Hola linces y lincesas de la vida!!
Juli tiene 27 años y hace 25 años sufrió meningoencefalitis herpética, una enfermedad que le atacó el cerebro.
Terminó con una discapacidad y una epilepsia que NADA podía controlar. Probaron con todas las pastas que existen pero nada le podía frenar la epilepsia. Era terrible: pasar un mate se podía convertir en una quemadura y caminar por la casa le podía llegar a costar un par de dientes.
La vida de ella y de su familia no era la mejor. Había que estar muy pendiente de ella. Hasta que decidieron probar con aceite de cannabis y ahí su vida cambió.
“Cuando empezó con este tratamiento sus ataques bajaron un 70 por ciento. Además, está muchísimo más despierta porque le pudimos bajar la cantidad de drogas anticonvulsionantes que le dábamos”, nos cuenta Ana García Nicora, su mamá y fundadora de Cannabis Medicinal Argentina (CAMEDA)
El aceite de cannabis que usa Juli es importado y cuesta 275 dólares por frasco de 100 ml. Cada uno le dura unos tres meses tomándolo tres veces por día en dosis mínimas.
El aceite se hace en Colorado, un estado de Estados Unidos en donde la marihuana es legal, y es fuerte en cannabidol (CBD), uno de los componentes de la marihuana que sirve como medicamento, y muy bajo en THC, la sustancia que hace que quedes loco.
Conseguir este aceite no es nada fácil ni barato. El año pasado lo quisieron comprar por primera vez entre varias familias con situaciones parecidas e hicieron un pedido que nunca llegó. La ADUANA no lo dejó pasar por tener cannabis.
Ahí Ana decidió armar CAMEDA y luchar para legalizar la marihuana medicinal.
“Nosotros esperamos que acá no pese la ideología. Nosotros estamos atravesados por el dolor, no por ideologías. No importa que piense cada uno, solo queremos que nuestros hijos estén mejor”.
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