Somos tanto héroes y villanos de nuestro destino
Cambiar el destino no es nada fácil, pero tampoco es imposible. Por supuesto, tampoco es mágico y conlleva mucho dolor, el dolor de dejar atrás lo que conoces como algo "seguro" y decidir arriesgarte inclusive a fracasar una y otra vez.
En el camino habrá momentos para llorar, reír, sonreír, estar amargado, enojado, triste, alegre, austado, decidido, etc. Son nuestras emociones y eso no significa que sean malas, vivimos con ellas, seamos plenos, no tratemos de ser una imagen, o una motivación de Internet, seamos personas con momentos felices para recordar y otros tristes que nos enseñan a valorar.
Si te gusta algo que te hace crecer como persona, que te hace sentir bien contigo, y que hace de tu vida un momento memorable: ¡hazlo!
Solo tenemos una vida, independientemente de lo que creas, aprende a vivirla como si fuera la última, abraza, escribe esa carta aún cuando no la contesten, vé esa película que tanto te gustó en la infancia y quieres volverla a ver, escribe ese mensaje para aquella persona que extrañas, si no te contesta sigue tu camino, experimenta emociones, dejemos huella, no necesariamente en los demás, podemos dejar una huella en nuestros propios corazones.
Vive tu propia filosofía, deja atrás los conflictos con nuestro interior, abracemos la libertad de ser nosotros aunque sea una quimera, una ilusión: la libertad es la única cosa por la que vale la pena vivir o morir.
No escondas tu pasión por hacer algo, solo porque los demás te vean extraño, tu eres el pintor de tu destino, no renuncies nunca pero date el derecho de equivocarte. Si no puedes cambiar de la noche a la mañana, cambia en pequeñas cuotas, quien dijo que hay que hacerlo todo ¡ya!... no busques el éxito, busca ser bueno en lo que haces, el éxito es un hada mágica, llega cuando llegue, no te desesperes.
No exijas que los demás piensen como tú, pero tampoco deja ellos gobiernen tu manera de ser.
Sí, si es posible cambiar las estrellas, sí es posible cambiar nuestro destino, porque el futuro no está escrito, y si bien arrastramos nuestros pasados y nos culpamos de nuestro presente, tenemos que tener el valor de desechar aquello que no nos permite liberar nuestras cadenas para emprender el vuelo.
No es fácil, pero tampoco es imposible, y vale la pena intentarlo, aunque sea un poco cada día.