Salame
Haciendo chistes en la fiesta
encontré un salame y mortadela;
y mis amigos de esta tierra
me dijeron que en la vereda
había un bombero
vendiendo velas.
Me fui afuera
con mi bolso y una campera,
los cordones desatados
y la chomba de la escuela.
Miré el cielo do está mi abuela
y recé yo por Mariela,
que se había comido el salame
y me dejó la mortadela.
El bombero muy solo y triste
no vendió ni una candela.
Me tocó fondo en el pecho
contemplar su caripela.
Le confesé yo no soy cosuelo,
perdoná mi ego,
pero si no te ofende
mi problema te planteo:
Yo soy el novio perfecto
para una chica sin cerebro,
a la que la distraiga el viento
de algún zoncito descontento.
Una que crea que mi sonrisa
despotrica de alegría,
algo que no resulta
sólo más que fantasía.
Una alegría que no tengo,
que no veo, que no busco y que no encuentro...
porque es algo que no siento;
y a mi frase repentina
yo la extiendo como un cuento.
Que se ría y no me mire.
Aunque no entienda, no se asuste.
Que esté parada esperando nada.
Porque si ella espera yo no me atrevo
ni a mirarla ni a los ojos,
ni a decirle que la quiero.
¿Vos qué decís, bombero?
¿Que este moco saludable es un resfrío pasajero?
Si la sopa no divierte aunque se la haga con esmero.
Si la pavada es la macana,
yo voy preso por abuso.
Si ese corte es el más lindo
yo le digo que está sucio.
Me da miedo lo que siento,
si recuerdo qué no pude.
Sólo veo que a mi cielo
siempre lo cubren las nubes.
Voy colgado de mi hambre
y no sé hacerme de comer.
No me enseñó nada mi padre.
Menos aprendí en la escuela.
Sólo ruego que en la farra
vuelva esa damisela
así comemos del salame
junto con la mortadela.