A los 48 años de su muerte, Camilo Cienfuegos es la imagen del pueblo
A 48 años de su trágica desaparición física, millones de cubanos hacemos nuestra su fidelidad al Comandante en Jefe, y en instantes en que el clan Bush y la mafia miamense arrecian sus amenazas contra Cuba, recordamos que un día nos dijo que "el Ejército Rebelde es el pueblo uniformado.
Al conmemorarse este 28 de octubre el aniversario 48 de su desaparición física, el Comandante Camilo Cienfuegos, con su sonrisa a todo rostro y su valor rayano en la épica, continúa siendo el Señor de la Vanguardia...
Hermanados en hazañas y proezas, a pesar de sus diferentes temperamentos, los comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara también coincidieron en octubre para convertirse en banderas de combate y símbolos de intransigencia.
Ambos, a las órdenes del Comandante en Jefe Fidel Castro, jamás titubearon en dar un paso al frente, y así fueron designados como jefes de las dos columnas rebeldes, que en 1958 reeditaron la invasión que Máximo Gómez y Antonio Maceo habían realizado a fines del siglo XIX, desde Oriente hasta Occidente.
En los albores de la Libertad, Camilo tomó la mayor fortaleza militar de la tiranía, el cuartel de Columbia, y Che se hizo cargo de otra no menos pequeña, La Cabaña.
El 8 de enero de 1959, al dialogar por primera vez con el pueblo habanero tras culminar la Caravana de la Libertad, Fidel no vaciló, cuando explicaba que en lo adelante todo sería más difícil, en indagar si el pueblo estaba comprendiendo sus palabras, y entre tantos valiosos compañeros a su lado en aquella tribuna de luces, barbas y palomas, sencillamente pronunció una frase convertida en consigna: "¿Voy bien, Camilo…?"
Una amplia sonrisa y un movimiento afirmativo de su juvenil rostro, cubierto de barbas y melenas bajo el sombrero alón, fue suficiente por respuesta al líder de la naciente Revolución Cubana, que tenía en Camilo a uno de sus principales pilares.
Estados Unidos, no es secreto alguno, no espero un minuto para reiniciar sus afanes anexionistas, ahora con el anhelo de acabar con la Revolución desde su mismo inicio. La cúpula gobernante de Washington fraguó planes desestabilizadores, tras haber acogido como santos a los asesinos, torturadores, ladrones y politiqueros de la tiranía batistiana, que armada, entrenada y asesorada por ellos, huyeron en desbandada, mientras en lo interno quedaban elementos ambiciosos, capaces de todo en su afán de lucrar, por no haber comprendido que esta sí era una Revolución de verdad.
Ante la vil traición con asiento en el Regimiento de Camagüey, dirigida por uno de esos fantoches que ahora claman desde Miami por invasiones y más mano dura por parte del imperio, Fidel designó a Camilo para reducir y arrestar a los pocos sediciosos que osaron provocar al pueblo.
Sin armas, solo con su vergüenza, coraje, dignidad y moral, Camilo penetró en la guarida donde se refugiaban los traidores, y cumplió la orden del Jefe, a quien antes había escrito con el alma: "Más fácil me será dejar de respirar que dejar de ser fiel a tu confianza…"
De regreso a La Habana para informar al Comandante en Jefe de la situación, la pequeña avioneta Cessna-310 en la cual viajaba desapareció en medio de una de las tormentas tan frecuentes en esta área del Caribe en los meses de octubre. Con Camilo venían el piloto, primer teniente Luciano Fariñas y su escolta, el sargento Félix Rodríguez, también desaparecidos.
Personalmente Fidel dirigió la búsqueda de su compañero y hermano durante largos días, noches y madrugadas, hasta que se impuso la realidad de que Camilo había sido tragado por el mar.
Al informar al pueblo acerca de la tragedia, Fidel expresó otra frase, que verdad histórica, también se ha tornado en consigna: "En el pueblo hay muchos Camilo".
Al año siguiente de su desaparición, Che tuvo la idea de honrar a su gemelo en la Gloria, y se dirigió con sus pequeños hijos hacia el Malecón habanero, desde donde arrojó un ramo de flores al mar.
A partir de esa fecha, cada año se repite la tradición iniciada por Che, y hombres, mujeres, ancianos y niños lanzan al mar "una flor para Camilo".
