de Literatura) en El Laberinto de la Soledad
«¿Quién es la Chingada? Ante todo es la Madre». No una madre de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona o la «sufrida madre mexicana» que festejamos el 10 de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre. Vale la pena detenerse en el significado de esta voz. *
Chingar también implica la idea de fracaso. En Chile y Argentina se chinga un petardo «cuando no revienta, se frustra o sale fallido». Y las empresas que fracasan, las fiestas que se aguan, las acciones que no llegan a su término, se chingan. En Colombia, chingarse es llevarse un chasco. En el Plata un vestido desgarrado es un vestido chingado. En casi todas partes chingarse es salir burlado, fracasar. Chingar, asimismo, se emplea en algunas partes de Sudamérica como sinónimo de molestar, zaherir, burlar. Es un verbo agresivo, como puede verse por todas estas significaciones: descolar a los animales, incitar o hurgar a los gallos, chunguear,
chasquear, perjudicar, echar a perder, frustrar.
“Con ese grito [¡Viva México, hijos de la Chingada!], que es de rigor gritar cada 15 de septiembre, aniversario de la Independencia, nos afirmamos y afirmamos a nuestra patria, frente, contra y a pesar de los demás. ¿Y quiénes son los demás? Los demás son los "hijos de la chingada": los extranjeros, los malos mexicanos, nuestros enemigos, nuestros rivales. En todo caso, los "otros". Esto es, todos aquellos que no son lo que nosotros somos. Y esos otros no se definen sino en cuanto hijos de una madre tan indeterminada y vaga como ellos mismos…
La Chingada… una figura mítica… es una de las representaciones de la Maternidad… La Chingada es la Madre abierta, violada o burlada por la fuerza. El ‘hijo de la Chingada’ es el engendro de la violación, del rapto o de la burla. Si se compara esta expresión con la española, ‘hijo de puta’, se advierte inmediatamente la diferencia. Para el español la deshonra consiste en ser hijo de una mujer que voluntariamente se entrega, una prostituta; para el mexicano, en ser fruto de una violación… Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado… Esta concepción de la vida social como combate engendra fatalmente la división de la sociedad en fuertes y débiles…" *
Así como la madre chingada es en quien recae, en forma pasiva, la acción del verbo chingar —explica Paz—, del padre surge la activa. Él es el conquistador por quien se siente un profundo resentimiento y, a la vez, enorme y traumática admiración. Él es el macho, el Gran Chingón.
“El ‘macho’ hace chingaderas —prosigue Paz—; es decir, actos imprevistos y que producen la confusión, el horror, la destrucción. Abre al mundo; al abrirlo, lo desgarra. El desgarramiento provoca una gran risa siniestra. A su manera es justo: restablece el equilibrio, pone las cosas en su sitio, esto es, las reduce a polvo, miseria, nada. El humorismo del ‘macho’ es un acto de venganza. Un psicólogo diría que el resentimiento es el fondo de su carácter…”
Por eso, lo que en México funciona es el chiste y no la educación moral. ¿Cómo educar a todo un pueblo en los valores, cuando la reacción que se produce es el pitorreo y el engaño?
Sí padrecito —aseguraba el catequizado—, sí creo en el Dios único y verdadero; pero acá, en lo oscurito, también venero al resto de mis ídolos... No, mi teniente —diría hoy un policía municipal—, ¿quién dijo que no semos honrados? Si semos rete cumplidores, nomás flojitos y cooperando con la mordida.
La trampa, la tranza, la corrupción…, más que como males, son asumidas por el mexicano como rasgos distintivos de su carácter ancestral, de alguien que siempre ha sido incompletamente sometido. De ahí su doble moral, pues con sus cínicas argucias, mientras pronuncia su aceptación, agachando la cabeza, en su fuero interno está negándose y pensando en la revancha. Por eso, para sobrevivir, siempre actúa fuera de la legalidad que los poderes, o el Estado, pretenden infructuosamente imponerle. Aunque no niega esa dualidad —la de chingar y la de ser cínico— no obstante le avergüenza; pero termina aceptándola en la actitud burlona de quien ha aprehendido la capacidad de chingarse al otro antes de que éste ni siquiera haya pensado en chingárselo.
¿Puede, así, el pueblo mexicano, con tal resentimiento y cinismo anclados en su carácter, y en el contexto del modelo político y socioeconómico que cada día lo perjudica más, asumir una cultura de la legalidad y la rectitud moral?
Parece que eso no le importa mucho por el momento, a pesar de la crisis y debido a ella. Septiembre le brinda una tregua para seguir evadiéndose con el efecto sedante e hilarante del alcohol, y escudándose tras el resentido y cínico grito de: “¡Viva México, hijos de la chingada!”
Una visión escatológica:
El mexicano, al sanar su terrible cruda, volverá su mirada hacia el escudo nacional; su simbología lo inspirará a fin de dejar de ser el hijo de La Chingada —figura mítica de la maldición—, y superar la edípica emulación a su chingón conquistador, para asumirse como el hijo del Águila que, al devorar a la serpiente, purifica y le devuelve el lugar que le prometieron sus legendarios profetas. El Águila —prefiguración del Mesías que vence definitivamente al demonio—, reconciliará al mexicano con su fe profunda y le iluminará el sentido para refundar su patria.
“El águila que devora la serpiente sobre un nopal
puede ser muchas cosas
pero para nosotros es una sola
el escudo nacional
el mandala de los mexicanos.”
El imán - Tomás Calvillo
*Palabras de Octavio Paz (Premio Novel de Literatura) en El Laberinto de la Soledad