Haciendo un poco de orden en el cajon de apuntes y fotocopias viejos me enconte con esta joyita. No tiene fotos, no tiene video, no tiene punch... tiene mi granito de arena para la inteligencia colectiva. que lo disfruten.
Articulo publicado en LA NUEVA PROVINCIA ( "el primer periódico anarquista" )
1° número: 6 de enero de 1879.
Fundador: Enrique Julio. Direccion: Diana Julio de Massot.
Enrique A. Mussel
"Volveré y seré millones y el temblor vendra de abajo". Se atribuye esta frase a Julián Aspasa, indio alto peruano que tomó el nombre de guerra de Julián Túpac Catarí, y que antes de morir - de muerte atroz, como el gran caudillo, el inca Túpac Amaru- pronuncio esas palabras de amenaza.
Se dijo que también las pronunció Eva Duarte de Perón, pero ella murió en su apogeo, así que es posible que se las hayan adjudicado después de 1955 cuando, caído el régimen, había que dar fundamento a la mística de retorno.
Túpac Catarí ya le habría prestado a Evita otra idea, otra frase, otra palabra: "descamisados". Para explicar esto, debo entrar en la historia de la gran rebelión del Siglo XVIII, única -pero muy grave- que sufrió el imperio en sus tres siglos de existencia. Empezó siendo una protesta contra los abusos de los corregidores y los atropellos del visitador Areche, que salió de España para mejorar la recaudación impositiva y, en algunos casos dobló la tasa. Y los impuestos los pagaban los más pobres, los indios, con su trabajo y su sangre.
Hubo un cacique que (caminando) llegó a Buenos Aires, en enero de 1779, para presentar un respetuoso memorial al Virrey Juan José de Vertiz y Salcedo sobre el mal gobierno de los corregidores y, cuando volvió a su tierra lo encarcelaron. Fue este Tomas Catarí, quien luego será uno de los que inicie la rebelión y del cual Julián Aspasa tomo su apellido. Esta petición es típica de la época: se eleva al Virrey una petición del mal gobierno de los corregidores y del sufrimiento que padecen los indios, en contra de las leyes y en contra de los deseos de S.M. y de quien lo representaba.
Ese escrito, por ejemplo, está en la página 801 de La Rebelión de Túpac Amaru y los orígenes de la Emancipación Americana, de W. Levin, Hachette, 1957. Es notable la claridad y la amplitud de la exposición. Lo mismo puede decirse de las circulares que Túpac Amaru enviaba a los distintos caciques y los edictos que hacia publicar.
La queja de los indios es contra las exacciones de los recaudadores de impuestos, no contra el rey, a quien acuden para conseguir remedio a sus males, y en cuyo nombre los caudillos dicen actuar. Pero la protesta sale de su cauce y Julián Túpac Catarí termina librando "convocatorias por todas partes llenas de unas ideas al parecer extravagantes, pero que tenían por fondo la de desarraigar los nuevos usos y resucitar los de sus mayores. Tales eran tener sus juntas en lo alto de los cerros, no comer pan ni beber agua de las fuentes, quemar los templos y negar su adoración a nuestros misterios. Por lo que mira a la proscripción, ella estaba dictada con todo el espíritu de la más floja y torpe crueldad contra todo español de cualquier clase, edad, estado o condición que fuese, y aun contra aquel que a su imitación usase camisa".
De aquí, o de una fuente indirecta, por caso, la revista de protesta "El Descamisado", de 1879, podrían venir los "queridos descamisados" de Evita, no -como se creyó- de los sans culottes de la Revolución Francesa. (Dicho al pasar, la Revolución Francesa impuso la moda de los pantalones y así no hubo más "calzones", esa prenda de la nobleza del Siglo XVIII que Don Bernardino Rivadavia uso hasta morir.)
De donde saco esto: de la primera historia de nuestra Patria, la que, por pedido de la Junta de Gobierno, a nombre de Fernando VII, presidida por el alto peruano Cornelio Saavedra, escribió el cordobés Gregorio Funes Ensayo de la Historia Civil de Buenos Aires, Tucumán y Paraguay. (segunda edición, Buenos Aires, 1856, pág. 249). La primera edición de esta obra es de 1816/7. En esta primer historia patria, la rebelión de Túpac Amaru llenó 56 páginas del segundo tomo. Funes le dio mucha importancia porque la tenía y la tiene. Recordemos que duro tres años y hubo ochenta mil muertos. La Colección de Pedro de Angelis (1836) Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1971, tiene 600 páginas de documentos sobre la rebelión: actuaciones judiciales, notas oficiales, bandos, cartas, etc.
