Para la mayoría de las personas la idea de ingerir la placenta tras el parto es algo que produce una intensa repugnancia, Pero se trata de una cuestión cultural. Desde luego, para los animales dejar restos biológicos tras el alumbramiento puede atraer a los depredadores.
Al tratarse de una práctica que nos asombra es interesante saber que hay bases biológicas que convierten la ingesta de la placenta en algo sano y natural, aunque para la mayoría de nosotros sea impensable.
Las mujeres que se comen la placenta no lo hacen a bocados. Suele cortarse un trozo limpio y batirlo mezclado con un zumo natural.
La placenta contiene hormonas que producen un efecto muy beneficioso en la madre recién parida. El principal es la vitamina K, que está muy presente en la placenta. Tomarla ayuda a que no se produzcan hemorragias tras el parto.
También está presente una hormona llamada lactógeno placentario humano (HPL), que estimula la lactancia, y las hormonas hipofisiarias que se está investigando si podrían reducir de forma considerable el riesgo de depresión tras el parto.