Diego Mario Arnedo Parte I
Nacio el 6 de Enero de 1954, en Hurlingham, Buenos Aires Argentina ( paisano de hurlingam! )
Bueno muchachos, quise hacer un post biografico pero, lamentablemente, no pude encontrar info tipo biografia, asi que creo que
igualmente es mejor conocer a este mounstro con sus propias palabras...
primero un poco de imagenes ( ciertamente muy dificiles de conseguir tambien... )
ahora si... un par de notas que dicen mucho mucho...
"Le entregué mi cuerpo y alma al rock"
Diário La nación.
Viernes 28 de noviembre de 2003
Antes de los shows electroacústicos que Divididos ofrecerá el próximo fin de semana, Diego Arnedo confiesa que ha vivido... y mucho
más
No sé si se puede contar... Bah, todo se puede contar, pero habría que ver cómo." Diego Arnedo arroja un manto de misterio sobre
por qué le dicen Cóndor. Es conocido así desde las épocas de Sumo, allá por los revoltosos años 80, de pubs y bares con más botellas
rotas que público en las mesas. Ahora el tipo tiene 50 años, es una de las personas más amables del rock local, el muy coqueto se
corta el pelo en Roho (la peluquería rockera más top de los últimos tiempos), es considerado el mejor y más original bajista de la
escena y lleva más de tres décadas al servicio del rock.
Respetado y amado por igual, pocas veces se ha podido escuchar su versión de la historia. Es más, los dedos de una mano sobran para
contabilizar sus entrevistas a solas. En Sumo, Luca y Pettinato se encargaban de ese trabajo; en Divididos, su hermano espiritual,
Ricardo Mollo, fue el que puso la cara (y el discurso) a lo largo de estos quince años. "Si necesito ayuda te llamo", bromea con Mollo
antes de enfrentarse a solas con un grabador, en una de las piezas de la quinta/sala de ensayo que el trío posee en Parque Leloir.
En el transcurso de la charla el disco electroacústico grabado en vivo por Divididos que acaba de salir resulta una excusa (ver
recuadro) y Arnedo repasará, no sin mostrar cierta timidez, los acontecimientos más importantes de su vida desde que, por
casualidad, se topó con un bajo y decidió que quería ser músico de rock, como Spinetta.
Angeles y predicadores
Ultimo adelanto de lo que vendrá. Cuatro frases que bien podrían haber titulado esta nota y dan cuenta de que este músico tiene
mucho que decir: "Ya no soy un músico de rock"; "No quiero comerme la película de la responsabilidad del número uno"; "Ricardo es lo
que yo quiero ser y no puedo"; "tengo a Sumo en un lugar demasiado mío, que quizá tenga que repensar". Ahora sí, con ustedes, Diego
Arnedo, el Cóndor sobreviviente.
"¿Quince años ya? No lo puedo creer", se sorprende con el cumpleaños que Divididos festeja por estos días. "Y... yo estoy más para
agradecer que para otra cosa. Porque el cúmulo y la cantidad de vallas o momentos que hubo que saltear para poder continuar con
esto de la música... Ahora lo veo todo junto y se me hace que tiene realmente un peso muy grande para mí. Más cuando te das
cuenta de que todo viene a partir de una decisión de querer algo, de querer seguir con una historia que elegí hace tiempo. Han
pasado muchas cosas y Divididos no es la misma banda de cuando empezamos. Definitivamente creo que este grupo tiene un ángel que
hay que cuidar."
En 1997, los excesos de años se la cobraron con una pancreatitis que lo puso al borde de la muerte. Por ahí va la necesidad de
agradecer, por ahí va eso de ser un sobreviviente. "Es el peor recuerdo que tengo... Mi cuerpo desnudo en terapia intensiva con una
bolsa de hielo arriba del abdomen, en un sanatorio de Hurlingham."
-¿A partir de la pancreatitis qué cambió en tu vida?
-Mucho. Son sensaciones límites que me hicieron pensar cuánto habré depositado en cosas para protegerme de algo elegido. No
fuimos a la escuela del rock, no estábamos preparados para esto. Entonces, hubo quizá que contener ese pensamiento con algo
químico, orgánico o espiritual. Y bueno, no fue fácil. Son males y son caídas que hacen al éxito. Pero me refiero al éxito de poder
hacer lo que uno elige. Y ahí entregué el cuerpo. No lo justifico, fue realmente así. Uno es un organismo físico-psíquico-espiritual
puesto al servicio de un desafío. Hicimos canciones, discos, tocamos, pero también nos metimos en el barro y no olvidemos que
nosotros éramos músicos de rock. Y digo éramos porque quizás ahora sólo nos quedamos con la música de rock.
-¿Ya no te sentís un rockero?
