InicioInfoAdolescencia, posmodernidad y escuela secundaria.

Adolescencia, posmodernidad y escuela secundaria.

InfoFecha desconocida
Señores, aca les dejo algo que tuve que transcribir hace poco, tal vez a alguien le sea útil.


Adolescencia, posmodernidad y escuela secundaria.

Guillermo A. Obiols * Silvia Di Segni de Obiols


Modernidad y posmodernidad: elementos para entender un debate.



El cambio parece ser el denominador común de las últimas décadas. Aunque afecte todos los ámbitos y produzca crisis se vive diferente según territorio, sociedad, institución, grupo, generación, sector.
Aunque advertimos la interrelación de los cambios entre sí, más difícil resulta encontrar un hilo conductor que nos permita aproximarnos a comprender las grandes líneas de los procesos de cambio los que participamos, un hilo conductor que nos permita llegar a entender el sentido global de los mismos y nos posibilite una ubicación más o menos lúcida en relación con ellos. Consideraremos como punto de referencia la transición, el corte o el enfrentamiento modernidad-posmodernidad que atraviesa las disciplinas científicas pero también las expresiones estéticas, el mundo de los valores la política, la economía, la educación y la vida cotidiana.
La posmodernidad fue ocupando espacio a partir de los años ochenta.
Definimos posmodernidad entonces como la cultura que correspondería a las sociedades posindustriales, sociedades que se habrían desarrollado en los países capitalistas avanzados a partir de los años cincuenta sobre la base de la reconstrucción posguerra.
La posmodernidad debe comprenderse por referencia a lo que se denomina modernidad, ya sea que se la considere contrapartida, como su continuidad o su superación.


1. Las ideas de la modernidad en los siglos XVII y XVIII


La modernidad se había gestado en las ciudades comerciales de la Baja Edad Media en las que se había desarrollado el capitalismo y surgido una nueva clase social: la burguesía. De estas ciudades había partido el impulso de viajar y conocer el mundo, de afán, de riquezas y de conocimiento científico. Entonces, el progreso. El predominio económico y político se desplaza del Mediterráneo al Atlántico, a partir del siglo XVI. En materia religiosa, en el mismo siglo se produce la Reforma Protestante que defendía la libre interpretación de la Biblia. La religión se recluye así en la conciencia individual y se retira d los asuntos públicos.
Los cambios llevan a una crisis de la concepción medieval del mundo centrada en Dios y en considerar al ser humano una criatura trascendente cuyo auténtico destino es la salvación de su alma. La modernidad va a elaborar una concepción mas bien antropocéntrica, menos religiosa y más profana, para la cual la auténtica vida es la terrenal y el cuerpo recupera su lugar al lado del alma.

Con la crisis de la concepción medieval del mundo se cuestionan las grandes autoridades medievales: la Biblia, la Iglesia y Aristóteles. Como contrapartida, con el desarrollo científico, los tiempos modernos darán progresivamente más importancia a la observación y la experimentación que a cualquier autoridad.

Galileo Galilei y Descartes, entre otros, expresan sus dudas sobre lo enseñado. Los principios aristotélicos y los valores tradicionales. Este fue el sentimiento de la época frente a las transformaciones que han tenido lugar.

Esto implicó una democratización del saber y una concepción revolucionaria para la época. Inicialmente Descartes duda de todo, y aparece como un escéptico, pero profundizando en la duda descubre que en tanto que duda piensa y si piensa existe. “Pienso luego existo” se constituye en la primera verdad. La primera certeza es la existencia del yo que piensa.
Nunca antes de Descartes se le había dado un papel tan fundamental al sujeto pensante.

Crece el empirismo vigorosamente en Inglaterra, según éste, el conocimiento se halla fundado en la experiencia y, por experiencia, se entiende algún tipo de información sensorial. Para los empiristas no hay ideas innatas; la conciencia es una tabla rasa, un papel en blanco por escribir, y quien escribe es la experiencia.

La tradición racionalista francesa, el empirismo británico y el desarrollo de las ciencias son en el plano de las ideas, las fuentes de las que se nutre el Iluminismo en el siglo XVIII.
Esta corriente de pensamiento defiende una razón que se apoya en la experiencia, que va de lo singular a lo universal, de los hechos a los principios y que cada vez más, va tomando a la ciencia natural como el modelo de todo conocimiento.

