“... Yo de chico era muy nervioso y no dormía bien, me di cuenta que un cigarrillo me calmaba y me ayudaba a conciliar el sueño, desde ese momento no lo pude dejar más....” Una abogada muy atareada y eficiente

“.... No me hable de dejar, tengo que entregar un guión semanalmente y lo único que me ayuda a concentrarme es el cigarrillo...” Un famoso escritor de teleteatro
“ ...Cuando la puerta de mi despacho se abre seguro es un problema en ciernes, prendo un cigarrillo y lo enfrento....” Un jefe de personal de una empresa multinacional
“ ....Cuando suena el teléfono se que no escucharé elogios, levanto el auricular prendo un cigarrillo y me preparo a soportar lo que venga...” Una secretaria ejecutiva
Cuando interrogamos a drogadictos sobre sus sensaciones al consumir tienen respuestas muy coherentes. Los efectos son prácticamente iguales para cada droga en particular. La cocaína invariablemente produce euforia, la marihuana ensoñaciones, el alcohol borrachera. Solo los fumadores no logran ponerse de acuerdo sobre porque fuman y que sienten al hacerlo. Sus razones para fumar y sus sensaciones son, inesperadamente, diversas.
En mis épocas de estudiante, yo estaba convencido que no era posible estudiar sin fumar, pensaba que me daba concentración y lucidez. Lo curioso es que también en un momento de tensión prendía un cigarrillo en busca de una serenidad que fumando nunca logré alcanzar.
¿Una misma sustancia puede provocar concentración y lucidez en algunas situaciones, y en otras producir calma y sosiego?
El café sirve, sin duda, para aumentar la concentración y la lucidez. Pero nunca cambia su acción. No parece lógico tomar un café para irse a dormir. Un sedante calma la ansiedad y facilita el sueño. Pero nadie tomaría un sedante antes de ponerse a estudiar.¿Como se explica la extraña dualidad del cigarrillo? Parece ser excitante unas veces y sedante en otras según varíen las situaciones en las que se lo utiliza.
¿Por qué el cigarrillo parece servir para todo?
La explicación es sencilla, fumar parece servir para todo porque en realidad no sirve para nada, apenas calma la angustia que produce su ausencia.
Si al terminar de fumar un cigarrillo te preguntas:
- ¿Qué sensación he sentido? - la respuesta, probablemente, será:
- ¡Nada! -
Ahora pregunto yo: - ¿Y porque te lo fumaste? - Quizá me respondas:
- Porque lo necesitaba -
Si al final del día tratas de recordar donde y cuando fumaste cada cigarrillo te acordarás de muy pocos. La mayoría no deja ningún rastro en tu conciencia, ni bueno ni malo. No los recuerdas porque, sencillamente, fumar no produce ninguna sensación en especial.
Al momento de apagar un cigarrillo comienza una etapa de ansiedad y dolor que se va incrementando con cada minuto que pasamos sin fumar, cualquier cosa que intentemos hacer antes de prender un nuevo cigarrillo nos encontrará inquietos y angustiados. Fumar un cigarrillo elimina esa angustia y nos permite comenzar con lo que debemos hacer. Lo mismo da que tengamos que cambiar una goma, escribir un articulo, bailar o irnos a dormir. ¡Debemos consumir nicotina para conseguir ponernos en acción!
La adicción nos impide descubrir esta indudable circunstancia. Preferimos imaginar que nos ayuda. A contramano de la realidad y del sentido común, al poco tiempo de fumar comenzamos a creer que nos ayuda a trabajar, a divertirnos, o simplemente a descansar. Finalmente terminamos adjudicandole al cigarrillo miles de funciones todas imaginarias y maravillosas.
Al dejar de fumar cada uno de estos eventos, en que suponemos que un cigarrillo nos sirve, traerá el recuerdo, y los deseos, de fumar. Este enorme conjunto de situaciones, y sus consecuencias, constituye la llamada dependencia psicosocial.
Pronto la reflexión inicial a cada circunstancia se olvida y el hecho mismo se transforma en un determinante que provoca automaticamente el consumo de un cigarrillo, estos sucesos aislados se denominan “situaciones gatillo”.
