-La otra mitad del post.
Después de 1810
El Virreinato del Río de la Plata era muy grande. Había mucho que hacer y muchas decisiones que tomar. Entre los hombres que asumieron el gobierno comenzó a haber diferentes opiniones y estas diferencias los enemistaron. Ya en 1810 comenzaron los enfrentamientos que marcarían por muchas décadas la historia de los argentinos.
Centralistas y federales
Otro gran tema que dividió a los dirigentes era la cuestión del lugar que tenían las provincias en el gobierno. ¿ Buenos Aires debía tomar las decisiones por todo el país? Los centralistas pensaban que sí. Buenos Aires siempre había sido la “hermana mayor” y, según ellos, debía seguir siéndolo. Había demasiado que decidir, consultar a las provincias “complicaba” las cosas, según ellos. Por el contrario, los federales creían que las provincias debían participar en las decisiones y mantener sus derechos en sus territorios.
Juntas y triunviratos
Estas peleas por tener poder y por la manera de ejercerlo dieron como resultado una larguísima serie de problemas y permanentes cambios de gobierno. Los saavedristas de la Primera Junta triunfaron y lograron formar una Junta Grande, incluyendo a representantes de las provincias. Los morenistas, que no querían otra junta sino un congreso que declarara la independencia, fueron echados del gobierno.
Dentro de la Junta Grande también hubo peleas. Pronto se volvió un organismo lento e ineficiente. Entonces ella misma creó un grupo de tres hombres para agilizar el gobierno: el triunvirato. Al poco tiempo este triunvirato desplazó a la Junta que lo había creado y se volvió conservador y centralista. Pero, en cuanto pudieron, los morenistas volvieron a escena, más fuertes que nunca. Ayudados por las logias secretas que apoyaban la independencia americana echaron al Primer Triunvirato e instalaron un Segundo Triunvirato. Era octubre de 1812.
* MANUEL BELGRANO : “Sirvo a la patria sin otro objeto que el de verla constituida, y éste es el premio a que aspiro. (…) Para el bien de la patria, ni para el buen servicio mío, hallo conveniente el honorífico título de Capitán General, y no veo en él sino más trabas para el trato social, mayores gastos y un aparato que nada importa sino para la vista del vulgar, por cuyas razones V.E. me permitirá, haciéndome una gracia, que no lo use, contentándome únicamente con las facultades que me revisten por el cargo que ejerzo. (…) Expuse que no era conveniente para la patria, porque es para aumentársele gastos con el sostén de una escolta que a nada conduce, pues el que procede bien nada de esto necesita, ni tampoco para mi buen servicio, porque es una representación que me privaría de andar con la llaneza que acostumbro y me aumentará también gastos que no es posible soportar”. (Oficio de Belgrano al Segundo Triunvirato, renunciando al grado de Capitán General con que quisieron premiarlo después de la batalla de Tucumán. Tucumán 31 de octubre de 1812).
La Asamblea de 1813
Ya había pasado más de dos años desde la Revolución de Mayo y el país seguía sin rumbo fijo. Con el Segundo Triunvirato volvieron las esperanzas y los ideales revolucionarios. Este nuevo gobierno convocó a una Soberana Asamblea General Constituyente. “Soberana”, porque no iba a rendir cuentas ante nadie, ni siquiera ante el rey de España. “General”, porque la integrarían dirigentes de todo el país. “Constituyente”, porque debía declarar la independencia y dictar una constitución.
La Asamblea se reunió en enero de 1813 y tomó importantes decisiones que fomentaban la independencia y la libertad de los habitantes del país: instituyó el escudo y el himno de la Nación, declaró libres a los hijos que tuvieran los esclavos, eliminó privilegios de clases, etc. Pero la Asamblea no pudo ser ni General ni Constituyente. No asistieron a sus reuniones todas las provincias, debido a nuevas peleas internas. Se presentaron muchos modelos de Constitución pero ninguno se aprobó. La declaración de la independencia siguió postergándose. No eran muchos los que tenían poder de dirigir el país. Sin embargo, no se ponían de acuerdo. Cada sector parecía defender nada más que sus propios intereses. Estos fracasos no sólo decepcionaban a muchos criollos sino también a muchos extranjeros. Los países europeos que en un principio pensaban en apoyar al Río de la Plata comenzaban a desconfiar de los hombres de esta tierra. Por obra de la Asamblea el día 25 de mayo se transformó en fiesta patria, que comenzó a celebrarse desde 1813.
