Bueno hoy les invito a ver como nos engorda la comida industrial, algo a lo que cualquier taringuero promedio, pero veremos que tanto de esto es culpa de las comidas procesadas, las comidas que vienen en un paquete como alfajores, hamburguesas, y otras cosas que contienen altas cantidades de químicos. Sumada una yapa, donde indico consejos para evitar estos alimentos, y el consumo de azucar en general.
¿Por qué cada vez hay más gordos? La respuesta convencional a esta pregunta pone siempre el foco sobre los afectados. Comen mucho. No tienen fuerza de voluntad. No hacen ejercicio. Es genético. ¿Pero explica esta lectura el aumento galopante del sobrepeso? ¿Por qué en un mundo lleno de gimnasios, de dietas y de productos light, que lleva 30 años en permanente pelea contra las lorzas, la obesidad mata ya a más gente que el hambre? Si es una cuestión de predisposición individual a engordar, ¿por qué la plaga afecta a muchas más personas que en el pasado?
Fed up, un documental de EEUU, que recomiendo a todos que miren con mucha atención, apunta a la industria alimentaria como responsable directo de la epidemia. La película defiende que las grandes marcas de comida han regado sus productos con un ingrediente que intensifica el sabor y logra que sean más placenteros, a la vez que nos crea múltiples problemas de salud: el azúcar.
Si lo tomas en cantidades moderadas (seis cucharaditas diarias para las mujeres; nueve para los hombres, según la American Heart Association), el azúcar no es dañino. El problema es que no sólo te lo pones en el café, sino que lo consumes muchas veces sin saberlo en refrescos, dulces, bollería, zumos, aperitivos, salsas, cereales, lácteos, helados, preparados cárnicos, precocinados y demás compañeros de supermercado elaborados por las susodichas empresas. Unos Frosties, un zumo de naranja, una Coca-Cola, un Nestea, un poco de Nutella y una pasta con una salsa de bote pueden disparar tu tasa con facilidad hasta las 40 cucharaditas en un día, sin cometer grandes excesos. Y eso es entre cuatro y siete veces más de lo recomendable.
Impulsada por Laurie David, productora del documental de Al Gore sobre el cambio climático Una verdad incómoda; apoyada en un montón de datos impactantes y testimonios de expertos, e hilvanada a través de casos concretos de niños y adolescentes en lucha contra su gordura, Fed up describe de una forma tan amena como amenazadora las causas y consecuencias del abuso de azúcar añadido. El drama se inició a finales de los setenta en Estados Unidos. Después de que la grasa fuera demonizada por engordante, la industria comenzó a reducir su presencia en los alimentos y a lanzar versiones light. "Cuando le quitas la grasa a la comida, sabe horrible, como a cartón", asegura en el documental el profesor de pediatría de la Universidad de California Robert Lustig. "La industria lo sabía, ¿y qué hizo? Inundarla de azúcar".
Desde 1997, Estados Unidos ha doblado su consumo de azúcar, y según Lustig, éste se encuentra en el 80% de la comida envasada que se vende en su país. Escondido, eso sí, bajo 56 denominaciones diferentes que terminan despistando al consumidor medio. "Hasta a los que nos dedicamos a esto nos cuesta en muchas ocasiones entender que cierto ingrediente impronunciable no es otra cosa que azúcar camuflado con una de las denominaciones de su fórmula molecular", reconoce desde España el dietista-nutricionista Julio Basulto.
Trailer de Fed Up:
Fed up, cuyo título se podría traducir como "Hartos", explica por qué no es lo mismo consumir este azúcar añadido que el natural que contienen algunos alimentos. Contado un poco a lo bruto pero de forma comprensible, si tú tomas fruta o verdura, ingieres fibra, y la subida de azúcar es más suave porque no lo absorbes inmediatamente. Sin embargo, cuando bebes un refresco o un zumo, el subidón es inmediato, tu páncreas se ve obligado a segregar insulina y el hígado convierte el azúcar en grasa. Los niveles altos de insulina bloquean además la sensación de saciedad (comes más) y te hace sentirte cansado (te mueves menos). Por eso se dice lo de que "una caloría no es una caloría", o se etiquetan como "calorías vacías" las de los azúcares añadidos.