En 1751 comenzó a publicarse la Enciclopedia o Diccionario Razonado de las Ciencias, de las Artes y de los Oficios. Característica de la Enciclopedia y del movimiento ilustrado es la idea de que el conocimiento es útil debe divulgarse y tiene un carácter liberador, pues a mayor instrucción corresponderá mayor virtud y mayor felicidad; en la divulgación del conocimiento los ilustrados le darán un papel privilegiado a la educación, la escuela y el libro.
En general los ilustrados ven el progreso como una posibilidad de la humanidad. El Iluminismo tiene una vocación universalista, sus ideales son de tipo universal, el ciudadano ilustrado rechazará los prejuicios de raza, nacionalidad o religión y se identificará con cualquier otro ilustrado en cualquier continente.

Los ilustrados son librepensadores. Está muy extendida la idea de una religión natural o deísmo.

Las normas morales y jurídicas de un pueblo se originan generalmente a partir de las tradiciones religiosas. Durante siglos se concibió al Estado como dotado de una religión oficial. En la Europa medieval, la religión católica es la fuente de las normas morales y jurídicas, las minorías son apenas toleradas. Con la Reforma Protestante y las guerras de religión del siglo XVII se quiebra la unidad religiosa y la idea de fundamentar la moral y el derecho en la religión cede su paso entre los iluministas a una concepción que busca establecer normas universales fundamentadas racionalmente.

El progreso consistirá en buscar establecer normas que, en lugar de valer para un pueblo o una cultura determinados, valgan para todos, sean universales, tengan un fundamento racional. Los requisitos de racionalidad y universalidad se complementan.

La ética de Kant, expuesta en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres y en la Crítica de la razón práctica va a constituir el más elaborado intento por construir una ética universal de naturaleza racional.

Lo importante es la voluntad. Una voluntad buena lo es en cualquier circunstancia independientemente de que alcance un fin propuesto. Las otras cualidades no pueden ser llamadas buenas sin restricción.
La voluntad sólo es buena cuando obra por deber, sólo estas acciones son las que merecen la calificación de moralmente buenas.

Kant define al deber como la necesidad de una acción por respeto a la ley. Se refiere a la ley moral universal. Lo moralmente malo consiste en que el sujeto se permita acciones que no les permite a los demás.

El imperativo categórico se constituye así en el fundamento racional de las normas morales que la modernidad buscaba. La ética kántica es a priori, puesto que el imperativo categórico no depende de condiciones o circunstancias empíricas, es formal porque lo que enuncia es la condición general a que deben someterse las acciones para ser consideradas moralmente buenas, pero no dice en concreto qué es lo que debe hacer cada individuo, por dejar librada a cada individuo la elección de las máximas con la sola restricción de que sean universalizables, la ética kantiana es autónoma.

El proceso de revoluciones independentistas que desde fines del siglo XVIII se desarrolla en el continente es expresión del clima de ideas de la modernidad.


2. El siglo XIX: Criticas y replanteos de las ideas de la modernidad.


En lo económico-social, el siglo XIX es la época de la consolidación del desarrollo industrial con la aplicación en gran escala de la máquina a las comunicaciones y a la producción. Con la Revolución industrial se desarrolla un nuevo sector social, el proletariado o la clase obrera, que va a librar importantes luchas sociales, que se transformaran en luchas políticas. Todo el periodo esta marcado por un ascenso constante en todos los países europeos de la burguesía. La burguesía, por una parte se opone a la nobleza; por la otra, se opone a las reivindicaciones obreras y populares, siendo ella misma heterogénea y tejiendo alianzas alternativamente con uno u otro sector social.

En el plano político, la primera mitad del siglo XIX oscilará entre la revolución y la restauración entre las repúblicas o monarquías constitucionales y las monarquías absolutistas. Ya en la segunda mitad, la revolución política se desvanece y lo que predomina es el despliegue del capitalismo en el mundo.

La restauración, después de la derrota de Napoleón en 1815 reacciona contra el iluminismo.
De maistre y Bonald, pensadores tradicionalistas, desechan la posibilidad de que el hombre programe racionalmente la sociedad.

Para la Escuela histórica de derecho, la generación anterior carecía de “sentido histórico”. Se desenvuelve el nacionalismo que constituirá una fuerza importante en el siglo XIX.

Aunque el siglo XVII, llamado el siglo de las luces, es el siglo de la razón universalista y de la idea de progreso, no faltaran tendencias que cuestionaran estas ideas en el plano practico y teórico.

G. Herder en su “Filosofía de la historia para la educación de la humanidad” sostiene una concepción providencialista de la historia en la que cada pueblo debe desarrollar sus propias instituciones y formas espirituales que le son características. Para Herder, cada época constituye una plenitud en si y no hay progreso en la historia.