* RENUNCIAS: “Cuando reflexiono que nada hay más despreciable para el hombre de bien que el dinero o las riquezas, y que adjudicarlos en premio, no sólo son capaces de excitar la avaricia de los demás, haciendo que subroguen el bienestar particular al interés público, (…) he creído propio de mi honor y de los deseos que me inflaman por la prosperidad de mi patria, destinar los expresados cuarenta mil pesos para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras”. Manuel Belgrano (Respuesta de Belgrano a la Asamblea del Año XIII, el 31 de marzo de 1813, cuando el gobierno quiso recompensar a los vencedores de la batalla de Salta).
La Logia Lautaro
La Asamblea del Año XIII creó una nueva forma de gobierno que trajo más problemas al país. A fines de 1812 la Revolución revivió. Dos hombres fuertes llegaron al país: José de San Martín y Carlos de Alvear. Con ellos comenzó una nueva etapa.
San Martín y Alvear eran dos militares nacidos en el Río de la Plata pero que habían estado muchos años en Europa. Allí se asociaron a la Gran Reunión Americana. Ésta era una sociedad internacional que luchaba por la independencia de América. Tenía apoyo de diferentes países europeos, de algunos de sus políticas, comerciantes, empresarios y hombres poderosos en general, para los cuales una América libre era conveniente, por diferentes razones. La Gran Reunión Americana había apoyado la Revolución de Mayo y otros movimientos de libertad americanos. Cuando San Martín y Alvear llegaron a Buenos Aires vieron que los proyectos se deshacían. Lo primero que hicieron fue fundar una sociedad secreta aquí, una especie de “sucursal” de la Gran Reunión. La llamaron “Logia Lautaro”. Sus dos objetivos eran la independencia y una constitución republicana. Esta logia apoyó a la Sociedad Patriótica, la vieja agrupación morenista. Juntas lograron convocar a la Asamblea del año XIII.
* CARTA: “Mi corazón toma un nuevo aliento cada instante que pienso que usted se me acerca, porque estoy firmemente persuadido de que con usted se salvará la patria y podrá el Ejército tomar un diferente aspecto. Soy solo, esto es hablar con claridad y confianza. No tengo, ni he tenido, quien me ayude, y he andado los países en que he hecho la guerra como un descubridor, pero no con hombres que tengan iguales sentimientos a los míos, de sacrificarse antes que sucumbir a la tiranía. (…) Entré a esta empresa con los ojos cerrados y pereceré en ella antes que volver la espalda. En fin, mi amigo, espero en usted un compañero que me ilustre, que me ayude y quien conozca en mí la sencillez de mi trato y la pureza de mis intenciones, que Dios sabe no se dirigen ni se han dirigido más que al bien general de la patria y a sacar a nuestros paisanos de la esclavitud en que vivían”. Manuel Belgrano (Carta a San Martín . Jujuy, 25 de diciembre de 1813).
El alvearismo
La Asamblea comenzó sus sesiones con gran entusiasmo y tomó decisiones muy importantes para el país, como ya hemos visto. Pero nuevamente las peleas internas trajeron complicaciones. San Martín trabajaba para el plan original de la Gran Reunión: la liberación general de toda América. Quería un continente hermanado, respetando los derechos de las distintas regiones. Alvear no siguió ese camino. Pronto mostró que lo que él quería era hacer negociaciones políticas con los países europeos y manejar todo el país desde Buenos Aires . Consiguió que la mayoría de los asambleístas lo apoyaran. La ausencia de San Martín , ocupado en la preparación de sus expediciones libertadores, dio más ventaja aún a Alvear y sus seguidores. Una muestra de los planes alvearistas fue el caso de los diputados de la Banda Oriental. Ellos llegaron a Buenos Aires con propuestas muy claras: se debía declarar la independencia e instalar un gobierno federal, donde cada provincia mantuviera su autonomía. Estas ideas era muy parecidas a las de San Martín . Los poderosos alvearistas no aceptaron a los diputados orientales en la Asamblea.