-No. Estuvieron muy lindos todos los excesos del rock, la diversión de todo eso, pero llega un momento en que las cosas empiezan a
cambiar, porque cuando uno tiene responsabilidades con otros, comienza a trabajar con el egoísmo también y se da cuenta de que ya
no es uno sólo el reventado, sino que empieza a reventar a todos. Hoy tengo una familia, hay chicos y el viaje cambió. Ya no soy un
músico de rock, ahora me quedo con la música de rock. Entonces, está bueno si podés cambiar, y es también parte del proyecto que
uno empezó algún día, hace mucho tiempo.
De Hijitus a héroe del rock
El proyecto de Arnedo se inició en 1970, cuando tenía 17 años y un amigo dejó en su casa un bajo por un par de días. El entonces
sueño de ser futbolista se había caído a pedazos gracias a una certera patada en la rodilla y el joven Diego le dio una oportunidad a
la música.
Hijo del prestigioso folklorista Mario Arendo Gallo (autor de clásicos como La amanecida , Salvina y La flor azul , entre otras
zambas, gatos y chacareras), Diego trabajó pintando paredes, armando perchas de alambre y llevando a procesar latas de películas
en la empresa de dibujos animados de García Ferré (luego llegó hasta a filmar algún capítulo de Hijitus).
-¿Soñabas con ser músico de rock?
-Sí, claro. Por ahí no sabía qué era, pero miraba una foto de Almendra y pensaba que estaba bien eso. Miraba para ese lado, para
lo que fue el comienzo de todo, que tenía una manera de pensar y una estética relacionada con la libertad.
Arnedo no quiere ni escuchar acerca del lugar de héroe que ocupa para el rockero medio. "Es un compromiso... voy a tener que
empezar a tomar valium otra vez. No, no toco más", bromea para luego ponerse serio: "Creo que trato de llevar adelante mi propia
locura. La pasé bien y la pasé como el orto. Pasaron un montón de cosas y si la gente está viendo algo en mí que de alguna manera le
determina a favor en su vida, está bien. Pero lo que no quiero comerme es la película esa de la responsabilidad del número uno. Nunca
lo quise ser y me parece que esa calificación y ese premio no lo quiero. No es verdad que sea el número uno en nada. Quiero vivir
tranquilo, con esa misma libertad que elegí cuando tenía 17 años".
Desde este pequeño cuarto repleto de equipos apilados se lo puede escuchar a Mollo ensayando sólo en la habitación contigua. Y la
ocasional banda sonora ameniza la entrevista. "Ricardo es como el que yo quiero ser y no puedo. Es la otra parte, el complemento. Es
medio psicológico lo que digo, pero hay que analizarlo. Esa cosa que funciona porque lo que tiene uno no lo tiene el otro. Hay algo que
en lo distinto se juntó y armó este quilombo. Tanto Ricardo como yo dejamos el alma en esto."
Arnedo se entusiasma con la convocatoria que están teniendo los músicos con trayectoria ("me parece que se está reconociendo a
gente que no se bajó de su decisión original" y el tema lo lleva al sueño que cumplió hace apenas poco más de un mes. "Poder
encontrarme con Spinetta, que vino con su guitarra y su novia a ensayar con nosotros, fue uno de los momentos más fuertes que me
ocurrió en los últimos tiempos. En el concierto (el que ofrecieron en el Quilmes Rock Festival) estuvo bueno, pero a mí lo que me mató
fue el encuentro entre cuatro paredes con Luis Alberto Spinetta, con su guitarra y su novia", dice y larga una carcajada final.
Ah, por cierto, ¿se puede o no se puede contar lo del Cóndor? Sí, pero en versión libre y apta para todo público: "Y... se podría decir
que en épocas de Sumo teníamos un micro: en la mitad de atrás iban los equipos y en la mitad de adelante, los músicos. Yo me subía
a las cajas, a mirar desde arriba cómo era el desplazamiento de los que quedaban en pie. Entonces, cuando divisaba al último
despierto, hacía un vuelo rasante desde la montaña"... Risa sarcástica y silencio cómplice. "°Guarda que viene el Cóndor!, gritaba
Ricardo. Y ahí quedó. ¿Se entiende?"
Al salir de la habitación, guitarra en mano, Ricardo Mollo increpa a su amigo de toda la vida: "¿Y? ¿Te confesaste?" "Sí, ya saqué
todo -responde Arnedo-, ahora la próxima entrevista a solas la voy a hacer en 2010".
La reunión que nunca fue
* En mayo de 1997, en el día de lo que hubiera sido el cumpleaños 43 de Luca, Las Pelotas y Divididos compartieron fecha por
única vez, del otro lado del charco, en Montevideo. Y los rumores rodaron por aquí y por allá. Mucho más cuando se confirmó que
Roberto Pettinato y Andrea Prodan también serían de la partida. ¿Vuelve Sumo?