Mientras el iluminismo se identifica con la razón y la ciencia, el romanticismo tiene una mayor inclinación por la emoción, la fuerza, la sensibilidad y lo instintivo. Lo estético es mas valorado que lo utilitario. Los románticos admiran lo exótico y lo misterioso y reivindican la edad media. Se idealizan labores campesinas y se condena al industrialismo que se asocia con fealdad. La personalidad debe librarse de la moralidad y convencionalismos sociales al servicio del orden. Hay un culto del héroe y del gran hombre que vive la vida intensa y arriesgadamente. Políticamente el romanticismo es antiuniversalista y nacionalista. El romanticismo es fuertemente antiliberal en la medida en que el liberalismo considera a la sociedad como la suma de los individuos y defiende los derechos de estos. Es fuertemente aristocratizante. Por sus propias concepciones, el romanticismo es un movimiento más literario que filosófico.

La critica de la modernidad en el siglo XIX iniciada por el romanticismo culminara en su segunda mitad con el pensamiento de Federico Nietzsche. Para este, la filosofía occidental, ha sido una filosofía del ser que busca un fundamento absoluto y que se ha olvidado del devenir, una filosofía del concepto que ignora la vida y la voluntad de vivir. Nietzsche también critica a la moral por su antinaturalidad, por su oposición a la vida. La moral tradicional es para Nietzche una moral de esclavos que exalta el dolor y que niega la que seria una moral de señores que apreciaría la vida. La moral tradicional ha significado un ascenso de los valores de los débiles; el liberalismo; la democracia; la revolución Francesa y los movimientos sociales del S XIX. La critica de la religión comienza por hacer notar que la religión nace del miedo. Para que el hombre viva, Dios ha de morir. Pero Dios ha muerto como fruto de la modernidad. No hay lugar para dios en la cultura moderna que es una cultura secularizada. Hemos matado a Dios.

Como resultado de la muerte de Dios, el hombre moderno ha llegado al nihilismo que significa una falta de metas, de respuestas a los porqué. Nos hallamos perdidos. La experiencia del nihilismo se acentuará en la experiencia vital del siglo XX después de las guerras mundiales.

Pero el siglo XIX no es todo romanticismo. Tres son los grandes pensadores que expresan una continuidad crítica respecto de la ilustración: Comte, Hegel y Marx.

Comte funda el positivismo en la primera mitad del siglo XIX. Comte dice que positivo significa lo real frente a lo quimérico, lo real es lo dado desde la experiencia; positivo significa lo útil; lo preciso; lo constructivo. Por ultimo, positivo es lo relativo, frente a lo absoluto, conocimiento de fenómenos, no de esencia.

El punto de partida de Comte es una filosofía de la historia que se resume en la Ley de los tres estados. El estado teológico, el metafísico y el positivo. El pasaje por los tres estados, además de una dimensión social, tiene una dimensión individual: el niño es teólogo: el adolescente, un metafísico, y el adulto, un científico o una mentalidad positiva.

La ciencia, para el positivismo, se apoya en una metodología general del tipo inductivista.
La ciencia tiene un carácter instrumental, es valiosa por que sirve a la técnica y a la industria.

Las ciencias se ordenan en una jerarquía que tiene en su base a la ciencia más general: la matemática.

La sociología es concebida por Comte como una ciencia natural, la denomina “física social”. Cuando la sociología ingrese con Comte, al estado positivo, la humanidad en su conjunto habrá ingresado al tercer estado. Esta concepción de las ciencias sociales como desarrollo de las ciencias naturales es típica del positivismo.

Cada estado (teológico, metafísico y positivo) constituye una situación transitoria, a excepción del ultimo, que es el estado definitivo.

Hegel, en los primeros años del siglo XIX, en su filosofía de la historia, trata de demostrar que el mundo de la voluntad no esta sometido al azar, que lo que sucede en la historia tiene un carácter racional. La primera categoría que surge al pensar el proceso histórico es la de “variación”, la de que en la historia todo pasa y nada permanece. Pero a la categoría de variación incesante, sucede la categoría del “rejuvenecimiento”: de la muerte surge una nueva vida. A esta superposición entre el fin de la historia y el fin subjetivo, Hegel la llama la argucia de la razón. Con estas categorías analiza el papel desempeñado en la historia por cada pueblo o cultura.

A mediados del siglo XIX, Marx construye su filosofía. De la filosofía Alemana Marx rescata buena parte del pensamiento de Hegel y Feurbach. De la economía política británica, Marx toma la teoría del trabajo como base del valor. Este pensamiento socialista es calificado por Marx como socialismo utópico, como una expresión voluntarista al que opondrá el socialismo científico. Marx entiende al socialismo como el avance hacia un mayor grado de complejidad y desarrollo social, posibilitado por el capitalismo.

