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Vergüenza, es el arma más común y la más poderosa para el control y la coerción, usada en contra de los hombres en una cultura motivada por tradiciones arcaicas, así como por el espejo moderno, la ideología de género.

Fue usada exitosamente para coaccionar a los hombre urbanos en Inglaterra en 1914 para que mueran en las sangrientas y congeladas trincheras de la primera guerra mundial. Las mujeres entregaban plumas blancas a hombres quienes no usaban uniforme; una humillación pública de que no eras un hombre de verdad a menos que te enlistes y pongas tu supervivencia y tu bienestar en un distante segundo lugar, después de los intereses de tu comunidad y tu rey.

Así de poderosa es la vergüenza. Los hombres elijen morir y sufrir por millones, en lugar de resistirla.

Es usada hoy para coaccionar hombres con éxito por mujeres quienes les dan una versión actualizada de la pluma blanca. La campaña de la cinta blanca: hincando a los hombres con vergüenza, para que admitan que ellos pertenecen a una clase social de abusadores, violadores, depredadores y subhumanos y que la usen para que esa admisión sea un juramento a algo mejor a lo que son sin ella.

Entonces ¿Para qué es buena la vergüenza? Cuando los hombres se encuentran experimentando falla o sufrimiento, la vergüenza los evita de buscar ayuda. De hecho, la vergüenza se usa para justificar prevenir que ellos demanden la ayuda que se le proporciona a cualquier otra persona que sufre.

Como los soluciona problemas de la raza humana, la vergüenza hace que los hombres que estén pasando por malos momentos, se traguen su dolor y se maten a sí mismos. Cuatro de cada cinco suicidios en Canadá son de hombres.

La vergüenza es útil como arma para forzar aceptación y silencio. ¿Qué es un hombre de verdad? Es un hombre que hace lo que sus superiores sociales requieren que él haga. Él hace lo que se supone que tiene que hacer - al diablo con sus propias necesidades. ¿Dolor? Un hombre de verdad no siente eso. ¿Tristeza? Un hombre de verdad no siente eso, o ninguna otra emoción que no sirva a otros. Y, por supuesto, después que ellos han muerto por sus propias manos, nadie necesita tratarlos como humanos. Son artefactos defectuosos que no hacen méritos para tener simpatía. Bota el artefacto defectuoso a la basura.

Casi todos los hombres tienen un sentimiento innato de justicia. Sin embargo, gracias a la aplicación de la vergüenza, este sentimiento puede ser suprimido y silenciado completamente. Ellos resisten la violencia, la censura, la intimidación y el acoso en nombre de la justicia social. La justicia social - la cual no debe de ser confundida con la justicia verdadera.

La vergüenza y la presión para conformarse es una herramienta tan grandiosa para retrasar el progreso hacia una sociedad más humana y compasiva. Los hombres de verdad, sujetos a la coerción a través de la vergüenza son presionados para que nieguen su propia humanidad, su propia necesidad por compasión y atención, logrando evitar que la sociedad dispense esas cosas para la mitad de la raza humana.

"yo creo que las mujeres tienen una capacidad para entendimiento y compasión, la cual los hombres estructuralmente no tienen y no la tienen porque no pueden tenerla. Simplemente son incapaces de tenerla."

Esta frase es de la ex-senadora de los Estados Unidos Barbara Jordan. Ella debió haberse mirado en el espejo. Pero ¿Qué pasa con los hombres que prueban que la declaración de Jordan y que la ideología detrás de esta no son nada más que mentiras malignas? Hombres quienes demuestran gran compasión y empatía, para ellos mismos y para los demás hombres a quienes se cuestiona su hombría. Ellos son recompensados por su valentía con el sentir la pérdida de su estatus como hombres. Ellos son avergonzados. Entonces, para los hombres quienes no han identificado su capacidad para la vergüenza como un producto de una cultura feminizada, la vergüenza les sirve muy bien para ignorar y suprimir aquello que los hace grandiosos, las cualidades de justicia y compasión, dos elementos fundamentales de su identidad, son corrompidos y usurpados por el uso de otros, especialmente mujeres.

¿Qué pasa con el afecto, la atracción, el deseo y el amor? ¿Qué pasa con expresar cualquiera de estas emociones básicas sin el permiso de cualquiera que pudiese objetar esos sentimientos? ¿Qué pasa con la expresión de estas cosas sin el permiso de las arbitras de la identidad pública?

