INTRODUCCION Tal vez parezca extraño o exagerado dedicar toda una monografía para hablar de algo tan simple como la sal. También puede resultar inverosímil que a través de una sustancia tan sencilla y abundante podamos enfermar, o bien mejorar nuestra calidad de vida y lograr el reequilibrio funcional de nuestro organismo. Para comprender los secretos de la sal, resulta esencial conocer a fondo io que sucede con esta sustancia, tan apreciada en la antigüedad y tan denostada en nuestros días. De ese modo evitaremos caer en los corrientes errores que nos conducen, por exceso o por defecto, a la enfermedad. Este conocimiento, tan elemental como poco divulgado, nos abrirá ta percepción hacia realidades más profundas que tienen que ver con la correcta nutrición y fundamentalmente con la buena salud. A nuestro juicio, el moderno problema de la sal radica en que nos movemos en los extremos: pasamos de intoxicarnos cotidianamente con su forma industrial refinada, a desarrollar un complejo fóbico en su contra. La falta de información -por obvias razones que se comprenderán con la lectura del artículo- hace que las personas enfermas -sobre todo aquellas con disfunciones circulatorias- se vanaglorien de hacer una dieta "sanita, sin nada de sal". Como hemos visto en el libro "Grasas Saludables", sin materia grasa es imposible el equilibrio vital. Lo mismo ocurre con la sal. Sin el aporte cotidiano de sal, el organismo irá perdiendo su calidad funcional, y sin que lo vayamos notando, marcharemos rumbo a un callejón sin salida. El tema es: ¿cuál sal nos cura y cuál sal nos mata? A ello intenta responder este trabajo. Comenzaremos transitando uno de los mitos modernos más arraigados en nuestro sistema de creencias: la sal es causa de la hipertensión. De allí nace nuestra típica aversión cultural, sin comprender que el problema se origina en nuestro moderno y desordenado estilo dietario, siendo la refulgente sal de mesa refinada, apenas unaparte de la cuestión. Luego deberemos ahondar en la historia de la humanidad y la evolución tecnológica, para comprender las razones por las cuales la sal pasó, de ser considerada "oro blanco", a convertirse en un "veneno cotidiano". Allí abordaremos los problemas de la refinación y la aditivación de la sal blanca, y el nefasto exceso de sodio en nuestros habituales alimentos industrializados. Habiendo comprendido las distintas facetas de la problemática de la sal en la moderna producción alimentaria de gran escala, será el momento de abordar los perjuicios que tal consumo genera en nuestro organismo. Allí veremos cómo el cuerpo intenta neutralizar la cotidiana intoxicación mediante variados mecanismos y cómo sucumbe ante la crónica agresión. De allí pasaremos a considerar un aspecto casi ignorado en la temática alimentaria: la cuestión energética. La sal resulta un elemento ideal para visualizar un concepto esencial en la nutrición, término entendido como cotidiano aporte reconstituyente y revitalizante de los organismos vivos. Luego consideraremos las diferencias entre las diferentes opciones de sal que ofrece el mercado de la alimentación natural, como alternativa a la desequilibrada sal blanca de mesa. Posteriormente nos introduciremos en el uso de la desconocida y apreciada sal de cristal de roca ó sal andina, abordando sus distintas utilizaciones nutricionales y terapéuticas. Finalmente retomaremos los conceptos energéticos Dará describir un interesante campo de aolicación de la sal andina: las lámparas que funcionan como naturales ionizadores ambientales. Por último transcribimos el Código Alimentario Argentino y su normativa respecto a la sal de mesa, donde el lector podrá comprobar cómo "nos protege" la ley. Al final de este recorrido, esperamos que e¡ lector esté en condiciones de discernir con objetividad cuales son las sales que matan y cuales son las sales que curan. EL MITO DE LA SAL Y LA HIPERTENSIÓN Antes de entrar de lleno en el tema de la sal, es bueno apelar al sentido común para cuestionar nocivos mitos, muy arraigados en nuestro moderno sistema cultural, pero que a causa de sus falencias, son un obstáculo a la hora de resolver problemas. Uno de ellos asevera que las dificultades circulatorias son consecuencia del consumo de sal y grasas. Si esto