EL MANUSCRITO VOYNICH
Algo de historia
Es difícil encontrar el origen de este manuscrito; de hecho, no se sabe con certeza dónde ni cuando apareció. Una de las historias más aceptadas habla de John Dee, el mago-nigromante-matemático-científico inglés, quien dedicó su vida al estudio del esoterismo y las ciencias ocultas, además de poseer amplios conocimientos en el campo de la geografía y cartografía.
De acuerdo a sus palabras, logró comunicarse con entidades de otros mundos y dimensiones que invocó por medio de un espejo negro de antracita, con quienes mantuvo contacto en varias ocasiones y que le revelaron secretos astronómicos y esotéricos. Si interesa esta historia en particular, pueden dirigirse a mi post anterior .
John Dee, mago y nigromante inglés
Retomando la historia, este mago mantenía una relación de amistad con el duque de Northumberland, quien durante el reinado de Enrique VIII se había dedicado a quitar de circulación todo escrito cuyo contenido fuese poco claro o tocase el tema de la brujería; para ello requisó todos los monasterios del reino, que eran los lugares por excelencia donde se guardaban por siglos semejantes obras.
En una de esas requisas encontró en una pequeña abadía en el Condado de Essex un manuscrito cuyas páginas semejaban papiro. Medía 16x 23 cm. y 5 cm. de espesor. Lo más llamativo era el texto, que estaba escrito en forma cifrada y había sido copiado del original (según rezaba el Prólogo) por Roger Bacon, considerado el gran mago de su siglo. Lo extraño residía en su escritura completamente desconocida, aún para los tiempos presentes, donde no se ha descubierto un rastro de su posible origen; ni siquiera se sabe a ciencia cierta si se encuentra en clave, en otra lengua, o incluso en un idioma extraterrestre.
Una de las páginas del manuscrito
El Prólogo decía lo siguiente: Esta es copia fiel del original que se encuentra guardado bajo las montañas que corren sobre la costa Oeste de un lejano lugar situado en el extremo sur del planeta. El "copista" del manuscrito, el científico Roger Bacon, había nacido en 1214 y dejado de existir en 1294, por lo cual es llamativa la descripción de la cordillera del sur, puesto que aún no se había descubierto América: según el ovnílogo Fabio Zerpa, estaría refiriéndose a la Cordillera de los Andes.
Resumiendo, el duque recordó la afición de su amigo Dee por coleccionar -y descifrar- manuscritos antiguos y se lo regaló. Aunque el mago inglés ostentaba sobrada experiencia en este terreno, no logró encontrar la clave. Sería el primero de una vastísima lista. Según Zerpa, sólo logró establecer que la primera parte del escrito contenía "los secretos de los mundos olvidados y subyacentes".
Y aquí comienza la "maratón" de este documento, pasando por varios dueños hasta la actualidad, donde se halla en la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale (EE. UU.) Pero volvamos a su recorrido y a lo más importante: su misterioso contenido.
Según una carta fechada el 19 de agosto de 1666, el jesuita Athanasius Kircher había recibido el libro de manos de su antiguo alumno Joannes Marcus Marci, rector de la Universidad de Praga; el libro había formado parte de la biblioteca del Sacro Emperador Romano Rodolfo II, hasta su muerte en 1612. A todos los efectos, Rodolfo había cedido el gobierno de sus reinos de Hungría, Austria, Bohemia y Moravia a los jesuitas, prefiriendo dedicar su tiempo a patrocinar las ciencias y pseudociencias. Las que más le interesaban eran la botánica y la astronomía; creó un complejo jardín botánico y construyó un observatorio en la ciudad de Benatky, cerca de Praga, para el astrónomo danés exiliado Tycho Brahe.