El Directorio
En enero de 1814 los alvearistas tuvieron la oportunidad que esperaban para llevar a cabo sus planes. Las expediciones militares patriotas estaban fracasando. Los realistas amenazaban el país. Mientras tanto Fernando VII volvía al trono de España, dispuesto a recuperar sus colonias. No creía en eso de que aquí se gobernaba “en su nombre”. La inseguridad en la que, por estas razones, se vivía en el Río de la Plata fue la excusa para instalar un gobierno fuerte, centralista y unipersonal: el Directorio. Así lo decretó la Asamblea, asegurando que una sola persona tomaría decisiones más rápidas y eficaces en estos momentos tan difíciles. El tío de Alvear, Gervasio Posadas, fue elegido primer Director Supremo de las Provincias Unidas. Estas decisiones aumentaron el odio y la desconfianza que tenían las provincias contra Buenos Aires . José Artigas, el jefe local de la Banda Oriental, extendió su influencia a las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Córdoba y se declaró “Protector de los Pueblos Libres”, en oposición a los porteños. El Ejército del Norte se sublevó en protesta contra el Directorio.
Alvear director
Buenos Aires se endureció aún más. El mismo Alvear tomó entonces el gobierno en enero de 1815, reemplazando a su tío. Comenzó a actuar como si fuera un rey o un dictador, como el absoluto dueño del país. Pero nadie lo apoyó en tal exageración. Cuando ordenó al ejército porteño aplastar a Artigas, los oficiales no le hicieron caso. Alvear duró apenas unos meses en el gobierno. Tuvo que renunciar. El Cabildo de Buenos Aires se hizo cargo de la situación, algo que tampoco gustó demasiado en el interior.
La junta de observación
El Cabildo nombró a un nuevo Director. Pero para evitar otro desborde de poder creó una Junta de Observación. Este grupo de hombres debía controlar al Director y redactar un Estatuto provisorio, un ensayo de Constitución. El Estatuto fue redactado en mayo de 1815. Disponía cómo debía gobernarse el país mientras se llegara a un acuerdo y a una constitución definitiva. Era un documento que seguía la línea centralista, a favor del poder de Buenos Aires . Convocaba una vez más a un Congreso General para terminar de definir la situación del país. Los representantes de las provincias debían reunirse en la ciudad de Tucumán. Era un nuevo intento de unión y una nueva esperanza. Sin embargo había algo que siempre. Este Congreso era una convocatoria de Buenos Aires . ¿Querrían los porteños seguir dominando?
1816: situación interna y externa
Las circunstancias en las que se reunió el Congreso de Tucumán no podían ser peores. Parecía destinado a un nuevo fracaso. Años atrás, Napoleón había dominado España. Esto fue aprovechado por los patriotas americanos para realizar levantamientos en diferentes ciudades. Buenos Aires , Santiago, Bogotá y Caracas hicieron cada una su revolución en 1810. Más tarde, se pegó México. Pero, finalmente, el dominio francés se acabó. Napoleón fue vencido y sus tropas fueron expulsadas de España en 1814. El rey Fernando VII volvió a reinar. Pronto envió una gran expedición a América para recuperar sus colonias. La expedición y las tropas realistas existentes en el continente arrasaron las revoluciones de México, Venezuela y Chile y avanzaban sobre el norte argentino. En 1816, sólo quedaba en pie la revolución de Buenos Aires . Y se decía que no por mucho tiempo: el rey español planeaba enviar otra expedición poderosísima directamente al Río de la Plata. Para colmo, Fernando VII no estaba solo. A fines de 1815, los reyes de Europa, sentados nuevamente en sus tronos, firmaron un pacto: la Santa Alianza. Querían que todo volviera a ser como antes, incluido el dominio de las colonias.
Ya vimos la gran cantidad de peleas internas que arruinaron los primeros cinco años de la Revolución porteña. Para 1816 los enfrentamientos se habían vuelto más violentos. Muchos conservadores eran poderosos y querían adherir a la Santa Alianza europea. El centralismo de Buenos Aires se había afirmado con la creación del Directorio. Gran parte de las provincias, liderada por Artigas, defendía el federalismo y no aceptaba la autoridad del Director ni del Cabildo porteño. El país estaba empobrecido con la interminable guerra por la independencia.
* DECEPCIÓN: Estas coplas populares hablan de la difícil situación y el pesimismo que se vivía en el país en 1816:
La Patria está al expirar.
La libertad al caer,
el Sistema al perecer,
la Unidad al acabar,
el Despotismo al lograr,
la Venganza al conseguir,
el egoísmo al lucir
y el Español arrogante
está a gobernar constante
y el Patricio a sucumbir.
