Recital de la cantante Fabiana Cantilo. Presentación del CD Hija del rigor. Con Marcelo Capasso (bajo y dirección musical), Cay Gutiérrez (teclados y dirección musical), Javier Miranda (batería), Marcelo Predacino (guitarras), Paula Sadovnik (cello) y Mariana Cañardo (violín). Invitados: Hilda Lizarazu y Daniela Herrero (voces) y Gabriel Carámbula (guitarra). Anteanoche, en el teatro Coliseo.
Nuestra opinión: regular
Fabiana Cantilo es desde hace unos meses la "hija del rigor" (porque así tituló a su más reciente producción discográfica). Pero es también la hija predilecta del rock nacional y, tal vez, una especie de hija de Charly García. O quizá sea mejor decir que el señor García y Cantilo son almas gemelas. Los dos pueden comenzar sus shows con una hora de retraso (aunque los plantones de García suelen superar ese tiempo); los dos pueden sufrir alguna amnesia temporal que les impida recordar las letras de las canciones y los dos pueden, durante los tres minutos que dura un tema, ir y venir por todo el escenario, luchar con la correa de la guitarra, reclamar más volumen para el instrumento, tirar un atril (García lo haría a propósito; Cantilo, sin querer), acomodarse mil veces la ropa que visten y perder los auriculares de monitoreo. Esa dispersión hace que dejen en el camino varios versos mientras que sus músicos siguen tocando como si nada.
Charly puede escribir: "Yo sé, soy insoportable./ Pero alguien en el mundo piensa en mí". Fabiana, en el tema que abre su flamante disco, puede decir: "Se me acusa de hacer bardo. De ser parte del rock and roll. ¿Y qué? Yo nací con una estrella y cuando canto vuelve a brillar, ¿no ves?".
Se ve que el público los quiere así. Se ve que a buena parte de los fans les alcanza con verlos sobre el escenario, con ese carisma arrollador que tienen, más allá de cuánto y cómo canten. Pero un recital no es sólo eso. Tiene otros elementos que son atendibles al momento de escribir en un espacio como éste.
Servidora pública
Veamos. Durante la presentación en vivo del CD Hija del rigor , que Fabiana Cantilo hizo en vivo anteayer, hubo algunas declaraciones de la protagonista que sirvieron para pintar su actuación. "Hablo tan rápido que nadie me entiende nada. Eso me salva." Y al rato: "Mi mamá siempre me dice que si hablara menos me iría mejor". Pero más vale detenerse en otro comentario que hizo días atrás durante una entrevista con LA NACION: "Soy una servidora pública a través del arte. Cortámela con eso del rockstar. Somos servidores".
Visto de ese modo, puede parecer una actitud mezquina que se retacee lo mejor que se tiene para dar. En este caso, es la voz. Fabiana Cantilo tiene una de las mejores y más bellas voces del rock nacional. Mientras que algunos intérpretes se jactan de cantar siempre en la misma tonalidad sin que los afecte demasiado el paso del tiempo, de ella se puede decir algo más notable: casi no ha perdido, en los últimos 25 años, esos armónicos superiores de sus cuerdas vocales que definen la claridad y la frescura en el color de su garganta. Son contados los que tienen esa suerte.
A la rockstar, a esa mujer extravertida y encantadora -a ese "sol ámbar hecho ciclón", como la definió durante el show el poeta Fernando Noy- se le puede permitir todo; a la "servidora pública" se le puede pedir que enaltezca las canciones, que las cuide más. Porque no todo el mundo cuenta con esa capacidad y ese don. Anteanoche, no las cuidó lo suficiente. En ese show puso el frenesí por delante de su garganta. Mientras que su banda sonaba impecable, hubo muchas canciones en las que metió comentarios en el medio de las estrofas o evitó cantar algunos versos (porque no los recordaba o porque estaba entretenida en otra cosa). Al momento de interpretar el tercer tema de su lista, "Una tregua", volvió al primero y al rato se dio cuenta de que ya lo había cantado. Y cuando llegó el momento del último bis, "Ya fue", con un riff de guitarra inconfundible, metió encima de esos acordes los versos de "La vela", que había interpretado minutos antes.
Esa noche toda la energía de la Cantilo no estuvo puesta en su voz. De ahí que el momento artísticamente más logrado se produjera entre la primera y la segunda parte del espectáculo, cuando sus amigas Hilda Lizarazu y Daniela Herrero aparecieran en el escena para cantar "Nada es para siempre", acompañadas por el guitarrista Gabriel Carámbula.
Fuente
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