UNA LUZ EN MEDIO DE LA OSCURIDAD
Imagina un día triste, desolado, sin esperanza… hasta que aparece un pequeño rayo de luz que te ilumina. Ese rayo bien podría ser Ori and the Blind Forest, un videojuego que ya admirábamos por su incontestable encanto audiovisual y que ahora también querremos por su poderosa jugabilidad. Bonito envoltorio y bonito interior. La luz se impone en la escena "indie" con un título encantador.
Hay muchas cosas que pueden ilusionarte de esta industria: el regreso de un personaje muy esperado, un videojuego procedente de esa compañía que tanto te gusta, un proyecto con tantas "A" en su producción que no articulas palabra... Sin embargo, seguro que antepones una cosa a cualquier nuevo título que se precie: que sea capaz de sorprenderte. Por suerte, aún existen trabajadores no sólo con voluntad de hacerlo, sino también con la destreza para conseguirlo.
Ori and the Blind Forest es una luz en medio de la oscuridad, la historia de un heroico ser cuya misión para salvar un bosque de las tinieblas podría ser una metáfora del rayo de luz que se ha proyectado hoy sobre este mundillo que tanto nos gusta. Los horripilantes monstruos con que nos encontramos son los tipos que quieren anteponer los beneficios a la inspiración creativa; la desolación de su entorno una representación de lo que sería de nosotros sin lanzamientos de esta naturaleza.
Los creadores de tal gesta han sido los trabajadores de Moon Studios, una compañía independiente, sin gran historial, que partió de una simple pero potente idea: "hacer el videojuego que a ellos mismos les gustaría jugar". Una filosofía que no se aleja de la que defienden muchas productoras, pero la clave está en mantenerse fiel a la idea y saber ejecutarla. Ellos han podido, y como consecuencia tenemos una brillante aventura de plataformas, diseño metroidvania, ideas muy genuinas y un apartado visual que enamora. Es hora de adentrarse en un bosque tan encantado como encantandor.
El árbol de la vida
No hacen falta historias enrevesadas para levantar un gran videojuego. Ori and the Blind Forest parte de una premisa muy sencilla y recurrente: la lucha entre luz y oscuridad. Hay un bosque que se muere, en particular su árbol principal, y sólo existe un ser capaz de revertir la situación. Nosotros nos ponemos en el lugar de ese particular héroe, una criatura huérfana, desamparada pero destinada a salvar el que una vez fue su hogar. Una narrativa nostálgica, de regreso, salvación y esperanza: así es a grandes rasgos un guión que más que dirigir la acción, inspira al jugador.
Estamos solos en el mundo, solamente acompañados por los horripilantes seres surgidos a partir de esta catástrofe. La soledad es nuestro único compañero de viaje, uno que hace el recorrido más íntimo, algo así como una experiencia sensorial que arranca en lo audiovisual y termina en las mecánicas de juego. El título logra trascender en ocasiones la categoría de simple videojuego para convertirse en algo especial. Su atmósfera, que parece sacada de una película de animación clásica -de esas que se realizaban con dibujos a mano-, se convierte en uno de los grandes baluartes de esta producción gracias a un apartado audiovisual sobrecogedor.
Su narrativa nostálgica, de regreso, salvación y esperanza, más que dirigir la acción, inspira al jugador
Viendo este videojuego en movimiento, a uno a veces le sienta hasta mal que le digan que este entretenimiento no tiene mucho de arte. Los diseños originales, los creados por los artistas para plantear el título, están plasmados tal cual, como si se tratase de un lienzo interactivo. Es este el aspecto más sorprendente de la obra, el perderse por los diversos escenarios que pueblan este sugerente mundo, con entornos que van de la majestuosidad natural a la bella decadencia. Todo acompañado de animaciones muy suaves, brillantes efectos visuales y una banda sonora pocas veces protagonista, pero sumamente inmersiva.
No obstante, lo mejor es que Ori and the Blind Forest ha sorteado uno de los mayores peligros que temíamos: no es un juego con bonito envoltorio y regular contenido. Lo que encontramos en su interior es un auténtico caramelo jugable, uno que además se puede prolongar desde las 6 a las 10 horas aproximadamente gracias a su cuidado diseño metroidvania. Son varios los espacios de este bosque encantado, y podremos ir y volver para pasarnos por todos esos rincones que habíamos olvidado.
Es una epopeya de exploración que cuenta con diseños laberínticos. Tanto, que tenemos hasta nuestro propio mapa, ideal para encontrar objetos perdidos. Pero lo mejor está sin duda en la dificultad, en el hecho de tener que enfrentarnos a enemigos apretando el botón X para fulminarlos con rayos desde una cierta distancia. Simple pero efectivo y muy adictivo: un esquema que no os sorprenderá pero que cumple su función al integrarse con un sistema de mejoras interesante, así como un esquema de guardado poco tradicional.
Un videojuego que nos hará repetir jugada y clamar al cielo, pero siempre con la satisfacción que provoca el superar los retos propuestos
A medida que acabamos con las terroríficas criaturas del juego vamos acumulando energía que revierte en la posibilidad de usar puntos de habilidad para obtener mejoras relacionadas con el daño que infringimos o que recibimos, entre otras propuestas. Esto nos ayuda a seguir adelante, así como el aprendizaje de diversas técnicas: doble salto, escalar, flotar en el aire… Esto otorga frescura a cada instante, tanto en el sentido de que podemos volver a zonas antes inaccesibles, como al hecho de que la jugabilidad se renueva progresivamente.