¿Atracción? ¿Deseo? Si es expresado sin permiso, automáticamente se deduce que ese hombre es un cretino. Vergüenza, en este caso, es un arma para extinguir lo que algunos escritores a través de la historia han llamado el más noble de los impulsos humanos. Amor. Por supuesto la vergüenza es un arma para extinguir afecto, atracción, deseo, amor y también la confianza.

Por supuesto, todo esto asume que el hombre sujeto al control y la coerción de la vergüenza aplicada a propósito no ha hecho la elección de abandonarla vergüenza. Obviamente, esto no es algo hecho en forma trivial ni forma fácil, pero ser dueño de uno mismo incluye ser dueño de tus emociones.

¿En el argumento anterior hay alguna implicación de que los hombres no tengan emociones? ¿Existe el aroma de la idea de que los hombre no tengan ninguna vida emocional interna o que sean una clase de regresivos , dominantes u oprime-mujeres? Por supuesto, incluso un intento de retorcer las cosas en este sentido se podría presentar en este argumento. De hecho, implícito en este intento de retorcer las cosas está la misma arma usada para silenciar, marginar y desechar hombres quienes hacen cosas que nos dicen que los hombres de verdad no deberían hacer; por ejemplo: expresar deseo, experimentar dolor, o dar voz al amor por otras personas con la tonta esperanza que ese amor sea recíproco.

Sin embargo, alguien dueño de sí mismo dentro de una cultura ideológica la cual inevitablemente incluye el reconocimiento a la vergüenza, dentro del repertorio emocional de un hombre, es alguien disfuncional. Conformarse con el grupo es una buena estrategia de sobrevivencia en las comunidades de cazador recolector en las cuales los recursos son escasos y la vergüenza es una de las herramientas para forzar conformidad. Sin embargo, en un mundo moderno en el cual la ideología del grupo es irracional con frecuencia, la vergüenza sigue siendo la táctica de preferencia para forzar conformidad para el beneficio de los parásitos.

Debería darte vergüenza por reconocer tu propia humanidad. Debería darte vergüenza por no ponerte en peligro cuando es conveniente para otros. Debería darte vergüenza por intentar ayudar a cualquiera que no sea miembros de la casta privilegiada. Debería darte vergüenza por ejercer discriminación moral que no se conforme con lo que es conveniente para las niñas privilegiadas. Debería darte vergüenza por no someterte a tu rol de artefacto desechable. Debería darte vergüenza por rehusarte a hacer violencia cuando es convenientes para tus superiores sociales. Debería darte vergüenza por atreverte a pensar que no eres culpable, simplemente por virtud de tu biología. Debería darte vergüenza por no estar de acuerdo en que eres un depredador sexual. Debería darte vergüenza por tener emociones, como si tú fueses un ser humano no lo eres. Eres un robot de madera y si te dañas más allá de tu utilidad continua, te usaremos para la fogata. Así que actúa como hombre y regresa al trabajo de proteger, proveer, servir, morir y matar cuando sea conveniente para otros.

La vergüenza y su lugar constante dentro del repertorio emocional de un hombre, cuando es reconocido como maligna, puede ser descartada.

Y una vez que ha sido descartada ¿Qué puede hacer un hombre sobre esto? ¿Qué tal usar el juicio personal y discriminación y actuar sobre ese juicio? Sin vergüenza, no hay razón para aceptar en silencio el fanatismo practicado por la mayoría del público. No hay razón para aceptar la idea de que mutilar sexualmente a los niños es cualquier cosas diferente a un acto monstruoso, incluso cuando esa mutilación es ampliamente aceptada como normal. No hay razón para excusar un crimen violento incluso si es cometido por miembros de la clase privilegiada.

Una lista inclusiva de lo que es posible sin el peso de la vergüenza podría llenar muchas páginas. Pero no es necesario hacer esa lista.

Deja de existir una razón, una vez que la vergüenza se ha ido, para fallar en reconocer la violencia por lo que es, incluso si es practicada por personas superficialmente bonitas. No hay razón, sin vergüenza, para no expresar afecto, deseo o amor. Y cuando el arma de la vergüenza se usa predeciblemente en un esfuerzo por silenciar esa expresión, no hay razón por la cual no responder a semejante agresión con una refutación fuerte y condenadora.

Para los hombres es hora de abandonar la vergüenza. Ya es hora de convertirse en alguien sin vergüenza.







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