fuese una verdad absoluta, aquellos pacientes que hacen dietas carentes de dichos elementos, deberían recuperar rápidamente la salud y abandonar la ingesta de medicaciones. Sin embargo, y pese a Da privación dietaria, los fármacos se hacen "de por vida", los síntomas se multiplican y la calidad de vida se degrada. Entonces, ¿no es lícito pensar en un error de concepto? Más que eliminar, ¿no habría que hablar de calidad de sal y grasa que ingerimos? ¿Y no habrá acaso otra causa más profunda del problema? Estas preguntas nos llevan a profundizar en otro falso concepto: ¿qué es la hipertensión? La visión culturalmente dominante nos indica que, a causa de una "deficiencia" -casi siempre atribuida a los genes, el estrés o a la edad- el corazón bombea en exceso, agitando el fantasma del infarto y la arteriosclerosis. Ahora bien, ¿por qué "traviesa" razón, nuestra bomba sanguínea se empeña en trabajar en exceso para incrementar la fuerza de empuje sobre la sangre? ¿Será que el corazón obtiene algún beneficio por este desgaste de energía? Resulta obvio que no, y conociendo los delicados mecanismos que rigen nuestro funcionamiento orgánico (homeostasis ó tendencia al equilibrio), ¿no será que nosotros mismos estamos obligando al corazón a bombear con más fuerza de la necesaria? Aunque no somos partidarios de considerar ai organismo como una máquina, hagamos por un momento una analogía entre el sistema circulatorio y un mecanismo hidráulico. Resulta obvio que en un circuito estable y sin pérdidas de fluido, las razones para tener que incrementar la presión de una bomba es una sola: el aumento de la viscosidad del fluido. A mayor viscosidad del líquido, mayor necesidad de empuje para mantener la eficiencia funcional del circuito. Este sencillo razonamiento nos conduce directamente a focalizarnos en la "viscosidad" de la sangre, el fluido de nuestro aparto circulatorio. Los desechos que vamos incorporando diariamente a nuestro cuerpo a través de una alimentación de mala calidad, en la cual la sal y las grasas son solo una parte, superan con creces la capacidad natural de eliminación de los emuntorios. Estos órganos especializados en la limpieza corporal (hígado, riñones, intestinos, pulmones, piel, sistema linfático) se ven desbordados en la tarea cotidiana, al ser más lo que entra que lo que sale. La sangre, sobrecargada de elementos tóxicos, se hace cada vez más espesa y viscosa, disminuyendo la velocidad de circulación. Los desechos comienzan a depositarse en las paredes de los vasos sanguíneos, los cuales ven gradualmente reducida su sección y esto dificulta la irrigación. Todo ello es apenas una parte del estado de ensuciamiento corporal, que tan bien definiera el Dr. Jean Seignalet y que, en mayor o menor medida, afecta a toda sociedad volcada a la alimentación industrializada. El nsuciamiento es un fenómeno de las últimas décadas, generado por la antinatural forma de alimentarnos y el total olvido del mantenimiento depurativo. El problema comienza cuando el alimento cotidiano no está adaptado a nuestra fisiología. Entonces la digestión de la comida es insuficiente, la flora se desequilibra, se genera putrefacción, inflamación y entontecimiento del bolo alimenticio. Esta combinación de factores genera un peligroso incremento de la permeabilidad intestinal, lo cual permite que gran cantidad de macromoléculas alimentarias y bacterianas, atraviesen fácilmente ¡a delgada mucosa intestinal. De ese modo, gran cantidad de sustancias inconvenientes se vuelcan rápidamente al flujo sanguíneo, espesándolo y ensuciando los órganos irrigados. Con el paso de los años se generan graves problemas ulteriores, como la hipertensión, los problemas cardiovasculares, el colapso de la función hepática y el "tilde" del sistema inmunológico. Luego de 30 años de tratar y remitir casos incurables, es importante lo que concluyó el Dr. Seignalet: "Es el balance entre los aportes y las salidas de desechos, lo que determina la evolución de la enfermedad: • cuando los aportes superan las salidas, más o menos tarde podemos esperar una enfermedad; • cuando las salidas superan los aportes, el retorno a la normalidad es factible; • la eliminación parcial de los desechos se traduce en una mejora; • la eliminación total de los