La gran industria alimentaria insiste en lo contrario, con mensajes del tipo "todas las calorías cuentan". Niega las evidencias científicas sobre la relación del consumo de sus productos con la obesidad, apoyándose en estudios financiados por ella misma. Torpedea con todos los medios a su alcance cualquier intento gubernamental de poner coto a la publicidad o a la presencia de comida y bebida basura en los colegios. Y defiende la actividad física como "estilo de vida saludable", como si el sedentarismo fuera la única causa de la epidemia.
"Los intereses de la industria están fuertemente ligados a que consumamos más cantidad de sus productos, y el azúcar es un ingrediente clave para dar sabor a los alimentos", asegura Basulto. "Una investigación de la doctora Cristin Couzens reveló que las tácticas que utiliza la industria del azúcar para que consumamos sus productos son muy parecidas a las que usaron las grandes tabacaleras, hasta que se regularon por la vía legal. Pero no sólo lo dice ella: Margaret Chan, directora general de la OMS, declaró en su discurso de apertura de la 8 ª Conferencia Mundial de Promoción de la Salud que tanto Big Soda como Big Food (grandes corporaciones alimentarias que venden bebidas azucaradas o alimentos altamente calóricos) 'temen la regulación' y se protegen haciendo lo mismo".
Los momentos más cómicos (por decir algo) de Fed up comparan lo que hacía la industria tabaquera en los cincuenta y sesenta y lo que hace ahora la alimentaria. Muestra dos anuncios similares de los Picapiedra, uno antiguo de tabaco y otro reciente de cereales, además de otros ejemplos publicitarios de vender los cigarrillos como algo "sano". Las intervenciones de los representantes de las multinacionales del tabaco y de la comida ante las autoridades estadounidenses son calcadas: las mismas negaciones... y el mismo cinismo. Después de ver las toneladas de publicidad dirigida a los críos de productos rebosantes de azúcar, y la desesperación de las familias que aparecen en el documental en su lucha contra la gordura, te preguntas lo mismo que uno de los participantes en la película, el senador Tom Harkin: "¿Cómo puede esta gente dormir por la noche?".
Ayer, tabaco. Hoy, cereales azucarados.
Tanto en Estados Unidos como en Europa, el Big Food promueve que el debate se deslice al terreno de la libertad individual, un territorio muy grato a los medios conservadores. "Lo que como es responsabilidad mía y nadie me va a decir qué". Ahora bien, no parece interesarle demasiado un consumidor libre informado de verdad. Julio Basulto me cuenta cómo participó junto a otros investigadores en un estudio cuyas conclusiones apoyaban las etiquetas en semáforo, según la cantidad alta (naranja), media (amarillo) o baja (verde) de calorías, azúcar, grasa, grasa saturada y sal del alimento. "Pero, cómo no, a la industria no le parece bien", afirma. "Leemos en la edición de diciembre de 2012 de la revista British Medical Journal que ha invertido 1,4 mil millones de dólares para que no vea la luz este tipo de etiquetado".
Puede que Fed up sea panfletario en algunas ocasiones y demasiado sentimental en otras. Reducir el problema de la obesidad al uso del azúcar suena un pelín simplista, y desde luego se echan en falta más voces de la industria que den su versión (muchas grandes multinacionales de la comida se negaron a hacer declaraciones). La asociación estadounidense que las agrupa, la GMA, promovió una web en la que se rebaten algunos de los datos que ofrece la película, y se subrayan los esfuerzos por reducir la cantidad de calorías en sus productos. Pero en cualquier caso, el documental es ante todo una bofetada en la cara para que empecemos a pensar en lo que comemos y en la gravedad del problema al que nos enfrentamos. Como bien dice Laurie David, "estamos viviendo la crisis sanitaria más grande de la historia, y no estamos haciendo demasiado contra ella".
La droja del refresco. / FED UP
Habrá quien piense que esta historia es cosa de los yanquis, que no comen más que hamburguesas y helado mientras aquí en España seguimos con la dieta mediterránea. Pues no. Según la encuesta oficial ENIDE, los españoles tomamos del azucar añadido un 20% de la energía que ingerimos, cuando la OMS aconseja no superar el 10% y se plantea bajar la cifra a un 5%. La obesidad infantil crece más rápido que en EEUU, y tres de cada diez niños sufren de sobrepeso. Estamos engordando, y a buen ritmo.
