Viva Capusotto
elamante.com
Gran parte de la redacción de la revista está de acuerdo con que Peter Capusotto y sus videos es de lo mejor que le pasó a la televisión. Nuestro memorioso -y vertiginoso- Hernán Schell interpretó el sentir popular de los escribas de El Amante y, dado que el programa arranca con novedades el 10 de septiembre, envía sus loas. Adelante, amigos (y vean el programa, qué tanto...).
Déjalos desangrarse
Sal en mi video
Cariño, todas las noches
Todo el mundo de la tele por cable
Pensará que eres un fenómeno
Puedes enseñar las piernas al subir al coche
Y yo podré cara de asco
Mientras destrozo mi guitarra.
-Frank Zappa, Be in my video
Si hay una epidemia que padece la televisión argentina actual es la de la infelicidad. Hoy en día, parece, la forma más común que se tiene para tratar de aumentar el rating es armando polémica con una persona a la que, previamente, se le señaló algún aspecto de su vida o personalidad pocoagradable de modo que se ofenda. También tenemos programas que utilizan personas poniéndoles jurados que los humillen y enfocándolos en primeros planos cada vez que lloran porque perdieron en algún duelo bailable (ShowMatch) o en alguna competencia entre cantantes adolescentes (High School Musical). También hoy, el reality show más duradero no es otra cosa que un ejercicio de sadismo en el que se encierra un conjunto de personas entre quienes se encuentran varias con algún pasado o presente tortuoso y/o un equilibrio psicológico por demás dudoso. Mientras tanto, los periodistas argentinos en noticieros o programas periodísticos son en su mayoría gente que da malas noticias exhibiendo un nivel de indignación y angustia gigantesca, evideciándonos que se sienten verdaderamente mal con el deber de ser comunicadores sociales.
Un caso similar existe hoy en el humor argentino. El grueso de los programas cómicos tienen como objetivo burlarse de la propia televisión mediante el uso de archivos o mediante entrevistas a personas del medio. Casi todos ellos están empeñados en observar cómo el medio en el que trabajan les da vergüenza ajena. Duro de Domar, TVR, CQC, Bendita TV o el recién llegado Zapping son programas dedicados en buena parte, cuando no totalmente, a mostrar cuánto de estúpido y desastroso hay en la pantalla chica. Finalmente, ver estos programas termina dando la sensación de que la televisión local se compone básicamente por una buena cantidad de porquería, un imperio dominado por gente mayormente inescrupulosa donde los mayores protagonistas son periodistas chimenteros con tanta ética como Calígula, y mujeres deseosas de mostrar la carne pero absolutamente alejadas del más mínimo esfuerzo intelectual.
No es que sea exactamente molesto que exista un programa cómico basado en destrozar la televisión: algunos lo hacen con verdadera gracia. Es más: puede decirse que de vez en cuando estos programas pueden elaborar informes cómicos de una lucidez ejemplar (desde este punto de vista, lo que ha logrado en ocasiones TVR es más que loable). Pero también es cierto que ver tantos programas humorísticos proponiendo reírse de lo mismo termina agotando, más aún si a veces estos programas lo hacen desde un lugar excesivamente soberbio, o si recurren a la manipulación mediante el montaje para sacar frases de contexto y dejar mal parada a una persona, o si nos quiere hacer creer que siempre que toda persona que opina algo diferente de lo que opinaba un tiempo atrás es un hipócrita (desde este punto de vista, todos estos defectos pueden verse de manera más cristalina, nuevamente, en TVR).
En el humor televisivo argentino hay, sin embargo, una notable excepción: se emite por canal 7 los lunes a las 23a y se llama Peter Capusotto y sus videos y se trata, sin lugar dudas, del programa más feliz de la televisión.
Peter..., programa nacido en Rock and PopTV y llegado hace dos años a nuestras pantalla (este 10 de septiembre a las 23 horas, recuerde señor lector, empieza la tercera temporada), consiste mayormente en mostrar al cómico Diego Capusotto en diferentes personajes (uno que nunca puede terminar una canción, un poeta que pasa del lenguaje culto a hacer el más burdo teatro de revista, un cantante de rock pasado de droga); entre sketch y sketch se exhiben videos de grupos de rock y pop en general de los sesenta y setenta, incluso algunos que se encuentran totalmente alejados del conocimiento de espectador no especializado en el tema y de los que uno ni se imaginaba que podía llegar a verse material. Así que uno puede decir, en principio, teniendo en cuenta esta última característica -y dado que el rock es uno de los fenómenos más importantes de la cultura del siglo XX- que Peter..., por la cantidad de bandas que rescata del olvido y por la avidez que genera por conocerlas (personalemente, una persona poco empapada en el tema del rock como yo se ha interesado y ha conocido una buena cantidad grupos gracias a este programa), es además una de las propuestas culturales más interesantes e inteligentes en años.