desechos se traduce en una remisión completa". Dado que estas problemáticas son todo un tema en sí mismo y exceden el marco de esta obra, recomendamos profundizar ¡a cuestión a través de los libros "Cuerpo Saludable" y "Nutrición Depurativa", que brindan todas las herramientas caseras para generar dos acciones básicas del sentido común: limpiar y no ensuciar. Volviendo a) tema de la hipertensión, aquí vamos encontrando la punta del ovillo y entendiendo las razones por las cuales el corazón hace lo que hace. Vemos claramente cuál es la causa profunda de la hipertensión: la sangre sucia y los capilares obstruidos obligan al corazón a bombear con mayor presión a fin de mantener la imprescindible capacidad de Irrigación. O sea que la elevación de la tensión arterial no es más que un mecanismo defensivo para preservar las funciones vitales. Sin embargo, frente a una lógica tan sencilla, tratamos de "idiota" a nuestro corazón; ingerimos medicación hipotensora (para reducir la presión) en lugar de limpiar y fluidificar la sangre. Es más, en Lausana (Suiza) están desarrollando una vacuna para la hipertensión!!! Dado que se debería aplicar cuatro veces a¡ año, es fácil imaginar el negocio... que nuestra misma ignorancia sustenta!!! Si actuásemos con sentido común, no solo nos ahorraríamos los fármacos (con el costo y los efectos secundarios inherentes), sino también el terrible gasto extra de energía que significa para nuestro organismo el cotidiano esfuerzo de elevar la presión sanguínea. Esto permite comprender porqué tanta "fatiga crónica" y tanta falta de energía: estamos malgastando nuestro caudal energético por el simple hecho de ensuciar cotidianamente el cuerpo y no ocuparnos de sus necesidades depurativas. Por cierto que la pésima calidad de sal y grasas que consumimos, ponen su granito de arena en el espesamiento de la sangre. Pero privarnos por completo de estos nutrientes esenciales es un absurdo total. No se puede concebir el correcto funcionamiento orgánico sin diarias dosis de sal y grasas. Nuestra fisiología es totalmente dependiente de oligoelementos y ácidos grasos esenciales. El tema es sólo cuestión de calidad y cantidad, ¡¡¡pero nunca de abstinencia!!! Como dijera el experto en oligoelementos Henry Schroeder: "La sal es la base y el sostén de la vida. La vida comenzó en la salinidad y no se puede librar de ella" Así como en materia de grasas dependemos del aporte alimentario de ciertos ácidos grasos esenciales que solo sintetizan los vegetales, en materia de sal dependemos de ciertos microminerales (oligoelementos) que también resultan esenciales en aquellas pequeñísimas dosis presentes en el plasma marino. Y la sal no es más que el residuo sólido de dicho plasma, tras la evaporación del agua. De allí la importancia que las antiguas civilizaciones asignaban a la sal. Y de este tema nos ocuparemos a continuación. DE ORO BLANCO A VENENO COTIDIANO En la antigüedad, a la sal se le asignaba un enorme valor. La palabra salario procede del latín "salarium", que significa ración de sal. Los romanos la utilizaban como moneda de cambio en las transacciones y preferían el pago en sal antes que en oro; sostenían, con razón, que con oro y sin sal podían morir. Josef Stalin usó este conocimiento, privando de sal a sus opositores, prisioneros en los campos de concentración, y por tanto no podía ser considerado directo responsable de sus muertes!!! A nivel esotérico, la sal era considerada el quinto elemento en la alquimia. Según los alquimistas, el aspecto constitutivo de la sal era comparable al éter, el quinto elemento además del agua, ¡a tierra, el aire y el fuego. Siempre la sal fue controlada por los poderosos, sujeta a impuestos y considerada cuestión de estado; por ello lo de "oro blanco". Una de las tantas razones que generaron las famosas Cruzadas de la Edad Media, tenía que ver justamente con el comercio de la sal y las especias. También podemos recordar lo que significó en India la "Guerra de la sal" y lo estratégica que resultó esta cuestión en el movimiento independentista de Gandhi. Antiguamente se consideraba a la sal como base de la salud. La sal de cristal de roca estaba reservada a la aristocracia (era llamada "sal de reyes" mientras que la plebe consumía la sal obtenida