InicioParanormalCreepypastas, un poco de terror (3)

Creepypastas, un poco de terror (3)

Paranormal7/31/2013
Creepypastas, un poco de terror (3)

Bienvenidos a mi nuevo post

Esta vez les traigo un nuevo compilado de creepypastas para que se vayan a dormir tranquilos esta noche

Creepypastas: Chattypastas

miedo

Stranger: Que tengas un buen día…

Seguramente todos habréis oído acerca de Omegle: Talk to Strangers. Esa página en donde te conectan aleatoriamente con alguien del mundo y, sin saber nada de él o ella, comienzas una conversación.
El caso es que llevo mucho tiempo en dicha página, encontrándome con lo típico: el que viene y pone «asl» (Age, Sex, Location, la página es en inglés). Como ya estoy harto de contestar a eso, simplemente los trolleo un poco y me desconecto.
Hasta que un día pasó algo distinto. MUY distinto.
Se conectó un Strange y yo ya estaba esperando el asl, cuando coge y pone (la conversación estaba en inglés, pero os la traduzco al español):

Stranger: Hola (3)

Yo pensé, «¿Un 3? ¿Por qué un 3?», pero el tío o tía no había soltado el infame asl, así que le respondí. Luego la cosa fue más o menos así:

You (éste soy yo): Hola

Stranger: Cómo estás? (3)

You: Por qué pones el (3)?

Stranger: Cómo estás? (2)

You: No vas a responderme?

Stranger: Cómo estás? (1)

Ahí ya entendí que era una cuenta regresiva, así que para seguirle el juego, le contesté. La pregunta no volvió a repetirse, simplemente me preguntó por el clima, con el «(3)» detrás de la pregunta, como siempre.
La conversación fue avanzando y al final parecía algo más normal. Seguía poniendo «(3)» detrás de las preguntas y bajaba a «(2)» si no contestaba a la primera, pero al final no me importó.
Tras un buen rato conversando, le dije que me tenía que ir, y que había sido un placer hablar con él o ella (sí, para un@ que encuentro sin el asl, se agradece).
Su respuesta fue lo que me pareció raro:

Stranger: Que tengas un buen día. Puedes mirar detrás de ti.

Y se desconectó.
Al día siguiente se lo conté a un amigo, al cual le fascinan estas cosas raras, y se puso todo emocionado por querer probar lo que pasaría si se quedaba sin números en la cuenta regresiva. Yo sabía que las probabilidades de volver a ver a esa persona serían muy pocas, pero aun así mi amigo insistió en venir a mi casa e intentarlo.
Una vez frente al ordenador, mi amigo se puso al mando del teclado. Entramos en Omegle y comenzó a ir comprobando a la gente, estilo «si preguntan asl, fuera, si dicen hola y nada más, fuera».
Pasaron muchos conectarse y desconectarse, y al final comencé a aburrirme, hasta que finalmente, y para mi sorpresa, apareció.

Stranger: Hola (3)

Mi amigo, eufórico, comenzó a hablar con él. No dejaba que el número decayera, por alguna razón lo ponía a prueba, hasta que se cansó, y en una pregunta no respondió.

Stranger: Y qué haces para pasar el rato? (3)

Mi amigo no contestó, esperó pacientemente.

Stranger: Y qué haces para pasar el rato? (2)

Nada. Comenzaba a ponerme nervioso. Yo no había dejado que la cuenta regresiva llegara a cero y había recibido aquel mensaje final. A saber qué recibiría mi amigo.

Stranger: Y qué haces para pasar el rato? (1)

Estuve a punto de escribirle para responderle, pero mi amigo me cogió de las manos y, medio arrastrándome, me dejó sobre la cama, diciendo que me quedase quieto, que sólo era una chorrada de internet y que me estaba afectando demasiado.
Me quedé en el sitio en donde él me dejó, sin saber por qué sentía tanta ansiedad. Aunque estaba en mi cama, aún podía ver perfectamente la conversación. El extraño habló de nuevo, su última frase:

Stranger: …que tengas…un buen…día…No mires…detrás de ti…

Y acto seguido se desconectó. Mi amigo se rió ahí mismo, y me miró. Me puso cara de «¿Y por esta tontería estás asustado?». Iba a replicarle, cuando algo tocó mi cabeza, algo como una mano fría y grande. No miré hacia atrás, más que nada porque la mano sujetaba firmemente mi cabeza; pero pude ver en la expresión de mi amigo una pista de lo que sucedía.
Mi amigo había volteado hacia atrás para verme, y fuera lo que fuese que estaba viendo, no me dejaba mirarle.
Lo siguiente que sentí fue como si me adormilara, y caí dormido.
Lo siguiente que vi fue el techo blanco de mi habitación en el hospital. Al parecer mi madre nos estuvo llamando tras aquello, y como no respondíamos, fue a vernos y nos encontró a ambos inconscientes… bueno, al menos yo estaba inconsciente.
No quieren decirme qué le ha pasado a mi amigo, simplemente me dicen que no puedo ir a verle. Pero por alguna extraña razón, no me importa.
Como me toca quedarme un par de días por si acaso, le he pedido a mi madre mi portátil. Me la ha traído hoy mismo, y en el hospital hay internet inalámbrico.
Entro en Omegle y me encuentro con un extraño. No sé por qué, hacer esto está muy bien. En realidad, noto que hay algo distinto en mí.

Stranger: Asl?

Sonrío. Mis dedos escriben solos.

You: Hola (3)

