Por culpa de la globalización los artículos que antes salían de un productor que cuidaba de todo lo que salía de su huerta o de su tienda. Sabías con toda certeza que esa persona se iba a encargar de mejorar su sabor, su textura y de que no iba a emplear nada que pudiera ir en contra de tu salud. No por bondad absoluta, sino porque si no lo hacía simplemente dejarían de comprarle a él y cambiarían al competidor. Pero gracias a la globalización esto ha cambiado radicalmente.
Ahora los artículos vienen de miles de kilómetros, sin importar sus calidades o los productos empleados durante su fabricación o cultivo. En este sentido, los productos de origen chino se llevan la palma. Allí no hay un control de calidad tan exhaustivo como en Europa o Estados Unidos, ya que este encarece los costes de elaboración y lo convierte en poco competitivo con otros mercados del mundo. Pero ¿Hace ésto que deje de ser saludable?
El ajo ha tenido un fuerte interés en el campo de la medicina por sus propiedades antibióticas y buena para la circulación entre otras. Pero ésto quedaría en vestigial si lo examinamos en los ajos chinos. La falta de ética con el consumidor en esta región fuerza a los exportadores a usar productos para el cuidado del aspecto o del tratamiento de los mismos para el cuidado contra los parásitos que podrían arruinar una cosecha. Pero no por el hecho de que estos lleguen en buenas condiciones, sino para poder hacer que se obtenga una mayor cantidad y se pueda obtener más dinero por ello.
Esto fuerza a los productores a emplear artículos tales como pesticidas en grandes cantidades, blanqueantes o similares con el único fin de elaborar unos ajos que tengan apariencia saludable. Pero el más peligroso de los empleados es el bromuro de metilo. Éste cumple con el objetivo inicial de blanquear, evitando el aspecto poco apetecible derivado de sacarlo de la tierra y de apilarlo para su exportación. También sirve como insecticida, por lo que su uso se convirtió en una panacea ¿Tiene, entonces, propiedades nocivas para nosotros?
Por supuesto. En altas dosis este insecticida puede provocarnos complicaciones en el aparato respiratorio, nos puede provocar daño en los riñones, así como causarnos dolencias neuronales. Todo esto sin duda nos hace replantearnos los beneficios antes mencionados. Sin duda ante tanta invasión por parte de los productores que saturan el mercado nos sentimos desprotegidos para defendernos de estos males. Por ello os damos unos consejos para evitarlos y adquirir productos mucho más naturales.
En el caso del ajo chino, los ajos deben de tener retiradas las raíces. Ésto es debido a que las normas les obligan a retirarlos para evitar la transmisión de enfermedades en el caso de tener que exportarlos. Los productores locales no necesitan emplear tiempo ya que nadie les obliga a ello y les supondría un sobrecoste. El aspecto natural, aunque no nos entre por los ojos, puede ser sinónimo de saludable. En el caso del sabor también es fácil de detectar cuando nos encontramos con un ajo tratado.
Los ajos chinos tienen un sabor y un olor mucho menos intenso. Aunque esto pueda parecer algo menor, esto se debe a la falta de la alicina. Este compuesto es el que otorga al ajo su características culinarias, pero también es el responsable de sus beneficios médicos. Aunque si lo utilizamos mezclándolo como ingrediente no vamos a notar estas características, salvo que seamos gourmets. Pero a la postre sí que podríamos notar que no tienen sus efectos positivos en nuestro organismo.
El peso también podría ser una forma rápida de detectar el posible origen adulterado. Para optimizar los costes, se controla mucho más la cantidad de agua que se emplea para el cultivo, por lo que los ajos chinos tienen un peso considerablemente menor que los restantes. Éste apartado puede ser sensiblemente notable si tenemos en cuenta la estructura del propio ajo, pues si lo palpamos notaremos una consistencia diferente. Si el ajo presenta dureza, estará cargado de agua.
Por el contrario, si notamos que tiene una fragilidad pajiza, casi como si estuviese seco, estaremos casi con total seguridad ante un ajo de importación china. Aunque pueda parecer algo menor, el uso de este ingrediente es bastante abundante, pues se utiliza como base en muchos platos. Es por ello que si presenta cualquier tipo de deficiencia o toxicidad deberíamos de buscar alternativas que suplieran dicha tara. Os animamos por tanto a que comprobéis su origen a fin de descartar sospechas.
Recordad también que uno de los efectos más nocivos de la exportación china es la destrucción de puestos de trabajo locales, lo que trae pobreza, peores condiciones salariales y pérdida de poder adquisitivo. Tratar de comprar productos de baja calidad a bajo precio es sin duda un veneno a corto y largo plazo tanto para los consumidores como para los productores.