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Trabajos que dejaron de existir hace años..

Offtopic•1/30/2015



Trabajos que dejaron de existir hace años..





Avisadores de la presencia aviones enemigos. Antes del radar, las tropas utilizaban espejos acústicos y dispositivos como estos para enfocar y detectar el sonido de las aeronaves que se aproximaban.





Cazadores de ratas. Fueron empleados en Europa para controlar la población de ratas. Corrían grandes riesgos de sufrir infecciones, pero ayudaron a prevenir la propagación de estos roedores y de las enfermedades que transmitían.





Colocador de bolos. Eran muchachos jóvenes, que trabajaban en las bolereas recogiendo los pinos que los clientes derribaban.





Despertador humano. Eran esencialmente las actuales alarmas, contratados para asegurarse de que la gente se despertara a tiempo para ir al trabajo. Usaban palos o piedras para llamar a las puertas y ventanas de sus clientes.





Cortador de hielo. Antes de que las tecnologías de refrigeración modernas se generalizaran, se podía encontrar a cortadores de hielo en los lagos congelados de los países nórdicos para que la gente pudiese utilizarlo en sus bodegas. Era un trabajo peligroso, a menudo en condiciones extremas.





Farolero. Personas que iban por la ciudad con un palo largo con una mecha en el extremo superior para encender las luces de las farolas, hasta que llegaron las lámparas eléctricas.





Conductor de troncos. Antes de que la tecnología o las infraestructuras fueran lo suficientemente avanzadas para el transporte de troncos en camión, estas personas flotaban sobre la madera, conduciéndola a través de ríos, para llevarla a los aserraderos.





Los operadores telefónicos. Los telefonistas eran una parte integral del funcionamiento de una red telefónica antes de que la tecnología moderna los volviera obsoletos. Conectaban las llamadas de larga distancia y tenían otras funciones que ahora se hacen de forma digital.





Los resurreccionistas, conocidos como 'ladrones de cuerpos', fueron contratados en el siglo XIX para retirar los cadáveres de las tumbas para que las universidades los utilizaran en sus estudios. Los cuerpos eran difíciles de obtener por medios legales, por lo que las universidades tuvieron que recurrir a otros métodos para obtener cadáveres para llevar a cabo sus estudios científicos.





Las lavanderas eran las profesionales especializadas en el lavado de la ropa, siendo uno de los oficios más duros, dentro de los que se prestaban a los hoteles y veraneantes, por personas del exterior. En ocasiones se simultaneaban con labores de planchado. Hasta finales del siglo XIX o principios del XX, la limpieza de las ropas se llevaba a cabo en las orillas de los ríos y riachuelos.





El afilador, también llamado amolador, era un comerciante ambulante, que ofrecía sus servicios de afilar cuchillos, tijeras y otros instrumentos de corte. Antiguamente, incluso eran reparadores de paraguas.





Se llama aguador o aguatero a la persona que vende y distribuye agua entre la población. El aguador era una profesión muy popular en épocas en que no estaba generalizado el suministro de agua corriente.





Hace un siglo, en todas las zonas rurales era común ver la figura del carbonero, oficio ahora en vías de extinción, cuyo trabajo consistía en cubrir totalmente enormes pilas de leña con musgo y ramas tiernas, la carbonera. Luego prendía la leña, y dejaba que se quemara durante días. Luego, subía hasta la cima de la pila y pisaba.





La imagen del mielero–quesero, vestido con su típico mandil o guardapolvos de color gris, y zapatillas de esparto, y que transportaba en la mano una orza de barro que la mantenía mediante una cuerda, y que hundía en el recipiente en el que llevaba la miel. Así mismo llevaba dos talegos o talegas de tela similar a del los guardapolvos, en ella transportaba los quesos. Traía únicamente queso manchego, unos más curados, otros menos, pero solo esta clase de queso.





Quien no recuerda las películas españolas de los años 60 cuando el protagonista llegaba a su portal, daba unas palmadas e inmediatamente llegaba el sereno. Esta figura que ya ha desaparecido de nuestras ciudades, sustituidos por los porteros automáticos y los guardias de seguridad. Era el encargado de vigilar las calles y regular la iluminación en horario nocturno; y, en algunos casos, de abrir las puertas. Solía ir armado con una porra o chuzo, y usaba un silbato para dar la alarma en caso necesario.