Dice el Deán Funes que muchos grandes caciques fueron leales al gobierno y lucharon contra los rebeldes. Entre ellos estaba Diego choquehuanca de Azángaro, que luego recibió de Carlos III honores y condecoraciones. Azángaro, el valle y las tierras de esta familia fueron arrasados por las tropas de Túpac Amaru y nunca se levantaron al estado de gran prosperidad que tenían antes de 1870. El canónigo Juan Baltasar Maciel, en sus Reflexiones, escritas para esa época, dice que el Alto Perú "ha quedado en un estado tan deplorable que apenas el espacio de un siglo será capaz de restablecerlo". Se quedo corto. Esperamos que en este siglo XXI se levante nuevamente esa rica región de nuestra América.
Deán Funes describe el asedio de 109 días que soporto la ciudad de La Paz y que se levanto el cerco gracias a las milicias de Tucumán enviadas por el Virrey Vertiz; las de Salta y Jujuy estaban ocupadas pacificando su territorio, atacado por Tobas y Matacos. También leemos que el gobernador de Tucumán, Mestre fue un hábil general y que el cordobés Santiago Alejo de Allende fue un heroico comandante.
Funes, al pie de esta última referencia, pone: "Es el mismo que a los principios de la revolución actual fue pasado por las armas con Liniers y sus compañeros". ¿Habrá pensado Allende, en 1810, que le tocaba intervenir en otro alzamiento similar al de 1870? La diferencia entre la rebelión de 1780 y la Revolución de Mayo estriba en que a ésta la hacen todas las clases de la sociedad; comienza contra los "mandones" enviados de Europa, busca el autogobierno fundado en la soberanía del pueblo, pero dentro del imperio, y termina en una terrible guerra civil dentro de cada una de las nuevas repúblicas.
"Volveré y seré millones" anuncio en 1870 la revolución de la democracia y de la igualdad, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. En 1955, fue una advertencia que se mantiene porque, como dijo el ilustre Conde de Toqueville tantas veces en su famosa obra La Democracia en América, en 1835 y lo reitera en el prologo de la edición de 1848: "Este libro se escribe con la constante preocupación por un solo pensamiento: el advenimiento próximo, irresistible y universal de la democracia en el mundo". Túpac Catarí, desde la carne desgarrada, Toqueville desde el pensamiento Iluminado y Evita desde el mito, dicen lo mismo. Peor algo hemos progresado. Ya todos usamos camisa.
[El doctor Enrique A. Mussel es abogado. Fue Diplomático y docente en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.]
Articulo publicado en LA NUEVA PROVINCIA ( "el primer periódico anarquista" )
1° número: 6 de enero de 1879.
Fundador: Enrique Julio. Direccion: Diana Julio de Massot.
Volveré y Seré Millones
Enrique A. Mussel
"Volveré y seré millones y el temblor vendra de abajo". Se atribuye esta frase a Julián Aspasa, indio alto peruano que tomó el nombre de guerra de Julián Túpac Catarí, y que antes de morir - de muerte atroz, como el gran caudillo, el inca Túpac Amaru- pronuncio esas palabras de amenaza.
Se dijo que también las pronunció Eva Duarte de Perón, pero ella murió en su apogeo, así que es posible que se las hayan adjudicado después de 1955 cuando, caído el régimen, había que dar fundamento a la mística de retorno.
Túpac Catarí ya le habría prestado a Evita otra idea, otra frase, otra palabra: "descamisados". Para explicar esto, debo entrar en la historia de la gran rebelión del Siglo XVIII, única -pero muy grave- que sufrió el imperio en sus tres siglos de existencia. Empezó siendo una protesta contra los abusos de los corregidores y los atropellos del visitador Areche, que salió de España para mejorar la recaudación impositiva y, en algunos casos dobló la tasa. Y los impuestos los pagaban los más pobres, los indios, con su trabajo y su sangre.
Hubo un cacique que (caminando) llegó a Buenos Aires, en enero de 1779, para presentar un respetuoso memorial al Virrey Juan José de Vertiz y Salcedo sobre el mal gobierno de los corregidores y, cuando volvió a su tierra lo encarcelaron. Fue este Tomas Catarí, quien luego será uno de los que inicie la rebelión y del cual Julián Aspasa tomo su apellido. Esta petición es típica de la época: se eleva al Virrey una petición del mal gobierno de los corregidores y del sufrimiento que padecen los indios, en contra de las leyes y en contra de los deseos de S.M. y de quien lo representaba.
Ese escrito, por ejemplo, está en la página 801 de La Rebelión de Túpac Amaru y los orígenes de la Emancipación Americana, de W. Levin, Hachette, 1957. Es notable la claridad y la amplitud de la exposición. Lo mismo puede decirse de las circulares que Túpac Amaru enviaba a los distintos caciques y los edictos que hacia publicar.