¿Qué hacer? Evitar en lo posible los alimentos azucarados parece un buen camino. Pero para eso, primero hay que detectarlos. "Aperitivos, batidos, bollería, confitería, pastelería (aunque sea casera), repostería, horchatas, helados, postres lácteos, sorbetes, granizados… y seguro que me dejo alguno", recopila Julio Basulto. "Pese a que tiñen nuestra dieta de calorías vacías, pensamos que los consumimos 'con moderación y de forma ocasional', lo cual no es cierto. Todavía me sorprende cuando personas con las que convivo habitualmente descubren que la miel es azúcar en un 80% o que las galletas María tienen casi cuatro veces más azúcar que un cruasán".
El nutricionista da alguna pista práctica más: "Los productos con más azúcar oculto son, en general, los que se anuncian en televisión. Como expliqué en el artículo Gobierno e industria de alimentos y bebidas. Amistades peligrosas, cuando en un anuncio de un alimento vemos en la parte de abajo, en letra minúscula, un mensaje que dice algo así como 'sigue un estilo de vida saludable', podemos estar bastante seguros de que el alimento será rico en azúcar, grasa, sal o las tres cosas".
Yogurcito sano: 6,5 cucharaditas de azúcar. / FED UP
Otros productos de los que huir: zumos y bebidas energéticas. "La ingesta de zumos en niños, sean o no caseros, no cesa de aumentar, y es preocupante. Pero hay datos más alarmantes: dos de cada diez niños de entre tres y diez años consumen unos dos litros mensuales de bebidas energéticas (tipo Red Bull). De ellos, alrededor del 16% son 'altos consumidores crónicos', ya que toman unos cuatro litros mensuales. Redacté un texto para Ser Consumidor sobre este tema con un título bastante elocuente: ¿Quiere averiar la salud de su hijo? Ponga a su alcance bebidas 'energéticas'. Si esto es así con las bebidas energéticas, ya podemos imaginar qué sucederá con los mal llamados “refrescos” (deberían denominarse “bebidas azucaradas”), cuya relación con la obesidad es hoy por hoy indiscutible".
Por último, comer productos frescos o no procesados cocinados por nosotros mismos nos permitirá controlar más el consumo de azúcar, porque lo veremos si es que lo añadimos. "Es una muy buena idea, para los adultos y más todavía para los niños, en los que la mala alimentación es más preocupante (van a vivir muchos más años expuestos a nuestro entorno obesogénico)", coincide Basulto. "Si bien es cierto que un bizcocho casero tiene tanto azúcar como uno industrial, comer en casa evitando usar a menudo la comida procesada nos permite aprender a usar con destreza una importante herramienta con la que podemos modular nuestra salud: la buena alimentación".
10 Consejos Para Reducir El Consumo De Azúcar Eefinada
El azúcar refinada es uno de los productos más dañinos que podemos consumir y además tiene un perfil adictivo que la hace difícil de dejar, estos consejos te ayudarán a hacerlo.
Sabemos bien que consumir azúcar refinada perjudica la salud por varias razones además de subir de peso; esta se ha ligado a problemas cardíacos, sistema inmunológico debilitado, una especie de adicción a la dopamina que liberamos al comer algo dulce y hasta cáncer. Para evitar las azúcares hay que cambiar nuestros hábitos, más si gustamos de comer cosas dulces y estamos acostumbrados al falso sentimiento de bienestar que comer algo dulce produce en nuestro cuerpo.
El hecho es que la necesidad de comer productos con azúcar es parte de una construcción social que alaba la pasividad y destaca nuestra dependencia en una industria alimenticia que busca ocultar al consumidor los riesgos de la comida producida en masa. Aquí 10 consejos para dejar los azucarados hábitos atrás:
1) La motivación adecuada es clave: para aquellos de ustedes que necesiten un empujón para dejar de comer azúcar les recomendamos leer 7 hechos que la industria de las bebidas gaseosas y azucaradas jamás te dirán y Mujer muere por beber litros de Coca-Cola al día.