por simple evaporación del agua de mar. Mas adelante veremos en detalle la diferencia entre dichas sales; ambas, sin embargo, notablemente superiores a la moderna sal de mesa refinada. La medicina antigua le daba a la sal un rol importantísimo. Textos griegos, romanos, egipcios, chinos e hindúes hacen mención a su utilización terapéutica y reconstituyente. El uso de la sal aparece con el sedentarismo, laagricultura y los excedentes de producción; los antiguos pueblos nómades no utilizaban tanta sal. Los egipcios la usaban para embalsamar y conservar alimentos. Los japoneses consideraban a la sal como un elemento contractivo (yang), alcalinizante, proveedor de fuerza física y energía sexual, preservante del calor corporal y favorecedor del metabolismo en general. Uno de los compuestos claves de la homeopatía estructurada por Hahnemann (1755-1843) es el Natrum Mur. Esta dilución potenciada de la sal de roca se utiliza, aún en la actualidad, para tratar: problemas emocionales causados por aflicción reprimida u otros sentimientos (ansiedad, depresión), afecciones con descargas y mucosidades (catarro, resfríos), problemas bucales (gingivitis, úlceras, halitosis), dermatosis (verrugas, granos, forúnculos, llagas), golpes de sol, bocio, anemia, indigestión, estreñimiento, hemorroides, dolores de espalda, menstruaciones irregulares, etc. El Plasma de Quinton En 1897 el investigador francés René Quinton comenzó a experimentar el empleo de plasma marino como método regenerativo y terapéutico para tratar las más disímiles dolencias. Aquejado de tuberculosis, Quinton abrevó en textos de Platón, donde el filósofo griego testimoniaba haber recibido cura de sacerdotes egipcios en base a agua de mar. Tras haber sanado sus pulmones, Quinton comenzó a experimentar con inyecciones de plasma marino (agua de mar profundo, filtrada) en diversas y graves afecciones de la época, como cólera, gastroenteritis o la misma tuberculosis. Así estableció las llamadas "Leyes de la constancia general", en las cuales afirmaba que la enfermedad no era más que la consecuencia del medio interno viciado. Con el agua de mar lograba reestablecer el equilibrio perdido, dado que "todas las especies que pueblan la Tierra -afirmaba Quinton- proceden del mar y sus líquidos corporales son una réplica del agua marina". Luego de experimentar exitosamente en animales, Quinton comenzó con humanos. Sus éxitos espectaculares lo llevaron a abrir, a partir de 1907, una serie de hospitales que bautizó con el nombre de "Dispensarios marinos". En ellos, sus pacientes (niños, moribundos, ancianos) recibían inyecciones agua de mar con similar concentración de sal que el plasma sanguíneo. Estos hospitales, que fueron declarados de utilidad pública, permitieron reducir la mortalidad infantil del 90 al 20%, en épocas sin fármacos ni antibióticos. Quinton continuó abriendo "Dispensarios marinos" en distintos lugares del mundo (Estados Unidos, Egipto, Inglaterra, Bélgica) hasta su muerte, ocurrida en 1925. La desaparición física de Quinton, el surgimiento de la floreciente industria farmacéutica (desde entonces interesada en preparados específicos y rentables) y el caos de las guerras mundiales, terminaron por generar un cono de sombra sobre la revolucionaria tarea del investigador francés. Incluso en 1982 la administración francesa le retiró al Plasma de Quinton el estatus de medicación autorizada para uso subcutáneo, aprobándola sólo como "complemento dietario bebible". Sin embargo en muchos países se continúa usando el método de Quinton. Sus numerosos usos terapéuticos se basan en su capacidad para renovar, purificar y regenerar el fluido interior del organismo, así como para mantener el equilibrio vital. Según los defensores de esta terapia, el Plasma de Quinton es uno de los mejores regeneradores de los mecanismos celulares. En Estados Unidos se esté empleando para corregir problemas de próstata, soriasis, quemaduras, alopecia, artritis, osteoporosis, bronquitis, asma, gingivitis, problemas gastrointestinales o desequilibrios del sistema nervioso central, entre otras patologías. Incluso se ha demostrado su eficacia para tratar casos de drogodependencia, alcoholismo y hemofilia. Además está específicamente recomendado para problemas de