Una pequeña historia con moraleja que escribí hace poco. Espero les guste =P
Guarda que empieza.
Un hombre recorría el camino de su vida, tranquilo y sin apuros, cuando se encontró con una bifurcación. A un costado del camino, se hallaba un anciano, sentado sobre un cajón, con una pinta de cerveza en la mano y fumando de una gran pipa. El hombre se le acercó, pues no sabía que camino elegir, y como era la única persona cerca, supuso que podría ayudarle.
-Anciano, disculpe que le moleste, pero, ¿podría decirme qué camino tomar para continuar mi vida?
El anciano levantó su mirada y clavó sus ojos en el hombre. Soltó una bocanada de humo, bebió un trago, y le respondió.
-Joven, este es el camino de tu vida.
-Ya lo sé.
-Y ésta es una bifurcación.
-Pues, sí, lo noté.
-Es una decisión.
-Creo que eso es algo bastante obvio.
-No, no. Lo que me refiero, es que esta bifurcación es una decisión en tu vida. Una decisión DE tu vida, mejor dicho.
-¿Qué quiere decir?
-Éste camino -el anciano señalo al camino de la derecha- es muy arenoso. Te costará caminar con facilidad. También hay muchos lobos y demás animalejos que podrían atacarte. También es muy largo. Es tan largo, que ni siquiera estoy seguro de lo que haya al final de él. Puede que llegues a tu hogar, con tu familia. Puede que llegues a la guarida de unos ladrones, y te asesinen. Puede que llegues a un gran castillo, y que vivas rodeado de lujos. No lo sé.
-¿Qué hay del otro camino?
-Ese camino es muy usado. Su tierra está compactado, así que no creo que te cueste moverte allí. También hay muchos árboles con frutos, por si te da hambre. Y un lago a medio camino, para que te limpies los pies. Si no me equivoco, por allí hay una taberna. En un día llegarás al reino, y podrás vivir tranquilamente allí. De eso estoy seguro, si, señor.
El hombre lo pensó un buen rato. Podría elegir el camino de la derecha, y llegar a donde llegue, sabiendo que trabajo por ello. O podría elegir el de la izquierda, y vivir una buena vida sin hacer gran esfuerzo. Él no pretendía esforzarse para ser un gran hombre, sólo quería vivir decentemente, aún si nunca lo mencionaran en la historia. Era un hombre humilde, y no muy ambicioso. Sin embargo, el camino de la izquierda implicaba que no se esforzaría por casi nada. Sólo tendría que estirarse para conseguir una manzana, no debería plantar el árbol, regarlo, y cuidarlo hasta que dé frutos.
Luego de debatir consigo mismo, llegó a la conclusión que lo mejor sería tomar el camino de la izquierda, pero intentar trabajar lo mejor posible para hacerlo mejor. Se despidió del anciano y se marchó por la izquierda.
Caminó un buen tramo, y encontró a un pequeño conejo con la pata lastimada, gimiendo al costado del camino. Decidió, entonces, cumplir su palabra: Curaría al conejo para que éste pueda vivir bien. Abrió su cantimplora y usó el agua para limpiarle la pata herida a la criatura. Luego, rasgó un poco de sus ropas para envolverle la pata. Cuando terminó, acarició al conejo , quien se fue cojeando hacia el bosque. Entonces, oyó un ruido detrás de él, y se volteó.
Delante de sus ojos, se erguía un jodido troll de montaña. Con un gran mazo. Y no sólo eso. Era un zombie. Un jodido troll de montaña zombie. El hijo de puta le dió un mazazo en las costillas, tirandolo al costado del camino, incapaz de hacer nada. El troll culiado se le acercó, lo tomo de la pierna y empezó a comérselo.
Moraleja: Todos pueden olvidar detalles importantes, pero los ancianos tienden a hacerlo con mayor frecuencia. Sobre todo si fuman y beben.
Guarda que empieza.
Un hombre recorría el camino de su vida, tranquilo y sin apuros, cuando se encontró con una bifurcación. A un costado del camino, se hallaba un anciano, sentado sobre un cajón, con una pinta de cerveza en la mano y fumando de una gran pipa. El hombre se le acercó, pues no sabía que camino elegir, y como era la única persona cerca, supuso que podría ayudarle.
-Anciano, disculpe que le moleste, pero, ¿podría decirme qué camino tomar para continuar mi vida?
El anciano levantó su mirada y clavó sus ojos en el hombre. Soltó una bocanada de humo, bebió un trago, y le respondió.
-Joven, este es el camino de tu vida.
-Ya lo sé.
-Y ésta es una bifurcación.
-Pues, sí, lo noté.
-Es una decisión.
-Creo que eso es algo bastante obvio.
-No, no. Lo que me refiero, es que esta bifurcación es una decisión en tu vida. Una decisión DE tu vida, mejor dicho.
-¿Qué quiere decir?
-Éste camino -el anciano señalo al camino de la derecha- es muy arenoso. Te costará caminar con facilidad. También hay muchos lobos y demás animalejos que podrían atacarte. También es muy largo. Es tan largo, que ni siquiera estoy seguro de lo que haya al final de él. Puede que llegues a tu hogar, con tu familia. Puede que llegues a la guarida de unos ladrones, y te asesinen. Puede que llegues a un gran castillo, y que vivas rodeado de lujos. No lo sé.
-¿Qué hay del otro camino?
-Ese camino es muy usado. Su tierra está compactado, así que no creo que te cueste moverte allí. También hay muchos árboles con frutos, por si te da hambre. Y un lago a medio camino, para que te limpies los pies. Si no me equivoco, por allí hay una taberna. En un día llegarás al reino, y podrás vivir tranquilamente allí. De eso estoy seguro, si, señor.
El hombre lo pensó un buen rato. Podría elegir el camino de la derecha, y llegar a donde llegue, sabiendo que trabajo por ello. O podría elegir el de la izquierda, y vivir una buena vida sin hacer gran esfuerzo. Él no pretendía esforzarse para ser un gran hombre, sólo quería vivir decentemente, aún si nunca lo mencionaran en la historia. Era un hombre humilde, y no muy ambicioso. Sin embargo, el camino de la izquierda implicaba que no se esforzaría por casi nada. Sólo tendría que estirarse para conseguir una manzana, no debería plantar el árbol, regarlo, y cuidarlo hasta que dé frutos.
Luego de debatir consigo mismo, llegó a la conclusión que lo mejor sería tomar el camino de la izquierda, pero intentar trabajar lo mejor posible para hacerlo mejor. Se despidió del anciano y se marchó por la izquierda.
Caminó un buen tramo, y encontró a un pequeño conejo con la pata lastimada, gimiendo al costado del camino. Decidió, entonces, cumplir su palabra: Curaría al conejo para que éste pueda vivir bien. Abrió su cantimplora y usó el agua para limpiarle la pata herida a la criatura. Luego, rasgó un poco de sus ropas para envolverle la pata. Cuando terminó, acarició al conejo , quien se fue cojeando hacia el bosque. Entonces, oyó un ruido detrás de él, y se volteó.
Delante de sus ojos, se erguía un jodido troll de montaña. Con un gran mazo. Y no sólo eso. Era un zombie. Un jodido troll de montaña zombie. El hijo de puta le dió un mazazo en las costillas, tirandolo al costado del camino, incapaz de hacer nada. El troll culiado se le acercó, lo tomo de la pierna y empezó a comérselo.
Moraleja: Todos pueden olvidar detalles importantes, pero los ancianos tienden a hacerlo con mayor frecuencia. Sobre todo si fuman y beben.