Nada de eso. Sólo hubo dos shows por separado y un final con Las Pelotas más Petti y el hermano de Luca recordando un par de
temas de Sumo. Todos señalaron a Arnedo como el hombre que se plantó en sus veinte y dijo no. "Quedé marcado... No pude, no
pude participar. Me pareció que o yo tengo a Sumo en un lugar demasiado mío, que tendría que repensar, o realmente tengo ubicado
bien lo que es el respeto por Sumo y por Luca. Me pareció que no estaba bien tratado, que se podía hacer mejor. Porque no había
surgido de una decisión nuestra, en la cocina de la casa de alguno de nosotros, con una guitarra, tocando, pasando por lo que fue el
recuerdo de la banda y decir: "bueno, ¿por qué no hacemos algo?" No fue así, no nació así. Creo que todo el compromiso con la
prensa del momento generó una presión determinada que fue lo que entendí que estaba llevando eso. Y cuando lo tuve bien conciente
en ese último momento, dije: Luca, ayudame... No sé si me ayudó a mí o ayudó a los otros. Qué sé yo, Sumo, Luca, todo eso convive
en mí, le tengo un respeto muy especial y me gustaría generar un buen punto de partida para que eso suceda, con todos los
integrantes de todo eso que fue Sumo."
Electroacústico, en vivo y acá
* Sentado junto a la batería de Jorge Araujo, Arnedo sueña en voz alta mientras escucha Villancico del horror , el primer tema
de Vivo acá , el álbum que registra los exquisitos conciertos electroacústicos que Divididos ofreció en el teatro Gran Rex, en julio
último. "Me gustaría grabar un disco nuevo así, en ese lugar, con gente y todo, como hacía Frank Sinatra".
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Diário La nación.
Viernes 28 de noviembre de 2003
Antes de los shows electroacústicos que Divididos ofrecerá el próximo fin de semana, Diego Arnedo confiesa que ha vivido... y mucho
más
No sé si se puede contar... Bah, todo se puede contar, pero habría que ver cómo." Diego Arnedo arroja un manto de misterio sobre
por qué le dicen Cóndor. Es conocido así desde las épocas de Sumo, allá por los revoltosos años 80, de pubs y bares con más botellas
rotas que público en las mesas. Ahora el tipo tiene 50 años, es una de las personas más amables del rock local, el muy coqueto se
corta el pelo en Roho (la peluquería rockera más top de los últimos tiempos), es considerado el mejor y más original bajista de la
escena y lleva más de tres décadas al servicio del rock.
Respetado y amado por igual, pocas veces se ha podido escuchar su versión de la historia. Es más, los dedos de una mano sobran para
contabilizar sus entrevistas a solas. En Sumo, Luca y Pettinato se encargaban de ese trabajo; en Divididos, su hermano espiritual,
Ricardo Mollo, fue el que puso la cara (y el discurso) a lo largo de estos quince años. "Si necesito ayuda te llamo", bromea con Mollo
antes de enfrentarse a solas con un grabador, en una de las piezas de la quinta/sala de ensayo que el trío posee en Parque Leloir.
En el transcurso de la charla el disco electroacústico grabado en vivo por Divididos que acaba de salir resulta una excusa (ver
recuadro) y Arnedo repasará, no sin mostrar cierta timidez, los acontecimientos más importantes de su vida desde que, por
casualidad, se topó con un bajo y decidió que quería ser músico de rock, como Spinetta.
Angeles y predicadores
Ultimo adelanto de lo que vendrá. Cuatro frases que bien podrían haber titulado esta nota y dan cuenta de que este músico tiene
mucho que decir: "Ya no soy un músico de rock"; "No quiero comerme la película de la responsabilidad del número uno"; "Ricardo es lo
que yo quiero ser y no puedo"; "tengo a Sumo en un lugar demasiado mío, que quizá tenga que repensar". Ahora sí, con ustedes, Diego
Arnedo, el Cóndor sobreviviente.
"¿Quince años ya? No lo puedo creer", se sorprende con el cumpleaños que Divididos festeja por estos días. "Y... yo estoy más para
agradecer que para otra cosa. Porque el cúmulo y la cantidad de vallas o momentos que hubo que saltear para poder continuar con
esto de la música... Ahora lo veo todo junto y se me hace que tiene realmente un peso muy grande para mí. Más cuando te das
cuenta de que todo viene a partir de una decisión de querer algo, de querer seguir con una historia que elegí hace tiempo. Han
pasado muchas cosas y Divididos no es la misma banda de cuando empezamos. Definitivamente creo que este grupo tiene un ángel que
hay que cuidar."
En 1997, los excesos de años se la cobraron con una pancreatitis que lo puso al borde de la muerte. Por ahí va la necesidad de
agradecer, por ahí va eso de ser un sobreviviente. "Es el peor recuerdo que tengo... Mi cuerpo desnudo en terapia intensiva con una
bolsa de hielo arriba del abdomen, en un sanatorio de Hurlingham."
-¿A partir de la pancreatitis qué cambió en tu vida?