La queja de los indios es contra las exacciones de los recaudadores de impuestos, no contra el rey, a quien acuden para conseguir remedio a sus males, y en cuyo nombre los caudillos dicen actuar. Pero la protesta sale de su cauce y Julián Túpac Catarí termina librando "convocatorias por todas partes llenas de unas ideas al parecer extravagantes, pero que tenían por fondo la de desarraigar los nuevos usos y resucitar los de sus mayores. Tales eran tener sus juntas en lo alto de los cerros, no comer pan ni beber agua de las fuentes, quemar los templos y negar su adoración a nuestros misterios. Por lo que mira a la proscripción, ella estaba dictada con todo el espíritu de la más floja y torpe crueldad contra todo español de cualquier clase, edad, estado o condición que fuese, y aun contra aquel que a su imitación usase camisa".
De aquí, o de una fuente indirecta, por caso, la revista de protesta "El Descamisado", de 1879, podrían venir los "queridos descamisados" de Evita, no -como se creyó- de los sans culottes de la Revolución Francesa. (Dicho al pasar, la Revolución Francesa impuso la moda de los pantalones y así no hubo más "calzones", esa prenda de la nobleza del Siglo XVIII que Don Bernardino Rivadavia uso hasta morir.)
De donde saco esto: de la primera historia de nuestra Patria, la que, por pedido de la Junta de Gobierno, a nombre de Fernando VII, presidida por el alto peruano Cornelio Saavedra, escribió el cordobés Gregorio Funes Ensayo de la Historia Civil de Buenos Aires, Tucumán y Paraguay. (segunda edición, Buenos Aires, 1856, pág. 249). La primera edición de esta obra es de 1816/7. En esta primer historia patria, la rebelión de Túpac Amaru llenó 56 páginas del segundo tomo. Funes le dio mucha importancia porque la tenía y la tiene. Recordemos que duro tres años y hubo ochenta mil muertos. La Colección de Pedro de Angelis (1836) Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1971, tiene 600 páginas de documentos sobre la rebelión: actuaciones judiciales, notas oficiales, bandos, cartas, etc.
Dice el Deán Funes que muchos grandes caciques fueron leales al gobierno y lucharon contra los rebeldes. Entre ellos estaba Diego choquehuanca de Azángaro, que luego recibió de Carlos III honores y condecoraciones. Azángaro, el valle y las tierras de esta familia fueron arrasados por las tropas de Túpac Amaru y nunca se levantaron al estado de gran prosperidad que tenían antes de 1870. El canónigo Juan Baltasar Maciel, en sus Reflexiones, escritas para esa época, dice que el Alto Perú "ha quedado en un estado tan deplorable que apenas el espacio de un siglo será capaz de restablecerlo". Se quedo corto. Esperamos que en este siglo XXI se levante nuevamente esa rica región de nuestra América.
Deán Funes describe el asedio de 109 días que soporto la ciudad de La Paz y que se levanto el cerco gracias a las milicias de Tucumán enviadas por el Virrey Vertiz; las de Salta y Jujuy estaban ocupadas pacificando su territorio, atacado por Tobas y Matacos. También leemos que el gobernador de Tucumán, Mestre fue un hábil general y que el cordobés Santiago Alejo de Allende fue un heroico comandante.
Funes, al pie de esta última referencia, pone: "Es el mismo que a los principios de la revolución actual fue pasado por las armas con Liniers y sus compañeros". ¿Habrá pensado Allende, en 1810, que le tocaba intervenir en otro alzamiento similar al de 1870? La diferencia entre la rebelión de 1780 y la Revolución de Mayo estriba en que a ésta la hacen todas las clases de la sociedad; comienza contra los "mandones" enviados de Europa, busca el autogobierno fundado en la soberanía del pueblo, pero dentro del imperio, y termina en una terrible guerra civil dentro de cada una de las nuevas repúblicas.
"Volveré y seré millones" anuncio en 1870 la revolución de la democracia y de la igualdad, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. En 1955, fue una advertencia que se mantiene porque, como dijo el ilustre Conde de Toqueville tantas veces en su famosa obra La Democracia en América, en 1835 y lo reitera en el prologo de la edición de 1848: "Este libro se escribe con la constante preocupación por un solo pensamiento: el advenimiento próximo, irresistible y universal de la democracia en el mundo". Túpac Catarí, desde la carne desgarrada, Toqueville desde el pensamiento Iluminado y Evita desde el mito, dicen lo mismo. Peor algo hemos progresado. Ya todos usamos camisa.
[El doctor Enrique A. Mussel es abogado. Fue Diplomático y docente en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.]