Las provincias
La palabra “provincia” se usaba en ese entonces para referirse en forma muy general a los diferentes pueblos que componían el ex virreinato. Una ciudad cabecera, más el campo que la rodeaba y alguno que otro pueblito de los alrededores podrían ser una “provincia”. Los límites de cada provincia no estaban definidos como ahora. Eran muchos más vagos. La manera de elegir sus representantes tampoco era como la actual. Se hacía una votación en la ciudad cabecera y entre los vecinos más destacados, entre los propietarios y los profesionales. No existían leyes ni hábitos que permitieran votar a todos. Catorce provincias enviaron sus representantes al Congreso de Tucumán: Buenos Aires , Tucumán, San Luis, Catamarca, La Rioja, Mendoza, San Juan, Córdoba, Santiago del Estero, Salta, Jujuy y las provincias altoperuanas de Charcas, Chochas y Mizque. La Banda Oriental seguía a José Artigas, que había rechazado la convocatoria. Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones se sumaron al rechazo artiguista y tampoco enviaron representantes. Las otras provincias que hoy tiene la Argentina no existían en esa época. La Patagonia y los bosques chaqueños estaban deshabitados u ocupados por indios, pero el hombre blanco no había avanzado todavía sobre esos territorios.
El Congreso en acción
En carruajes tirados por caballos los diputados de las provincias tardaron mucho tiempo en llegar a Tucumán. Los diputados comenzaron a llegar a Tucumán. Uno a uno se fueron integrando al Congreso. En los primeros encuentros de los diputados ya se notaba que ésta iba a ser una reunión muy distinta a la Asamblea del Año XIII. Por un lado, iba a ser menos centralista. El hecho de haber convocado al Congreso en una ciudad del interior demostraba que se intentaba respetar la participación de las provincias. Además, los diputados provinciales eran mayoría sobre los porteños. Por otro lado, este Congreso prometía ser más conservador. En la Asamblea del XIII había reaparecido los revolucionarios. Los asambleístas se llamaban entre sí “ciudadanos”, como lo habían hecho los patriotas franceses en su Revolución. Las sesiones eran apasionadas y se proponían muchos cambios repentinos. Por el contrario, estos nuevos diputados venían con un espíritu más tranquilo, más moderado. Se trataban de “señor” y, en vez de revolucionarios franceses, parecían integrantes de una tradicional corte española.
Las sesiones
El 23 de marzo de 1816 el Congreso fue inaugurado y comenzaron las sesiones. Los edificios públicos, como el Cabildo o las iglesias, estaban en muy mal estado. Por esa razón los encuentros se realizaron en la casa de una familia tucumana. Abrieron el Congreso 21 diputados y después fueron llegando más. Se dispuso que las atribuciones del organismo eran constitucionales y cada diputado presentó las instrucciones que su provincia le había dado. Se nombró un presidente para el Congreso que cambiaría por turnos. La primera decisión importante que tomaron fue la de nombrar un nuevo Director Supremo: Juan Martín de Pueyrredón. Así se dio apoyo, a pesar de las críticas federalistas, al Directorio como sistema de gobierno. Desde su cargo, Pueyrredón iba a darle su total apoyo a los planes libertadores de San Martín , que se encontraba en Mendoza preparando el Ejército de los Andes.
* EL CAMINO DE LA LIBERTAD: “¿Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia? ¿No le parece una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al gobierno de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta, más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender cuando estamos a pupilo, y los enemigos (con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos? Esté usted seguro que nadie nos auxiliará en tal situación. Por otra parte, el sistema ganaría el 50 por ciento con tal paso. ¡Animo! Que para los hombres de coraje se han hecho las empresas. Veamos claro, mi amigo: si no se hace, el Congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo éste la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero soberano, es decir, a Fernandito”. San Martín . (Carta a Godoy Cruz el 12 de mayo de 1816, instándolo a la rápida declaración de la independencia).