-Mucho. Son sensaciones límites que me hicieron pensar cuánto habré depositado en cosas para protegerme de algo elegido. No
fuimos a la escuela del rock, no estábamos preparados para esto. Entonces, hubo quizá que contener ese pensamiento con algo
químico, orgánico o espiritual. Y bueno, no fue fácil. Son males y son caídas que hacen al éxito. Pero me refiero al éxito de poder
hacer lo que uno elige. Y ahí entregué el cuerpo. No lo justifico, fue realmente así. Uno es un organismo físico-psíquico-espiritual
puesto al servicio de un desafío. Hicimos canciones, discos, tocamos, pero también nos metimos en el barro y no olvidemos que
nosotros éramos músicos de rock. Y digo éramos porque quizás ahora sólo nos quedamos con la música de rock.
-¿Ya no te sentís un rockero?
-No. Estuvieron muy lindos todos los excesos del rock, la diversión de todo eso, pero llega un momento en que las cosas empiezan a
cambiar, porque cuando uno tiene responsabilidades con otros, comienza a trabajar con el egoísmo también y se da cuenta de que ya
no es uno sólo el reventado, sino que empieza a reventar a todos. Hoy tengo una familia, hay chicos y el viaje cambió. Ya no soy un
músico de rock, ahora me quedo con la música de rock. Entonces, está bueno si podés cambiar, y es también parte del proyecto que
uno empezó algún día, hace mucho tiempo.
De Hijitus a héroe del rock
El proyecto de Arnedo se inició en 1970, cuando tenía 17 años y un amigo dejó en su casa un bajo por un par de días. El entonces
sueño de ser futbolista se había caído a pedazos gracias a una certera patada en la rodilla y el joven Diego le dio una oportunidad a
la música.
Hijo del prestigioso folklorista Mario Arendo Gallo (autor de clásicos como La amanecida , Salvina y La flor azul , entre otras
zambas, gatos y chacareras), Diego trabajó pintando paredes, armando perchas de alambre y llevando a procesar latas de películas
en la empresa de dibujos animados de García Ferré (luego llegó hasta a filmar algún capítulo de Hijitus).
-¿Soñabas con ser músico de rock?
-Sí, claro. Por ahí no sabía qué era, pero miraba una foto de Almendra y pensaba que estaba bien eso. Miraba para ese lado, para
lo que fue el comienzo de todo, que tenía una manera de pensar y una estética relacionada con la libertad.
Arnedo no quiere ni escuchar acerca del lugar de héroe que ocupa para el rockero medio. "Es un compromiso... voy a tener que
empezar a tomar valium otra vez. No, no toco más", bromea para luego ponerse serio: "Creo que trato de llevar adelante mi propia
locura. La pasé bien y la pasé como el orto. Pasaron un montón de cosas y si la gente está viendo algo en mí que de alguna manera le
determina a favor en su vida, está bien. Pero lo que no quiero comerme es la película esa de la responsabilidad del número uno. Nunca
lo quise ser y me parece que esa calificación y ese premio no lo quiero. No es verdad que sea el número uno en nada. Quiero vivir
tranquilo, con esa misma libertad que elegí cuando tenía 17 años".
Desde este pequeño cuarto repleto de equipos apilados se lo puede escuchar a Mollo ensayando sólo en la habitación contigua. Y la
ocasional banda sonora ameniza la entrevista. "Ricardo es como el que yo quiero ser y no puedo. Es la otra parte, el complemento. Es
medio psicológico lo que digo, pero hay que analizarlo. Esa cosa que funciona porque lo que tiene uno no lo tiene el otro. Hay algo que
en lo distinto se juntó y armó este quilombo. Tanto Ricardo como yo dejamos el alma en esto."
Arnedo se entusiasma con la convocatoria que están teniendo los músicos con trayectoria ("me parece que se está reconociendo a
gente que no se bajó de su decisión original" y el tema lo lleva al sueño que cumplió hace apenas poco más de un mes. "Poder
encontrarme con Spinetta, que vino con su guitarra y su novia a ensayar con nosotros, fue uno de los momentos más fuertes que me
ocurrió en los últimos tiempos. En el concierto (el que ofrecieron en el Quilmes Rock Festival) estuvo bueno, pero a mí lo que me mató
fue el encuentro entre cuatro paredes con Luis Alberto Spinetta, con su guitarra y su novia", dice y larga una carcajada final.
Ah, por cierto, ¿se puede o no se puede contar lo del Cóndor? Sí, pero en versión libre y apta para todo público: "Y... se podría decir
que en épocas de Sumo teníamos un micro: en la mitad de atrás iban los equipos y en la mitad de adelante, los músicos. Yo me subía
a las cajas, a mirar desde arriba cómo era el desplazamiento de los que quedaban en pie. Entonces, cuando divisaba al último
despierto, hacía un vuelo rasante desde la montaña"... Risa sarcástica y silencio cómplice. "°Guarda que viene el Cóndor!, gritaba
Ricardo. Y ahí quedó. ¿Se entiende?"
Al salir de la habitación, guitarra en mano, Ricardo Mollo increpa a su amigo de toda la vida: "¿Y? ¿Te confesaste?" "Sí, ya saqué
todo -responde Arnedo-, ahora la próxima entrevista a solas la voy a hacer en 2010".