MUCHOS 28 DE OCTUBRE
Pero no solo al mar. He sido testigo de muchos 28 de octubre en diferentes situaciones. Una de ellas me emocionó profundamente, cuando hacíamos prácticas militares en las montañas pinareñas, cercanas a la Cueva de los Portales, donde Che estableció su Comandancia en los "días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe".
Allí no hay mar, sino un arroyuelo de aguas frescas y limpias, que atraviesa de un lugar a otro la imponente mole de rocas. Pues ocurrió que los pioneritos de una escuela cercana a San Andrés de Caiguanabo marcharon hacia esa corriente fluvial, entonando himnos y canciones, y lanzaron sus flores para Camilo.
Sin embargo, la Cueva de los Portales es un paraje cubano. En otras latitudes también he presenciado a cientos de cubanos reeditar la tradición creada por Che Guevara.
En Angola, el 28 de octubre de 1976, pocos días después del horrendo Crimen de Barbados, cuyos autores intelectuales andan libremente por las calles miamenses, los cooperantes civiles cubanos y los combatientes internacionalistas, junto a numerosos hermanos angolanos, lanzamos flores al mar, a los ríos o arroyos, en homenaje a Camilo Cienfuegos.
Esta forma de honrar a un Héroe se realizó en Luanda, Cabinda, Lobito, Benguela, Port Alexander y donde quiera que hubiera un tramo de costa bañado por las aguas del Océano Atlántico, mientras que en tierra adentro, donde muchos jamás han visto a la mar, las flores para Camilo perfumaron ríos, arroyos, embalses y cascadas.
Desaparecido con apenas 27 años de edad, apodado el Señor de la Vanguardia y el Héroe de Yaguajay, Camilo supo ganarse en muy poco tiempo el respeto, la admiración y el cariño de su pueblo, porque precisamente, él era parte inseparable de su pueblo.
Che afirmó que "en su renuevo continuo e inmortal, Camilo es la imagen del pueblo", y exhortó a los niños cubanos a que trataran de imitar sus hazañas, como ahora reclamamos también que sean como Che.
A 48 años de su trágica desaparición física, millones de cubanos hacemos nuestra su fidelidad al Comandante en Jefe, y en instantes en que el clan Bush y la mafia miamense arrecian sus amenazas contra Cuba, recordamos que un día nos dijo que "el Ejército Rebelde es el pueblo uniformado".
Ante los nuevos peligros que acechan, el pueblo todo repite a coro Camilo los versos de Bonifacio Byrne, que declamó en su último discurso en público, ante casi un millón de compatriotas congregados frente al antiguo Palacio Presidencial, dos días antes de su muerte, cuando Fidel fundó las Milicias Nacionales Revolucionarias:
"Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi Bandera algún día:
¡nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía…!"
Héctor Arturo
http://www.viejoblues.com/Bitacora/node/3977
A 48 años de su trágica desaparición física, millones de cubanos hacemos nuestra su fidelidad al Comandante en Jefe, y en instantes en que el clan Bush y la mafia miamense arrecian sus amenazas contra Cuba, recordamos que un día nos dijo que "el Ejército Rebelde es el pueblo uniformado.
Al conmemorarse este 28 de octubre el aniversario 48 de su desaparición física, el Comandante Camilo Cienfuegos, con su sonrisa a todo rostro y su valor rayano en la épica, continúa siendo el Señor de la Vanguardia...
Hermanados en hazañas y proezas, a pesar de sus diferentes temperamentos, los comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara también coincidieron en octubre para convertirse en banderas de combate y símbolos de intransigencia.
Ambos, a las órdenes del Comandante en Jefe Fidel Castro, jamás titubearon en dar un paso al frente, y así fueron designados como jefes de las dos columnas rebeldes, que en 1958 reeditaron la invasión que Máximo Gómez y Antonio Maceo habían realizado a fines del siglo XIX, desde Oriente hasta Occidente.
En los albores de la Libertad, Camilo tomó la mayor fortaleza militar de la tiranía, el cuartel de Columbia, y Che se hizo cargo de otra no menos pequeña, La Cabaña.
El 8 de enero de 1959, al dialogar por primera vez con el pueblo habanero tras culminar la Caravana de la Libertad, Fidel no vaciló, cuando explicaba que en lo adelante todo sería más difícil, en indagar si el pueblo estaba comprendiendo sus palabras, y entre tantos valiosos compañeros a su lado en aquella tribuna de luces, barbas y palomas, sencillamente pronunció una frase convertida en consigna: "¿Voy bien, Camilo…?"