Pero los intereses más personales de Rodolfo se orientaban hacia la alquimia, y empleó mucho tiempo y mucho dinero en la instalación de un laboratorio alquímico al que invitó a alquimistas de toda Europa. Uno de ellos, Johannes de Tepenecz, firmó su nombre en un margen del manuscrito Voynich, según se descubrió posteriormente.
Kircher era experto en criptografía y codificación. Intentó interpretarlo, pero con el mismo resultado: no logró desentrañar el misterio. Se perdió el rastro del Documento hasta 1912, en que se lo vuelve a encontrar en el pueblo de Frascatti, Italia: era propiedad de unos jesuitas que allí tenían un convento, lugar donde se guardaba el Documento.
Wilfrid Voynich, el editorialista que le dio nombre al manuscrito
Aquí es donde el documento adquiere el nombre por el que se lo reconoce: Voynich. Esto se debe a que el editorialista, W. Voynich, es quien compró a estos jesuitas el extraño documento en ese año. Se lo llevó a Estados Unidos, donde en 1916, un caballero de los tantos que habían sido consultados con la finalidad de descifrar el documento, el señor Adolph Cyrus Roidingereht, pide poder hacerlo, pues uno de sus antepasados había sido amigo de Roger Bacon y regaló a su pariente una guía de traducción de un código secreto que utilizaban los habitantes protohistóricos del extremo Sur del planeta y que actualmente obraba en su poder por derecho de legado.
Al poner el señor Roidingereht manos a la obra descubre que el libro hablaba de una civilización desaparecida cuyos integrantes eran seres de no más de un metro de altura, y que dominaban la fuerza de gravedad, que poseían máquinas que les permitían horadar la roca construyendo grandes ciudades subterráneas y que intercomunicaban con el resto del planeta por debajo de la Tierra; inclusive nombra una máquina llamada "Nilotrosa".
Los famosos "girasoles" que aparecen en el Voynich
Hasta aquí lo que pudo descifrar Roidingereht del Documento Voynich, pues el 22 de enero de 1917 desapareció misteriosamente sin dejar rastro: daba la impresión de haberse visto obligado a huir precipitadamente, pues su pipa aún humeaba sobre el cenicero; sin embargo, el indescifrable libro había quedado abierto en una de las partes donde figuraban los planos de una extraña máquina semejante a la de las turbinas de los modernos jets... a un costado de una hoja un modelo a escala de lo que sería en la actualidad el avión Concorde...
Estos datos no han podido ser corroborados fehacientemente y lo que genera más dudas es la supuesta traducción parcial del manuscrito. Posteriormente, en 1919, el decano de la Universidad de Pennsylvania, William Newbold, se dedicó a la tarea de continuar descifrando el Voynich.
En 1921, ante una conferencia de prensa dijo haber descifrado cosas interesantísimas y se dispuso a dar una serie de charlas sobre el particular pero extrañamente no pudo llevar a cabo esta tarea; luego se contradijo y cada vez fue más difícil llegar a él. Comenzó a recibir amenazas y finalmente falleció en 1926, llevando su secreto a la tumba. Treinta años después de la muerte de Voynich, en el año 1961, su viuda vendió el libro a otro marchante de libros antiguos llamado Hans Kraus, el cual, ante la imposibilidad de descifrarlo y de encontrar un comprador, donó el manuscrito a la Universidad de Yale en 1969.
El contenido
El manuscrito consta de aproximadamente 240 páginas, algunas de las cuales se encuentran sin numeración, lo que sugiere la desaparición de algunas de ellas debido al paso del tiempo. La datación con carbono 14 se realizó en la Universidad de Arizona en 2011 por el Dr. Greg Hodgins, y la fijó entre los años 1404 y 1438. La datación de la tinta, sin embargo, no es algo que se pueda hacer de forma fiable. La mayoría de las tintas no pueden ser datadas, ya que no contienen materia orgánica, e incluso aunque la contenga, no se dispone de la tecnología para separar de forma fiable el carbono de la tinta del carbono del pergamino. La tinta se ha analizado y el resultado es que los pigmentos utilizados son coherentes con lo que se sabe que se utilizaba en esos años, pero también podría ser compatible con un engaño de un experto en una época más reciente.