La reunión que nunca fue
* En mayo de 1997, en el día de lo que hubiera sido el cumpleaños 43 de Luca, Las Pelotas y Divididos compartieron fecha por
única vez, del otro lado del charco, en Montevideo. Y los rumores rodaron por aquí y por allá. Mucho más cuando se confirmó que
Roberto Pettinato y Andrea Prodan también serían de la partida. ¿Vuelve Sumo?
Nada de eso. Sólo hubo dos shows por separado y un final con Las Pelotas más Petti y el hermano de Luca recordando un par de
temas de Sumo. Todos señalaron a Arnedo como el hombre que se plantó en sus veinte y dijo no. "Quedé marcado... No pude, no
pude participar. Me pareció que o yo tengo a Sumo en un lugar demasiado mío, que tendría que repensar, o realmente tengo ubicado
bien lo que es el respeto por Sumo y por Luca. Me pareció que no estaba bien tratado, que se podía hacer mejor. Porque no había
surgido de una decisión nuestra, en la cocina de la casa de alguno de nosotros, con una guitarra, tocando, pasando por lo que fue el
recuerdo de la banda y decir: "bueno, ¿por qué no hacemos algo?" No fue así, no nació así. Creo que todo el compromiso con la
prensa del momento generó una presión determinada que fue lo que entendí que estaba llevando eso. Y cuando lo tuve bien conciente
en ese último momento, dije: Luca, ayudame... No sé si me ayudó a mí o ayudó a los otros. Qué sé yo, Sumo, Luca, todo eso convive
en mí, le tengo un respeto muy especial y me gustaría generar un buen punto de partida para que eso suceda, con todos los
integrantes de todo eso que fue Sumo."
Electroacústico, en vivo y acá
* Sentado junto a la batería de Jorge Araujo, Arnedo sueña en voz alta mientras escucha Villancico del horror , el primer tema
de Vivo acá , el álbum que registra los exquisitos conciertos electroacústicos que Divididos ofreció en el teatro Gran Rex, en julio
último. "Me gustaría grabar un disco nuevo así, en ese lugar, con gente y todo, como hacía Frank Sinatra".
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Diego Arnedo fue nombrado, por una prestigiosa radio argentina (Rock & Pop) como mejor
bajista de los últimos 20 años en Argentina.
bajista de los últimos 20 años en Argentina.
Y una nota mas...
Un hombre orquesta en la aplanadora del rock:
La semana pasada, pocas horas antes de incendiar el Parque Central de Neuquén con Divididos, el bajista accedió a una charla
telefónica con "Río Negro". Lejos de creerse una estrella, distendido y de muy buen humor, Diego Arnedo explicó qué música le
"rompe la cabeza" y dio una precisa idea de lo que haría con buena parte de la dirigencia política. ¡Llegando los monos!
Cuenta la leyenda que una extraña noche de 1999, en medio de la absurda histeria de "fin de milenio", Diego Arnedo soñó,
afiebrado, que aparecía en el famoso "túnel-con-la-luz-al-final-que-indica-que-uno-se-está-por-morir". Aturdido por la increíble
sensación, tardó en descubrir que la repetitiva melodía de fondo no era el "Ave María" sino el cadencioso "Reggae de paz y amor" de
Sumo.
Sin embargo, no alcanzó a llegar a la luz del final: de una sucia alcantarilla aparecieron, cada uno ginebra en mano, Luca y su amigo
Jim Morrison, borrachos como de costumbre.
Luca, en su inconfundible cocoliche idiomático, le dijo a Diego: "No, man. Vos no te podés morir todavía. No good". A lo que Jim
agregó (en inglés): "Tenés que volver, man. A encender el fuego de tu gente". O algo parecido.
Y le volvió el alma al cuerpo.
Lo cierto (más allá de la veracidad del relato que, aclaramos, no forma parte del nuevo libro de Víctor Sueiro) es que Diego Arnedo
logró vencer una pancreatitis que lo tuvo más cerca del arpa que del bajo. Tras la recuperación, atentamente supervisada por su
médico, viajó a Inglaterra con Ricardo Mollo y Jorge Araujo a grabar el siguiente disco de Divididos. Inevitablemente, los fantasmas
volvieron a aparecer en Abbey Road, pero esta vez fueron las melodías ocultas de los "fab four", que se colaron en canciones
exquisitas como "Spaghetti del rock". El resultado fue "Narigón del siglo...", para muchos, la obra maestra del "power" trío. Luego
llegaría el disco con el chacinado en la portada. Más que del placard de otro, la aplanadora parece venir de otra dimensión, y aunque
una parte de la crítica lo recib[[[[iframe]]]]nte, muestra a los paisanos de Hurlingham en plena madurez artística, sin perder un ápice
de su furiosa potencia.
Hoy, definitivamente a salvo de la pancreatitis, Arnedo sigue siendo esa persona simple, despojada de toda pose de "rock star", que
en las giras no se despega de su mujer. Se sabe que no es hombre de hablar demasiado, al menos en los reportajes. A través de una
larga charla telefónica, el ilustre bajista de MAM, Sumo y Divididos contó el presente de la banda y deslizó agudos comentarios
sobre la situación del país.