Asegúrate de responderme a tiempo…
Que tengas un buen día…


El club del torso

terror

No saben cuánto me cuesta relatar esta historia, es sencillamente aterrador para mí revivir esas memorias llenas de obscuridad, al saber que estuve tan cerca de la locura. Solía ser una de esas personas a las que nada le asusta, tal vez porque siempre me fascinó todo lo relacionado a las cosas paranormales y demás. Entonces, como un medicamento que se usa en exceso, con el tiempo empezó a perder su eficacia, de allí que al final estaba tan acostumbrado a las clásicas historias de terror que dejé de sentir el escalofrío habitual que recorre mil y una veces tu columna cada vez que sientes miedo.
Una de mis mayores aficiones en aquel tiempo era leer relatos como éste, ansiando hallar algo que verdaderamente me pusiera, como se diría, «los pelos de punta». Recuerdo que indagué por montones de páginas web diferentes que prometían tener grandes cosas, y aunque la mayoría de esos relatos eran espeluznantes, como dije antes, habían perdido su magia.
La segunda fase de mi obsesión por los creepypastas fue llevada un poco más lejos, y luego de lo que me ocurrió, creo que fui un estúpido por haber tentado a las fuerzas desconocidas tantas veces sin el más mínimo recato ni consciencia de lo que hacía en realidad. Si han oído hablar, como espero que así sea, de algunas leyendas urbanas como Blindmaiden.com, de espíritus que te persiguen tras ver ciertos videos, juegos malditos, las canciones con contenido subliminal, entre otras, entenderán a lo que quiero llegar. Probé cada una de esas leyendas, y de una u otra manera me sentí aliviado y satisfecho de saber que al menos para mí nada fue real, y que tras tantas experiencias que para otros serian inconcebibles e inimaginables, nada sobrenatural me había ocurrido.
Duré algún tiempo alejado de todo esto, sencillamente me había aburrido o decepcionado, yo qué sé. El hecho es que al pasar las semanas sentí cierta intriga por saber sobre nuevas cosas, entradas y demás similares; fue así como empezó mi martirio que si bien no duró demasiado, por poco logra matarme.
Lo recuerdo claramente, todo inició la noche del 14 de septiembre hace dos años, alrededor de las 10:20 p.m. Andaba navegando por la web profunda, arriesgándome a que cualquier cosa llegara de momento y arruinara mi ordenador, pues sabrán que las páginas que se encuentran allí no son del todo bien intencionadas; sin embargo, eso no me molestaba, había oído de algunos amigos que en esa clase de páginas se encontraba a la gente más desquiciada, depravada y mórbida que pudieras conocer, la respuesta a mi necesidad. En un principio sólo veía contenido del tipo gore, cosas excesivamente sangrientas y que aunque te daban algo de dolor de cabeza, no me aterrorizaban, eran sólo imágenes de accidentes y cosas por el estilo, nada que debiera ser explicado con argumentos muy complejos; la muerte es el fin de un ciclo vital, nada más. Lo que buscaba era algo que no perteneciera a este mundo, cosas o acciones que no hubieran sido realizadas por manos del hombre. ¿Buscaba al Demonio? Tal vez.
Como dije, fue justo a las diez de la noche con veinte minutos que hallé lo que buscaba, era lo único que en verdad valía la pena para mí. Una web de satanistas para satanistas, y aunque yo no me consideraba como tal, no me faltaba mucho para serlo. En dicha web encontrabas cualquier tipo de contenido que existiera, imágenes, videos, historias, incluso disponía de chat, algo así como Facebook, pero la única diferencia era que no tenías que ser un miembro registrado, sólo entrabas y ya podías empezar a platicar con quien quisieras. Es probable que se pregunten cómo llegué a la deducción de que toda esa gente eran adoradores del Demonio; pues bueno, nunca antes había visto tanta blasfemia junta en mi vida, empezando por cosas como el diseño de la página en cuyo proceso de carga se mostraba una imagen de Cristo cortada a la mitad con los intestinos colgando, brazos amputados y sin ojos, mientras algunas criaturas aladas consumían las partes faltantes. El fondo de la página era una enorme cruz invertida con un Cristo, como diríamos en mi país, «apachurrado», carcomido por pestes y envuelto hasta la gangrena en sábanas teñidas de rojo.
En verdad me sentía bien allí. Al principio empecé a hablar en el chat con tres o cuatro personas simultáneamente. Para mi sorpresa eran gente muy sociable, al menos por medio de un computador. Hablamos de cosas como la música y algunos toques de bandas de black metal a los cuales todos queríamos asistir, y me incluyo porque amo esa música. Sinceramente parecía un sitio para charlar de cosas mundanas, más que una web dedicada exclusivamente a satánicos. Qué gran error fue haber subestimado su locura. Estábamos chateando de manera muy fluida, serían las once o doce de la noche, cuando de pronto apareció un extraño mensaje que no venía de ninguno de mis nuevos «amigos». El usuario se hacía llamar Belcebú, y decía:

«Prepárense amigos míos, la función de hoy comienza en tres horas. Corten cuanto deban, pero no permitan que el sueño los venza».

Capté dos cosas de eso. Primero, ¿qué demonios era la tal función de la que hablaba? Y segundo, ¿«corten cuanto deban»? ¿Los invitaba a automutilarse? Eso sí me pareció fuerte, pero bueno, eran sólo conjeturas. De allí en adelante los mensajes siguieron apareciendo en lapsos de veinte minutos exactos; no cambiaba mucho el objetivo, sin embargo, algo de su contenido empezó a asustarme, por primera vez en mucho tiempo sentí ese escalofrió de nuevo.

«¿Aún conservan los dedos? Que el sueño no los venza, esta noche vale la pena».

No sabía cómo sentirme sobre eso, probablemente sólo jugaba o bromeaba con lo que había escrito antes, pero ¿y si no era así? De pronto me llegó otro mensaje, esta vez de uno de mis interlocutores:

«Vuelvo en dos horas, estoy sangrando mucho».

Seguía sin saber si bromeaban o en efecto ese demente se había autoflagelado. Aparecieron más mensajes.

«Pareces una vieja, mi pantalla está roja y no estoy llorando».

Otro era:

«Cuidado, la última vez que tu maldita pantalla se puso roja terminaste en un hospital».

«Afortunadamente no necesito todos los dedos para escribir».

«He estado pensando, si sólo me comunico con ustedes en este chat, ¿para qué necesito la lengua?».

Uno más escribió:

«Para ver no necesito mis oídos, ¿verdad?».

Era algo demencial. Decidí dejar de escribir, mas no cerré la página porque quería saber de qué trataba su «función». Eran las 2:35 de la mañana, los grotescos mensajes no dejaban de aparecer, afortunadamente estaban tan metidos en su charla que no notaron cuando dejé de escribirles. Lo último que quería en ese instante era ganármelos de enemigos.
2:40 a.m., me llegó un mensaje.

«¿Aún estás ahí?».

No sabía si debía responder o no, pero tampoco quería que me preguntaran si acaso ya me había mutilado las manos y por eso no escribía, así que opté por responder.

«Sí, sigo aquí, pero no sé si llegue a las tres».

La chica me respondió:

«Tienes que; eres la estrella».

¿Estrella? ¿Qué quería decir con eso? Le pregunte qué significaba.

«Quien ingresa a esta página debe cumplir con un ritual de iniciación, novato».

«¿Iniciación a qué?».

Allí Belcebú intervino.

«Es suficiente», escribió. «No amedrantes al chico, si se larga tendremos muchas personas decepcionadas esta noche. ¿Eso es lo que quieres?». «NO», respondió ella, «pero aun así, si quisiera irse no puede, ¿verdad? Él ya está aquí, la hora se acerca».

«Detente de una maldita vez».

El tipo estaba harto de ella, y yo estaba sudando frío.
Luego recibí un mensaje privado de Belcebú:

«Disculpa a los muchachos, están algo trastornados. Hacía tiempo ya que no presenciábamos una ceremonia, y nadie se la quiere perder».

Volví a indagar sobre qué era la ceremonia, tal vez él era más serio que esos otros desquiciados y me daba una respuesta concreta; pero lo que me dijo no me alivió en lo absoluto.

«No seas impaciente, pronto lo sabrás; es más, lo sentirás en carne propia como todos aquí alguna vez».

