
Un análisis solido del muy cacareado 'holocausto' desde la perspectiva de alguien que disecciona la ortodoxia histórica para analisarla objetivamente desde diversos ángulos. Este libro cubre los cuestionamientos básicos con suficiente profundez y claridad de exposición que brindan un panorama histórico más completo sobre el que resalta el porque el llamado holocausto no pudo haber ocurrido desde la perspectiva técnica y de logística. El clásico revisionista mejor vendido, ahora disponible para su
consulta
.
No me he propuesto en este libro traer a colación la cuestión de qué grado de crueldad justifica qué grado de irregularidades, sino más bien un punto sobre el que se
habla pocas veces y que es importante para debatir el tema: el hecho de que sin las
pruebas aportadas en los juicios, no habría evidencias signifitivas de que el programa de
exterminio de judíos existiera alguna vez. Uno no tiene más que examinar las fuentes
citadas por Hilberg y Reitlinger para darse cuenta de ello. Si los juicios no hubieran tenido
lugar, una persona que pretendiera la existencia del programa de exterminio no hubiera
podido, si fuera necesario, mostrar prueba alguna salvo unos pocos libros (sin incluir a
Hilberg y Reitlinger) cuyas acusaciones son tan poco sólidas como la suya. Por tanto el
problema de juzgar o no el exterminio de judíos no es una simple cuestión de si es o no
un asesinato masivo, sino solamente de un caso de asesinato sobre el que hay legítimas
y sólidas dudas acerca de si se llevo a cabo.
Esto puede sorprender al lector que considera la historia exterminacionista como una
verdad certera, pero sencillamente éste no es el caso. Hay muchas consideraciones que
apoyan este punto de vista y algunas son tan simples que pueden sorprender al lector. La
más simple y válida razón para mostrarse excéptico sobre el exterminio resulta ser también
el motivo más sencillo posible: al final de la guerra todavía estaban allí.
Esto debe aclararse un poco. Consideremos a un observador de la Europa
Occidental, familiarizado con la situación de la judería europea antes de la guerra,
elaborando un estudio de los judíos europeo-occidentales hacia, digamos, finales de
1946 (los judíos de Europa Oriental no se consideran). Los encontraría italianos,
franceses, belgas y daneses, la mayoría sin un rasguño (estas cuestiones se discutirán
más a fondo en capítulos posteriores). Por otro lado, habría encontrado un gran número
de judíos, la mayoría posiblemente, echados a faltar en Luxemburgo, Países Bajos y
Checoeslovaquia (entonces al alcance de los occidentales). La situación de la judería
austroalemana era confusa puesto que la mayor parte habían emigrado antes de la
guerra, y es difícil precisar cuántos y a dónde. En cualquier caso una gran cantidad,
probablemente los más numerosos, de aquellos que se quedaron no volvieron más a sus
antiguas residencias.
Sin embargo, las ausencias fueron puestas de relieve por el suceso obvio de que los
campos en Alemania para personas desalojadas estaban llenos de judíos (se ha dado
una cifra de más de 250.000) (2) y de que muchos judíos europeos emigraron a los
EE.UU. o a Palestina o a cualquier otro lado al principio de la guerra. Los datos
disponibles del observador occidental a finales de 1946 contradicen radicalmente las
acusaciones de exterminio que tanta publicidad recibieron durante el curso de la guerra y
en el posterior juicio de Nuremberg.