Con ustedes Diego Arnedo, el hombre orquesta de la aplanadora del rock.
-¿Cómo andás, Diego?
- Estamos a punto de empezar un ensayo, preparando la salida para Neuquén.
-Hay mucha expectativa por verlos... ¿qué actividad vienen desarrollando en los últimos meses?
-Hace unos días tocamos en Cosquín Rock, que ya se convirtió en un clásico, en el festival más importante del país. La verdad es que
estuvo muy bien organizado, no hubo problemas y está bueno que una vez por año el público pueda ver muchas bandas juntas, esta vez
fueron cuatro días. El empresario que organiza va duplicando cada vez: empezó con dos, siguió con cuatro ¡no sea cosa que el año que
viene haga ocho noches! (risas).
-Claro, y va a aparecer Julio Maharbiz diciendo: "¡Aquí Cosquín!"
- Sí, realmente es un éxito para lo que son las producciones locales, que hace que la gente pueda ver muchos artistas por un buen
precio. Está bueno tocar en festivales, siempre y cuando estén bien organizados. Hay mucho respeto entre las bandas.
-A propósito, ¿es real el grado de camaradería que hay entre las bandas, o es algo para la gente y en los camarines se matan?
-Bueno, con el tiempo te vas conociendo con gente que te cruzás en los pasillos, en los camarines. Y se va generando una notable
cordialidad con las bandas. Con algunos más que con otros, pero en general con los músicos que conocemos tenemos muy buen trato.
-Hablemos un poco del último disco. A unos meses de haber sido editado, ¿cómo lo ves con cierta distancia?
-El disco está fresco, ahí. Hoy justamente estuvimos en la discográfica para darle un poquito de continuidad, para ver si después de
"Cajita musical", que fue el primer corte, hacemos el segundo video, que sería del tema "Pepe Lui". Fuimos a hablar con los
responsables del sello porque nos parece que el CD tiene para desarrollar, que está cargado de buenas canciones y, a pesar de la
crisis que tuvimos con la discográfica, hay que darle continuidad.
-Había escuchado que no andaban bien las relaciones con BMG y que pensaban cambiar de sello...
-Sí, terminamos el contrato con el sello con este último disco. Las cosas no terminaron muy bien, hubo un cambio en la dirección de la
discográfica y estamos tratando de replantear un poco la difusión del último álbum, lo que faltaría empujar, ¿no? Darle más apoyo y
ver qué tipo de relación a corto plazo se vuelve a gestar y qué decisión tomamos.
-Es decir que podrían renovar el contrato...
-Depende de varias instancias, habrá que ver.
-¿Qué música estás escuchando últimamente?
-Mirá, vengo de San Luis y lo último que escuché... (piensa) ¿sabés qué escuché, que me quedé así, "explotado de la cabeza"? Fue
"El lado oscuro de la Luna"... mirá vos, eso fue lo último que escuché, el discazo de Pink Floyd, que en un momento dice "señores, qué
mundo éste". Cosas que son para siempre.
-¿No te interesan demasiado las novedades, lo que se está haciendo últimamente?
-Mirá, en este último tiempo escucho pocas novedades. Voy a tener en cuenta lo que me decís, así me pongo a escuchar un poco a
ver qué me parece. Pero soy más bien de darle a los clásicos, cada vez se me va diluyendo más: en los setenta escuchaba mucho, en
los ochenta un poco, en los noventa menos y ya en el 2000 nada. Y si vuelvo a escuchar, prefiero las cosas del setenta, los clásicos
me rompen la cabeza.
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La semana pasada, pocas horas antes de incendiar el Parque Central de Neuquén con Divididos, el bajista accedió a una charla
telefónica con "Río Negro". Lejos de creerse una estrella, distendido y de muy buen humor, Diego Arnedo explicó qué música le
"rompe la cabeza" y dio una precisa idea de lo que haría con buena parte de la dirigencia política. ¡Llegando los monos!
Cuenta la leyenda que una extraña noche de 1999, en medio de la absurda histeria de "fin de milenio", Diego Arnedo soñó,
afiebrado, que aparecía en el famoso "túnel-con-la-luz-al-final-que-indica-que-uno-se-está-por-morir". Aturdido por la increíble
sensación, tardó en descubrir que la repetitiva melodía de fondo no era el "Ave María" sino el cadencioso "Reggae de paz y amor" de
Sumo.
Sin embargo, no alcanzó a llegar a la luz del final: de una sucia alcantarilla aparecieron, cada uno ginebra en mano, Luca y su amigo
Jim Morrison, borrachos como de costumbre.
Luca, en su inconfundible cocoliche idiomático, le dijo a Diego: "No, man. Vos no te podés morir todavía. No good". A lo que Jim
agregó (en inglés): "Tenés que volver, man. A encender el fuego de tu gente". O algo parecido.
Y le volvió el alma al cuerpo.