Además Peter... es un programa que sabe convertir sabiamente uno de los mayores defectos del canal -el bajo presupuesto- en una virtud. Esto ya lo hizo el propio Capusotto junto a Fabio Alberti en ese objeto de culto que fue Todo por $2. Sin embargo, hay una diferencia radical en la utilización de lo berreta entre el mencionado programa y Peter... En Todo... los escenarios mal hechos y los efectos especiales evidentemente lastimosos eran parte de la comicidad del programa. Peter... en cambio, casi nunca hace de lo berreta algo gracioso. Cuando vemos a Capusotto haciendo algunos de sus personajes frente a una escenografía pobre, lo que hacen estos escenarios no es producir un efecto cómico, dado que no son por lo general más que fondos negros o exteriores de la Capital Federal, sino hacer que nos concentremos exclusivamente en las habilidades del actor para hacernos reír. Esta estética de los sketchs coincide ni más ni menos que con la estética de la mayoría de los videos que pasa el programa. Lejos de querer invadirnos con esos nuevos videoclips de autor dirigidos por gente como Spike Jonze o Michel Gondry (donde la canción y los músicos están ahí como excusa para que el realizador pueda exhibir su supuesto virtuosismo y su frondosa imaginación visual), el programa opta por pasar, más que nada, videos de hace varias décadas donde la cámara lo único que hacía era mostrar a la banda tocando sobre un escenario. Uno sabe que si a estos sketch o videos se les agregara un solo efecto especial bien hecho, un solo gesto de esfuerzo de producción, su encanto mermaría o quedaría anulado por completo; le quitarían esa dignidad que tiene ver cómo todo el atractivo de la escena está obligado a recaer pura y exclusivamente sobre las habilidades de la banda o el talento del comediante (y en este último caso también en los propios guionistas del sketch, por supuesto, el propio Capusotto y Peter Saborido).
Pero si hay algo que verdaderamente exudan estos sketch y videos es la mencionada sensación de felicidad, porque mostrar gente haciendo humor y música en esas condiciones, sin grandes producciones detrás ni ostentación de dinero, denota un amor especial por la propia profesión. Peter... no es otra cosa que una gran fiesta: no por nada el programa presenta los videos con la torta festiva del álbum Let it Bleed y los títulos finales se dan mientras vemos a los Beatles festejando entre personas que cantan el glorioso coro final de Hey Jude. Después de todo estamos ante un programa donde la gente tiene la oportunidad de hacer lo que disfruta y donde presentadores que quieren el rock pueden difundirlo.
Lo curioso es que esta sensación de alegría despierta también cierto sentimiento de rebeldía hacia el estado de la televisión actual. Hoy en día, como ya se mencionó, existen demasiados programas humorísticos de archivo que se empeñan en mostrar lo falso que es Tinelli, las poses rebeldes de Pergolini (cuando el programa no es de Pergolini, claro), diversos momentos de realitys que dan vergüenza ajena y variados accionares incompetentes de periodistas argentinos. Son tantos al mismo tiempo diciéndonos lo mismo que a uno ya no le causa rechazo lo que ve en sus informes: más bien se resigna a la supuesta situación de que los rayos catódicos no pueden emitir otra cosa sino estupidez. Peter..., en cambio, llega a la excelencia televisiva eligiendo el camino más extraño tomado por la pantalla chica hoy en día, el de la soledad y el goce, el de quien aprovecha el espacio que le da el canal para exhibir lo que le gusta y sentirse feliz por ello. Esto es lo que termina haciendo que nos demos cuenta que la televisión pueda ser otra cosa, lo que termina, en suma, haciendo que sintamos un rechazo visceral por quienes quieren inundarnos el medio de mediocres e inescrupulosos y querramos mejores cosas para ver, cosas hechas con inteligencia y un apasionamiento genuino por lo que se está haciendo. Con Peter Capusotto y sus videos nos volvemos todos, de pronto, espectadores rockeros, risueños y, sobre todo, exigentes.
Hernán Schell
http://elamante.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1216&Itemid=1
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Gran parte de la redacción de la revista está de acuerdo con que Peter Capusotto y sus videos es de lo mejor que le pasó a la televisión. Nuestro memorioso -y vertiginoso- Hernán Schell interpretó el sentir popular de los escribas de El Amante y, dado que el programa arranca con novedades el 10 de septiembre, envía sus loas. Adelante, amigos (y vean el programa, qué tanto...).
Déjalos desangrarse
Sal en mi video
Cariño, todas las noches
Todo el mundo de la tele por cable
Pensará que eres un fenómeno
Puedes enseñar las piernas al subir al coche
Y yo podré cara de asco
Mientras destrozo mi guitarra.
-Frank Zappa, Be in my video
Si hay una epidemia que padece la televisión argentina actual es la de la infelicidad. Hoy en día, parece, la forma más común que se tiene para tratar de aumentar el rating es armando polémica con una persona a la que, previamente, se le señaló algún aspecto de su vida o personalidad pocoagradable de modo que se ofenda. También tenemos programas que utilizan personas poniéndoles jurados que los humillen y enfocándolos en primeros planos cada vez que lloran porque perdieron en algún duelo bailable (ShowMatch) o en alguna competencia entre cantantes adolescentes (High School Musical). También hoy, el reality show más duradero no es otra cosa que un ejercicio de sadismo en el que se encierra un conjunto de personas entre quienes se encuentran varias con algún pasado o presente tortuoso y/o un equilibrio psicológico por demás dudoso. Mientras tanto, los periodistas argentinos en noticieros o programas periodísticos son en su mayoría gente que da malas noticias exhibiendo un nivel de indignación y angustia gigantesca, evideciándonos que se sienten verdaderamente mal con el deber de ser comunicadores sociales.
Un caso similar existe hoy en el humor argentino. El grueso de los programas cómicos tienen como objetivo burlarse de la propia televisión mediante el uso de archivos o mediante entrevistas a personas del medio. Casi todos ellos están empeñados en observar cómo el medio en el que trabajan les da vergüenza ajena. Duro de Domar, TVR, CQC, Bendita TV o el recién llegado Zapping son programas dedicados en buena parte, cuando no totalmente, a mostrar cuánto de estúpido y desastroso hay en la pantalla chica. Finalmente, ver estos programas termina dando la sensación de que la televisión local se compone básicamente por una buena cantidad de porquería, un imperio dominado por gente mayormente inescrupulosa donde los mayores protagonistas son periodistas chimenteros con tanta ética como Calígula, y mujeres deseosas de mostrar la carne pero absolutamente alejadas del más mínimo esfuerzo intelectual.
No es que sea exactamente molesto que exista un programa cómico basado en destrozar la televisión: algunos lo hacen con verdadera gracia. Es más: puede decirse que de vez en cuando estos programas pueden elaborar informes cómicos de una lucidez ejemplar (desde este punto de vista, lo que ha logrado en ocasiones TVR es más que loable). Pero también es cierto que ver tantos programas humorísticos proponiendo reírse de lo mismo termina agotando, más aún si a veces estos programas lo hacen desde un lugar excesivamente soberbio, o si recurren a la manipulación mediante el montaje para sacar frases de contexto y dejar mal parada a una persona, o si nos quiere hacer creer que siempre que toda persona que opina algo diferente de lo que opinaba un tiempo atrás es un hipócrita (desde este punto de vista, todos estos defectos pueden verse de manera más cristalina, nuevamente, en TVR).
En el humor televisivo argentino hay, sin embargo, una notable excepción: se emite por canal 7 los lunes a las 23a y se llama Peter Capusotto y sus videos y se trata, sin lugar dudas, del programa más feliz de la televisión.
Peter..., programa nacido en Rock and PopTV y llegado hace dos años a nuestras pantalla (este 10 de septiembre a las 23 horas, recuerde señor lector, empieza la tercera temporada), consiste mayormente en mostrar al cómico Diego Capusotto en diferentes personajes (uno que nunca puede terminar una canción, un poeta que pasa del lenguaje culto a hacer el más burdo teatro de revista, un cantante de rock pasado de droga); entre sketch y sketch se exhiben videos de grupos de rock y pop en general de los sesenta y setenta, incluso algunos que se encuentran totalmente alejados del conocimiento de espectador no especializado en el tema y de los que uno ni se imaginaba que podía llegar a verse material. Así que uno puede decir, en principio, teniendo en cuenta esta última característica -y dado que el rock es uno de los fenómenos más importantes de la cultura del siglo XX- que Peter..., por la cantidad de bandas que rescata del olvido y por la avidez que genera por conocerlas (personalemente, una persona poco empapada en el tema del rock como yo se ha interesado y ha conocido una buena cantidad grupos gracias a este programa), es además una de las propuestas culturales más interesantes e inteligentes en años.
Además Peter... es un programa que sabe convertir sabiamente uno de los mayores defectos del canal -el bajo presupuesto- en una virtud. Esto ya lo hizo el propio Capusotto junto a Fabio Alberti en ese objeto de culto que fue Todo por $2. Sin embargo, hay una diferencia radical en la utilización de lo berreta entre el mencionado programa y Peter... En Todo... los escenarios mal hechos y los efectos especiales evidentemente lastimosos eran parte de la comicidad del programa. Peter... en cambio, casi nunca hace de lo berreta algo gracioso. Cuando vemos a Capusotto haciendo algunos de sus personajes frente a una escenografía pobre, lo que hacen estos escenarios no es producir un efecto cómico, dado que no son por lo general más que fondos negros o exteriores de la Capital Federal, sino hacer que nos concentremos exclusivamente en las habilidades del actor para hacernos reír. Esta estética de los sketchs coincide ni más ni menos que con la estética de la mayoría de los videos que pasa el programa. Lejos de querer invadirnos con esos nuevos videoclips de autor dirigidos por gente como Spike Jonze o Michel Gondry (donde la canción y los músicos están ahí como excusa para que el realizador pueda exhibir su supuesto virtuosismo y su frondosa imaginación visual), el programa opta por pasar, más que nada, videos de hace varias décadas donde la cámara lo único que hacía era mostrar a la banda tocando sobre un escenario. Uno sabe que si a estos sketch o videos se les agregara un solo efecto especial bien hecho, un solo gesto de esfuerzo de producción, su encanto mermaría o quedaría anulado por completo; le quitarían esa dignidad que tiene ver cómo todo el atractivo de la escena está obligado a recaer pura y exclusivamente sobre las habilidades de la banda o el talento del comediante (y en este último caso también en los propios guionistas del sketch, por supuesto, el propio Capusotto y Peter Saborido).
Pero si hay algo que verdaderamente exudan estos sketch y videos es la mencionada sensación de felicidad, porque mostrar gente haciendo humor y música en esas condiciones, sin grandes producciones detrás ni ostentación de dinero, denota un amor especial por la propia profesión. Peter... no es otra cosa que una gran fiesta: no por nada el programa presenta los videos con la torta festiva del álbum Let it Bleed y los títulos finales se dan mientras vemos a los Beatles festejando entre personas que cantan el glorioso coro final de Hey Jude. Después de todo estamos ante un programa donde la gente tiene la oportunidad de hacer lo que disfruta y donde presentadores que quieren el rock pueden difundirlo.
Lo curioso es que esta sensación de alegría despierta también cierto sentimiento de rebeldía hacia el estado de la televisión actual. Hoy en día, como ya se mencionó, existen demasiados programas humorísticos de archivo que se empeñan en mostrar lo falso que es Tinelli, las poses rebeldes de Pergolini (cuando el programa no es de Pergolini, claro), diversos momentos de realitys que dan vergüenza ajena y variados accionares incompetentes de periodistas argentinos. Son tantos al mismo tiempo diciéndonos lo mismo que a uno ya no le causa rechazo lo que ve en sus informes: más bien se resigna a la supuesta situación de que los rayos catódicos no pueden emitir otra cosa sino estupidez. Peter..., en cambio, llega a la excelencia televisiva eligiendo el camino más extraño tomado por la pantalla chica hoy en día, el de la soledad y el goce, el de quien aprovecha el espacio que le da el canal para exhibir lo que le gusta y sentirse feliz por ello. Esto es lo que termina haciendo que nos demos cuenta que la televisión pueda ser otra cosa, lo que termina, en suma, haciendo que sintamos un rechazo visceral por quienes quieren inundarnos el medio de mediocres e inescrupulosos y querramos mejores cosas para ver, cosas hechas con inteligencia y un apasionamiento genuino por lo que se está haciendo. Con Peter Capusotto y sus videos nos volvemos todos, de pronto, espectadores rockeros, risueños y, sobre todo, exigentes.
Hernán Schell
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