El 6 de julio de 1816
Los congresales recibieron en sesión secreta a Manuel Belgrano , que acababa de regresar de una misión diplomática en Europa. Querían saber lo que se pensaba en las naciones europeas sobre la Revolución de las Provincias Unidas. Belgrano manifestó que, en un comienzo, la gesta de Mayo había contado con la simpatía de los gobiernos europeos, pero que esa simpatía había desaparecido después a causa del desorden y la anarquía que reinaban en el nuevo país. Agregó que Buenos Aires y sus autoridades no debían esperar otra ayuda que la de sus propias fuerzas. Reveló además que los intentos republicanos habían fracasado en Europa y que la nueva corriente eran las monarquías constitucionales.
La independencia
Pronto se comenzó a discutir el tema de la independencia. ¿Era conveniente declararla? ¿Era el momento oportuno? Formalmente este país seguía siendo colonia española. Los gobiernos patrios seguían diciendo que gobernaban “en nombre de Fernando VII”. ¿Hasta cuándo seguirían simulando? ¿Cómo iban a gobernar en nombre del rey si él mismo mandaba tropas para aniquilarlos? Esta contradicción no se soportaba más. San Martín preparaba una expedición contra los españoles de Chile y Perú. Enviaba cartas a Tucumán pidiendo que se apuraran con la independencia, que su campaña necesitaba esa declaración, que ningún país nos iba a ayudar si no éramos capaces de tomar esa decisión. Belgrano , recién llegado de su misión diplomática por Europa, también apuraba al Congreso. El 9 de julio los congresales se decidieron: declararon formalmente que estas provincias eran independientes de España. Agregaron en la declaración que había llegado el “fin de la Revolución y el principio del Orden”.
Después del 9 de julio
La decisión de declarar la independencia fue muy importante. Pero lo más difícil vendría después del 9 de julio. “Nos, los representantes de las Provincias Unidas de Sud América, reunidos en Congreso General (…) declaramos solemnemente a la faz de la tierra que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli.” Con esta fórmula fue declarada la independencia el 9 de julio de 1816. A continuación se redactó un juramento que debían prestar todas las autoridades civiles, militares y eclesiásticas del país. En los papeles y en la palabra, el Río de la Plata ya era independiente. ¿Y ahora qué?
Los monarquistas
El siguiente paso era dictar una constitución que estableciera cómo se viviría en este país y cómo sería gobernado. Fue entonces que empezó una larga discusión sobre la forma de gobierno. En este tema los congresales se dividían en dos grupos: los monarquistas y los republicanos. Los monarquistas querían que se instalara en el Río de la Plata una monarquía, es decir que el país estuviera gobernado por un rey. Hoy nos parece un poco raro pensar en un rey instalado en Argentina. Pero en esa época no parecía tan extraño. De hecho la única república que existía en el mundo era la de Estados Unidos. La república que se había instalado en Francia gracias a su Revolución había fracasado. Todos los demás gobiernos conocidos eran monarquías. Además, una monarquía parecía más conveniente por razones internacionales. Este país nuevo y débil necesitaría ayuda de Europa. En Europa todos eran reyes. Y ninguno quería saber nada con república. Los monarquistas también creían que un gobierno más centralizado impondría orden en este país tan dividido. Manuel Belgrano estaba del lado de los monarquistas. Incluso proponía que fuera un descendiente de los Incas el que subiera al trono. Pensaba que los pueblos del interior verían a un rey indígena con más simpatía. Otros proponían un príncipe portugués y algunos un príncipe francés.
Los republicanos
En general la actitud de los monarquistas era conservadora. Sin duda proponer un rey era apoyar la continuidad de un régimen muy antiguo y tradicional. Frente a ellos estaban los más revolucionarios: los republicanos. Eran revolucionarios porque proponer un régimen nuevo, que había fracasado en Francia y que los reyes europeos rechazaban, era realmente audaz. Pero, como era de esperar, no todos los republicanos estaban de acuerdo entre sí. Dentro de ellos se dividían dos grupos: los centralistas y los federales. Los centralistas querían una república con un gobierno poderoso en la capital. Los federales querían una federación de provincias: cada una mantendría su autonomía y sus derechos regionales y entregaría sólo las cuestiones comunes a un gobierno central. Como se ve, seguían vigentes las mismas peleas que habían empezado en 1810. Y seguirían por muchos años más.