Lo cierto (más allá de la veracidad del relato que, aclaramos, no forma parte del nuevo libro de Víctor Sueiro) es que Diego Arnedo
logró vencer una pancreatitis que lo tuvo más cerca del arpa que del bajo. Tras la recuperación, atentamente supervisada por su
médico, viajó a Inglaterra con Ricardo Mollo y Jorge Araujo a grabar el siguiente disco de Divididos. Inevitablemente, los fantasmas
volvieron a aparecer en Abbey Road, pero esta vez fueron las melodías ocultas de los "fab four", que se colaron en canciones
exquisitas como "Spaghetti del rock". El resultado fue "Narigón del siglo...", para muchos, la obra maestra del "power" trío. Luego
llegaría el disco con el chacinado en la portada. Más que del placard de otro, la aplanadora parece venir de otra dimensión, y aunque
una parte de la crítica lo recib[[[[iframe]]]]nte, muestra a los paisanos de Hurlingham en plena madurez artística, sin perder un ápice
de su furiosa potencia.
Hoy, definitivamente a salvo de la pancreatitis, Arnedo sigue siendo esa persona simple, despojada de toda pose de "rock star", que
en las giras no se despega de su mujer. Se sabe que no es hombre de hablar demasiado, al menos en los reportajes. A través de una
larga charla telefónica, el ilustre bajista de MAM, Sumo y Divididos contó el presente de la banda y deslizó agudos comentarios
sobre la situación del país.
Con ustedes Diego Arnedo, el hombre orquesta de la aplanadora del rock.
-¿Cómo andás, Diego?
- Estamos a punto de empezar un ensayo, preparando la salida para Neuquén.
-Hay mucha expectativa por verlos... ¿qué actividad vienen desarrollando en los últimos meses?
-Hace unos días tocamos en Cosquín Rock, que ya se convirtió en un clásico, en el festival más importante del país. La verdad es que
estuvo muy bien organizado, no hubo problemas y está bueno que una vez por año el público pueda ver muchas bandas juntas, esta vez
fueron cuatro días. El empresario que organiza va duplicando cada vez: empezó con dos, siguió con cuatro ¡no sea cosa que el año que
viene haga ocho noches! (risas).
-Claro, y va a aparecer Julio Maharbiz diciendo: "¡Aquí Cosquín!"
- Sí, realmente es un éxito para lo que son las producciones locales, que hace que la gente pueda ver muchos artistas por un buen
precio. Está bueno tocar en festivales, siempre y cuando estén bien organizados. Hay mucho respeto entre las bandas.
-A propósito, ¿es real el grado de camaradería que hay entre las bandas, o es algo para la gente y en los camarines se matan?
-Bueno, con el tiempo te vas conociendo con gente que te cruzás en los pasillos, en los camarines. Y se va generando una notable
cordialidad con las bandas. Con algunos más que con otros, pero en general con los músicos que conocemos tenemos muy buen trato.
-Hablemos un poco del último disco. A unos meses de haber sido editado, ¿cómo lo ves con cierta distancia?
-El disco está fresco, ahí. Hoy justamente estuvimos en la discográfica para darle un poquito de continuidad, para ver si después de
"Cajita musical", que fue el primer corte, hacemos el segundo video, que sería del tema "Pepe Lui". Fuimos a hablar con los
responsables del sello porque nos parece que el CD tiene para desarrollar, que está cargado de buenas canciones y, a pesar de la
crisis que tuvimos con la discográfica, hay que darle continuidad.
-Había escuchado que no andaban bien las relaciones con BMG y que pensaban cambiar de sello...
-Sí, terminamos el contrato con el sello con este último disco. Las cosas no terminaron muy bien, hubo un cambio en la dirección de la
discográfica y estamos tratando de replantear un poco la difusión del último álbum, lo que faltaría empujar, ¿no? Darle más apoyo y
ver qué tipo de relación a corto plazo se vuelve a gestar y qué decisión tomamos.
-Es decir que podrían renovar el contrato...
-Depende de varias instancias, habrá que ver.
-¿Qué música estás escuchando últimamente?
-Mirá, vengo de San Luis y lo último que escuché... (piensa) ¿sabés qué escuché, que me quedé así, "explotado de la cabeza"? Fue
"El lado oscuro de la Luna"... mirá vos, eso fue lo último que escuché, el discazo de Pink Floyd, que en un momento dice "señores, qué
mundo éste". Cosas que son para siempre.
-¿No te interesan demasiado las novedades, lo que se está haciendo últimamente?
-Mirá, en este último tiempo escucho pocas novedades. Voy a tener en cuenta lo que me decís, así me pongo a escuchar un poco a
ver qué me parece. Pero soy más bien de darle a los clásicos, cada vez se me va diluyendo más: en los setenta escuchaba mucho, en
los ochenta un poco, en los noventa menos y ya en el 2000 nada. Y si vuelvo a escuchar, prefiero las cosas del setenta, los clásicos
me rompen la cabeza.
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bueno, un par de fotos mas...
y la ultima nota...son imperdibles...