2) No bebas gaseosas o bebidas azucaradas. Trata de beber abundante agua, y si quieres comenzar de a poco, te recomiendo ir por los jugos gasificados, luego por los jugos sin gas, y al final pasar al agua, las bebidas azucaradas no hidratan el cuerpo correctamente, define tu hidratación viendo tu orina, si está muy oscura tu hidratación es mala, sin embargo si es transparente, estas correctamente hidratado.
3) No compres comida empaquetada: aunque sean bocadillos orgánicos, estas comidas tienden a tener altos niveles de azúcar y son difíciles de resistir. Reemplaza un bocadillo comprado por uno hecho en casa como verduras y frutas frescas o palomitas hechas en casa. Recomiendo amplamente el consumo de frutas y verduras, la manera más interesante de comer estos productos sin complicarte es comprando un juguero, así como los que salen en la tv, las jugueras que se les puede meter lo que sea sin problemas, como la Philips Juicer o Magic Bullet, también hay modelos de Philips que no salen en la tv, y aún así son excelentes para esto.
4) Sé sabio al comer fuera de casa: A veces la opción “sana”, como lo es una ensalada, tiene más azúcar que un plato fuerte como la carne o pollo asado. Los aderezos de restaurantes tienden a tener azúcares y grasas, si llevas el tuyo (recomendable el aceite de olivo y romero) podrás disfrutar de una ensalada sana y sin azúcares refinadas. Recomiendo comer en un lugar decente, no en Mc Donals o Burger King, por cierto, además de las técnicas malignas que tienen las empresas para que vuelvas a su restaurante, cobran mucho más los alimentos de los que valen en realidad, por lo tanto estás pagándole por destruir tu organismo.
Observa esta imágen que muestra la diferencia entre un producto natural y uno procesado y cargado de azúcares y sodio para conservarlo, y no es amarillismo, esto es real:
5) Sigue una dieta balanceada: comer muchos vegetales y proteínas bajas en grasa te hará sentir mucho más sano de una manera casi inmediata. Evita comer azúcares y harinas refinadas pero remplázalos con más fibra y proteína. Las cantidades ideales serían de 20-30 gramos de proteína y 4-5 tazas de frutas y verduras al día. Algo que sin duda puedes cumplir utilizando uan procesadora de alimentos, ahorrándote el tiempo que toma procesar manualmente estos productos, es por esta razon que la mayoría de nosotros preferimos simplemente comprar un paquete que tenga hecho lo que deberíamos hacer nosotros, y viene con una sorpresa desagradable para nuestro cuerpo.
6) No comas azúcar por dos semanas: Un reto bastante difícil que ejercita nuestro control sobre los hábitos que definen nuestra salud. Si intentas cambiar solo un poco, notarás que realmente no dejas de comer azúcar de manera significativa. Al dejar de comer azúcar re-configuramos nuestros gustos e impulsos.
7) Disfruta de alimentos atractivos sin azúcar: ver que tu comida luce bien la hará mucho más apetecible y te hará sentir mucho más satisfecho con ello, así desplazarás la necesidad de comer cosas dulces para sentirte mejor.
8) Piensa en otra cosa: Distraerte es la mejor manera de evitar pensar en que comes o no comes. Si te entretienes con algún hobby, tus antojos no serán lo único en lo que piensas. No dejes que el azúcar domine tu vida. Aquí es simple, lo ideal es que cada vez que tengas un antojo te tomes uno o dos vasos de agua y comiences a realizar una actividad que ocupe tu mente lo más posible, sea por ejemplo hacer algún deporte, jugar juegos, leer, etc, y te digo más, sólo basta con 15 a 30 minutos para que la sensación engañosa de hambre que dan los alimentos procesados se vaya, necesitas soportar eso y estarás mucho mejor, no es hambre lo que sientes, es el adictivo de los productos.
9) Hazlo con un amigo: Esto sin duda es lo mejor que hay. Seguir una dieta con un amigo/conocido/familiar/mascota te ayudará a cumplirla. La solidaridad nos hace exigir más de nosotros mismos para no fallarle a la otra persona.
10) Educa a las siguientes generaciones: Enseña a los pequeños que el azúcar no tiene por qué ser un premio, inculcarles una alimentación sana y balanceada será mucho más efectivo si lo haces antes de que se vea reflejado en sus hábitos —o peor su salud.