Las tesis del homosexualismo político tienen proyección internacional gracias a las millonarias subvenciones que reciben. Casi las tres cuartas partes del presupuesto de ILGA proviene de la UE y los Estados miembros; y las aportaciones de sus afiliados o simpatizantes representan solo el 5,5%. Por cada euro que aportan reciben más de 12 en ayudas.
Así manipulan tu forma de pensar: Amarillo en los países con derechos igualitarios, verde en los países donde los gay tienen privilegios especiales que sólo se aplican a ellos.
Son pocos quienes a día de hoy pueden poner en duda la relevancia, influencia internacional y poder económico que tienen las organizaciones del homosexualismo político, y una de las más representativas es la International Lesbian and Gay Association (ILGA).
Pero, ¿esa relevancia se debe a su representación social, a la fuerza económica que le otorgan sus miembros, afiliados y simpatizantes? La respuesta es que no, y que su aparente fuerza social es un montaje artificial que no representa la pluralidad de la sociedad civil.
¿De dónde saca entonces su poder económico el homosexualismo político?
La respuesta a esta pregunta se puede constatar en el ejemplo de la propia ILGA, que aglutina un total de 356 organizaciones en Europa, con una afiliación que supera los 10,8 millones de personas, y un presupuesto que, en 2013, era de 2.032.400 euros, según los datos del 'Registro de transparencia' para ILGA-Europa hechos públicos por la Unión Europea.
Vivir de las subvenciones públicas
Sin embargo, lejos de lo que podría pensarse con tal millonada de afiliados, casi tres cuartas partes del presupuesto de esa organización, concretamente el 69,28%, lo cubren con subvenciones públicas, en su mayor medida de la UE, pero también de los Estados miembros.
Como se puede observar en el gráfico que acompaña esta información, reproducido a partir de los datos publicados en el 'Registro de transparencia', la financiación pública a la ILGA es de 1.408.000 euros, que a su vez se dividen en 1.025.000 euros en "subvenciones" de la UE y 383.000 de "procedencia nacional", es decir de los Estados.
También tienen otros importantes ingresos "de procedencia infranacional": 624.400 euros "de otras fuentes" y 511.400 de "donaciones".
Ahora bien, lo que llama más la atención en ese gráfico son los ingresos que la ILGA obtiene en concepto de "cotizaciones de los miembros", que son tan solo 113.000 euros. Esta cifra representa el 5,56% del total del presupuesto y un 8,03% de lo que reciben de financiación.
Además, si se hiciera una media de lo que aportaría cada uno de los 10,8 millones de afiliados a la ILGA, el resultado sería de 0,01 euros por persona. Y otro dato escandaloso es que por cada euro que aportan los miembros la organización recibe 12,46 euros de subvención.
Un escándalo para reflexionar
Así las cosas, ¿cómo es posible que con esos 113.000 euros de aportaciones de los afiliados la ILGA reciba más de 1,4 millones de subvención. Se trata de un escándalo de proporciones dignas de tener cuenta.
Lo lógico en este tipo de organizaciones, pertenezcan al homosexualismo político o no, es que lo que reciben en concepto de subvenciones no supere en ningún caso el total de ingresos por donaciones y aportaciones. La relación suele ser de un 40% de subvención y un 60% a cargo de la organización.
La conclusión final a todos estos datos es que la ILGA, como la mayoría de organizaciones del homosexualismo político, viven a expensas de las subvenciones públicas, es decir a costa del dinero de todos los ciudadanos, sean afines o no a las tesis de este tipo de organizaciones.
La UE y los Estados miembros, con sus millonarias subvenciones a la ILGA, dotan a esta organización de forma arbitraria de un poder económico que les permite actuar como grupo de presión sobre toda la sociedad para sacar adelante sus propuestas.
Todo ello destruye además el mito de que el homosexualismo político está formado por personas con muchos recursos económicos, un argumento que se exhibe siempre para "vender" eventos como los que se llevan a cabo en muchas ciudades en la celebración del día del orgullo gay.
Así manipulan tu forma de pensar: Amarillo en los países con derechos igualitarios, verde en los países donde los gay tienen privilegios especiales que sólo se aplican a ellos.
Son pocos quienes a día de hoy pueden poner en duda la relevancia, influencia internacional y poder económico que tienen las organizaciones del homosexualismo político, y una de las más representativas es la International Lesbian and Gay Association (ILGA).
Pero, ¿esa relevancia se debe a su representación social, a la fuerza económica que le otorgan sus miembros, afiliados y simpatizantes? La respuesta es que no, y que su aparente fuerza social es un montaje artificial que no representa la pluralidad de la sociedad civil.
¿De dónde saca entonces su poder económico el homosexualismo político?
La respuesta a esta pregunta se puede constatar en el ejemplo de la propia ILGA, que aglutina un total de 356 organizaciones en Europa, con una afiliación que supera los 10,8 millones de personas, y un presupuesto que, en 2013, era de 2.032.400 euros, según los datos del 'Registro de transparencia' para ILGA-Europa hechos públicos por la Unión Europea.
Vivir de las subvenciones públicas
Sin embargo, lejos de lo que podría pensarse con tal millonada de afiliados, casi tres cuartas partes del presupuesto de esa organización, concretamente el 69,28%, lo cubren con subvenciones públicas, en su mayor medida de la UE, pero también de los Estados miembros.
Como se puede observar en el gráfico que acompaña esta información, reproducido a partir de los datos publicados en el 'Registro de transparencia', la financiación pública a la ILGA es de 1.408.000 euros, que a su vez se dividen en 1.025.000 euros en "subvenciones" de la UE y 383.000 de "procedencia nacional", es decir de los Estados.
También tienen otros importantes ingresos "de procedencia infranacional": 624.400 euros "de otras fuentes" y 511.400 de "donaciones".
Ahora bien, lo que llama más la atención en ese gráfico son los ingresos que la ILGA obtiene en concepto de "cotizaciones de los miembros", que son tan solo 113.000 euros. Esta cifra representa el 5,56% del total del presupuesto y un 8,03% de lo que reciben de financiación.
Además, si se hiciera una media de lo que aportaría cada uno de los 10,8 millones de afiliados a la ILGA, el resultado sería de 0,01 euros por persona. Y otro dato escandaloso es que por cada euro que aportan los miembros la organización recibe 12,46 euros de subvención.
Un escándalo para reflexionar
Así las cosas, ¿cómo es posible que con esos 113.000 euros de aportaciones de los afiliados la ILGA reciba más de 1,4 millones de subvención. Se trata de un escándalo de proporciones dignas de tener cuenta.
Lo lógico en este tipo de organizaciones, pertenezcan al homosexualismo político o no, es que lo que reciben en concepto de subvenciones no supere en ningún caso el total de ingresos por donaciones y aportaciones. La relación suele ser de un 40% de subvención y un 60% a cargo de la organización.
La conclusión final a todos estos datos es que la ILGA, como la mayoría de organizaciones del homosexualismo político, viven a expensas de las subvenciones públicas, es decir a costa del dinero de todos los ciudadanos, sean afines o no a las tesis de este tipo de organizaciones.
La UE y los Estados miembros, con sus millonarias subvenciones a la ILGA, dotan a esta organización de forma arbitraria de un poder económico que les permite actuar como grupo de presión sobre toda la sociedad para sacar adelante sus propuestas.
Todo ello destruye además el mito de que el homosexualismo político está formado por personas con muchos recursos económicos, un argumento que se exhibe siempre para "vender" eventos como los que se llevan a cabo en muchas ciudades en la celebración del día del orgullo gay.