Según Marx, el modo de producción capitalista lleva a una concentración de la burguesía-habra cada vez menos burgueses, cada vez más ricos- y a la proleterización de la inmensa mayoría de la sociedad. De las condiciones en que se desenvuelve el modo de producción capitalista surge la necesidad de un nuevo modo de producción: el socialismo, en el cual se establecerá la propiedad colectiva de los medios de producción y desaparecerá la burguesía como clase social. El proletariado, a través de la revolución social, puede y debe acelerar el proceso de surgimiento de la nueva sociedad. Las ideas de Marx inspiraron la mayor parte de los procesos revolucionarios del siglo XX.

Hegel, Marx y Comte expresan, cada uno a su manera, un pensamiento que cree ver en el desarrollo histórico de la humanidad una cierta lógica. Los tres confían en que la humanidad puede progresar. Los tres tienden a pensar en términos de la humanidad en su conjunto y aunque a ellos les interesa el desarrollo del individuo y su libertad, encuentran las posibilidades de realización del mismo inscribiéndolo en proyectos colectivos. También cuestionan las ideas iluministas y la revolución francesa. Es por eso que los consideramos como expresiones de la modernidad ya que tendrán gran influencia a lo largo del siglo XX.

Las ideas de la modernidad surgidas en interacción con la lucha política y el desarrollo científico-tecnológica modelaron el mundo en el que vivimos. Su sello se encuentra presente en las instituciones políticas y las practicas sociales, en los valores, las creencias y en las actitudes de millones de hombres.


3. Sociedades posindustriales y cultura.


Para Lyotard, la posmodernidad seria una edad de la cultura que se correspondería con un tipo de sociedad a la que se llama sociedad posindustrial.

La sociedad posindustria, era tecnotrónica; se habría desarrollado fundamentalmente en los países capitalistas avanzados luego de finalizada la segunda guerra mundial, desde los años cincuenta en adelante y se caracteriza por un notable desarrollo de las fuerzas productivas que producirá una enorme riqueza material, y una profunda modificación en la composición de las clases sociales: disminución de la cantidad de obreros agrícolas e industriales, aumento de profesionales liberales, técnicos, científicos y empleados. Las sociedades desindustriales se habían desarrollado sobre la base del modelo taylorista de producción en grandes series, la línea de montaje. En cambio en las sociedades posindustriales predominaría la producción de, relativamente, pequeñas series de artículos que son fabricados para una duración mucho más breve, ya que la constante innovación tecnológica los tornara obsoletos rápidamente. Por otra parte, el sector terciario, la producción de servicios concentra la mayor parte de la población económicamente activa, porque la industria automatizada necesitaremos personal pero mucho más capacitado. El conocimiento es la fuerza de producción fundamental y es imprescindible para el éxito de los emprendimientos económicos. También la producción agropecuaria sufre importantes modificaciones: Continua el desarrollo de la tecnificaron.

Las modificaciones tienen lugar no sólo en la faz productiva, si no también en la comercialización, en la que se desarrollan nuevas y sofisticadas formas de marketing.

Las líneas de producción y comercialización correspondientes a las sociedades industriales requieren actualización e innovación constantes, decisiones rápidas y descentralizadas.

Estos cambios en lo económico han significado una modificación importante en varios ordene y, en partícula, han implicado nuevas demandas al sistema educativo, ya que la producción necesita un trabajador que tenga buena formación general que le permita adaptarse a nuevas tecnologías a lo largo de su vida productiva; la comercialización requiere un empleado más calificado.

Las sociedades posindustriales se han desarrollado plenamente en los llamados países capitalistas avanzados en la segunda mitad del S.XX. Allí se habría gestado la cultura posmoderna, pero gracias a los medios de comunicación dicha cultura se extendería rápidamente por todo el mundo.

El concepto de sociedad posindustrial no es aceptado por otros autores que prefieren hablar de capitalismo tardío o capitalismo avanzado para resaltar que de lo que se trata es de la etapa del capitalismo multinacional, en el que el capital se extiende a territorios antes no tan mercantilizados como los relacionados con la producción estética.

La otra cara de este capitalismo tardío seria la ampliación de la brecha que separa ricos y pobres y la extensión de la marginalidad social aun en las propias sociedades capitalistas desarrolladas en las que coexisten.


4. Las ideas de la posmodernidad


Considerada negativamente la edad de la posmodernidad sería la época del desencanto, del fin de las utopías, de la ausencia de los grandes proyectos que descansaban en la idea de progreso.