piel, depresión del sistema inmune, infecciones, fatiga crónica o aguda, desórdenes de huesos en adultos, dolores del crecimiento en niños, embarazo y lactancia, abortos espontáneos repetidos, estrés y como normalizador de las deficiencias nutricionales. En Europa, algunos centros de medicina complementaria lo recomiendan también en casos de obesidad, estados de cansancio, sinusitis e, incluso, anorexia o desnutrición. Actualmente, varias universidades europeas están abocadas a! estudio del Plasma de Quinton, con el fin de lograr su reconocimiento medicinal en el marco de la legislación de la CEE. ¿PORQUÉ VENENO COTIDIANO? Hay que hacer un cierto esfuerzo para comprender porqué algo tan saludable como la sal, se ha convertido en nuestro tóxico diario. Como siempre, no hay un motivo único, sino una sumatoria de factores. Por ello conviene analizar el tema desde distintos ángulos: químico, físico, productivo, cultural, etc. Pero veremos que todos confluyen finalmente en el bendito interés económico, que -irónicamente- muestra poco interés por la salud. ¿Será que en la economía de los negocios, una persona sana no es "rentable'? Analizaremos el problema de la sal desde dos aspectos complementarios: el plano material y el plano energético. Podemos comenzar advirtiendo que el centro de la cuestión está en la refinación industrial. Analizada desde el punto de vista químico, la diferencia entre una sal marina integral y la moderna sal de mesa de uso corriente, resulta abismal. La simple evaporación del agua de mar, deja como consecuencia un residuo sólido, al cual llamamos sal. Este residuo está compuesto por 88 elementos componentes de la tabla periódica (ver Apéndice al final), aquella que estudiábamos en el colegio secundario. Por supuesto que el cloro y el sodio son los principales elementos cuantitativos... representando e! 86% de su composición (ver tabla). Pero la importancia cualitativa de ese 14% restante es verdaderamente extraordinaria. En distintas proporciones (algunas verdaderamente infinitesimales), encontramos los elementos que necesita nuestra fisiología corporal y en las dosis adecuadas y precisas. Dado que toda la vida del planeta surgió del lecho marino, es obvio que hay una semejanza intrínseca y funcional con aquella "sopa madre". Todas las formas de vida (plantas, animales, humanos), llevamos incorporada dicha solución en nuestros fluidos internos (savia, líquidos intracelulares, plasma sanguíneo). De esto eran conscientes nuestros antepasados, gracias a suintuitiva visión holística; pero nuestro reduccionista modernismo industrial se encargó de echar por tierra esta perspectiva. Concretamente en la sal, se comenzó por pensar en términos de "suciedad": había que lavarla y purificarla para presentarla como un producto "limpio e higiénico". Este concepto funcionó -y lo más triste es que aún funciona a nivel masivo y regulatorio- también con otros alimentos básicos y sujetos a procesamiento industrial: harina, arroz, azúcar, aceite, etc. El problema de la refinación Pero hay otras razones de "peso", por las cuales la industria ha desarrollado complejos y costosos procedimientos de limpieza y purificación de la sal. Y es precisamente porque se fue descubriendo el gran valor industrial del componente básico de la sal (el cloruro de sodio ó cloruro sódico) en el desarrollo de los productos de síntesis química. Una vez liberado de "impurezas" (y por tanto del equilibrio iónico que le confieren los restantes 86 elementos), el cloruro de sodio es un reactivo perfecto y económico. Por esta razón se perfeccionó la técnica de refinación y limpieza, a fin de conseguir la máxima pureza en la producción de cloruro sódico. Esta sustancia se convirtió en un elemento imprescindible de la industria química, sobre todo para la producción de plásticos, aceites minerales, desmoldantes, etc. También la industria alimentaria la incorporó en su batería de aditivos preservantes, como inhibidor de procesos de descomposición: un ejemplo es el yogurt, que contiene cloruro de sodio, no como saborizante sino como conservante. La Dra. Sherry Rogers aporta otra pista sobre el porqué de la refinación de la sal, en su libro "La cura se encuentra en la cocina"; "La sal de mesa común que ha invadido el mercado