Desde el momento en que pensamos que fumar nos ayuda, de alguna manera, a vivir, somos aliados de la adicción. Ahora ya no es solamente la dependencia química la que nos obliga a fumar permanentemente. Cada conclusión irracional y fantasiosa atribuida al cigarrillo es un eslabón mas de la cadena que nos somete, renunciar a esta colección de ilusiones es un requisito indispensable para dejar de fumar para siempre.
¿Cómo se desarrolla la idea de que fumar ayuda en algunas circunstancias?

Fig.1
Fig. 1. Mientras fumamos en completa calma toda la ansiedad que sufrimos es por falta de nicotina. El primer cigarrillo fumado eleva el nivel de la nicotina en sangre y la calma totalmente. Al apagarse baja la nicotina en sangre y la ansiedad crece, cuando alcanza el nivel requerido para hacerse conciente prendemos otro.
Al poco tiempo de apagarse el segundo cigarrillo aparece repentinamente una fuente de tensión, suena el teléfono, y eso nos lleva, instantáneamente, a un nivel de ansiedad en que “deseamos” fumarnos un cigarrillo. La suma de las dos fuentes de tensión, el teléfono y la necesidad de nicotina que se incrementa lentamente en nuestro interior, es lo que nos estimula a fumar.
El tercer cigarrillo calma, como siempre, solo la ansiedad producida por el “hambre de nicotina” sobre la que esta colocada la producida por la llamada telefónica. Al desaparecer el "hambre de nicotina" la nerviosidad producida por el llamado telefónico se desplaza hacia abajo y nos sentimos más tranquilos. Sin embargo, la ansiedad producida por la llamada telefónica sigue presente.
La prueba de su persistencia es que mientras dure la llamada fumaremos mas cigarrillos. La nicotina no puede controlar la tensión producida por la llamada telefónica, al apagar cada cigarrillo estamos muy cerca de la línea de percepción de la misma y llegamos en menos tiempo al nivel en que sentimos necesidad de fumar. Al colgar el teléfono el quinto cigarrillo puede calmar totalmente la ansiedad y el ritmo de consumo se hace similar al que teníamos antes de recibir la llamada.
Resumiendo:
1. No podemos tolerar la suma de ambas fuentes de tensión, telefono y hambre de nicotina. Eliminamos una de ellas, el “hambre de nicotina” fumando un cigarrillo.
2. De esa manera disminuimos el estrés total que se situa por debajo de la linea de percepción, y sentimos alivio.
3. La realidad es que, como siempre, fumar solo calma la ansiedad producida por el “hambre de nicotina”.
4. Concluimos, erróneamente, que fumar ayuda a disminuir la tensión generada por un problema cualquiera.
5. Con el tiempo la reflexión ya no se realiza y se “dispara” automáticamente el deseo de fumar en cualquier momento de tensión. Estas situaciones se denominan “situaciones gatillo”
¿Por qué, si los cigarrillos son todos iguales, algunos parecen ser mas satisfactorios que otros?
Al abandonar la primera reunión, casi en la puerta de salida del consultorio, un fumador afecto a la buena vida, gerente de relaciones públicas de una bodega, me dice:
- Como me va acostar dejar el cigarrillo que me fumo después de un asadito con amigos, al aire libre y con un buen vino en la copa.
Vale la pena detenerse en esta reflexión por que es muy común, todos nosotros tenemos cigarrillos “especiales”. ¿Como surge la idea de que algunos cigarrillos son "maravillosos"? ¿Dentro del paquete, no son todos iguales? ¿Hay una cinta dorada para los “maravillosos” o una de color gris para los “malos”?

Fig. 2
Fig. 2. A la derecha vemos una secuencia fotográfica de arriba hacia abajo que corresponde al desarrollo habitual de la vida de cualquiera de nosotros. En la parte superior se vive un momento de extrema tensión en la oficina y una ansiedad también alta en el viaje de regreso a casa. Normalidad al llegar a ella, y posteriormente momentos de relax placentero.