Pero todavía pueden hacerse más conjeturas. Los pergaminos en ocasiones son lavados y reutilizados. Esta es una manera utilizada por los falsificadores modernos para crear un documento que burle la datación por radiocarbono. Pero al hacerlo deja huellas químicas. Se sabe que el manuscrito Voynich fue la primera aplicación de la tinta de su pergamino. Y parece poco probable que el pergamino hubiese estado sin escribir por décadas o siglos esperando que alguien lo utilizase para realizar una falsificación. Los estudiosos han acordado dividirlo en seis secciones:
1. Herbario
La sección más extensa, que consta de 130 páginas y contiene imágenes de plantas junto a una aparente descripción de texto, coincidiendo con el formato de los herbarios europeos de la época ¿La rareza? En su mayoría se trata de plantas completamente desconocidas, que supuestamente no han existido nunca.
2. Astronomía
En sus páginas aparecen lunas, soles, estrellas y alusiones a los signos del zodíaco. En algunas de ellas hay dibujos que representarían galaxias, inclusive. Es muy llamativo debido a la época en la que habría sido creado.
3. Biología
Una sección donde predominan grandes bloques de texto acompañados por ilustraciones de mujeres desnudas bañándose en tinas y rodeadas por un líquido verde. Algunos sostienen que el líquido representa a la savia de algunas plantas; otros, que las tuberías son una forma figurada para mostrar los vasos sanguíneos.
4. Cosmología Una sección bastante extraña que consta de dibujos circulares pero de naturaleza desconocida. Una de sus páginas contiene una especie de desplegable con imágenes de castillos y un volcán. Hasta ahora se desconoce qué estaría representando.
5. Farmacéutica Son dibujos de plantas o partes de ellas. Supuestamente se detallaría la utilización que puede hacerse de los vegetales en cuestión para uso medicinal.
6. Recetas Son varios párrafos cortos separados por viñetas que constituirían "pasos" a seguir para la elaboración de productos químicos.
El lenguaje
Se lo conoce como "voynichés", pero aún no se lograron avances significativos. En un intento de infundirle lógica, se Se han realizado exhaustivos análisis por ordenador del texto por muchos investigadores diferentes, usando diferentes técnicas. No solo para tratar de traducirlo, sino también para comparar su lenguaje con los idiomas actuales. La frecuencia de las letras, las longitudes de la palabras y su frecuencia son muy similares a las de las lenguas reales. Pero no se ajusta exactamente con los de ninguna otra lengua real.
Las pistas que indican que hay un significado en el texto no terminan aquí. Los patrones sobre el uso de las palabras y su interrelación también se diferencian en cada una de las 6 secciones del libro, como si las secciones tratasen en realidad acerca de temas diferentes. Las páginas de cada sección son más similares entre sí de lo que lo son con páginas de otras secciones.
Gran parte de las investigaciones realizadas sobre el manuscrito han ido encaminadas a tratar de contrastar hipótesis que traten de determinar si el texto cumple ciertas probabilidades estadísticas que no cumpliría un conjunto de símbolos aleatorio. Parece ser que sí. La longitud de las palabras, el número de símbolos diferentes, la frecuencia de aparición de palabras iguales. Estadísticamente parece que podría ser un texto escrito en un idioma real.
Además, el texto cumple la ley de Zipf. Según esta ley que cumplen todos los idiomas, hay un número muy reducido de palabras que son las que más se emplean. Estadísticamente, en el texto hay una serie de palabras que se repiten a lo largo de todo el texto, cumpliendo esta teoría. Este podría ser un indicio de que el texto pone en el papel un idioma real ya que esta ley fue enunciada a principios del siglo XX y, obviamente, los que hicieron el manuscrito no pudieron cumplir premeditadamente esta ley y parece poco probable que la cumplan por azar.
