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El inicio de mi vida sexual

Humor2/19/2013
Hoy les voy a compartir una vieja anécdota personal (tuve que resubirlo porque lo borré sin querer): Extracto de mi libro autobiográfico titulado "La chancha, los veinte y la máquina de hacer chorizos", del capítulo: "EL INICIO DE MI VIDA SEXUAL. UNA HISTORIA DE ABUSOS, VENGANZAS Y MENTIRAS... Y HASTA UN TRICICLO, ¿POR QUÉ NO?". Siendo aún pequeño (5 o 6 años) una vecinita de la cuadra 2 años mayor (bastante perversoide) se las arregló para llevarme hasta el fondo de su casa, dónde tenía un bananero que parecía un iglú o una chozita (yo no sé que hacía ahí ni como había llegado pero mi recuerdo comienza ahí dentro... probablemente me convenció diciéndome que tenía caramelos). Situados dentro de tal bananero (o, como yo lo llamé por mucho tiempo, "el agujero infernal donde perdí mi inocencia" ) la acusada se paró enfrente mío y me dijo: "bajate el pantalón que te quiero ver". Ya de chiquito no hacía falta que me lo repitieran dos veces y me puse manos a la obra... pero luego de un breve intento tuve que confesarle, ya con la poca inocencia que me quedaba: "no puedo... no sé desprenderme el botón". Ahí termina el recuerdo de la escena, no sé como siguió pero si de algo estoy seguro es que ese fue el inicio de mi mala suerte con el sexo opuesto. Pero esta historia no termina ahí ya que el ser humano, aunque no lo admita, siempre oculta ánimos de venganza. Ahora comienza el segundo capítulo de esta historia titulado: "La venganza es un plato que se come desnudo": Poco tiempo después de aquel hecho en el que perdí mi confianza en la buena fe de las personas, mi mamá me estaba sacando la ropa porque me iba a bañar. En un descuido de ella aproveché para escaparme, vi que la puerta de la calle estaba abierta y pude escuchar la voz de mi pequeña abusadora vendiéndole al resto de los vecinos una supuesta ternura inocente que como ya sabemos, mis queridos lectores, no era tal. Entonces, enceguecido por una sed de revancha que, en mis años mozos, no sabía controlar, me subí al triciclo que tenía a la vista, completamente desnudo, corriendo a la abusadora por toda la cuadra al grito de: "vendetta! vendetta!". Gracias a ese atentado, no solo contra la integridad y salud mental de mi pequeña abusadora sino tmb contra la moral pudorosa del barrio, me hice acreedor de un baño de agua fría para que piense en lo que había hecho. En fin, también estoy seguro de que este es el motivo por el cuál mis padres nunca quisieron regalarme mi tan ansiada motocicleta. Todavía tienen miedo de que sea víctima de algún flashback de aquellas terribles escenas y salga en bolas a la calle a correr a las vecinas. Pero siempre es importante ser agradecido y debo agradecer que aún me dejan salir en bicicleta... pero solo en invierno para que salga con la mayor cantidad de ropa posible encima. Anyway, este es solo un ejemplo de como el vicio por el sexo puede repercutir en diversas áreas de nuestras vidas cotidianas, en mi caso la movilidad... y es por eso, la p*$% madre, que hoy estuve media hora esperando al bendito colectivo debajo del sol. link: http://www.youtube.com/watch?v=zlE2X9g7h80 Y eso es todo, una historia que, tristemente, es verídica y hoy de grande la puedo recordar con humor. Gracias por su tiempo.
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