En las dos secuencias superiores estamos sometidos a diversos tipos de estrés y como fumar no calma la tensión producida por sucesos internos o externos de nuestra vida los cigarrillos fumados en esos momentos no se recuerdan (son “malos” o “regulares”).
Al llegar a nuestra casa después de comer o de darnos una ducha la tensión externa es muy baja. Estos cigarrillos parecen “mejores” por que toda nuestra ansiedad es por falta de nicotina, y eso es lo único que se puede calmar fumando.
La situación placentera que estamos viviendo es lo importante, ella es la que decide el valor que tendrá cada cigarrillo. En realidad fumar degrada cualquier momento placentero por que lo contamina con la angustia de la “necesidad de nicotina”.
Todos los fumadores realizamos, y en esto si nos parecemos, una suerte de malabarismo mental mediante el cual adjudicamos el “mérito” de los buenos momentos al cigarrillo y no a la situación. Este es el "nucleo duro" de la patología psiquica del tabaquismo. Un cigarrillo es incapaz de transformar un momento malo en bueno. Un buen momento lo es por que la vida lo ha producido, no por el cigarrillo que se fuma después. Parece maravilloso por que hemos eliminado todas las tensiones de origen externo y, como siempre, la nicotina hace lo único que sabe hacer, calmar el hambre de nicotina. Como eso es lo único que nos aflige en ese momento el cigarrillo resulta “maravilloso”.
¿Qué es lo que sucede en realidad?
Incorporar nicotina periódicamente en nuestro cerebro se convierte con rapidez en una necesidad fisiológica tal como comer, beber, orinar, o dormir. Es nueva y artificial, pero, salvo por esas dos circunstancias, indistinguible de las necesidades fisiológicas naturales.
Nadie puede escribir “La Divina Comedia” con ganas de orinar, tampoco nadie puede irse a dormir con ese deseo. ¡Lo mismo sucede con fumar! Fumar, es realmente una necesidad fisiológica nueva, y nos impide, si no la calmamos, realizar cualquier tipo de actividad, no importa que ella sea de recreación, trabajo o descanso.
En lugar aceptar esta sencilla y verdadera explicación realizamos un esfuerzo intelectual sorprendente para llegar a la conclusión de que el cigarrillo, en algunas circunstancias, nos ayuda.
Una autobservación cuidadosa no solo nos hace concientes de la necesidad periódica de fumar, también desenmascara los momentos en que creemos que nos ayuda y revela la inutilidad de cada cigarrillo fumado. El cigarrillo no nos sirve absolutamente para nada y perjudica nuestra capacidad tanto para trabajar como para divertirnos.
Conclusión
El tabaquismo es la única adicción que tiene un componente psicosocial tan importante. A pesar del mejor de los tratamientos del síndrome de abstinencia, si no tomamos en cuenta estos componentes psicológicos del tabaquismo las recaídas serán frecuentes. No es posible dejar de fumar sin concluir antes de hacerlo que todos los efectos, sensaciones y razones que nos damos para seguir fumando son producto de nuestra imaginación. Y que estos pensamientos erróneos, por momentos delirantes, son consecuencia de la falta de una acción especifica de nuestra droga preferida. Solo calma la ansiedad que produce su ausencia.
El cigarrillo no sirve para nada ni produce ninguna sensación en especial. Debemos inventar las razones y sensaciones por las que fumamos para no convivir con una dolorosa realidad: “Fumamos únicamente por que la adicción nos obliga a hacerlo”. Toda otra explicación es un mito creado por la propaganda, y por nuestra capacidad para vivir dentro de una permanente ilusión.