De pronto, el reloj de mi ordenador marcó las tres de la madrugada. Jamás había sentido tanto frío antes, era como estar enterrado bajo metros de nieve. La presión en el pecho me impedía respirar el aire que se había vuelto tan denso como el humo, y tan apestoso como un cadáver en estado de descomposición. El olor era nauseabundo, recuerdo que vomité encima de todo cuanto hubo a mi alrededor; pero no, no era nada natural, había vomitado gusanos blancos, de esos que se comen a los muertos y fue allí cuando supe que quien apestaba a muerte, era yo. Me había empezado a pudrir por dentro. Mis ojos sangraban, sentía miradas expectantes en cada centímetro de mi cuarto; eran ellos, lo sabía, mis «amigos» me veían desde alguna parte, allí todo se me aclaró. No eran más que una manada de enfermos que en un principio aparentaron ser normales sólo para retenerme y cautivarme lo suficiente como para darle tiempo a «eso» para que llegara hasta mí.
Y es que «eso» era algo que hubiera preferido morir sin ver, era como una pesadilla, pero mi dolor era demasiado real como para estar soñando. No sé cómo ni por qué, pero oía voces a mi alrededor, risas depravadas de seres que se excitaban con mi sufrimiento. Eran ellos, debían de ser ellos. Recuerdo haber sentido mi cabeza como si algo allí adentro estuviera creciendo y fuera a romperme el cráneo; mis oídos también sangraban, así como mi nariz y mi boca. Estaba desesperado. En medio de mi tortura logré mirar hacia la pantalla del ordenador, vaya espanto. Lo que vi me dejó congelado. Por un segundo el terror fue mucho más grande que el dolor. La web que antes estaba plagada de mensajes, era ahora un video, se observaba a un chico sentado enfrente de una computadora, retorciéndose de dolor mientras algo o alguien a sus espaldas lo observaba. No cabía la menor duda, ese sujeto era yo, pero ¿qué era eso que estaba detras de mí?
Volví la mirada; por poco me desmayo. Si alguien ha visto alguna vez Ju-On sabrá cómo era su rostro, pálido con y sin sangre en él; digo sin porque su extrema blancura no era natural, y también digo con porque sus labios y ojos expulsaban sangre a cántaros, salía de allí con desespero. Era el rostro deforme de una mujer, sus ojos eran sumamente grandes e hinchados como cuando alguien es golpeado salvajemente, tenía unos pocos cabellos en su cabeza lo que permitía ver tantas cicatrices como arena en el desierto. Recuerdo que de su cuerpo emanaba tanta pero tanta sangre, no entendía cómo alguien podía contener tanto de ese líquido vital; pero era una sangre espesa y podrida, pestilente, que caía al suelo como si fuera alquitrán. La bestia no tenía brazos, apenas se notaba lo redondo de sus hombros. Tampoco tenía piernas; bueno, no piernas humanas, porque vi que se movía sobre dos patas flacas llenas de pelo y con pezuña bífida, como las de una cabra. Lo único humano, si es que algo dentro de esa abominación era humano, era su torso, igualmente lacerado con cortaduras, muchas de ellas abiertas y sangrantes.
Yo no podía dejar de vomitar, de hecho, estaba trasbocando más de lo que había comido ese día; pero como ya dije sólo devolvía gusanos blancos, y si no supe cómo llegaron allí tampoco sabía cuántos habría. Estaba debilitándome, me dolía el pecho y la garganta. Luego esa maldita cosa, «eso» me tocó. Acercó su rostro al mío tanto que mis ojos se juntaron a los grandes butagones que «eso» exhibía por los suyos. Vi algo así como un álbum de mórbidas fotografías guardadas en su memoria. Muchas personas desnudas y al igual que «eso», todas sin brazos, algunos sin piernas, otros con las dos o al menos con una, cortadas por donde se les viera. Sabía que cada miembro había sido amputado o cortado a voluntad, sabía que «eso» los había cortado. Por Dios, no paraba de vomitar, pero esta vez de asco y repulsión.
«Eso» trató de bajar, directo a mis piernas. Escupió sobre mí un espeso líquido que no era su repugnante sangre, era otra cosa, pero el hecho es que quemaba como ácido. Veía cómo se tragaba mi pantalón y empezaba a tragar mi carne, me estaba desmayando del pánico y el sufrimiento. Hice un movimiento de mi cabeza inclinándola hacia atrás y algo vi escrito en el techo:

«Bienvenido al CLuB DeL TorSO».
Allí caí.

Desperté tres días después, en medio de un ataque de nervios, llorando y arrasando con cuanto hubiera a mi paso. Destrocé todo en mi alcoba, el trauma había sido enorme. Lo único que recordaba antes de caer desmayado, era que ese ácido había carcomido mis piernas y brazos y efectivamente sólo quedaba el torso y la cabeza; sin embargo, para haber arrasado con todo tenía que haber estado en movimiento muy bruscamente con mis brazos apoyado sobre mis piernas.
Reaccioné y me di cuenta de que todo estaba normal en mí, no tenía un rasguño, ni un golpe y afortunadamente ya no lloraba sangre. Mas no fue fácil recuperarme, estuve en estado de shock por dos semanas, y me debían alimentar por una sonda porque me negaba a comer, el asco no me dejaba. Con el tiempo me recuperé totalmente, volví a ser quien solía ser; aunque en ciertos aspectos había cambiado demasiado. Me volví más susceptible al espanto, todo lo que yo llamaba valentía se fue al demonio o con ese demonio. Dejé de leer creepypastas y olvidé lo paranormal. Es ahora parte de mi pasado. Nunca traté de explicarle a nadie lo que pasó, quién me creería.
Pasado un mes desde la experiencia, me atreví a volver a tocar el ordenador, era la primera vez después de eso. A pesar de no haber hallado nunca una prueba sustancial, no miento cuando les cuento esto. Solamente quien vive las cosas es quien está en derecho de ponerlas en tela de juicio, y yo sé muy claramente qué fue lo que me paso. Desde entonces he aprendido a respetar a las fuerzas ocultas y nunca más he vuelto a jugar con eso, porque ahora sé de qué tanto son capaces ciertas personas, más aún cuando tienen tanta perversión en su interior.
Si les gustó mi relato lo agradezco, y si no, pues tampoco me molesto, pero sí quiero dejarles una lección: sean prudentes con lo que hacen en la web, y si en algún momento de sus vidas sienten el olor del Infierno y ven un torso reflejado en la pantalla de su ordenador, prepárense, porque el infierno en vida les espera.


