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El amor verdadero no nace o aparece, se construye

Offtopic•8/5/2016
Hablemos de amor verdadero, pero de ese amor sin envoltorio, sin artificios ni romanticismos. El auténtico y el que es capaz de perdurar en el tiempo aportando una felicidad sincera, una cotidianidad enriquecedora donde la pareja, puede crecer personalmente y en conjunto. ¿Existe el amor verdadero? Sí, pero no debemos tener como referencia el mundo del cine o de la literatura, estamos seguros de que a tu alrededor, o puede que incluso tú mismo, lo estés viviendo. Si es así, es porque ya conoces el secreto: el esfuerzo, la dedicación por construir día a día esa relación, ahí donde ambos miembros son capaces de hacer equipo y aportar sus energías por igual. Porque en ocasiones, el amor por sí solo no basta. No importa la pasión, la atracción o ese sentimiento que nos ciega y nos desborda. Una relación saludable necesita algo más que todo esto para ser auténtico y perdurable. El amor verdadero es el que aveces nos duele pero que también nos enriquece. El amor romántico no es el amor verdadero Puede que el mundo del cine y la literatura sean los grandes culpables de que muchos hayamos crecido teniendo como referencia, ese tipo de amor “romántico” visto en la gran pantalla y leído en las páginas de los libros. Grandes historias capaces de encandilarnos para hacernos soñar, falacias insostenibles que raras veces, podemos encontrar en el mundo real. “El amor romántico” no es amor verdadero, debemos tenerlo claro. Y más aún, debemos ir con cuidado de no caer en esos peligrosos mitos que en ocasiones, se encierran en el ideal del romanticismo: El amor es para siempre: Esta idea no es del todo falsa, no podemos negar que son muchas las parejas que capaces de mantener vivo su amor hasta el día de su muerte. Ahora bien, lejos de pensar que “el amor debe ser para siempre”, pregúntate primero si eres feliz hoy. Y más aún, en ocasiones, hay amores fugaces pero tan intensos, que merecen la pena vivirse por igual. Los celos son una muestra de amor: Para el amor romántico, los celos son una expresión de afecto. Sin celos no existe un amor real y sincero. La idea de los celos como muestra de amor es un riesgo absoluto, una muestra de dominación y desconfianza que edifica gran parte de esas relaciones tóxicas que vemos tan a menudo. De vez en cuando es normal sentirlos, se demuestra que no se quiere perder al otro, pero no se puede normalizar sentirlos por cualquier propósito sin razón o injustificado. El amor es pasión: Otra idea muy característica del amor romántico, el pensar que una relación sin pasión no es una auténtica pareja. Los sentimientos deben llevarse al extremo, ahí donde la sexualidad encuentra su máxima expresión, donde el afecto no tiene término medio. Un mito falso, pues como ya sabemos una relación de pareja atraviesa diferentes etapas donde a pesar de que con el tiempo, se pierde esa intensidad del inicio, sigue existiendo una intimidad y una complicidad que unen aún más a sus miembros. Los cimientos de un amor verdadero El amor verdadero no necesita artificios ni se sustenta en esa magia donde las cosas, salen bien porque “estamos predestinados”. Obviamente, ello no quita que exista esa chispa donde la casualidad, tuvo quizá gran parte de culpa de que dos personas se encuentren, pero dejando el “halo de magia” a un lado, lo que verdaderamente importa, es el día a día, ahí donde las pequeñas cosas, edifican una auténtica relación. ¿Sabes qué otras dimensiones son las que construyen un amor verdadero? Una buena comunicación, ahí donde la escucha sea sincera, donde se pueda hablar de modo democrático, llegando a acuerdos. Las fuerzas están repartidas y no hay perdedores, la balanza siempre tiende a equilibrarse y los diálogos, son continuos. Y ojo, en una buena comunicación también están presentes las discusiones, es algo normal y donde es necesario ser sinceros. Recuerda que es importante no guardarse o esconder nada, de lo contrario, más tarde, puede aparecer el rencor. Apoyo y reconocimiento. Los dos miembros se respetan y se valoran con autenticidad, reconociendo virtudes y defectos. No hay desprecios, no hay ironías ni humillaciones, la consideración es muta y se permite el crecimiento personal, a la vez, que se madura como pareja. Complicidad y cariño sincero. Es posible que con los años, perdamos esa pasión de los inicios, pero aún así, seguimos siendo felices. Una pareja saludable, feliz y satisfecha, sabe que el amor verdadero se nutre de esa complicad cotidiana donde buscarse con las miradas, donde seguir sonriendo e ilusionándonos por un futuro en común. Las cinco claves del amor verdadero son: compañerismo, fidelidad, pasión y tolerancia entre otros de los secretos que debes aprender para tener una relación duradera Empédocles decía que el amor y el odio son las dos fuerzas metafísicas de la vida, causas de todo movimiento y de toda separación y unión. En el curso de la historia, el hombre ha experimentado diferentes aspectos y formas de amor, y les ha dado nombre. Con la palabra Eros, Platón designó el amor a la belleza. Aristóteles llamó Filia al amor a los semejantes, a los pertenecientes al mismo grupo. Ágape, al contrario, es el amor cristiano incluso hacia lo que no es digno de ser amado. Ephithynia, era el factor de deseo en el amor sexual. El instinto de amar no es una entelequia, no es una idea filantrópica, el deseo de amar es una necesidad del ser humano que satisface buena parte de sus expectativas en la vida y le integra en el mundo, dando expresión a sus cualidades más positivas. Amar es el acto más generoso, aunque pueda trasformarse, en algunas ocasiones, en el más egoísta de los sentimientos hacia el otro. Cuando existe el amor entre dos personas se generan dos clases de sentimientos diferenciados, aunque el uno necesite del otro para ser completo. Al amar se satisface un ansia, un deseo de prodigar ternura y constituye una clase especial de realización. Ser amado sacia otra necesidad, el deseo individual de ser querido y apreciado. Si amar constituye una clase especial de realización, ser amado es la recompensa que se le otorga. Estos dos sentimientos pueden existir independientemente, deben ser diferentes y es necesario diferenciarlos. Amar significa anhelar a alguien, y la satisfacción de ser objeto de la ternura de otra persona tiene, sobre todo, el carácter de halago del yo y se relaciona con el sentimiento de la vanidad satisfecha., del orgullo complacido, aumenta la valoración de uno mismo. El amor es una emoción que se desarrolla a edad temprana. Cuando es positivo, constituye la base de los logros humanos y es el germen de la tolerancia, el autosacrificio, la amistad y muchas otras manifestaciones que pueden disfrutarse en las relaciones sociales. Usado negativamente y cuando se dirige hacia uno mismo, se trasforma en vanidad, egocentrismo y orgullo; distorsionado se puede trasformar en odio y unido al miedo en celos. Dentro de una relación de pareja no solo amar y ser amado es el alimento que proporciona satisfacción, también se busca la protección y la ayuda mutua, la confianza y la seguridad, sobre todo cuando ya se ha cumplido una edad madura en la que el sexo pasa a un segundo plano y se anhela, sobre todo, la estabilidad presente y futura. Para amar es necesario que sean dos y en el amor tiene que haber una elección, tal vez la más importante de todas, pues con esa persona compartiremos las responsabilidades de la vida, la casa, los hijos y nuestras penalidades y alegrías. Esta elección se puede realizar de dos formas, una puramente racional u otra emocionalmente intuitiva. Y las razones por las cuales se elige a una pareja, básicamente son: que tú la o la amas, porque el o ella te ama; porque te gusta alguien que pueda ser tu mejor amigo o porque te gusta alguien con quien pueda tener una relación sexual satisfactoria. Existen dos clases de amor: Amor de compañeros, que es una amistad amorosa entre un hombre y una mujer, basado en el afecto, la confianza, respeto, lealtad y conocimiento íntimo mutuo; y amor apasionado, que se caracteriza por su estado emocional salvaje, en el que se genera confusión de sentimientos. Hay ternura y sexualidad, júbilo y dolor, ansiedad y descanso, altruismo y celos. El amor apasionado es limitado (de 6 a 30 meses) con posibilidad de resurgir a veces. Además, hay una serie de principios por los cuales se explica cómo se forman las parejas y cuáles son los rasgos generales por los que una persona se siente atraída por otra. Proximidad. El contacto mantenido entre dos personas de forma frecuente genera confianza, de tal manera que estos dos sujetos se encuentran más cómodos y llegan a predecir el comportamiento del contrario, además, la proximidad puede crear la atracción. Sin embargo, tiene que haber un sentimiento más fuerte para que esta relación llegue a ser armónica, ya que puede resultar el efecto contrario, que esta proximidad llegue a invadir la vida privada y la relación se convierta en irritante. Apariencia física. Siempre resulta placentero observar lo que es bello y se tiende a pensar que cuando existe una envoltura bonita el interior también será igualmente bonito. La popularidad que va unida a las personas que son agraciadas físicamente, la seguridad que proporciona así como la autoconfianza, son elementos que atraen de forma importante a los demás. Características personales. No tienen por qué ser las que realmente poseemos sino las que perciben los demás de nosotros. La generosidad, sentido del humor y el buen carácter son cualidades que procuran comodidad en las relaciones. La competencia, siempre y cuando sea moderada, es otra cualidad que la gente admira, pero el perfeccionismo se percibe con rechazo, porque recuerda a los demás sus propios defectos. Similitud. Los miembros de una pareja tienden a tener características similares en cuanto a raza, cultura, edad, status, religión, educación, inteligencia, valores y actividades. Aunque es probable que, si satisfacen los requerimientos de uno y del otro, los contrarios se atraigan hasta cierto punto. Esto no sucede así cuando se trata de personas de baja autoestima, por el reforzamiento de las conductas propias en el otro. Reciprocidad. Somos atraídos por las personas que atraemos y consideramos que con ello demuestran su "buen gusto y criterio". Esta relación revierte en los sujetos de baja autoestima, porque nunca lo consideran sincero.
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