Al sistema de notación se le ha designado como “Alfabeto EVA” (Alfabeto Europeo de Voynich). René Zandbergen y Gabriel Landini lo crearon 1998 y se trata de un sistema artificial utilizado para el estudio del manuscrito. Hay dos versiones del mismo: el básico y el extendido, donde se recogen las letras para ordenarlas y examinarlas. Asimismo incluyen una especie de letras extra llamadas “doodles” que, en verdad son pocas, y se asemejan a numerales latinos.
Este convenio ha compilado las grafías del manuscrito y les ha dado un valor equivalente al alfabeto latino. Gracias a esto se ha permitido saber un poco más en el estudio del texto que nos ha revelado cosas como que el voychinés se escribe de izquerda a derecha. También se han determinado una serie de reglas ortográficas, aunque el texto no es lo suficiente extenso como para determinar reglas exactas. Según se puede determinar en el texto, las palabras son cortas: ninguna supera las diez letras. Lo más extraño, quizás, es la repetición de palabras dentro de una misma frase.
Supuesta procedencia
Un documento como el Manuscrito Voynich pudo haber sido escrito en alguna ciudad que contase con cierta tradición alquímica y astrológica, según se desprende del contenido; los análisis de la escritura, dibujos, estilo de los tocados y otros indicios hacen pensar en Europa Central como lugar más probable para su elaboración.
El hecho de que hayan entre tres y cinco copistas distintos (aunque con una grafía muy similar) trabajando en el documento, el que todos conozcan la "clave" de la obra, el hecho de que en el manuscrito aparezcan gran cantidad de plantas distintas -lo que haría pensar en un herbario medieval típico-, diagramas astrológicos, lo que semejan "recetas" y otra información diversa hace pensar en un colectivo de personas eruditas o, cuando menos, que no sólo sabían leer y escribir correctamente sino que parecían poseer una amplia biblioteca a su disposición.
¿Leonardo Da Vinci, autor del libro?
Parece una hipótesis atractiva y absurda a la vez. Fue planteada por la doctora en filosofía Edith Sherwood.
A partir de la secuencia de sucesos que comenzó con la publicación de un artículo de Alfred Werner en un número de la revista Horizon de 1962, ella se sintió atraída por el enigma. En su artículo, Werner hacía notar la similitud aparente entre la caligrafía del Manuscrito Voynich y la escritura especular de Leonardo Da Vinci.
Intrigada, Sherwood halló que uno de los mapas astrológicos del manuscrito contenía el símbolo de Aries junto a 15 ninfas desnudas con dibujos de estrellas. Su interpretación es que se trata de la carta natal de alguien que nació al atardecer -por las estrellas- del 15 -quince mujeres- de abril (Aries el Carnero).
Según la estudiosa, la palabra escrita bajo el signo del Carnero aparenta ser "ob…..l", pero que si se la invierte especularmente muy bien puede representar la palabra Lionardo, que es como Da Vinci escribía su propio nombre de pila.
Sherwood compara este grafismo con la firma especular de Leonardo presente en otros manuscritos bien conocidos, y, aunque debe reconocerse el parecido, sería necesaria una pericia caligráfica para establecer la autoría del toscano. Hay también una similitud entre el dibujo del carnero en sí y un ciervo de la pluma de Leonardo que se ve en otro manuscrito.
Al abuelo de Da Vinci da noticia del nacimiento del niño de su propia mano, en una nota fechada en 1452: “Nació un nieto mío, hijo de mi hijo Ser Piero, a las tres de la noche del sábado 15 de abril”. La hora tercera de la Edad Media corresponde, poco más o menos, a las diez o diez y media de la noche. Sherwood ha querido ver la fecha 1452 junto a una de las cisternas donde se ve a una mujer con un bebé y las palabras sabatto notto (¿sábado por la noche?) en la carta natal.