de Estados Unidos en los últimos 50 años, parece ser un subproducto de la manufactura de armas. Las grandes compañías (como la Morton Thiokol, fabricante de combustibles para cohetes) refinan sal para extraer ciertos minerales que luego utilizan en sus producciones bélicas y espaciales. En el proceso de refinación industrial, la sal de mesa pasa por temperaturas de 670°C, lo cual altera definitivamente su natural estructura cristalina" Por estas razones se refina exhaustiva y prolijamente la sal en el mundo moderno. Una sola cifra nos permite comprender mejor esta realidad: el 93% de la sal que se refina en el planeta está destinada a fines industriases no alimentarios, un 4% es utilizado por la industria alimentaria comoconservante; apenas el minoritario 3% restante se destina al uso como sa! de mesa. Traducido en términos más sencillos, "de paso" la mesa "liga" los "beneficios" de la excelente "pureza" de la refinación industrial y nuestras amas de casa se "benefician" al disponer de un producto "inmaculado" y que no se apelmaza. También existe otra importante fuente de cloruro de sodio, que si bien no proviene de la refinación, es consecuencia de un desecho industrial y por tanto arrastra la nocividad de la manipulación tecnológica, sobre todo a nivel energético. Nos referimos a las fábricas de pastas para papel o "pasteras" tan en boga últimamente por la cuestión ambiental. El cloruro de sodio es uno de los desechos emergentes del proceso de producción de la pasta celulósica, base de la industria papelera. Como rezan las advertencias de las películas, "cualquier relación entre esta actividad y marcas de sal, es solo pura coincidencia". Pero esto es algo absolutamente legal. Como se puede apreciar en el apéndice, al final del libro, el Código Alimentario Argentino lo autoriza expresamente, aceptando para consumo humano el cloruro de sodio "proveniente de procesos adecuados de recuperación de las industrias" (Artículo 1264). Siguiendo con la refinación de la sal, digamos que en 1971 el gobierno japonés decretó que toda la sal para consumo humano se debía elaborar por el dudoso proceso de intercambio de iones, que usa 3.000 voltios y 120 amperes de electricidad para extraer los iones de cloruro de sodio del agua de mar. Un físico atómico, Katsuhiko Tani, contrario a esta decisión oficial, comenzó a realizar estudios al respecto, creando la Asociación de Investigación de la Sal. En una de sus primeras experiencias, Tani trabajó con almejas vivas sumergidas en distintas concentraciones de sal naturalmente obtenida por evaporación de agua de mar. Luego imitó estas concentraciones con la sal para consumo humano y con la sal de potasio (cloruro potásico), un sustituto artificial para hipertensos. El resultado: las almejas sumergidas en las soluciones con sal natural reaccionaron abriendo sus caparazones, mientras aquellas sumergidas en las soluciones con sal obtenida por intercambio de iones o con sal de potasio, permanecieron cerradas, reaccionando como si estuvieran en un ambiente hostil. Los párrafos anteriores tienen que ver con una trágica realidad que a casi nadie preocupa: el cloruro de sodio, como compuesto químicamente puro, no existe en 9ª naturaleza. Algo análogo ocurre con la sacarosa (azúcar blanco). Biológicamente el organismo no reconoce estas sustancias refinadas y de extrema pureza; es más, las considera tóxicas por su reactividad. Irónicamente, por la misma razón que la industria aprecia al cloruro sódico (capacidad reactiva), el organismo lo rechaza. Para comprender mejor esta "fobia" corporal h acia los compuestos químicamente puros, podemos usar dos ejemplos burdos pero ilustrativos: la caña de azúcar y la hoja de coca. Estudios hechos en Sudáfrica sobre muestras de orina de dos mil trabajadores de plantaciones de caña de azúcar, no hallaron trazas de glucosa, pese a que en promedio mascaban 2 kg diarios de caña, o sea que ingerían unos 350g de azúcar por día. La explicación es sencilla: mientras la caña mascada es un alimento natural, completo y fácilmente metabolizable, el azúcar refinado es un producto extraño y nocivo para el organismo. Otras investigaciones realizadas en África e India muestran que la diabetes es desconocida en pueblos que no incluyen carbohidratos