Despiertas asfixiado por el café de la mañana, por las noticias que oyes en la radio de tu auto y te afectan y adelgazan tu estilo de vida, pero no te importa porque ya estás acostumbrado; mientras conduces y dejas a tu hijo a la escuela. La peor asfixia llega en la tarde, entre 3 y 5, mientras piensas que no deberías estar detrás de tal escritorio, oyendo a tal gente y sus pláticas asfixiantes y aburridas y asesinas que no le importan un carajo a nadie, seguramente ni a ellos mismos. Por fin llega la noche, cuando cerca estás de ir a cama y te preparas e intentas hacer algo, cualquier cosa que diga que no has tenido un día de asfixia.
Te despiertas e inicia el ciclo asfixiante del hombre trabajador, de la clase media, que parece absoluta. Enciendes tu auto, inicias tu ritual, el recorrido de cada mañana. En una esquina te detienes, observas a una mujer, ella te observa, ese momento, de respiración profunda, seguido de una interrupción de oxígeno libera tu mente, abre tus caminos, detiene tu futuro y lo pone a dudar, a preguntarse si te ha perdido. Su piel blanca, sus grandes ojos, y aquel ardiente cabello, te impacta, todo gris y ella tan color; y mientras da un paso, y mientras da otro, no deja de seguir tu mirada, es el ángel que Dios manda para hacerte creer al menos por un momento que tu vida no es una mierda, se ríe. Desaparece el ángel entre la multitud de máquinas de automóviles y neblina de smog. Te quedas prendido al pensamiento, a la belleza momentánea, como siempre ha de ser.
Avanzas una, y dos manzanas con un ojo enfrente y otro en el retrovisor, como si el ángel fuera a aparecer de nuevo y un milagro se produjera y tu vida entera cambiara de trama, por supuesto que no lo hace. Avanzas tres, cuatro y seis manzanas y tus ojos al frente y tu mente quien sabe dónde, pensando en que parece que hoy será un buen día. Ocasionalmente parece Dios mandara un ángel para hacer parecer que la vida bella es, ella dura 30 segundos, la vida bella dura la jornada laboral. Un ángel le ha embestido la razón. Dios es capitalista.
Te despiertas e inicia el ciclo asfixiante del hombre trabajador, de la clase media, que parece absoluta. Enciendes tu auto, inicias tu ritual, el recorrido de cada mañana. En una esquina te detienes, observas a una mujer, ella te observa, ese momento, de respiración profunda, seguido de una interrupción de oxígeno libera tu mente, abre tus caminos, detiene tu futuro y lo pone a dudar, a preguntarse si te ha perdido. Su piel blanca, sus grandes ojos, y aquel ardiente cabello, te impacta, todo gris y ella tan color; y mientras da un paso, y mientras da otro, no deja de seguir tu mirada, es el ángel que Dios manda para hacerte creer al menos por un momento que tu vida no es una mierda, se ríe. Desaparece el ángel entre la multitud de máquinas de automóviles y neblina de smog. Te quedas prendido al pensamiento, a la belleza momentánea, como siempre ha de ser.
Avanzas una, y dos manzanas con un ojo enfrente y otro en el retrovisor, como si el ángel fuera a aparecer de nuevo y un milagro se produjera y tu vida entera cambiara de trama, por supuesto que no lo hace. Avanzas tres, cuatro y seis manzanas y tus ojos al frente y tu mente quien sabe dónde, pensando en que parece que hoy será un buen día. Ocasionalmente parece Dios mandara un ángel para hacer parecer que la vida bella es, ella dura 30 segundos, la vida bella dura la jornada laboral. Un ángel le ha embestido la razón. Dios es capitalista.