Sherwood afirma que el manuscrito consiste en una obra infantil de Leonardo y aunque la hipótesis tiene algunos seguidores, los investigadores modernos no se inclinan por ella en la actualidad.
¿Un fraude de John Dee y Edward Kelley?
Una de las hipótesis que se manejan; no tanto por el primero, sino por la mala fama del segundo. John Dee fue consejero de la corte de la reina Isabel de Inglaterra, posiblemente espía suyo, y una verdadera autoridad científica en su tiempo. Dee fue matemático, astrónomo, alquimista, místico y vidente. Kelley dedicó su vida a la alquimia y a la búsqueda de la transmutación de los metales. Escribió un tratado con nombre De Lapide Philosophorum, sobre la piedra filosofal.
Antes de conocer a Dee, había sido notario en Londres y se había enriquecido falsificando en su beneficio escrituras ajenas. Fue capturado, preso y condenado a la amputación de las orejas. Kelley conoció a Dee, y pronto lo empujó a abandonar gran parte de sus estudios y a dedicarse, junto con él, a prácticas “espirituales” como “hablar con los ángeles” a través de una bola de cristal. Cada tanto, viajaban por Europa dando conferencias sobre la transformación del plomo en oro y asuntos similares. Ambos eran muy pobres, y, en la década de 1580, recalaron en la corte de Rodolfo II en Praga, el mismo emperador que se menciona en la carta de Marci como propietario del Manuscrito Voynich.
¿Podrían estos dos hombres, uno de ellos dominado por el otro y este otro un falsificador convicto, haber pergeñado un engaño tal, y haber vendido el manuscrito al monarca? Es probable. Se sabe que pudieron, y que Rodolfo poseía una biblioteca, la Kunstkammer, llena de volúmenes similares. Tal vez escribieron el libro con apuro y aprovecharon la oportunidad.
Rodolfo rogó a Kelley que le enseñara el secreto para transmutar el plomo en oro. Éste accedió, y el soberano lo hizo noble como contrapartida. Obviamente, el inglés no pudo ofrecerle la fórmula, por lo que fue encarcelado. Por su parte, Dee volvió a Inglaterra y murió en la pobreza.
¿Una versión de La Divina Comedia, de Dante Alighieri?
Jürgen Wastl es un bioquímico que ha trabajado para la industria y la universidad, y actualmente ejerce como jefe de información para la investigación en la Universidad de Cambridge en el Reino Unido. No se considera a sí mismo un lingüista ni un criptógrafo, pero mantiene un vivo interés en la historia y la filosofía de la ciencia.
La conclusión a la que ha llegado Wastl, y que ha condensado en varios estudios, es que los dibujos del Voynich son ilustraciones de La Divina Comedia de Dante Alighieri. La idea de vincular ambas obras, admite Wastl, no es suya: “La relación o vínculo entre el Manuscrito Voynich y Dante no es nueva y se ha discutido en múltiples foros y blogs". También precisa que otros han sugerido el Infierno y el Purgatorio de Dante como “el núcleo” del manuscrito. Un folio en particular, una hoja desplegable que muestra nueve círculos comunicados y que se conoce como diagrama de las nueve rosetas o mapa de rosetas, se ha identificado con los nueve cielos del Paraíso de Dante que el autor italiano basó en la cosmología de Aristóteles:
En el reverso de esta hoja se encuentra otra ilustración que muestra dos diagramas circulares y que se conoce como “círculos mágicos”. Siguiendo una línea de investigación sugerida por el investigador del Voynich Nick Pelling en su blog, Wastl ha ligado estas imágenes con otras y las ha comparado con las ilustraciones de otros manuscritos medievales, además de analizar los textos de los cantos de la obra de Dante. Su conclusión es que se trata de representaciones que ilustran el Paraíso completo. La idea de Wastl es que el texto podría ser descifrado a partir del conocimiento sobre qué representan las imágenes del manuscrito
Según Wastl, “ilustrar el Dante era algo común ya desde el siglo XV”, algo que hicieron artistas como Sandro Botticelli, y también lo eran los comentarios destinados a desentrañar el complejo significado de sus versos. Aún hoy, las ediciones de esta cumbre de la literatura medieval aparecen plagadas de notas al pie, tanto que en algunas páginas apenas dejan espacio en el papel para el texto original. Del mismo modo, Wastl piensa que algunos textos del Voynich podrían ser comentarios.