Mi nuevo amigo

creepypastas

Es muy común que los chicos de ahora lleven vidas muy agitadas y estresantes a causa de sus padres, quienes tienen que mudarse constantemente porque consiguieron un mejor trabajo, porque ya no les gustó la casa… etcétera.
Andy llevaba ese estilo de vida. Ser un chico que vivía bajo la tutela de padres itinerantes había provocado en él ciertos rasgos antisociales, por el hecho de no poder llevar la vida de un adolescente normal. Era muy común verlo encerrado en su cuarto y pasando horas frente al ordenador, navegando en sitios de videochat de ruleta como Chatroulette u Omegle, ya que ésa era la única forma en que podía hacer alguna amistad estable, sin el temor de que mamá y papá decidieran que el día de mañana tenían que mudarse de nuevo.
Una noche nada especial, cuando sus padres ya se encontraban en cama y todas las luces de su casa estaban apagadas, Andy, como muchas de sus noches, se encontraba pasando el rato en el chat de ruleta tratando de hacer nuevos amigos a quienes agregar a su corta lista de Facebook; pero como muchas de sus noches, se encontró nuevamente cara a cara con la desilusión de no haber podido hacer ninguna nueva amistad.
Navegó por el sitio durante horas. Sus ojos se encontraban fatigados y una espesa niebla nublaba su vista, víctima de mirar fijamente a la pantalla brillante del ordenador, así que se rindió. «Ya probaré suerte mañana», se decía. Pero no fue hasta el preciso momento en que decidió apagar el ordenador cuando la siguiente persona aleatoria que encontró resultó ser «una niñita de tan sólo quince años», de nombre «Jenny», según sus datos de presentación. Dany dudó en saludarla, porque pensaba que sería como las demás chicas que lo ven y sólo pasan de él. Pero le sorprendió que la supuesta «niña» no lo hiciera, y más le sorprendió que antes de siquiera poder reaccionar para saludarla, la chica comenzó a escribir mensaje tras mensaje en la pantalla.

Partner : Holaa!

Partner : ay alguien ahi?!

Partner : por favor! estas ahi?

La primera reacción de Dany fue la de dudar si en realidad se trataba de una chica, porque el recuadro en donde se suponía que debía aparecer la webcam de aquella persona estaba totalmente en negro.
«Tal vez tiene su cámara tapada o cubierta con algo», pensó.
Dany, apresuradamente, le contestó con un cordial saludo, esperanzado de hacer una nueva amiguita… pero lo siguiente que la niña le respondió no fue precisamente la respuesta que él esperaba.

Partner : olaa, por favor… necesito ayuda!!

Partner : por favor, no pases de mi

Partner : ayudame!!

Como cualquier otro niño de su edad, comenzó a sentir algo de miedo. Y es que era sobrenatural la forma en que la chica escribía mensaje tras mensaje, como si sus respuestas ya las tuviera preparadas para sólo copiar y pegar. Dany se consoló con la idea de que tal vez se trataba de una broma, porque no era la primera ocasión en que trataban de jugarle una.
Así que se calmó, y tranquilamente preguntó a la chica si le estaba hablando en serio o si sólo se trataba de una mala broma. Pero en cuanto su dedo índice apretó la tecla Enter, juraría que la chica tardó medio segundo, tal vez menos, en escribir mensaje tras mensaje en la pantalla:

Partner : NOO!!

Partner : por favor…

Partner : noo es ninguna broma!!

Partner : por favor ayudame, estoy en problemas!!

El suspenso en Dany comenzó a acrecentarse, comenzó a sentir esa espina de no saber qué hacer; dudaba que se tratara de una broma pero también dudaba que le estuviera hablando en serio. Sabía que debía apagar el ordenador e irse a dormir, pero era la curiosidad y el sentimiento de culpa lo que lo retenía en el ordenador. Se detuvo para pensar un momento, se apretujó y sacudió las manos para tratar de calmar los espasmos que comenzaron a agravarse en ambas manos. Y sin muchas esperanzas insistió nuevamente.

You: Dime la verdad… es esto una broma??

Dany esperaba que el siguiente mensaje de la chica fuera el de reconocer que le estaba tratando de jugar una broma. Pero… la respuesta de la joven no fue muy distinta a sus mensajes anteriores.

Partner : creeme!!

Partner : esto no es una broma

Partner : tienes que ayudarme

Partner : porfavor!!

Partner : AYUDAME!!

Comenzó a creer más en sus palabras, ya que no sonaba como alguien que estuviera tratando de jugarle una broma; y eso lo asustaba más de lo que ya estaba, el hecho de que en realidad se tratara de una chica en peligro. Dudaba demasiado que pudiera hacer algo encontrándose tan lejos el uno del otro… o al menos eso fue lo que pensó.
Aunque inseguro, escribió a la joven que creía en sus palabras y le preguntó qué era lo que podía hacer, en qué quería que la ayudara. Y como era de esperarse, la chica respondió en cuestión de milésimas.

Partner : AYUDAMEE!!

Partner : porfavor..

Partner : aqui esta muy oscuro

Partner : ayudame a encontrar la salida

Partner : PORFAVOR!

Partner : SACAME DE AQUI!!

You: Pero que hago!? Que hago!? Dime como te ayudo?…

Partner : ayudame a salir de aqui..

Partner : no se donde estoy…

Partner : por favor haz algo!!

Dany sintió la impotencia de no saber qué hacer, se sintió como un niño pequeño esperando que mamá y papá se encargaran del asunto. No tenía un hermano mayor al cual pedirle su ayuda y sabía que si acudía a sus padres, antes que ayudarlo, lo regañarían por haberlos despertado tan tarde. Mareos y dolores de cabeza comenzaron a acecharlo en su desesperación. Pasó alrededor de un minuto y Dany logró calmarse. Colocó nuevamente sus dedos en el teclado y, sin muchas esperanzas, cuestionó de nuevo a la joven.

You: Por favor, dame más detalles. Dime qué hacer… Quieres que llame a la policía o a alguien? Dame más detalles… dime cómo te ayudo!

Con eso último escrito, tal parece que dejó pensando a la chica, ya que esta vez no le contestó tan apresuradamente como en veces anteriores. Cinco minutos después Dany aún estaba en suspenso, se había quedado inmóvil esperando el mensaje de la chica, pero no sucedía nada, hasta que la barra al margen de la página que indica que el usuario está escribiendo comenzó a parpadear, y así estuvo parpadeando por alrededor de dos minutos.

Partner : Si de verdad me quieres ayudar, necesito que enciendas las luces de tu cuarto.

Dany sintió un terror premonitorio, como cuando caminas por un callejón en la oscuridad de la noche y sientes que alguien te va a tratar de hacer daño; ese mismo sentimiento se clavó en la espina dorsal del chico.
«Pero para que?», «En que te puede ayudar eso?», preguntó, y con justa razón. Pero la chica sólo le decía que lo hiciera y que no preguntara, que necesitaba ver mejor su habitación.
Y tras varios mensajes de súplica por parte de la chica, Dany cedió a la petición, a pesar de que todo su ser le decía que apagara el ordenador y se fuera a la cama. El sentimiento de culpa pudo más que su propio juicio.
Se levantó de su silla y con la poca luz que emitía la pantalla de su ordenador, se acercó lentamente hacia el interruptor de su cuarto. Era la primera en su vida que sentía temor de encender las luces; a cierta edad a uno le daría miedo apagarlas, así que no lo pensó dos veces y simplemente las encendió.
Pero no había nada, no había un solo cambio en su habitación. No fue hasta que se acercó a la pantalla del ordenador cuando el verdadero horror se hizo presente, y era que… la cámara web de la niña ya no estaba totalmente en negro, ahora estaba transmitiendo, pero no era una imagen de la supuesta niña, era una imagen de Dany, él se estaba viendo dos veces en el monitor.
Aunque había algo extraño en la segunda cámara: la pared que estaba detrás de él era completamente distinta a la de su cuarto, en ella había un puerta negra, ya muy desgastada, como si alguien la hubiese martillado varias veces. Dany se congeló frente al monitor, quería llorar, gritar, salir corriendo y no saber más nada; pero su cuerpo no reaccionaba, y no fue hasta el siguiente mensaje de la chica cuando no pudo resistirlo más.