Lyotard denomina peyorativamente, “grandes relatos” a los proyectos o utopías cuya finalidad era legitimar, dar unidad y fundamentar las instituciones y las prácticas sociales y políticas, las legislaciones, las éticas y las maneras de pensar. Para aceptar provisionalmente el nombre con que Lyotrad denomina a estos proyectos de la modernidad se podía fundamentar la institución escolar: formación del espíritu y búsqueda del saber por el saber mismo en las pedagogías idealistas de tanta influencia en el desarrollo de una escuela clásica, humanista y “desinteresada” apoyada en la enseñanza del arte, la ciencia y la filosofía, concientización para la emancipación y escuela productiva en las pedagogías de orientación socialista; escuela científica y tecnológica, con base en la biología y la psicología, desprecio por la metafísica y afirmación explícita de fines utilitarios, en las pedagogías de orientación positivista y liberal.

Según Lyotard todos los grandes relatos han entrado en crisis. Han sido invalidados por diferentes acontecimientos.

Según Lyotrad el pensamiento y la acción de los siglos XIX y XX están dominados por la idea de la emancipación de la humanidad, el progreso liberará a toda la humanidad de la ignorancia, de la pobreza, de la incultura, del despotismo y generará ciudadanos ilustrados, dueños de su destino.

La declinación de los ideales modernos según Lyotard sería el resultado del desarrollo de los mismos que han llevado a las guerras, los totalitarismos, la pobreza. Sólo el lenguaje de la política seguiría siendo moderno pero a su vez el tema de la presunta muerte de las ideologías es uno de los tópicos que se ha convertido en un lugar común del lenguaje de vastos sectores políticos que justifican de esta manera una conducta pragmática y la adaptación de su discurso a las nuevas condiciones.

La crisis de los principios de la modernidad ha sido diagnosticada desde ciertas cosmovisiones orientales que consideran a las ideas de dominio de la naturaleza desarrolladas en Occidente a partir de Bacon y Descartes están llevando a la aniquilación de la vida y la destrucción del mundo.

La posmodernidad tendría la fuerza de los hechos consumados, pero no es unívoca la interpretación y valoración de esos hechos, distintos autores han destacado ciertos sucesos y menospreciado otros con lo que han llegado a distintas cosmovisiones posmodernas, a veces contrapuestas entre sí.


5. La cultura de la imagen: otra estética.


En arquitectura, la piqueta que en nombre del progreso derriba lo viejo seria típicamente moderna, el “reciclaje” que recupera el pasado, posmoderno. Otra tendencia posmodernista es el predominio de lo ornamental y lo escenográfico.
En forma paralela, en arte y literatura, se imponen la desconstrucción y la recomposición, es decir, la descomposición de un todo y la organización de un nuevo producto con la mezcla de partes, dando lugar a un “collage”, la ruptura de la distinción entre literatura critica, cierto populismo estético y el desvanecimiento de la antigua frontera entre la cultura de elite y la cultura comercial o de masas.

Las tecnologías audiovisuales tienen un papel hegemónico en la comunicación y gracias a ellas todo es omnipresente. Las cosas son hechas para ser televisadas, hasta hay sexo telefónico y muchas imágenes muy sofisticadas acompañadas de pocas palabras, constituyen la forma de comunicación predominante. Signos icónicos, logotipo, en todos los casos, la comunicación por la imagen predomina. La multiplicación de las imágenes puede producir saturación en los receptores y condenar a las imágenes a una vida efímera: no están destinas a perdurar, si no mas bien a provocar un impacto y orientar una conducta; impacto y conducta que se buscara reforzar con nuevas imágenes. Aunque el espectador es bombardeado por las imágenes, no necesariamente permanece pasivo frente a las mismas.

El tipo de conductas como el zapping, el zipping, el flipping y el grazing, le permiten al argentino Oscar Landi preguntarse no sólo que es lo que la televisión ha hecho con la gente, si que es lo que la gente ha hecho con la televisión, constatando que hay una acción reciproca. Según Landi, el videoclip se constituye en el lenguaje de fin de siglo. La otrora inmóvil señal de cada canal se construye con el mecanismo del “collage” electrónico que termina haciendo surgir de las profundidades de la pantalla él numero que identifica cada emisora; los montajes rápidos, las superposiciones, fusiones, etc. Están a la orden del día de los programas para jóvenes, que se acostumbran rápidamente a las pautas de un lenguaje visual muy complejo y rápido y que se aburren frente a un paneo, una cámara fija o una comunicación con muchas palabras. La estética del videoclip también se traslada al cine.