Acariciando lo áspero
Diciembre del 2001 fue el mes que vivimos en peligro. Durante aquellos días de sangre y furia, Divididos se encontraba en plena
grabación de "Vengo del placard de otro". Y se nota. Las siempre crípticas letras de Mollo contienen certeras alusiones a la Argentina
pos-delarruísta, y el concepto general del arte del disco no le va en zaga.
-En "Vengo del placard..." hay un cover de Pescado Rabioso ("Despiértate nena" y varias referencias al flaco Spinetta, sobre todo
en temas como "Pepe Lui", que tiene reminiscencias setentistas...
-Pepe Lui es un amigo mío que falleció en el 2000. La letra hace referencia a Pescado Rabioso. Desde ya que hay una digna
admiración por Luis Alberto, por toda su obra y por lo que realmente hizo y hace dentro del rock argentino, por su alta creatividad
¿no? Entonces, retomar una canción hecha en aquellos años es como acercarse un poco a lo legítimo de lo que fue el rock de los
setenta y refrescar el disco con esa versión.
-Se nota en las letras del disco la situación de caos que se vivió a partir del 20 de diciembre, incluso desde el arte de tapa.
-Sí, una situación comprometida con la crisis social. También está esa foto mía, con los chicos (se ríe). (Nota: el booklet del CD
contiene una fotografía en la que Arnedo está tendido en una camilla, en un hospital, rodeado por Mollo, Araujo y una bolsita con
suero). Eso fue cuando tuve un problema en la calle, que tiene relación con las morcillas de la tapa, que es como una metáfora
sanguinolienta de lo que fue el país en ese momento. Es como el moretón de una sociedad en crisis.
-¿La fotografía es real?
-Sí, porque justo en ese momento estaba una fotógrafa amiga, Nora Lezano, y yo le dije en chiste que aprovechara para hacer "la
foto de su vida". La sacó y después, al momento de hacer el arte del CD, por supuesto que me consultaron, hubo todo un debate, y
yo entendí que eso tenía que ver con el dolor de lo que había pasado en el país. ¿Qué ocurrió ese día? Nada, me afanaron en la calle
y me pegaron un fierro en la cabeza... (risas). Quedé tirado en la vereda, me llevaron al hospital y mi mujer fue a buscar a los
chicos que estaban en un bar, también estaba la fotógrafa y otros amigos y salió la foto. Una policial. Eso pasó el 2 de abril del
2001, fue un poco antes del quilombo, fue un preanuncio de lo que se venía. La idea fue representar un poco la violencia y la
agresividad de una sociedad en crisis.
-¿Cómo ves el tema de la inseguridad en Buenos Aires?
-Bueno... el tema de la inseguridad tiene que ver con cosas que se han desatendido y no es de ahora. Acá se vive con el miedo
normal de la situación de una sociedad que está desequilibrada ¿entendés? Más allá de un hecho u otro, el tema es que la sociedad se
puso en un estado de alerta que quizás sea también el resultado de una especulación, esto de generar miedo es un resultado para
saber qué ofrecer, vos me entendés ¿no?
-¿Qué expectativas tenés para las próximas elecciones? ¿Creés que puede llegar a cambiar algo o va a ser más de lo mismo?
-Yo no creo que una elección en particular pueda llegar a cambiar lo que es el sistema en sí ¿no?, que viene con una carga negativa
de hace mucho tiempo, con una corrupción y una falta de consideración tremenda de la dirigencia política frente al pueblo. Yo no veo
ninguna postura que evidencie que pueda llegar a cambiar esto, a mí me parece que, realmente, hay que pegarle una patada en el
orto a más de un político que hacen que las cosas estén mal. La situación no está fácil, la gente está mal, muy preocupada, lo que
logró todo esto fue que nos enfrentáramos unos contra otros. Es un enfrentamiento entre argentinos.
-Frente a ese cuadro ¿qué se puede hacer?
-Darle para adelante. Nosotros somos músicos, venimos trabajando hace tiempo, éste es nuestro país, lo queremos mucho y vamos a
seguir adelante en este país que es un quilombo. Y no bajar los brazos y seguir haciendo lo que nos gusta, que es hacer música.
-¿Qué opinás de un eventual ataque contra Irak, que desencadenaría una nueva guerra?
-Ya te dije: hay gente a la que hay que pegarle una patada en el orto y que salga despedida del planeta, ésa es la imagen que me
genera. A Bush le pegaría una patada en el culo para que se clavara de cabeza en Saturno... aunque ¡pobre la gente de Saturno!.
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bueno...si te gusto deja una palabra...sino...gracias por pasar...
perdon por alguna desproligidad es que no hay mucha info...
todo fue hecho por mi, no hay ctrlC+ctrlV(salvo en las notas, obvio)
diego...te amo...sos lo mas grande del rock nacional(...perdon mollo)
Diego Arnedo...no hacen falta mas palabras[parte II]
Diego Arnedo...no hacen falta mas palabras[parte II]