Partner : Por favor… abre la puerta, ayúdame. Estoy atrapada aquí.

Dany volteó la cabeza y no había nada. Pasó su mirada de nuevo a la pantalla y la puerta seguía ahí, y la chica seguía insistiendo en que la abriera y la dejara libre.
No aguantó más, cerró su ordenador de un portazo y como un niño pequeño corrió a la habitación de sus padres y se metió en la cama con ellos. Extrañados, estos le preguntaron qué era lo que pasaba, pero Dany sólo se limitó a decirles que había visto algo tenebroso en internet, y que quería dormir ahí.
Después de eso nunca volvió a visitar esos sitios, ni siquiera con amigos. De hecho, su uso del ordenador fue cada vez menos frecuente. Con el pasar de los meses sus padres eventualmente tuvieron que mudarse, pero esta vez la idea de irse no incomodó a Dany en lo absoluto.
Hasta ahora, es fecha en que Dany se sigue preguntado qué hubiese pasado de haber abierto esa puerta. Y si esa niña sigue ahí dentro, atrapada.


Creepypastas: Brujerias

Si sos muy suceptible, no leas los 3 siguientes...


No leas esto

Chattypastas

Debes creerme. Tengo que darte un consejo y tú debes seguirlo sin preguntar: debes dejar de leer esto y pasar directamente hasta el último párrafo. Hazlo sin leer cualquier otro párrafo, y hazlo ahora. Por favor… confía en mí.
Lo que ocurra ahora es completamente tu culpa. Fallaste la prueba y ahora estás en peligro. Yo no quería escribir esto, Ellos me hacen es escribirlo. Mis dedos están sobre el teclado, y tus ojos en estas palabras. Pase lo que pase, no mires hacia otro lado que no sean estas palabras. Continúa leyendo hasta que yo diga lo contrario. Y cuando te diga lo contrario, haz exactamente lo que diga. Porque si no lees esto exactamente como te estoy diciendo, morirás. Escucha cuidadosamente. Primero, debes saltarte el párrafo que le sigue a éste. Sin importar lo que hagas, nunca debes leer el párrafo continuo a éste. Debes ignorarlo completamente, evitando que tus ojos bajen hasta el párrafo que le sigue a éste. Prométemelo. Por el bien de los que te aprecian. Ésta es tu única oportunidad para redimirte por no haber confiado en mí hace un momento. Sáltate el párrafo continuo a éste, y haz lo que se te pida.

El párrafo prohibido: Tenías que hacerlo, ¿no? Ellos sabían que lo harías. Nada de lo que intentes ahora hará alguna diferencia. Si hay personas a las que ames, llámalas. Diles lo que cualquier otra persona diría a sus seres queridos cuando sabe que está a punto de morir. Resuelve cualquier problema. Haz tus últimas labores. Porque desde este momento, te mantendrás con vida sólo hasta que puedas permanecer despierto. La próxima vez que duermas, será la última. Ellos te están mirando. Están escuchando tus pensamientos. Esperarán por ti; y cuando caigas dormido, Ellos vendrán por ti. Debes confiar en mí.

Si te saltaste el párrafo de arriba, lo has hecho bien. Pero tus problemas aún no han terminado. Por haber confiado en mí durante la segunda pregunta, te has dado a ti mismo una oportunidad para vivir. Esto es lo que necesitas saber: Ellos te están mirando. Ellos están escuchando tus pensamientos. Ellos están esperando que cometas un error. Debes extraer la sangre de alguien a quien tú ames. Una gota, eso es todo, y colócala en tu lengua. Eso es lo que Ellos quieren. Es lo que necesitan. Ellos están dentro de ti ahora, y están esperando. Si por alguna razón en el transcurso del siguiente día hasta que caigas dormido no ofreces la sangre de tu ser querido, nunca volverás a levantarte. Sigue esta advertencia. Y nunca, nunca regreses y leas el párrafo prohibido. Confía en mí.
Si seguiste mi advertencia del primer párrafo, bien hecho. Puedes dejar de leer ahora. Pero nunca, nunca te atrevas a regresar y leer los párrafos que te saltaste. Debes confiar en mí. Y por favor, deséame suerte. Estoy cansado. Tan cansado, no te imaginas cuánto…


Lanetli Metin

Creepypastas, un poco de terror (3)

Hola, mi nombre es Pedro Gonzales Montoya. Lo que están a punto de leer es un relato de algo que me pasó hace tres días, y quería compartirlo con ustedes.
Estaba en mi casa, ese día estaba solo pues mi madre había salido a visitar unos parientes que venían de Estados Unidos. Estaba muy aburrido de estar en el ordenador, pero no podía hacer otra cosa porque el televisor estaba malo. Eran aproximadamente las 9:00 p.m., así que ya muy aburrido ingresé una vez más a Facebook para ver qué había de nuevo en la página de inicio; tenía una nueva notificación, alguien había publicado algo en mi muro. Me dirigí hacia mi muro y me encontré con el link de una página (https://www.lanetlimetin.net), que había sido posteado por un tal Lanetli que no era ni siquiera amigo mío; cuando intenté entrar a su muro para ver sus fotos, no pude ver ni una porque tenía perfil privado. Entré a la página, era una página muy extraña ya que no tenía absolutamente nada aparte de un texto, y de fondo estaba la imagen de una sombra, era como un hombre, pero se veía muy grande y parecía tener tres pies. Pensé que era una página muy estúpida, y que era una de esas cadenas estúpidas de Facebook. Como estaba tan aburrido me puse a leer, pero no puedo describir el texto, así que lo he copiado para que ustedes lo lean (este texto no es parte de mi relato y yo no lo he escrito):

Lanetli Metin

¡HEEE!, ya has cometido el primer error, empezar a leer esto. Por ahora sólo te digo que no dejes de leer o lo vas a lamentar esta misma noche, no importa desde qué lugar ni en qué página lo leas, ¡estás frito! Jajaja, ahora te preguntas por qué lo vas a lamentar: cada persona que lee una sola palabra de este texto está maldita. Por más ridículo que te parezca, estoy viéndote en este mismo momento; me haz abierto las puertas desde que leíste la primera letra. Este texto existe desde hace mucho, Don Lucio ha ideado una manera fácil de ganar almas y me ha mandado a poner este texto en la red, de esta forma cada persona que lo lea será maldita y nos ahorramos el tiempo de hacer pactos estúpidos.
Me da risa ver a los humanos pasar tanto tiempo en esa máquina sin sentido a la que llaman ordenador, no sé cómo tú puedes pasar tanto tiempo en esa cosa, como lo estás haciendo ahora.
Estoy a escasos metros de ti, ¿te crees muy valiente leyendo esas historias?; pero apuesto a que no te atreves a asomarte por una ventana en estos momentos. Asómate por la ventana y me verás (te espero).