Infinidad de veces he debido soportar la triste experiencia de fumar sin control, obteniendo solo molestias, incomodidad y dolor. Luego de algunas horas de trabajo intelectual, fumando sin pausa, finalizaba con palpitaciones permanentes, un penetrante dolor de cabeza, las manos sudorosas y la mente ensombrecida por el humo. En mis últimos tiempos de fumador no podía evitar pensar: - ¿Por qué fumo tanto? - Una vocecita suave seguramente llegada de una porción no contaminada de mi cerebro, me respondía con un susurro apenas perceptible: - ¡Por que eres un imbécil! -
fuente:www.dejedefumaren5.com.uk

“.... No me hable de dejar, tengo que entregar un guión semanalmente y lo único que me ayuda a concentrarme es el cigarrillo...” Un famoso escritor de teleteatro
“ ...Cuando la puerta de mi despacho se abre seguro es un problema en ciernes, prendo un cigarrillo y lo enfrento....” Un jefe de personal de una empresa multinacional
“ ....Cuando suena el teléfono se que no escucharé elogios, levanto el auricular prendo un cigarrillo y me preparo a soportar lo que venga...” Una secretaria ejecutiva
Cuando interrogamos a drogadictos sobre sus sensaciones al consumir tienen respuestas muy coherentes. Los efectos son prácticamente iguales para cada droga en particular. La cocaína invariablemente produce euforia, la marihuana ensoñaciones, el alcohol borrachera. Solo los fumadores no logran ponerse de acuerdo sobre porque fuman y que sienten al hacerlo. Sus razones para fumar y sus sensaciones son, inesperadamente, diversas.
En mis épocas de estudiante, yo estaba convencido que no era posible estudiar sin fumar, pensaba que me daba concentración y lucidez. Lo curioso es que también en un momento de tensión prendía un cigarrillo en busca de una serenidad que fumando nunca logré alcanzar.
¿Una misma sustancia puede provocar concentración y lucidez en algunas situaciones, y en otras producir calma y sosiego?
El café sirve, sin duda, para aumentar la concentración y la lucidez. Pero nunca cambia su acción. No parece lógico tomar un café para irse a dormir. Un sedante calma la ansiedad y facilita el sueño. Pero nadie tomaría un sedante antes de ponerse a estudiar.¿Como se explica la extraña dualidad del cigarrillo? Parece ser excitante unas veces y sedante en otras según varíen las situaciones en las que se lo utiliza.
¿Por qué el cigarrillo parece servir para todo?
La explicación es sencilla, fumar parece servir para todo porque en realidad no sirve para nada, apenas calma la angustia que produce su ausencia.
Si al terminar de fumar un cigarrillo te preguntas:
- ¿Qué sensación he sentido? - la respuesta, probablemente, será:
- ¡Nada! -
Ahora pregunto yo: - ¿Y porque te lo fumaste? - Quizá me respondas:
- Porque lo necesitaba -
Si al final del día tratas de recordar donde y cuando fumaste cada cigarrillo te acordarás de muy pocos. La mayoría no deja ningún rastro en tu conciencia, ni bueno ni malo. No los recuerdas porque, sencillamente, fumar no produce ninguna sensación en especial.
Al momento de apagar un cigarrillo comienza una etapa de ansiedad y dolor que se va incrementando con cada minuto que pasamos sin fumar, cualquier cosa que intentemos hacer antes de prender un nuevo cigarrillo nos encontrará inquietos y angustiados. Fumar un cigarrillo elimina esa angustia y nos permite comenzar con lo que debemos hacer. Lo mismo da que tengamos que cambiar una goma, escribir un articulo, bailar o irnos a dormir. ¡Debemos consumir nicotina para conseguir ponernos en acción!
La adicción nos impide descubrir esta indudable circunstancia. Preferimos imaginar que nos ayuda. A contramano de la realidad y del sentido común, al poco tiempo de fumar comenzamos a creer que nos ayuda a trabajar, a divertirnos, o simplemente a descansar. Finalmente terminamos adjudicandole al cigarrillo miles de funciones todas imaginarias y maravillosas.
Al dejar de fumar cada uno de estos eventos, en que suponemos que un cigarrillo nos sirve, traerá el recuerdo, y los deseos, de fumar. Este enorme conjunto de situaciones, y sus consecuencias, constituye la llamada dependencia psicosocial.
Pronto la reflexión inicial a cada circunstancia se olvida y el hecho mismo se transforma en un determinante que provoca automaticamente el consumo de un cigarrillo, estos sucesos aislados se denominan “situaciones gatillo”.