El bioquímico espera que su asignación de ilustraciones a cantos concretos del Paraíso de La Divina Comedia ayude a “abrir nuevas líneas de investigación para descifrar el texto del manuscrito”. En particular, Wastl apunta que “el cosmos medieval, desde un punto de vista astronómico, utilizaba nombres de ángeles y santos y los indicaba mediante estrellas. Con esta base, hay oportunidad de analizar y asociar nombres, identificados mediante los cantos del Paraíso de Dante, con imágenes del Manuscrito Voynich”.
“Si mis asociaciones son correctas, esto proporcionaría nuevas pistas para la identificación de pequeños bloques de texto y nombres o palabras originales, en particular santos y nombres de estrellas”, añade el investigador.
Supuestas traducciones: dudas y polémica
La extraña versión que aparece en el libro de Fabio Zerpa
Ahora bien, así como varios especialistas antiguos y modernos han quedado perplejos frente a semejante enigma, otros se han atrevido a afirmar que resolvieron la clave para descifrarlo. Verdaderas o no, aquí cito algunas de las versiones que me parecieron más llamativas. Una de las más arriesgadas es la del conocido ovnílogo Fabio Zerpa que expuso su teoría -o al menos, la información que él consiguió- en su libro de 1976 Los Hombres de Negro y los OVNI:
Posee el ser humano una energía muy especial que se gesta en la parte superior del cerebro y su medida es la del “volucielo”. Esta es la tercera organización cerebral independiente, cuya sede se encuentra en la columna vertebral. Cada zona intervértebra tiene relación particular con el conocimiento asequible por el ser humano y actúa a modo de archivo o depósito. Las zonas intervértebras están relacionadas íntimamente con el "conjunto sonomedular", que tiene, al igual que el volucielo, su centro de actividad en la parte superior de la cabeza".
Sorprendente y al mismo tiempo, poco creíble si no se tienen objetos con los que sostener semejante afirmación.
La versión del lingüista Gordon Rugg: fraude
Por otra parte, el lingüista Gordon Rugg afirmó en 2004 que el manuscrito era lisa y llanamente un fraude llevado a cabo por el mago John Dee y su ayudante Edward Kelley, de no muy buena fama.
Rugg argumentó que habrían usado la llamada rejilla de Cardano, inventada por el matemático italiano del mismo apellido en 1550. No está confirmado que Kelley y Dee tuvieran el manuscrito en algún momento. Lo que es seguro es que, a finales del siglo XVII, el emperador Rodolfo II de Bohemia lo compró por 600 ducados de oro, un auténtico dineral en la época -unos 72.000 euros de ahora, según las estimaciones de los historiadores-.
Esta herramienta, una especie de plantilla que servía para ocultar mensajes ocultos en un texto dado, con la que también podía crearse un lenguaje inventado.
La teoría de Rugg resultaba convincente, pero hoy no está nada claro que Kelley y Dee fueran sus autores, entre otras cosas porque el análisis con carbono 14 -elaborado con posterioridad al trabajo de Rugg- sitúa su creación casi un siglo antes: ni Kelley ni Dee habían nacido, ni existía la rejilla de Cardano...