Los festejos
Al margen de estos enfrentamientos y discusiones la independencia fue una alegría para gran parte de los argentinos. La noticia se difundió por todo el país y en muchos lugares hubo festejos. La gente se reunió en el campo o en la ciudad y se armaron bailes y juegos. En la misma Tucumán hubo desfiles militares y una fiesta célebre. El 10 de julio a la noche las damas y los caballeros se encontraron en un elegante salón. Todo estaba adornado con flores y emblemas patrióticos. Hubo música y baile hasta el amanecer. Y entre todas las mujeres presentes se eligió una “reina”. La corona le tocó a la hermosa rubia Lucía Aráoz, a la que todos comenzaron a llamar “la rubia de la patria”.
Otras medidas
Una nación independiente necesitaba una bandera que la simbolizara. El 25 de julio el Congreso declaró Bandera Nacional a la celeste y blanca que había creado Belgrano en 1812. Durante cuatro años ningún gobierno la había querido aceptar formalmente. El Congreso dictó varias leyes más. Entre ellas se puede destacar la que creó escuelas de campo gratuitas. Para mantenerlas estableció un impuesto sobre cada cabeza de ganado destinada el consumo. A principios de 1817 el Congreso se trasladó a Buenos Aires y allí continuó su trabajo. Las sesiones del Congreso se hicieron públicas gracias a la impresión del Redactor del Congreso Nacional.
El Congreso hasta 1820
El Congreso siguió reunido hasta 1820. Su enfrentamiento con el interior se agravó. No todos festejaron las decisiones del Congreso de Tucumán. Había muchos grupos, incluso en las provincias que habían enviado diputados, que no reconocían la autoridad de esa Asamblea. Por supuesto los que se mantenían muy firmes en su oposición eran los artiguistas. La Banda Oriental y las provincias del litoral no creían en las intenciones del Congreso. Cuando se habló de “monarquía”, la desconfianza de los artiguistas aumentó. Ellos eran completamente republicanos. Se podía decir que las ideas originales de la Revolución de Mayo y del federalismo se mantenían entre ellos.
En Buenos Aires
A fines de 1816 llegó a Tucumán la noticia de que los españoles avanzaban sobre el norte. El Congreso decidió que era muy arriesgado permanecer allí. Además, los congresales creyeron que era conveniente estar más cerca del Director Supremo. Por estas razones el Congreso se trasladó a Buenos Aires , donde reanudó sus sesiones en mayo de 1817. Los artiguistas y otros grupos provincianos vieron en esto un nuevo gesto centralista. Se produjeron entonces levantamientos en La Rioja, Santiago del Estero y Córdoba. El gobierno central envió su ejército para sofocarlos.
* PLAYA DE 1816: Un marino inglés visitó Buenos Aires en 1816 y escribió un libro donde describe esta ciudad. Aquí va un fragmento que había de la playa frente al Fuerte. “En este lugar se bañan juntos hombres y mujeres, pero sin escándalo. Las mujeres se desvisten en la playa, en grupos, dejando a un criado para que cuide sus ropas, que dejan caer de debajo de un grande y suelto traje de baño. Penetran en el río hasta unos cincuenta centímetros de profundidad y entonces se sientan y se lavan y peinan entre ellas. Desde una hora antes de ponerse el sol hasta que oscurece, miles de mujeres se bañan y pasean por la playa con sus largos cabellos colgando hasta cerca del suelo para secárselos. (…) En los numerosos pozos que la marea deja llenos de agua se ve trabajar a cientos de lavanderas todos los días, salvo los festivos. Estas lavanderas son negras y en su mayoría esclavas. No sólo usan jabón en esta operación, sino que golpean la ropa con paletas de madera y la secan sobre la hierba.
En septiembre de 1816
El ejército portugués avanzaba a marcha forzada desde Brasil hacia la Banda Oriental. Sus objetivos no eran sólo ocupar el territorio oriental, hasta Montevideo, sino también apoderarse de Buenos Aires . En el norte del país la presencia invasora de los españoles encontraba la dura resistencia del caudillo Martín Miguel de Güemes y sus gauchos salteños. Ésta era la única fuerza de contención que impedía a los realistas del Perú y del Alto Perú reconquistar las tierras del ex virreinato y aplastar la Revolución porteña.