Desde el momento en que pensamos que fumar nos ayuda, de alguna manera, a vivir, somos aliados de la adicción. Ahora ya no es solamente la dependencia química la que nos obliga a fumar permanentemente. Cada conclusión irracional y fantasiosa atribuida al cigarrillo es un eslabón mas de la cadena que nos somete, renunciar a esta colección de ilusiones es un requisito indispensable para dejar de fumar para siempre.
¿Cómo se desarrolla la idea de que fumar ayuda en algunas circunstancias?

Fig.1
Fig. 1. Mientras fumamos en completa calma toda la ansiedad que sufrimos es por falta de nicotina. El primer cigarrillo fumado eleva el nivel de la nicotina en sangre y la calma totalmente. Al apagarse baja la nicotina en sangre y la ansiedad crece, cuando alcanza el nivel requerido para hacerse conciente prendemos otro.
Al poco tiempo de apagarse el segundo cigarrillo aparece repentinamente una fuente de tensión, suena el teléfono, y eso nos lleva, instantáneamente, a un nivel de ansiedad en que “deseamos” fumarnos un cigarrillo. La suma de las dos fuentes de tensión, el teléfono y la necesidad de nicotina que se incrementa lentamente en nuestro interior, es lo que nos estimula a fumar.
El tercer cigarrillo calma, como siempre, solo la ansiedad producida por el “hambre de nicotina” sobre la que esta colocada la producida por la llamada telefónica. Al desaparecer el "hambre de nicotina" la nerviosidad producida por el llamado telefónico se desplaza hacia abajo y nos sentimos más tranquilos. Sin embargo, la ansiedad producida por la llamada telefónica sigue presente.
La prueba de su persistencia es que mientras dure la llamada fumaremos mas cigarrillos. La nicotina no puede controlar la tensión producida por la llamada telefónica, al apagar cada cigarrillo estamos muy cerca de la línea de percepción de la misma y llegamos en menos tiempo al nivel en que sentimos necesidad de fumar. Al colgar el teléfono el quinto cigarrillo puede calmar totalmente la ansiedad y el ritmo de consumo se hace similar al que teníamos antes de recibir la llamada.
Resumiendo:
1. No podemos tolerar la suma de ambas fuentes de tensión, telefono y hambre de nicotina. Eliminamos una de ellas, el “hambre de nicotina” fumando un cigarrillo.
2. De esa manera disminuimos el estrés total que se situa por debajo de la linea de percepción, y sentimos alivio.
3. La realidad es que, como siempre, fumar solo calma la ansiedad producida por el “hambre de nicotina”.
4. Concluimos, erróneamente, que fumar ayuda a disminuir la tensión generada por un problema cualquiera.
5. Con el tiempo la reflexión ya no se realiza y se “dispara” automáticamente el deseo de fumar en cualquier momento de tensión. Estas situaciones se denominan “situaciones gatillo”
¿Por qué, si los cigarrillos son todos iguales, algunos parecen ser mas satisfactorios que otros?
Al abandonar la primera reunión, casi en la puerta de salida del consultorio, un fumador afecto a la buena vida, gerente de relaciones públicas de una bodega, me dice:
- Como me va acostar dejar el cigarrillo que me fumo después de un asadito con amigos, al aire libre y con un buen vino en la copa.
Vale la pena detenerse en esta reflexión por que es muy común, todos nosotros tenemos cigarrillos “especiales”. ¿Como surge la idea de que algunos cigarrillos son "maravillosos"? ¿Dentro del paquete, no son todos iguales? ¿Hay una cinta dorada para los “maravillosos” o una de color gris para los “malos”?

Fig. 2
Fig. 2. A la derecha vemos una secuencia fotográfica de arriba hacia abajo que corresponde al desarrollo habitual de la vida de cualquiera de nosotros. En la parte superior se vive un momento de extrema tensión en la oficina y una ansiedad también alta en el viaje de regreso a casa. Normalidad al llegar a ella, y posteriormente momentos de relax placentero.
En las dos secuencias superiores estamos sometidos a diversos tipos de estrés y como fumar no calma la tensión producida por sucesos internos o externos de nuestra vida los cigarrillos fumados en esos momentos no se recuerdan (son “malos” o “regulares”).