La rejilla de Cardano
El método de la entropía
En 2013, el físico de la Universidad de Manchester Marcelo Montemurro ha analizado el texto junto a otros colegas, utilizando una técnica que retira la mayoría de los términos con significado. Su método persigue más un patrón global en la frecuencia y el agrupamiento de las palabras que podría producir un significado.
Emplea una fórmula para encontrar la entropía de cada término, lo que supone una medida sobre cómo de frecuente es su utilización en el texto. Para uno de estos términos, los investigadores determinan su entropía en el texto original y en una versión mezclada de él. La diferencia entre las dos entropías, multiplicada por la frecuencia de la palabra, da la medida de cuánta información aporta.
Volviendo al origen de este trabajo en el año 2009, el acercamiento por medio de la entropía se centró en las palabras con significado en textos famosos de varios idiomas.
Cuando se aplicó al texto de Voynich, la fórmula tomó varias palabras con una alta entropía que parecían ser específicas de diferentes secciones del manuscrito. El equipo también aplicó un análisis más exhaustivo del que se deducía cómo se relacionaban las palabras desconocidas, basándose en cómo lo hacían las agrupaciones de palabras en lenguas conocidas. A partir de ahí aplicaron estos marcadores de relación para comparar las diferentes partes del texto.
Siguiendo este método, el equipo encontró que los términos con una alta entropía en la sección que por sus ilustraciones parecía tratar de temas farmacéuticos y herbales eran más fáciles de relacionar con otros que los términos que aparecían en secciones sobre astrología, biología y fórmulas.
¿Un compendio de vegetales en idioma nahuátl?
En 2014, Arthur Tucker y Rexford Talbert -dos botánicos de la Universidad de Delaware- publicaron un artículo en la revista del Consejo Botánico de EE.UU. HerbalGram en el que afirman haber encontrado similitudes entre las misteriosas plantas no identificadas mostradas en el famoso 'manuscrito de Voynich' e ilustraciones que aparecen en los antiguos libros botánicos de México. Los autores de la investigación creen que esta semejanza puede indicar que uno de los manuscritos medievales más misteriosos podría tener su origen en el país norteamericano.
Los científicos lograron identificar 37 de las 303 plantas presentadas en el manuscrito, seis animales y un mineral que coinciden con las ilustraciones mexicanas. Según sus palabras, estos objetos son originarios de los estados estadounidenses de Texas y California y del territorio de Nicaragua, lo que puede significar que el manuscrito contiene una descripción de algún antiguo "jardín botánico que habría estado situado en el centro de México".
Los botánicos proponen realizar una mayor investigación para comprobar si el documento histórico podría haber sido escrito en alguno de los antiguos dialectos aztecas. Tucker y Talbert suponen que podría tratarse del náhuatl, una lengua que se sigue hablando en varias zonas de México en la actualidad.
La versión de Stephen Bax
Uno de los últimos estudios parece abrir una luz de esperanza: en febrero de 2014, el profesor Stephen Bax realizó una traducción parcial gracias a su conocimiento en lenguas semíticas y manuscritos medievales. Entre otras,ha descifrado el término para la palabra Taurus junto a un dibujo que se asemeja a las Pléyades así como la palabra kantairon junto a una foto de la centaury, una conocida planta con flor rosada que suele crecer en terrenos áridos. De este modo habría logrado en total traducir 10 grafismos del mítico manuscrito de Voynich.
En su página web, además, continúa mostrando sus avances y posibles identificaciones de plantas, mostrando también las sugerencias de otros expertos ¿Habrá logrado encontrar una clave que le permita traducir el contenido completo de este manuscrito? Es cierto que pasó por muchas manos, fue víctima de muchas versiones raras tanto acerca de su origen como de su contenido y hasta el día de hoy nadie puede dar una palabra definitiva. Algún día, quizás, se descifre el misterio.
Acá les dejo una página desde la cual van a poder mirar el manuscrito completo y pasar las páginas como si fuera un libro convencional:
El Manuscrito Voynich
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