La publicidad que mueve millones de dólares, se torna omnipresente; las marcas abandonan el púdico dobladillo y se exhiben, como “adidas” o “benetton”, en un par de zapatillas o en letras en gran tamaño en una remera. La publicidad es aceptada como arte y el artista integrado al sistema social. La producción estética posmoderna, a diferencia del modernismo artístico, ya no escandaliza a nadie, por el contrario se encuentra incorporada a la cultura oficial de la sociedad occidental en la medida en que se ha integrado en la producción de mercancías en general.

La escuela ,en general, permanece al margen de esta revolución en las comunicaciones que implican los medios e ignorante de la cultura de la imagen en la que se encuentra, a pesar, de que sus alumnos, son los mayores consumidores de esa cultura de la imagen. Por el contrario, lejos de desempeñar el papel de un ámbito para el análisis del mundo de las imágenes, la escuela desarrolla para los alumnos, en la figura de las autoridades y profesores, una imagen, vetusta y obsoleta, que no puede competir con las imágenes de los medios y cuyos mensajes son tratados como uno mas de los que reciben permanentemente.


6. Del sujeto moderno al individuo posmoderno


La posmodernidad había significado la emancipación del individuo del sometimiento al medio familiar o social. En la cultura posmoderna se acentúa el individualismo hasta el nivel del egoísmo, en un proceso de personalización que abarca todos los aspectos de la vida social y que significa la fractura de la socialización disciplinaria y la elaboración de una sociedad flexible basada en la información y en la estimulación de las necesidades.
Desaparece la trascendencia laica de una vida consagrada a un ideal, cualquiera que éste sea.

La consigna es mantenerse joven. Se trata de lucir un envoltorio superficialmente presentable y es por eso que la exaltación del cuerpo se acompaña de una exaltación de los sentidos y de un hedonismo que generalmente conspira contra la salud.

Este individuo se halla fundamentalmente solo entre otros individuos que persiguen su propia satisfacción, la imagen de la realización personal y la felicidad es el “relax”, un estado de ausencia de tensiones. Vive su existencia como un perpetuo presente. Busca el confort, el consumo, los objetos de lujo, el dinero y el poder. Este sujeto se halla muy lejos de aquel que hacía de la conciencia y del cultivo esforzado de una persona su mayor orgullo.

Lipovetzky sintetiza: “Lo que desaparece es esa imagen rigorista de la libertad, dando paso a nuevos valores que apuntan al libre despliegue de la personalidad íntima, la legitimación del placer, el reconocimiento de las peticiones singulares, la modelación de las instituciones en base a las aspiraciones de los individuos.”

La segunda revolución individualista trae el triunfo del libre despliegue de la personalidad íntima, con el derecho a la expresión sin límites y a vivir una sexualidad en la que ya no hay tabúes.

Lipovetzky habla de dos caras del proceso de personalización. Una amplia u operativa que consiste en todos los procedimientos fluidos y desestandarizados que las sociedades avanzadas ponen a disposición de sus miembros para las opciones de sus ciudadanos-clientes. La otra cara a la que se puede llamar salvaje o paralela, se origina en la voluntad de autonomía y de particularización de los grupos e individuos: feministas, neofeministas, de amigos de video, de homosexuales, de minorías étnicas, etc.

Para Lipovetzky la sociedad posmoderna es la era del vacío en la que los sucesos y las personas pasan y se deslizan, no hay ídolos, ni tabúes definitivos pero tampoco tragedia o Apocalipsis. No hay lugar para la revolución ni fuertes compromisos políticos.

La educación también se modifica. Después de la educación autoritaria y mecánica que Lipovetzky atribuye a la modernidad, se constituye el “régimen homeopático y cibernético”, después de la administración imperativa, la programación opcional.

La crisis del individuo constituido en los tiempos modernos también es aprovechada para revitalizar concepciones orientalistas de tipo holístico y naturalistas. Según ellas, la armonía del hombre con la naturaleza se lograría a través de una suerte de disolución del individuo en el cosmos. Habría que insertarse en ella como un ente para vivir en paz con los otros hombres, las otras especies vivas y en equilibrio con todo el medio ambiente.


7. Un nuevo papel para la ciencia.


La modernidad había inventado la ciencia y le había consagrado un lugar fundamental en la sociedad por sus promesas de llegar a la verdad y lograr un mundo mejor. Estas promesas de la ciencia habían triunfado por sobre las promesas de la religión: Verdad y salvación, y desde los siglos XVII y XVIII habían definido el ideal del científico como un hombre consagrado a la búsqueda de la verdad y al servicio de la humanidad.

Ambos ideales son cuestionados en el siglo XX. La verdad ya no parece poder alcanzarse. Las teorías científicas son consideradas como una aproximación infinita a la verdad por las concepciones hipotético- deductivistas de la ciencia sostenidas por Karl Popper y otros filósofos de la ciencia; estas concepciones no serian mas que una razonable adecuación del ideal moderno. Pero, posiciones mas radicales como la de Thomas Kuhn, se fueron desarrollando desde los años sesenta en adelante. Kuhn sostiene que en el desarrollo de la ciencia se producen revoluciones científicas que constituyen un enfrentamiento entre paradigma; es decir, entre una teoría que define un campo, una área de problemas y métodos legítimos, lo suficientemente abarcadora y lo bastante incompleta para dejar muchos problemas para ser resueltos por los científicos y otro paradigma alternativo. Kuhn afirma que la adhesión a uno u otro paradigma en disputa no puede decidirse acudiendo a una instancia que este por encima de los paradigmas, ni por procedimientos “científicos”, pues estos mismo están en disputa. La adhesión a uno u otro paradigma es mas bien una cuestión emocional que lógica. Kuhn ha llamado la atención sobre los aspectos sociales de la ciencia, mostrando que en la concreta producción del conocimiento científico juegan un papel importante las comunidades científicas y sus prejuicios.

Otros autores como Paul Feyerbend consideran a las comunidades científicas como grupos de presión política e interesadas, tras la bandera de la importancia de la ciencia, en defender sus propios privilegios.

Por otra parte, desde la ciencia misma la idea de un universo regular, ordenado, parece una utopía. Hay un lugar para el azar y la idea de un edificio científico perfectamente construido donde las teorías armonicen, no parece poder alcanzarse.

En consecuencia, la ciencia, según Lyotard, constituye simplemente un “juego de lenguaje” o, mejor, una pluralidad de juegos de lenguaje creados por los científicos y no hay otro criterio de legitimidad que el consenso de los que participan.

La otra gran promesa de la ciencia moderna, el ideal mundo mejor que podría obtenerse gracias al desarrollo científico, se ve cuestionado por las aplicaciones militares y la posibilidad de contaminación y destrucción de la naturaleza debida a las aplicaciones tecnológicas de la ciencia.

La actitud posmodernista más general es la aceptación de la ciencia de la ciencia, validada por sus aplicaciones tecnológicas, pero despojada de los ideales de verdad y progreso. Sin embargo, al mismo tiempo, junto a la ciencia hay lugar para el mito, la magia o la religión y practicas de origen oriental en la medida en que sean eficaces o presuntamente eficaces. Así, la critica posmodernista de la ciencia aunque termina con cierto cientificismo que había reducido todo conocimiento a conocimiento científico, abre el camino a una ciencia que puede desarrollarse lejos de cualquier humanismo, que es otra forma del cientificismo.


8. Los finales de la historia.


Otra área fuertemente conmovida por la irrupción de las ideas de posmodernidad es la historia. Si los grandes proyectos de la modernidad están agotados, si no hay lugar para la utopía de un futuro distinto, ¿puede todavía seguirse hablando de la historia humana como un proceso abierto, no concluido o es más razonable pensar que los países desarrollados han llegado a una especie de poshistoria, en la que nada significativamente nuevo es dable esperar?

En 1989 el Norteamérica de origen japonés Francis Fukuyama publico un articulo que tuvo un alto impacto especialmente fuera de los medios académicos con él titulo “ ¿El fin de la historia?”. En el mismo se plantea que a lo largo del siglo XX el liberalismo contenido en la primera guerra mundial con los restos del absolutismo todavía triunfante en Rusia en 1917, y contra el fascismo en la segunda guerra mundial y, finalmente, con el maoísmo chino que amenazaba con la tercera guerra mundial. Con el derrumbe de los regímenes comunistas en Europa Oriental y la Unión Soviética la democracia liberal de estilo occidental habría quedado sin rivales a la vista y la historia política de la humanidad habría llegado a su fin.

No habría ya un modelo social con pretensiones de representar una forma diferente y mas avanzada de organización de la sociedad humana. Paralelamente, asociada a la democracia liberal, la cultura occidental de consumo seria la aspiración de todo el mundo.

La poshistoria en la que ya se hallarían los países democráticos y desarrollados se caracterizaría por priorizar el desarrollo económico, el desentendimiento y la apatía política, la construcción de riqueza material en grado acelerado y la “mecanización común” de la política mundial; mas centrada en la economía que en la política. La no-participación de amplios sectores en las elecciones, la crisis de representatividad de los partidos políticos, el surgimiento de candidatos no políticos. La importancia creciente que se le otorga a los ministros de economía, se explicaría por esta clausura de una lucha política en la que ya no hay alternativas excluyentes, sino apenas una diferencia de matices entre candidatos muy semejantes.

Esta clausura de la historia con el presunto triunfo mundial de la democracia liberal y la cultura occidental de consumo, con sus serios problemas sociales como el racismo, la violencia, la marginación y la droga, plantea también una clausura de los ideales de la modernidad, afirmando que se han realizado, y aceptando la condición posmoderna como un estado definitivo de la humanidad.

Otros autores, como Takeshi Umehara polemizado con Fukuyama señalando que el colapso del marxismo, al que considera como una rama lateral desprendida de la modernidad, seguirá el colapso del liberalismo occidental, el tronco principal de las ideas modernas.

Como alternativa, el pensador Japonés supone que se desarrollara una sociedad humana en armonía con la naturaleza fundada en una ética mutualista y una concepción cíclica del tiempo, tradicional en las culturas orientales, que interpreta la vida, la muerte y la reencarnación como partes del mismo todo.

La clausura de la historia humana o la postulación de un carácter cíclico para la misma que la asimila a una historia natural constituyen de desde distintas ópticas posturas que impugnan las utopías y luchas por una sociedad mejor que se habían desarrollado con la modernidad.


9. Recreación de los proyectos de la modernidad


Las ideas de Lyotard, Lipovetzky y Fukuyama dan por sentado el final de la modernidad y sus proyectos y su reemplazo por la posmodernidad sin utopías, individualista, eficiente, consumista.
Para Finkielkraut se trata de evitar la derrota del pensamiento que significa vivir en la época de los feelings, para los que ya no hay ni verdad ni mentira.
Cuestiona la exaltación de la noción antropológica de cultura como el conjunto de hábitos o valores que el individuo adquiere por vivir en esa sociedad. No se nace individuo, se llega a serlo superando la ignorancia, el desorden de los apetitos, la mezquindad del interés privado, la tiranía de las tradiciones.

José Sebreli sostiene que en las últimas décadas, la sociedad occidental ha abandonado los rasgos que la distinguieron: racionalismo, creencia en la ciencia y la técnica, idea de progreso, humanismo, etc.

La negación del progreso del siglo XX constituye una utopía reaccionaria. La concepción activista del progreso no dice que nos aguarda un futuro mejor, sólo afirma que el mismo es posible y que vale la pena esforzarse por construirlo.

El presente determina el presente. El éxtasis de la existencia momentánea no puede mantenerse mucho tiempo, el placer se vuelve tedio. Al actuar el hombre sobrepasa el instante presente, se desborda inexorablemente hacia el porvenir. La realidad humana tiene tres dimensiones indisolublemente unidas, el pasado, el presente y el futuro.

Adolfo Sánchez Vázquez afirma que la sociedad posindustrial no es más que el capitalismo multinacional que se desarrolla con posteridad a la segunda guerra mundial, y que el posmodernismo, sería la ideología de este capitalismo tardío que niega el proyecto de emancipación de la modernidad, para legitimar la realidad existente, niega la historia y si la hubo considera que estamos en la poshistoria.

Para el filósofo alemán Frankfurt, Jürgen Habermas, las ideas de la posmodernidad se parecerían a las de la premodernizad y serían la expresión del auge neoconservador que siguió a la crisis del estado de bienestar en los años ochenta, y que condujo al desarrollo de un sistema económico casi autónomo que subordina al conjunto de la sociedad.

El proyecto de la modernidad consistió en un esfuerzo por desarrollar una ciencia objetiva, una moralidad y leyes universales y un arte autónomo para el enriquecimiento de la vida social cotidiana. Estas tres esferas tienen cada una su propio lenguaje que es ordinario. Éste presume la existencia de una razón comunicativa que se constituye a través y por encima de los diálogos reales y es la que posibilita cierta unidad y objetividad.

La modernidad aunque fue constitutiva de la emancipación nacional, no dejó de ser una modernidad periférica que casi no tocó amplios territorios e instituciones del país y la posmodernidad que se nos ofrece no se corresponde con el desarrollo de una sociedad posindustrial, sino más bien desindustrializada.

La cuestión modernidad-posmodernidad atraviesa las distintas áreas de la vida social y tiene una llamativa influencia en la medida en que las ideas que se sostienen en la discusión son la base teórica de propuestas en el plano político, económico, educativo, etc. propuestas que buscan encauzar la vida de los hombres en determinadas direcciones.
Datos archivados del Taringa! original
5puntos
513visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

4
4BR4H4M🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts14
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.