……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….……………………………………………………………………………………………………………………………….

Jajaja, de verdad creíste que me verías. Todo a su debido tiempo, todo a su debido tiempo.
¿Acaso no has pensado por qué sigues leyendo esto? Si de todos modos tu vida ya está maldita. Ahh… ¿estás esperando la forma de liberarte de la maldición? Te la digo dentro de poco, primero quiero que leas con la boca cerrada y sin acercarte tanto a esa cosa jajaja, desde aquí parece que estuvieras hipnotizado. ¡Muy bien! Estás pensando que esto es sólo un texto que fue escrito para asustar a la gente y hacer pensar a las personas que tienen un demonio cerca de ellos: déjame decirte que este texto cambia, puede que hoy leas estas palabras y mañana tu amigo lea otras, digamos que lo que lees en estos momentos son mis palabras casi a tiempo real, cuando lo leas de nuevo ya no estarán a tiempo real; pero puede que algún otro día de estos veas de nuevo un título que diga «Lanetli Metin» y las palabras que estén no sean exactamente estas mismas.
Ya basta de parlas, me verás cuando estés completamente a oscuras; digamos que soy muy tímido y no me gusta que me observen mucho, la única diferencia de esto con las demás historias que has leído es que en ésta tendrás una prueba de que en realidad soy real y no es sólo una historia más. Cuando estés durmiendo haré mi trabajo y te arrepentirás de haber leído la primera letra; luego de esta noche tu alma le pertenecerá a Don Lucio y tu vida cambiará drásticamente. Esta cadena Lanetli existe desde 1970, y la única forma de librarse es hacer que otras dos personas lean este texto, ¡pero espera!, no es tan fácil, la paciencia de Don Lucio sólo da oportunidad a 2001 para que 4002 personas o más sean pactadas. Sólo ocupaba el alma de 4002 personas como plan original para inaugurar una nueva sala de tortura, y ahora que las ha obtenido, lastimosamente y para tu desdicha las 2001 personas que se podían liberar ya lo han hecho. El último fue Pedro Gonzales Montoya…


Pendiente de olvidar

miedo

Fueron raros sucesos, sucesos que mi mente no ha podido procesar, aunque, sólo quiero olvidar…
Mi nombre es Diego, estoy por entrar al segundo semestre de preparatoria. Les contaré mi situación, con la ayuda de un diario que encontré. Intenten comprender, intenten explicarlo.
Estábamos un amigo y yo, recién pasamos a preparatoria y apenas eran vacaciones de verano (antes de clases). Nos entusiasmaba la idea de entrar a una escuela con gente y profesores nuevos, todo era diferente para nosotros. Todo estuvo bien, en vacaciones nos veíamos, salíamos, jugábamos videojuegos y tocábamos música, ya que él tenía una batería y yo unas guitarras y un bajo, los cuales nos turnábamos para tocar. Fueron de esos días en los cuales no ves el tiempo pasar, sólo te diviertes… a quién no le gusta divertirse así de bien.
El tiempo se acabó, y con su fin, llegó el tiempo de estudiar. Las clases comenzaron más rápido de lo esperado, no nos dimos cuenta, pero nuestro entusiasmo hizo que no nos importara. La noche anterior al primer día de clases nos quedamos en su casa para conversar sobre lo que nos esperaba. La plática empezó conmigo.

—Oye, Alan, ¿qué crees que vaya a pasar?

—¿De qué hablas?

—Pues, entramos a esto, que es como un nivel superior en nuestra vida, creo que tienes algo en mente de lo que nos espera.

—Pues claro que tengo algo en mente.

—Dime qué es.

—No, olvídalo…

—Anda, dime.

—Es que… no quiero hablar de eso.

—¿Por qué no? Habías estado muy emocionado.

—Si, lo sé…

—Entonces, ¿qué ha cambiado?

—Fue…. fue este sueño que tuve ayer.

—¿Qué fue?

—Pues…. no te burles. Verás, yo estaba en un lugar extraño, lleno de gente, apenas se podía caminar. Después me di cuenta de que era… era una iglesia, y todos vestían formal. No conocía a nadie. De ponto, se acerca una persona, no se acerca mucho, sólo lo suficiente para hacerme saber que me estaba viendo, inmóvil, en ese sitio. El sujeto comenzó a reír, era como una risa sarcástica, y yo no entendía por qué. Me aterró demasiado ver y escuchar a esa persona, sentí todo el cuerpo entumecido, fue un terror, como si no fuese un sueño. Luego, se fue alejando, y junto con él la multitud, dejándome completamente solo…

—¿Quién era él?

—No tengo idea, sólo veía su silueta negra y unos ojos blancos mirándome.

—Y… ¿eso cambió tu forma de pensar sobre lo que nos espera?

—Es que no entiendes, no creo que sean buenas señales, eso me inquieta.

—Por favor, no creas en todo lo que ves en los sueños… o en lo que crees que significan.

—Está bien.

—Bueno, vayamos a dormir. Tenemos que levantarnos temprano en la mañana si queremos llegar a tiempo a nuestro primer día de clases.

Al día siguiente, había llegado la hora de ir a clases, pero Alan decía que se sentía mal, por lo que faltaría a las primeras horas. Pensé que quizás fue por lo de su sueño, pero no quise decirle nada y me fui a la escuela.
Cuando por fin llegó a clases, no se veía mejor, un tanto más serio de lo común, no se arregló bien… Me dio la impresión de que sólo iba por compromiso, ya había perdido el entusiasmo del todo, así que me le acerqué y pregunté:

—Oye, ¿estás bien? —Era obvio que no lo estaba.

—Sí, ¿por qué no habría de estarlo? —contestó Alan, con un tono ligeramente nervioso.

—Te ves mal, no parece que estés bien.

—Es sólo que no quiero estar aquí, hay mucha gente.

—Lo sé, es una escuela… Mira, terminando las clases te acompaño a casa, búscame en la salida, ¿de acuerdo?

—Claro, no hay problema. —Sólo que para la salida, no lo vi por ningún lado, nunca me buscó.

Al terminar unos pendientes que tuve, fui a su casa para ver qué le pasaba. Al llegar, pregunté por él, me dijeron que había salido justo después de llegar a la escuela. Supuse en dónde estaría.
Alan y yo teníamos un lugar para relajarnos, platicar un rato, perdernos del mundo. Era una bodega, que tenía tiempo sin uso y estaba algo alejada, en un lugar donde no hay mucho movimiento, sólo algunas otras bodegas alrededor. No usábamos la bodega completa, sólo un espacio, como una oficina, muy espaciosa en la cual habíamos metido unos sillones y un par de escritorios para guardar unos cuantos juegos de mesa y cuadernos de dibujo; estos últimos eran míos, me gusta mucho dibujar. Sobre uno de los escritorios había una televisión vieja, la cual conectábamos a un generador y a veces jugábamos videojuegos en ella, y en las paredes había algunos pósters de bandas musicales pegados, eran dos de Nirvana, uno de Misfits, otro de los Ramones y uno de los Beatles, que era el preferido de Alan.
Como lo imaginé, él estaba sentado en uno de los sillones que teníamos en el lugar. Estaba sentado y parecía que dormía como de costumbre cuando descansamos en ese lugar. Me acerqué a él, pero por un momento, algo me detuvo, un aire denso y la sensación de que alguien más estaba en la habitación; volteé para todos lados y no había nadie. Fue raro para mí, sentí miedo y lo sigo sintiendo al recordar esa sensación. De pronto Alan dio un salto del sillón y gritó muy asustado.