La Constitución
Ya en Buenos Aires , el Congreso seguía sin decidir la forma de gobierno para el país. En 1817 creó un Reglamento Provisorio, que estableció un sistema de poderes divididos que parecían republicanos. Este documento tendría vigencia hasta que se firmara la Constitución definitiva. Durante 1818 y 1819 el gobierno central insistió con sus misiones diplomáticas por Europa, buscando un príncipe europeo que quisiera sentarse en un trono en el Río de la Plata. Las misiones terminaron sin éxito. Finalmente en 1819 el Congreso sancionó una Constitución. A esa altura los monarquistas, conservadores y centralistas eran mayoría. La Constitución salió según sus tendencias. No se establecía una monarquía pero por muy poco. Los opositores dijeron que esa constitución no era más que la de una monarquía disfrazada. En ella se disponía un Ejecutivo muy poderoso (como un rey) que elegía los gobernantes y funcionarios de las provincias (una medida bien centralista). El Poder Legislativo estaba en manos de dos Cámaras. Una era la de los Senadores, compuesta por hombres distinguidos, militares y eclesiásticos. La otra era la de los Representantes, compuesta por hombres de la “clase común”. Este sistema de cámaras era notablemente aristocrático y clasista. La Constitución de 1819 fue la gota que derramó el vaso. La lucha entre Buenos Aires y el interior se volvió más feroz que nunca. Finalmente el Directorio sería vencido por los caudillos provincianos y el Congreso se disolvería en 1820. Vendrían años de permanente guerra civil en la Argentina.
Los firmantes del acta
La decisiva declaración de la Independencia estuvo en manos de estos hombres. Éstos son los 29 diputados que firmaron el Acta de la Independencia el 9 de julio de 1816:
Francisco de Laprida: Diputado por San Juan. Según los turnos mensuales rotativos le tocó ser Presidente del Congreso el mes que se declaró la Independencia. Era abogado. Había vivido varios años en Buenos Aires . Su tendencia era centralista.
Manuel Acevedo: Diputado por Catamarca. Era sacerdote. Durante la discusión de la forma de gobierno defendió la monarquía. Apoyó a Belgrano en su propuesta de coronar a un descendiente de los Incas.
Tomás de Anchorena: Diputado por Buenos Aires . Era Doctor en Leyes. Se opuso a Belgrano y a Acevedo en cuanto a la forma de gobierno. Él proponía una federación de provincias, porque un poder central y único no podría, según él, gobernar sobre gente tan diversa a lo largo de un país tan grande.
Pedro Aráoz: Diputado por Tucumán. Sacerdote y Doctor en Teología. Colaboró con Belgrano en el Ejército del Norte. Fue redactor del primer periódico de su provincia.
Mariano Boedo: Diputado por Salta. Era abogado. Fue compañero y amigo de Mariano Moreno en la Universidad de Chuquisaca.
Eduardo Pérez Bulnes: Diputado por Córdoba. Cuando el Congreso decidió trasladarse a Buenos Aires él se negó. Por esa razón fue despedido de regreso a su provincia.
José Cabrera: Diputado por Córdoba. Licenciado en Derecho. Tampoco se trasladó a Buenos Aires con el Congreso.
Pedro Castro Barros: Diputado por La Rioja. Era sacerdote. Fue Rector de la Universidad Córdoba.
José Columbres: Diputado por Catamarca. Era sacerdote. En realidad había nacido en Tucumán, donde fue ministro varias veces.
José Darregueira: Diputado por Buenos Aires . Doctor en Leyes, recibido en la Universidad Chuquisaca.
Pedro Gallo: Diputado por Santiago del Estero. Era sacerdote.
Esteban Gascón: Diputado por Buenos Aires . Nació en Oururo, Alto Perú en esa época. Era Doctor en Derecho recibido en Chuquisaca.
Tomás Godoy Cruz: Diputado por Mendoza. Tenía 25 años de edad y era el más joven del Congreso. Era bachiller en Filosofía y Leyes. Recibía las cartas que enviaba su amigo San Martín a Tucumán, apoyando la independencia, y las leía ante los congresales.
José de Gorriti: Diputado por Salta. Doctor en Derecho. Colaboró con el Ejército del Norte y dio ayuda a Güemes.
José Malabia: Diputado por Charcas. Doctor en leyes. Uno de los pocos altoperuano que pudieron llegar al Congreso.
Juan Maza: Diputado por Mendoza. Doctor en Derecho. Fue presidente del Congreso en Buenos Aires . Cooperó con San Martín en la formación del Ejército de los Andes.
Pedro Medrano: Diputado por Buenos Aires . Doctor en Leyes de la Universidad de Charcas.
José Pacheco de Melo: Diputado por Chichas (Alto Perú). Era sacerdote. Compañero y amigo de Güemes.