Hasta los años 60, el hielo era casi un artículo de lujo, pues, hasta que no se generalizó el uso de los frigoríficos en los hogares, solo se vendía por grandes bloques o por pedazos. Para el uso diario se compraba al vendedor callejero de hielo o hielero, que con un carro con una mula iba dejando un rastro: el agua que se filtraba por la mesa, cuando el enorme bloque de hielo empezaba a derretirse por el calor, a pesar de ir sobre una gruesa capa de aserrín y cubierto con una carpa plástica o más adelante en un cajón forrados por dentro en latón.





Desde el siglo XVIII se definió el oficio de trapero como “el que anda recogiendo trapos arrojados a la calle, que lavados sirven para fabricar papel”. Su actividad ya aparecía regulada en Aragón desde el siglo XV.
La principal actividad de los traperos, también conocidos como ropavejeros, estaba relacionada con la compra de trapos viejos, suelas de alpargata, lana, etc. Con su burro cargado de pucheros de tierra, platos de porcelana, botijos, tarteras, cazuelas de barro… intentaban vender o cambiar estos por trapos viejos, pieles de conejos, lana vieja y cartón. Generalmente se colocaban estratégicamente en plazas y callejones, aunque en algunos pueblos establecían su espacio de compra-venta a la entrada.





En el siglo XIX la tripulación de los tranvías estaba formada por el mayoral o cochero y el conductor o cobrador. Tuvo probablemente, sus orígenes en los omnibuses del siglo XIX, ante la necesidad de poder cobrar el viaje en los breves trayectos urbanos.
El cobrador de tranvia era el empleado más próximo a los usuarios, y de su buen hacer dependía la correcta marcha del mismo.





Los puestos de pipas y caramelos han sido una imagen tradicional en las calles de Madrid, hoy desaparecidos. Los piperos desarrollaban su trabajo a la intemperie, soportando frío y lluvia en invierno y calor en verano, protegiéndose de estas inclemencias con plásticos y paraguas o sombrillas.
El puesto constaba de una pequeña banasta de cestería apoyada en un pequeño taburete y la persona que estaba al frente se sentaba bien en el escalón de algún portal o bien en una silla de tijera.





El oficio de colchonero es un oficio artesanal y ambulante. El colchonero era un hombre que recorría las casas, previo encargo, para elaborar o rehacer colchones de lana de oveja. Aunque el proceso parece sencillo, llevaba su tiempo, tres o cuatro horas, dependiendo del tamaño del colchón. Primero era necesario preparar la lana. Para ello, esta era levantada y golpeada con dos bastones de castaño o boj, produciendo un sonido muy característico, con el fin de hacer saltar la suciedad y que quedase bien blanda.





Entre los oficios más comunes que ya no se ve con la frecuencia de están los lecheros, trabajadores encargados de repartir la leche en las casas, que pasaba cada mañana por las calles vendiendo, a veces directamente del animal, botellas llenas para sus clientes.





El motero ya desapareció con su característico grito "motemei", que anunciaba el vendedor por la calles. En sus inicios, la llegada del motero anunciaba el inicio de la temporada de de cosecha, pero luego solo vendía su mote de maíz. La medida usaba el motero era una taza grande de loza.





Antes de la construcción masiva de puentes para cruzar los ríos que cruzan el país, los comerciantes que debían recorrer diversas ciudades y pueblos para entregar sus productos se encontraban con el problema de los ríos. Para eso estaban los vadeadores, hombres encargados de ayudar a cruzar las carretas y personas de una orilla a otra, que con su conocimiento del lecho del río, indicaba con precisión el rumbo a seguir.





Limpiar las chimeneas antes del comienzo de la temporada invernal era una labor realizaban los deshollinadores, como su nombre lo indica, debían limpiar el hollín de los buitrones, para esto, cada otoño se subían a los tejados de las casas y demoraban casi un día completo a limpiar cada chimenea para que pudiera ser utilizada durante los días de frío. Con el tiempo, las personas comenzaron a cambiar sus sistemas de calefacción por otras fuentes de energía como kerosene, gas o eléctrica, lo que eliminó la fuente de trabajo.





Por su parte, las zurcidoras de medias se encargaban de remendar los hilos y elásticos cuando se le "corría un punto", este oficio se vio opacado por el bajo costo actual que tienes las pantys y el poco interés que existe por repararlas en vez de cambiarlas por unas nuevas.





Otro oficio que se vio desplazado por la facilidad con que se cambian los productos ahora es el componedor de paraguas o paragüero que pasaba por las casas arreglando las sombrillas. Actualmente, las personas prefieres botar a la basura sus paraguas cuando se rompen en vez de arreglarlos, principalmente por el bajo costo al que se pueden adquirir ahora.



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