—Alan, calma, soy yo.

—Ya veo… lo siento.

—No, yo lo siento, al parecer te di un buen susto.

—Claro, pero no fue tu intención…

—Oye, no me buscaste al salir de clases, ¿qué pasó?

—Pues, me sentía mal, así que me apresuré y fui a mi casa.

—Es aún por los sueños, ¿cierto?

—Es que, no lo entiendes, me inquietó bastante, sobre todo… Oye, mejor vayámonos de aquí.

—¿Qué ocurre?

—Es… es que ya estuve mucho tiempo aquí dormido y quiero caminar.

—Está bien.

Parecía que el miedo era intenso, no podía verlo ni un segundo sin sentir su inquietud. Tenía que hacer algo, pero no sabía qué. Al día siguiente lo llevé a un parque, en donde se pudo relajar. Platicamos como siempre, él estuvo un tanto menos inquieto, logré distraerlo un poco, pero después de un rato me dijo que tenía cosas que hacer y se fue muy rápido del lugar.
Pasaron los días, tres semanas para ser precisos, hasta que Alan volvió a tener esos sueños. Ahora se veía más asustado y nervioso que antes, así que le dije que iría a su casa a pasar la noche. Al llegar su tono de voz me inquietó un poco, no se escuchaba para nada bien, pareciera que estaba a punto de romper en llanto, mas nunca lo hizo. Temblaba lo suficiente como para darme cuenta y parecía que no había dormido en algunos días.

—Hola, ¿qué tal?

—Vamos Diego, como si no pudieras notar cómo estoy.

—Lo siento, sí te ves mal.

—Eso dijo mi madre, piensa que estoy enfermo, pero yo sé que no.

—Me puedo imaginar, sÍ lo pareces, pero tenemos que cambiar eso.

—Sólo necesito dormir un poco, llevo tres días sin poder dormir, de verdad estoy cansado.

—Eso se nota, quizás deberías ir con alguien que te ayude con eso.

—¿Hablas de un psiquiatra?

—Eso creo… si esos sueños son la causa.

—No, no creo que sea necesario, se me pasará, como antes.

—Pero ahora parece que tienes más miedo que antes.

—Sí, así es, pero no puedo hacer nada, sólo esperar que el miedo desaparezca. Oye, tengo que hacer algo, espera en mi habitación, enseguida voy.

—Está bien, te espero.

Así que fui a su habitación a esperarlo. Entonces, encontré un cuaderno que se asomaba por debajo de su cama; estaba un poco gastado, pero se veía que lo usaba mucho, entonces me puse a leerlo. Me sorprendió bastante, hablaba sobre sus sueños, sobre cómo se sentía, todos eran apuntes escritos por fechas. Al leerlos, debo admitir que me aterraron un poco sus apuntes, y en unas de las primeras páginas hubo unos que especialmente me alteraron un poco:

«Septiembre 3:
No sé quién o qué era, pero al verlo me sentí aterrado, era una presencia que no quisiera volver a ver, me hizo sentir un terror inimaginable. Desde entonces rezo para que no vuelva a aparecer en mis sueños».

Supe al instante de qué hablaba, era aquella persona que vio en su primer sueño, sobre el cual me contó antes de nuestro primer día de clases. Unas páginas después hablaba de nuevo de esa persona.

«Septiembre 18:
Aún tengo presente la imagen de ese sujeto, no puedo olvidar su risa tan escalofriante, me hace sentir miedo cada vez que lo recuerdo. Me siento solo, vulnerable, está observándome quizás, pero cómo deseo que no sea así… sólo quiero olvidarme de él».

Y así fueron algunos de sus apuntes, uno escrito cada vez con más miedo que el anterior. Al leer podía sentir cómo era que se sentía. Es como si guardara todas esas sensaciones en cada palabra del cuaderno. Seguí leyendo, hasta que de nuevo me topé con otro de esos en los que este tipo aparecía, pero era reciente, de hace dos días.

«Noviembre 22:
Lo he vuelto a ver, estoy aterrado, es como si me observara retorciéndome del miedo, es como si disfrutara mi sufrimiento, me tortura, lo disfruta cada vez más. Lo escucho reírse de mí, ahora son carcajadas, con esa misma mirada fija, fría. Cada vez está más cerca, lo siento. Siento que está conmigo en las noches, cada vez que me encuentro solo, siento su presencia, me observa de cerca. Se esconde, pero sabe que siento su presencia y que me atemoriza. ¿Por qué lo hace? ¿Por qué le es tan placentero aterrarme así? No lo sé, y quizás no lo sepa, sólo sé que no quiero que se acerque más, quiero que se vaya».

En ese momento sentí cómo se entumeció todo mi cuerpo, no me pude mover y sentí a alguien detrás de mí. «¿Será…? No, no puede ser…», pensaba con un temor tan grande. Pero por más que quisiera mentirme, sabía quién era. Me armé de valor, solté el cuaderno y volteé tan rápido que me dio vueltas todo. Entonces, ¿qué fue lo que vi?
Al momento no supe exactamente lo que pasaba. Fueron tantas sensaciones y sentimientos en un solo momento. Tanto miedo que no lograba mantenerme firme, no pensaba con claridad. ¿Qué fue lo que vi? Detrás de mí sólo había un espejo. Me dije a mí mismo, «¿qué, habrá sido sólo el espejo?», pero ¿cómo iba a ser el espejo? Aunque no había nada, lo sentí. Entonces fue cuando llegó Alan, muy alterado. Volteó a ver el cuaderno y me dijo:

—No lo has leído, ¿verdad?

¿Cómo decirle que no? Eso era lo que había hecho, y por como me vi en el espejo, no creo que denotara lo contrario.

—Sí, lo he leído, perdona si te ha molestado.

—No tenías que haber leído eso, no tenías que…

—Al leerlo comprendí cómo te sientes, eso es…

—¡No entiendes! ¡No tenías que hacerlo!

—Pero, ¿qué pasa?

—Lo siento, Diego, no llegué a tiempo, no debí dejarte solo en mi habitación…

—¿De qué hablas?

—En serio lo siento.

—Por favor, para de pedir perdón y explícame.

—Ha sido él, me ha hecho escribir desde la primera vez.

—Pero para…

—¡Eso es lo que quería! ¡Quería que alguien lo leyera después, todo ha sido por él!

—¡¿Para qué quería que…?!

—¡Detente! No nos merecemos esto, por favor, ¡para! ¡Deja de reír!

—Oye, ¿a quién le hablas?

Entonces lo vi, mientras Alan se retorcía y se tapaba los oídos, lo vi por mí mismo, parado en una esquina de la habitación, con esos ojos blancos que penetran en tu mente, esa silueta oscura oculta en las sombras. Era él, no había duda. Entonces comencé a escuchar su risa escalofriante. Ya sabía por qué sufría tanto, y lo digo sinceramente, no creo que nadie soporte tal cosa, no es lo mismo hasta que lo ves con tus ojos.
Aquel momento fue la media hora más larga de mi vida. No recuerdo el momento en el que me fui de ahí, pero recuerdo haber llegado a mi casa tanta intranquilidad que mi madre se asombró demasiado.

—Por Dios, ¿estás bien? —me preguntó preocupada.

—Sí madre, sólo… sólo estoy cansado.

—Pues, ve a descansar, que te ves muy mal. Pero primero date un baño.

—Está bien, lo haré enseguida…

Estaba tan trastornado por aquellas imágenes en mi mente que no podía pensar en nada más, sólo en el miedo que seguía presente desde aquel momento, aquel ser tan escalofriante.
Al día siguiente, sin haber superado lo ocurrido, me encaminé a la escuela. A la mitad del camino, mi madre me llamó al celular diciéndome que volviera, que tenía que hablarme de algo. Le pregunté qué era y me dijo que era sobre mi amigo, Alan. Al regresar, mi madre me esperaba en la sala, un tanto desconcertada, esperando que llegara.

—¿De qué quieres hablarme?

—Llamaron antes de que te fueras a la escuela.

—¿Quién era?

—La madre de Alan… resulta que… es duro decirlo, pero, Alan falleció.

—¿De qué hablas? Recién lo vi ayer en la tarde.

—Parece que se ha suicidado… Lo encontraron en su cuarto por la mañana.

—Pero… no puede ser verdad, madre, no bromees así conmigo…

—Lo siento, quisiera que no fuese verdad, pero…

—¡No, madre! ¡No puede ser verdad!

—Espera, su madre ha pasado hace unos minutos y te ha dejado esto. Parece que es una carta de Alan, es para ti.

En ese momento tomé la carta y me fui corriendo de la casa. Fui a la casa de Alan, no lo podía creer, no podía ser verdad que mi amigo estuviera muerto. Al llegar a su casa, vi a la policía estacionada afuera; eso tenía que significar que había ocurrido algo grave. Mi madre decía la verdad, al parecer… Alan estaba muerto.
Me traumatizó bastante haber vivido eso, no lo soporté, entonces huí a nuestro lugar, a la bodega que sólo nosotros visitábamos; tenía que alejarme de los demás. Al llegar, sólo vi cosas, recuerdos, que me daban nostalgia. Mi amigo, mi mejor amigo estaba muerto y no podía hacer nada al respecto. Me senté a llorar en uno de los sillones, no lo soportaba, era un dolor inmenso; pero lo recordé, Alan me dejó una carta, tenía que leerla, entonces lo hice.

«Diciembre 7:
Lo siento Diego, esto es tanto sufrimiento, espero que no te haga lo mismo que a mí, es que es tan terrible, no lo soporto, espero que no te enojes conmigo. No me disculpo por lo que haré, sino por lo que te hice esta tarde, te entregué a él. No fue mi intención, él me hizo hacerlo, no sabes cómo es… aún. Me hizo escribir cada sentimiento, sensación, cada visión que tenía, me hizo plasmar todo en esa estúpida libreta, la cual, un día antes, me dijo que tenías que leer. Por eso te dejé en mi habitación a solas, para darte el tiempo de hacerlo, pero un rato antes de que llegaras me había decidido a no mostrártela, entonces la arrojé al suelo, debajo de mi cama. Pero al llegar el momento no pude, no pude contra él. Ten cuidado, se adentra en lo más profundo de la mente y te hace sentir cosas horribles, nunca te lo hubiera deseado, ni a nadie. Se esconde en las sombras, en el ruido, hasta en tu reflejo del espejo y te observa, te causa un miedo insoportable. Me disculpo por eso, me siento tan arrepentido. No podía irme sin explicártelo, ya es muy tarde como para que pueda hacer algo para evitarlo, está hecho, él quería que lo leyeras para así poder entrar en tu mente, te he condenado, ahora sólo huyo de este horror. Te quiero, en serio… perdóname. —Alan».

Me destrozó leer eso, no fue su intención, y ese sujeto provocó su muerte. Estaba tan enojado, no me podía contener, pero… de pronto tuve esa sensación, estaba conmigo. Era esa entidad que había llegado por mí, ahora yo sería a quien torturaría. Lo vi ahora más cerca, se estaba acercando a mí y me hacía ver visiones aterradoras, y lo escuchaba reírse de mí; era insoportable, tanto miedo y enojo se juntaban en mí, era terrible.
Pasé semanas enteras de miedo constante, me torturaba cada vez que quería, tuve los mismos sueños horrendos que aterrorizaban por las noches a Alan. Comencé a liberar mis miedos dibujando… creo que no fue lo mejor, ya que los dibujos fueron como aquella libreta.
Temo decir que él me ha obligado a escribir esto. Ahora me toca a mí decir «Lo siento», porque no me pude negar, lo entenderás, ya has leído lo suficiente como para que él entre en tu mente. Ahora te toca a ti, en serio lo siento, yo tampoco le deseaba esto a nadie, pero no tengo opción. No trates de ocultarte, será en vano; está en las sombras, oculto, está en cada ruido que escuchas, se convierte en tu reflejo del espejo, incluso podría estar justo detrás de ti en este momento. Sólo espero que no sea tan terrible lo que te hará, quizá se canse de hacernos sufrir… esperemos que algún día pase.


Creepypasta: Terror y muerte


Interferencia

terror

Permítanme comenzar diciendo que ésta es una historia real de mi infancia, y si visitan la gran biblioteca en el centro de la ciudad de Nottingham, y echan un vistazo a los registros de periódicos, encontrarán información acerca de los eventos que aquí se detallan.
Esta historia tuvo lugar hace unos 15 o 16 años. Sólo tenía siete años de edad en ese entonces, y mi primo Dale nueve. Él se había quedado conmigo mientras su madre estaba de viaje asistiendo a un familiar enfermo. Como era hijo único yo no tenía muchos juguetes, y mi Sega Genesis estaba averiado, así que no teníamos mucho que hacer que fuera entretenido.
Nuestra rutina consistía en ver dibujos animados en nuestra televisión por cable, seguido de Dale contándome historias de terror cuando se hacía de noche. Mi madre, queriendo que hiciéramos algo más activo, decidió comprar un par de walkie-talkies para que jugáramos con ellos. Nos lo pasamos muy bien jugando a ocultarnos en el bosque mientras que uno trataba de encontrar al otro mediante el walkie-talkie. Como estábamos pequeños, sin embargo, no nos daban permiso de estar fuera hasta muy tarde, así que teníamos que regresar a las
Datos archivados del Taringa! original
122puntos
1,380visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

T
TRcroft🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts31
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.