Juan José Paso: Diputado por Buenos Aires . Era abogado. En 1816 tenía 58 años de edad y mucha experiencia política: integró la Primera Junta, la Junta Grande, los dos Triunviratos y la Asamblea del año XIII. Fue Secretario de este Congreso y leyó el Acta de 9 de julio ante los congresales.
Pedro de Rivera: Diputado por Mizque (Alto Perú). Doctor en Derecho y militar.
Fray José Cayetano Rodríguez: Diputado por Buenos Aires . Era fraile, poeta y periodista. Le encargaron la tarea de redactar todos los días el Diario de Sesiones del Congreso, donde tenía que anotar los temas tratados, el desarrollo de las discusiones y las decisiones.
Antonio Sáenz: Diputado por Buenos Aires . Era sacerdote y abogado. Presidió el Congreso durante la sanción de la Constitución del 19.
Jerónimo Salguero: Diputado por Córdoba. Doctor en Derecho. Fue Tesorero de la Casa de Moneda de Buenos Aires en 1819.
Teodoro Sánchez de Bustamante: Diputado por Jujuy. Doctor en Leyes. Secretario del Ejército del Norte.
Mariano Sánchez de Loria: Diputado por Charcas (Alto Perú). Era abogado. Se trasladó a Buenos Aires con el Congreso.
Fray Justo Santa María de Oro: Diputado por San Juan. Fraile y Doctor en Teología. Cuando se discutió la forma de gobierno propuso consultar con todas las provincias cuidadosamente. Él, por su parte, defendió el sistema republicano, aunque en posteriores sesiones cambió de opinión y apoyó el monarquismo.
José Serrano: Diputado por Charcas. Abogado. Fue miembro de la Asamblea de 1813.
José Thames: Diputado por Tucumán. Sacerdote y Doctor en Teología.
Pedro Uriarte: Diputado por Santiago del Estero. Sacerdote y Doctor en Teología. Fue diputado de la Junta Grande en 1811.
El Libertador
El desorden reinaba en las provincias de la actual Argentina, hasta tal punto, que el día de la muerte de Belgrano (20 de junio 1820) Buenos Aires tuvo tres gobernadores. Por esos días José de San Martín preparaba un ejército destinado a liberar Chile y Perú. Atravesó los Andes, derrotó a los españoles en Chacabuco (1817) y entró victorioso en Santiago de Chile. El pueblo chileno le ofreció el Gobierno del país, pero él declinó el ofrecimiento en la persona de Bernardo O’Higgins. Los realistas continuaban, no obstante, ofreciendo dura resistencia, y en Cancha Rayada infligieron una severa derrota a las huestes argentinochilenas. Pero San Martín supo reorganizar su ejército, y el 5 de abril de 1818 cayó sobre los españoles en Maipú y obtuvo una memorable victoria que selló la independencia definitiva de Chile. Los realistas se retiraron al Perú, último bastión español en el continente. Prosiguió San Martín su campaña libertadora, para lo cual desembarcó en Pisco (Perú) en 1820. Tras sus victorias en Nazca y Pasco, entró en Lima el 9 de julio de 1821 y proclamó la independencia de este país, del cual fue nombrado Protector. El 26 de junio del año siguiente celebró la histórica entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar, el Libertador epónimo. Por diversas razones políticas no pudo San Martín residir en Chile ni en Argentina. Se embarcó para Europa, donde permaneció hasta su muerte, ocurrida el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer (Francia).
* EN EL CAMPO DE BATALLA: “Chilenos: Uno de aquellos acasos que no es dable al hombre evitar, hizo sufrir a nuestro ejército un contraste. Era natural que este golpe inesperado y la incertidumbre os hicieran vacilar; pero ya es tiempo de volver sobre nosotros mismos y observar que el ejército de la patria se sostiene con la gloria al frente del enemigo; que vuestros compañeros de armas se reúnen apresuradamente y que no son inagotables los recursos del patriotismo. Yo dejo en marcha una fuerza de más de 4.000 hombres, sin contar las milicias. La patria existe y triunfará, y yo empeño mi palabra de honor de dar en breve un día de gloria a la América del Sur”. San Martín . (Arenga al pueblo de Chile después de la derrota de Cancha Rayada el 19 de marzo de 1818).
época de la organización del Estado: