Sin duda alguna la figura del hombre es hoy en día tan confusa que al tratar de definir que es ser un verdadero hombre podríamos encontrarnos en un forobardo terrible. Pero creo que definir que es ser un buen padre, sería tan difícil de hacerlo por millones de personas. Me críe sin padre toda mi vida (salvo por 4 años que tuve un padrastro), creo que mi caso es igual al de miles de hombres que se criaron sin padre. Yo no supe quien era padre hasta los 6 años, mi abuela me llevo al banco y me dijo: "él es tu papá". Un hombre, desconocido para mi, extendió su mano desde el cajero y me dijo: “Hola, como te va?”. Es todo lo que me dijo, o por lo menos todo lo que recuerdo, luego no volví a saber de él por años. Durante toda mi infancia me críe pensando que no necesitaba un papá, así también fue la adolescencia. Mi familia, compuesta por mis abuelos y tíos, me dio mucha contención, amor y apoyo por lo que no sentí esa ausencia paternal (o por lo menos eso pensaba). Se preguntarán por mi mamá, eso será otra historia. Cuando llegue a los 17 años quería ingresar al ejército, tenía que pagar una cierta cantidad de plata que no tenía, tampoco mi abuela, por lo que decidí buscar a mi progenitor y pedirle ayuda. Después de juntar mucho coraje le llame, me atendió su mujer. Pregunte por él, cuando le dije de parte de quien (solo di mi nombre, no mencione que era el hijo), la mujer me comunico con él. Sin mucho preámbulo le explique que necesitaba ayuda económica por única vez en mi vida para hacer realidad un sueño. Quedamos en encontrarnos en un café. Por la noche estaba muy ansioso, era la segunda vez que vería a mi padre, y creía que buenas cosas pasarían. Años sin verlo, no conocerlo. Llegue temprano a la cafetería. Cuando entro lo reconocí enseguida. Era yo, pero más viejo y pelado. “Como andas amigo?”, me pregunto. La misma respuesta: “Bien y vos?”. Me pregunto que quería comer. Pedí una hamburguesa y una gaseosa (era un hambriento adolescente), él un café. Empezamos a charlar. Para ese entonces mi vieja había fallecido unos meses antes. No recuerdo la secuencia, pero si las palabras: -“Mira, yo quiero decirte algo, no lo tomes a mal, pero no voy a poder ayudarte económicamente porque no tengo la plata”. Eso no me importo mucho, lo que siguió fue patético. -“A mi nunca me gustaron los milicos, son todos unos mangueros, yo trabajo en la ruta y la verdad los odio, ellos siempre me piden cosas, guita, comida… son unos mangueros”. Me molesto mucho, yo sería un militar. No me importaba como eran los demás, pero para mi eso fue como pisotear el sueño de un adolescente. Luego vino lo peor: -“No lo tomes a mal, pero yo no creo que seas mi hijo, sabes tu mamá, salía con muchos y la verdad para mi vos no sos mi hijo”. Fue un sentimiento de mucho dolor. No solo decía que no era mi papá (no necesitamos ADN para probar que soy su hijo, soy su calco), sino que embarraba la memoria de mi mamá. Me puse muy nervioso. Le dije que le agradecía por haber venido y que no se preocupe por mi. Se ofrecio llevarme a casa en su camioneta, acepte. No hable mucho de vuelta. Volví con el corazón roto. Lo salude respetuosamente (mis abuelos me enseñaron respeto) y entre en casa de mis abuelos. Esa noche no llore, o por lo menos no recuerdo haberlo hecho, pero me dolió tanto. Fue una fuerte marca para mí que me costó superar por años. Que alguien te diga en la cara que no cree que seas tu hijo porque tu vieja, según él, era una loca, no es algo que esperes escuchar a los 16 años de quien fuiste a pedir ayuda. Con el pasar de los años me di cuenta de algo, mi padre me hizo falta y mucho. Como a cualquier hijo le haría falta su papá y su mamá. Yo pensaba que no lo necesitaba, porque estaba acostumbrado a vivir sin él. Pero cuando crecí me di cuenta de que ciertas cosas que yo consideraba normales en mí, eran consecuencia de la ausencia de paternidad: -Tenía baja autoestima, siempre creí que era el más feo del mundo (quizás lo era jaja, pero un feo con una buena paternidad se cree lindo). -Era muy inseguro, temeroso, cobarde. No me animaba a encarar a nadie ni ningún desafío que supusiera peligro. -No hablaba en público. -Tenía auto lastima de mi mismo. Soy parte de toda una generación que se crío sin padre. Padres borrados, padres que están en la casa, pero no prestan atención a sus hijos, padres que prefieren el trabajo, un hobbie, un deporte o ir a pescar antes que estar con sus hijos, padres que engañan a sus esposas, padres que golpean, maltratan, violan… padres, malos padres. Egoístamente muchos padres se separan, sin pensar que destruyen a sus hijos en litigios judiciales que nada tienen que ver con ellos. El divorcio se ha vuelto tan común, que la mayoría de mis amigos, crecieron sin sus padres. Pero todos ellos, cuando hablamos sinceramente, quedaron con una marca, una fea marca de aquella experiencia de separación. A veces los adultos no piensan en los niños. Pero ellos sufren en silencio el abandono o la separación de sus padres, lo sé, porque sufrí ambas cosas. El abandono de mi papá y la separación de mi mamá de mi padrastro, papá de mis hermanos. Imagínense, una generación completa de hombres y mujeres sin buenos padres, que podría resultar de eso? Nada bueno estimados, nada bueno, porque los hijos, en un gran porcentaje, repiten la historia de sus padres (buenos, malos o ausentes), de manera consiente o inconscientemente. Es muy probable que un hijo de padre ausente sea mañana un padre ausente. A esta Argentina de hoy, y me atrevo a decir que a latino américa, les hace falta buenos padres. Yo viví y me acostumbre a vivir sin papá, pero hoy soy papá, y por una serie de sucesos, buenos sucesos, hoy amo a mis hijos y a mi esposa más que a mi vida. Lucho día a día por ser un padre excelente. Hoy muchos somos padres de una nueva generación y es una oportunidad que tenemos de cambiar esa marca. Creo, que podemos cambiar la historia. Puede que hayas sido un "sin padre", como yo, o peor, con un mal padre. Pero podemos cambiar la historia. El secreto no es tan secreto, un padre da la vida por sus hijos, da su tiempo, da su dinero, da su alimento, da sus deseos… da por amor. El secreto de ser un buen padre es amar a esas personitas que son tus hijos y ser parte activa de sus vidas, escucharlos, guiarlos, acompañarlos, protejerlos, proveerles lo que necesitan, todo esto consecuencia del amor. El buen padre, por naturaleza, da lo que tenga que dar para que su hijo sea mejor persona de lo que es él. Gracias por leerme. En otro post les cuento que paso con mi papá. Resumen taringuero nivel 10: Todos necesitamos un buen padre, si no lo tuviste, podes ser uno para tus hijos.
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