Al llegar a nuestra casa después de comer o de darnos una ducha la tensión externa es muy baja. Estos cigarrillos parecen “mejores” por que toda nuestra ansiedad es por falta de nicotina, y eso es lo único que se puede calmar fumando.
La situación placentera que estamos viviendo es lo importante, ella es la que decide el valor que tendrá cada cigarrillo. En realidad fumar degrada cualquier momento placentero por que lo contamina con la angustia de la “necesidad de nicotina”.
Todos los fumadores realizamos, y en esto si nos parecemos, una suerte de malabarismo mental mediante el cual adjudicamos el “mérito” de los buenos momentos al cigarrillo y no a la situación. Este es el "nucleo duro" de la patología psiquica del tabaquismo. Un cigarrillo es incapaz de transformar un momento malo en bueno. Un buen momento lo es por que la vida lo ha producido, no por el cigarrillo que se fuma después. Parece maravilloso por que hemos eliminado todas las tensiones de origen externo y, como siempre, la nicotina hace lo único que sabe hacer, calmar el hambre de nicotina. Como eso es lo único que nos aflige en ese momento el cigarrillo resulta “maravilloso”.
¿Qué es lo que sucede en realidad?
Incorporar nicotina periódicamente en nuestro cerebro se convierte con rapidez en una necesidad fisiológica tal como comer, beber, orinar, o dormir. Es nueva y artificial, pero, salvo por esas dos circunstancias, indistinguible de las necesidades fisiológicas naturales.
Nadie puede escribir “La Divina Comedia” con ganas de orinar, tampoco nadie puede irse a dormir con ese deseo. ¡Lo mismo sucede con fumar! Fumar, es realmente una necesidad fisiológica nueva, y nos impide, si no la calmamos, realizar cualquier tipo de actividad, no importa que ella sea de recreación, trabajo o descanso.
En lugar aceptar esta sencilla y verdadera explicación realizamos un esfuerzo intelectual sorprendente para llegar a la conclusión de que el cigarrillo, en algunas circunstancias, nos ayuda.
Una autobservación cuidadosa no solo nos hace concientes de la necesidad periódica de fumar, también desenmascara los momentos en que creemos que nos ayuda y revela la inutilidad de cada cigarrillo fumado. El cigarrillo no nos sirve absolutamente para nada y perjudica nuestra capacidad tanto para trabajar como para divertirnos.
Conclusión
El tabaquismo es la única adicción que tiene un componente psicosocial tan importante. A pesar del mejor de los tratamientos del síndrome de abstinencia, si no tomamos en cuenta estos componentes psicológicos del tabaquismo las recaídas serán frecuentes. No es posible dejar de fumar sin concluir antes de hacerlo que todos los efectos, sensaciones y razones que nos damos para seguir fumando son producto de nuestra imaginación. Y que estos pensamientos erróneos, por momentos delirantes, son consecuencia de la falta de una acción especifica de nuestra droga preferida. Solo calma la ansiedad que produce su ausencia.
El cigarrillo no sirve para nada ni produce ninguna sensación en especial. Debemos inventar las razones y sensaciones por las que fumamos para no convivir con una dolorosa realidad: “Fumamos únicamente por que la adicción nos obliga a hacerlo”. Toda otra explicación es un mito creado por la propaganda, y por nuestra capacidad para vivir dentro de una permanente ilusión.
Infinidad de veces he debido soportar la triste experiencia de fumar sin control, obteniendo solo molestias, incomodidad y dolor. Luego de algunas horas de trabajo intelectual, fumando sin pausa, finalizaba con palpitaciones permanentes, un penetrante dolor de cabeza, las manos sudorosas y la mente ensombrecida por el humo. En mis últimos tiempos de fumador no podía evitar pensar: - ¿Por qué fumo tanto? - Una vocecita suave seguramente llegada de una porción no contaminada de mi cerebro, me respondía con un susurro apenas perceptible: - ¡Por que eres un imbécil! -
fuente:www.dejedefumaren5.com.uk