En la actualidad, tener pareja ha pasado de ser algo socialmente deseado a ser una elección personal.
Anteriormente, las personas que estaban cerca de la treintena y no tenían pareja, eran consideradas casi como personas fracasadas y esto empeoraba en el caso de la mujer, que si no se casaba a cierta edad se convertía en una “solterona”.
Por aquel entonces no se planteaba el hecho de que una persona pudiera elegir ser soltera y disfrutar de ello.
Ser soltero en la actualidad
Actualmente vivimos en una sociedad en la que las personas sin pareja pueden gozar con total libertad de todo tipo de beneficios y disfrutar del ocio. Existen locales para “singles”, se disfruta y se sale más con los amigos o compañeros de trabajo, y en definitiva, se tiene más vida social. Asimismo, ya no se necesita pareja para ir al cine, ni al teatro, ni para viajar… ni siquiera para tener relaciones sexuales. Hoy en día existen múltiples formas para conseguir sexo esporádico, tanto por parte del hombre como por parte de la mujer (locales para solteros, internet, etc..).
La liberación de la mujer y su independencia económica del hombre hace que las mujeres ya no necesiten una pareja para vivir una vida plena e independiente. Las mujeres pueden decidir y planificar su maternidad fuera de la pareja, sin que esto suponga un problema.
¿Por qué queremos tener pareja?
Entonces, si el hecho de ser soltero implica ciertas ventajas: ¿por qué queremos tener pareja?
Las personas nos emparejamos buscando la felicidad o, al menos, para alcanzar un estado más agradable que el anterior, porque esto es una regla general del comportamiento humano, de nuestro comportamiento.
Una vez cubiertas las necesidades básicas de supervivencia, las personas tenemos unas necesidades afectivas y sociales muy importantes para el bienestar de la persona.
Estas necesidades son:
La necesidad afectiva. Necesitamos sentirnos queridos y querer a los demás; mostrar el afecto, saber recibirlo y sentirnos apoyados y comprendidos emocionalmente. Necesidad de amar y ser amado.
La necesidad de contacto sexual. Esta necesidad es evidente desde el punto de vista de la supervivencia de la especie, y también desde el punto de vista de la necesidad de comunicación humana y de intimidad corporal; necesitamos el contacto físico con los demás y buscamos el placer.
La necesidad social y de pertenencia. Las personas somos seres sociales, necesitamos a los demás, sentirnos vinculados a un grupo de personas, a alguien que nos enriquece.
¿Cómo se cubren estas necesidades a lo largo de la vida?
Durante la infancia y la adolescencia, estas necesidades están cubiertas por la familia y por el grupo de amigos.
En la edad adulta, los amigos empiezan a disminuir, las responsabilidades personales, económicas y de trabajo nos obligan a priorizar a quién y a qué dedicamos el escaso tiempo de ocio. De repente, nos damos cuenta de que ya no tenemos a tantas personas cerca como teníamos antes. Ya no nos sentimos tan apoyados; los amigos ya no están tan disponibles. Estas necesidades dejan de estar cubiertas.
Muchas personas adultas pueden cubrir estas necesidades con diferentes personas. Veámoslo:
La necesidad afectiva puede cubrirse con la familia o amigos muy cercanos.
La necesidad sexual puede cubrirse con una persona con la cual no mantengan una relación de pareja.
Las necesidades sociales y de pertenencia pueden satisfacerse con una vida social intensa.
Pero lo cierto es que la mayoría de personas prefieren tener una pareja: una persona con la que compartir intimidad, afecto, sexualidad y construir un proyecto de vida, de forma exclusiva.
Una pareja sana otorga bienestar y estabilidad. Todo esto, sin dejar atrás a la familia y a los amigos, puesto que pueden y deben mantenerse las relaciones con éstos.