refinados en su dieta. Respecto a la coca, es simple observar en los pueblos andinos que el cotidiano consumo de la hoja mascada (benéfica para el apunamiento) no genera los efectos devastadores del extracto refinado, conocido como cocaína. Siempre estamos hablando de productos vegetales, pero de por medio está presente el proceso de refinación y purificación. El problema de la aditivación Volviendo a la sal refinada de mesa, no todo termina en el "desguace" de sus restantes 86 elementos constitutivos. Luego "sufre" la aditivación de otros compuestos refinados, obligatorios por ley (ver apéndice al final del libro). El caso del yodo y el flúor, ambos minerales tóxicos y reactivos en las formas antinaturales que se adicionan industrialmente. ¿En que argumentos se basa este procedimiento, obligatorio por ley?: resolver problemas tiroideos (yodo) y proteger la salud dental (flúor). Pero nadie toma en cuenta que el cuerpo no puede metabolizar la suplementación artificial de yoduros o yodatos y fluoruros. Muchos científicos están advirtiendo que estos compuestos son los principales responsables de la formación de nitratos en el estómago; y se sabe que los nitratos son las sustancias cancerígenas más agresivas, y responsables de tumores selectivos en muchos órganos. También son responsables de reacciones alérgicas y otros problemas de salud. Recientes estudios demuestran que la adición de yoduros a la sal de mesa puede causar hipertiroidismo, tiroiditis autoinmune y disminución de fertilidad. Por su parte el flúor, aún en concentraciones bajas, está relacionado con problemas neurológicos y endocrinos, afectando el sistema nervioso y provocando déficit de atención (DDA) en niños y adultos. A este trágico panorama, se suma la aditivación de otros preservantes, por supuesto que legalmente autorizados. Además de yoduros o yodatos, la industria de la sal adiciona dextrosa, un tipo de azúcar que sirve para evitar la oxidación del yodo (¡¡¡o sea que la sal tiene azúcar!!!). Luego le agregan bicarbonato sódico, para que la sal no tome un tinte púrpura tras la adición del yoduro de potasio y la dextrosa. Para evitar el apelmazamiento se adiciona hidróxido de aluminio. Es bien conocida la relación aluminio- Alzheimer y el papel que juega este metal liviano en las disfunciones neuronales, bloqueando los procesos del pensamiento. ¡¡¡Como si no tuviésemos bastante con el uso de utensilios de aluminio en la cocina, latas de aluminio para las bebidas o papeles de aluminio para envolver alimentos!!! Otros aditivos que encontramos en la sal de mesa son: el carbonato cálcico, que no es otra cosa que un pulverizado de huesos animales, el sílico aluminato de sodio, el ferrocianuro de sodio, el citrato verde de amoníaco férrico, el prusiato amarillo sódico, el silicato de calcio, el silicato de magnesio, el fosfato tricálcico y el carbonato de magnesio (ver artículo 1272 del Código Alimentario Argentino en el apéndice al final del libro). El problema del sodio A través de la sal refinada, ingresa diariamente al organismo gran cantidad de sodio, un mineral que si bien es necesario en la química corporal, hoy en día se ha convertido en un problema a causa de su excesivo consumo, sobre todo en formas inorgánicas. El sodio contribuye a! mantenimiento del equilibrio ácido-base y del balance hídrico y electrolítico del organismo, siendo necesario para la correcta transmisión del impulso nervioso y para la excitabilidad normal de los músculos. La forma ideal de su consumo es a través de los alimentos frescos, que lo contienen en modo biológicamente asi milable. Pero el enorme consumo de sodio (representa el 40% de la sal común) proviene de productos industriales y a su vez está relacionado con deficiencias del electrolito sinérgico: e! potasio. El desorden sodio/potasio se ha convertido en una de las grandes causas de los modernos problemas de salud. Normalmente se piensa -y así lo sugieren los especialistas- que con evitar la sal se resuelve el problema del exceso de sodio. Sin embargo, el consumidor moderno se ve expuesto a la inadvertida presencia de variadas y a veces nefastas formas de sodio en los alimentos industrializados de uso corriente, la mayoría de las cuales no están indicadas en ¡as etiquetas de los productos que las contienen. Un ejemplo es el pan común, que suele aportar 1,3% de sal, o sea unos 500mg de sodio por cada 100g de un producto que se consume en grandes cantidades. Si tenemos en cuenta que la OMS recomienda que las personas adultas no superen los 6 gramos de sal al día (2,4 gramos de sodio), vemos que solo 500g diarios de pan bastan para superar dicho valor. El cloruro de sodio refinado es ampliamente utilizado por la industria alimentaria, que además de la propiedad saborizante, toma en cuenta el aspecto conservante de la sal. En muchos productos se usa en forma abundante para resaltar cualidades gustativas, mientras que en otros cumple una función preservante. Además, el sodio forma parte de gran cantidad de aditivos alimentarios legalmente autorizados: conservantes, estabilizantes, emulgentes, espesantes, gelificantes, potenciadores de sabor o edulcorantes. Veamos aquí la nómina de 44 aditivos basados en el sodio, que a veces aparecen en las etiquetas con a simple indicación numérica: E-201 sorbato sódico E-211 benzoato sódico E-215 derivado sódico del 4-hidroxibenzeno E-221 sulfito sódico E-222 bisulfito sódico E-223 metabisulfito sódico E-237 formiato de sodio E-250 nitrito sódico E-251 nitrato sódico E-262(i) acetato sódico E-262(ii) diacetato sódico E-281 propionato sódico E-301 ascorbato sódico E-325 lactato sódico E-331a citrato monosódico E-331b citrato disódico E-331c citrato trisódico E-335a tartrato onosódico E-335b tartrato disódico E-337 tartrato sódico-potásico E-339a fosfato monosódico E-339c fosfato trisódico E-350Í malato sódico E-350Ü malato ácido de sodio E-401 alginato sódico E-450a(i) difosfato disódico, trisódico E-450b(i) trifosfato pentasódico E-450c(i) poíifosfatos de sodio E-470 sales sódicas, potásicas y cálcicas E-481 estearoil 2-lactil-lactato sódico E-500a carbonato sódico E-500b bicarbonato sódico E-500c sesquicarbonato sódico E-514 sulfato sódico E-524 hidróxido sódico E-535 ferrocianuro sódico E-541 fosfato ácido de sodio y aluminio E-554 silicato de sodio y aluminio E-576 gluconato de sodio E-621 glutamato monosódico E-627 guanilato sódico E-631 inosinato disódico E-635 5'-ribonucleótido sódico Párrafo aparte para el glutamato monosódico, considerado como un aditivo peligroso. Su empleo en la industria alimentaria y en la restauración se remonta a casi medio siglo de historia, como potenciador de sabor. El E-621 (tal su identificación en las etiquetas) actúa como neurotransmisor, implicado en la respuesta sensorial característica del sentido del gusto, al intervenir en la transmisión de señales eléctricas a lo largo de las neuronas. Normalmente se usa en comidas precocidas, sopas, aperitivos, salsas, embutidos, cereales, carnes, mezclas de especias, conservas, alimentos procesados, sopas de sobre, cubitos de caldo, aderezos, etc. Pese a estar autorizado su uso, numerosos estudios han cuestionado seriamente la inocuidad del glutamato monosódico. Investigadores japoneses lo relacionan con la pérdida de visión a largo plazo y la ceguera. En diversos experimentos se demostró que su inyección directa en el ojo, en concentraciones entre bajas y moderadas, causa daño nervioso. Una investigación clínica de la Universidad Complutense de Madrid, ha revelado que la ingesta de glutamato monosódico aumenta considerablemente el apetito, con el consiguiente riesgo de obesidad. Consumido en exceso y/o desde la infancia, puede modificar el funcionamiento de una zona del cerebro que regula el apetito, aumentando el deseo de comer hasta en un 40%. En síntesis, el glutamato monosódico puede producir: contracciones musculares en la cara y el pecho, palpitaciones, ataques de asma y jaquecas, esterilidad, obesidad y el famoso "síndrome del restaurante chino" (rigidez muscular en cuello y mandíbula, degeneración de las células del cerebro, problemas gástricos, rigidez y/o debilidad en las extremidades, visión borrosa, mareos, cefaleas, opresión torácica, sensación de calor y hormigueo, aturdimiento y enrojecimiento facial). Puede ser suficiente la ingesta de 3 gramos de esta sustancia para generar dicho síndrome. link: http://www.youtube.com/watch?v=YYfHj_BsxGU
Sal rosada: La sal Saludable (1era parte)
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