Una amplia sonrisa y un movimiento afirmativo de su juvenil rostro, cubierto de barbas y melenas bajo el sombrero alón, fue suficiente por respuesta al líder de la naciente Revolución Cubana, que tenía en Camilo a uno de sus principales pilares.
Estados Unidos, no es secreto alguno, no espero un minuto para reiniciar sus afanes anexionistas, ahora con el anhelo de acabar con la Revolución desde su mismo inicio. La cúpula gobernante de Washington fraguó planes desestabilizadores, tras haber acogido como santos a los asesinos, torturadores, ladrones y politiqueros de la tiranía batistiana, que armada, entrenada y asesorada por ellos, huyeron en desbandada, mientras en lo interno quedaban elementos ambiciosos, capaces de todo en su afán de lucrar, por no haber comprendido que esta sí era una Revolución de verdad.
Ante la vil traición con asiento en el Regimiento de Camagüey, dirigida por uno de esos fantoches que ahora claman desde Miami por invasiones y más mano dura por parte del imperio, Fidel designó a Camilo para reducir y arrestar a los pocos sediciosos que osaron provocar al pueblo.
Sin armas, solo con su vergüenza, coraje, dignidad y moral, Camilo penetró en la guarida donde se refugiaban los traidores, y cumplió la orden del Jefe, a quien antes había escrito con el alma: "Más fácil me será dejar de respirar que dejar de ser fiel a tu confianza…"
De regreso a La Habana para informar al Comandante en Jefe de la situación, la pequeña avioneta Cessna-310 en la cual viajaba desapareció en medio de una de las tormentas tan frecuentes en esta área del Caribe en los meses de octubre. Con Camilo venían el piloto, primer teniente Luciano Fariñas y su escolta, el sargento Félix Rodríguez, también desaparecidos.
Personalmente Fidel dirigió la búsqueda de su compañero y hermano durante largos días, noches y madrugadas, hasta que se impuso la realidad de que Camilo había sido tragado por el mar.
Al informar al pueblo acerca de la tragedia, Fidel expresó otra frase, que verdad histórica, también se ha tornado en consigna: "En el pueblo hay muchos Camilo".
Al año siguiente de su desaparición, Che tuvo la idea de honrar a su gemelo en la Gloria, y se dirigió con sus pequeños hijos hacia el Malecón habanero, desde donde arrojó un ramo de flores al mar.
A partir de esa fecha, cada año se repite la tradición iniciada por Che, y hombres, mujeres, ancianos y niños lanzan al mar "una flor para Camilo".
MUCHOS 28 DE OCTUBRE
Pero no solo al mar. He sido testigo de muchos 28 de octubre en diferentes situaciones. Una de ellas me emocionó profundamente, cuando hacíamos prácticas militares en las montañas pinareñas, cercanas a la Cueva de los Portales, donde Che estableció su Comandancia en los "días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe".
Allí no hay mar, sino un arroyuelo de aguas frescas y limpias, que atraviesa de un lugar a otro la imponente mole de rocas. Pues ocurrió que los pioneritos de una escuela cercana a San Andrés de Caiguanabo marcharon hacia esa corriente fluvial, entonando himnos y canciones, y lanzaron sus flores para Camilo.
Sin embargo, la Cueva de los Portales es un paraje cubano. En otras latitudes también he presenciado a cientos de cubanos reeditar la tradición creada por Che Guevara.
En Angola, el 28 de octubre de 1976, pocos días después del horrendo Crimen de Barbados, cuyos autores intelectuales andan libremente por las calles miamenses, los cooperantes civiles cubanos y los combatientes internacionalistas, junto a numerosos hermanos angolanos, lanzamos flores al mar, a los ríos o arroyos, en homenaje a Camilo Cienfuegos.
Esta forma de honrar a un Héroe se realizó en Luanda, Cabinda, Lobito, Benguela, Port Alexander y donde quiera que hubiera un tramo de costa bañado por las aguas del Océano Atlántico, mientras que en tierra adentro, donde muchos jamás han visto a la mar, las flores para Camilo perfumaron ríos, arroyos, embalses y cascadas.
Desaparecido con apenas 27 años de edad, apodado el Señor de la Vanguardia y el Héroe de Yaguajay, Camilo supo ganarse en muy poco tiempo el respeto, la admiración y el cariño de su pueblo, porque precisamente, él era parte inseparable de su pueblo.
Che afirmó que "en su renuevo continuo e inmortal, Camilo es la imagen del pueblo", y exhortó a los niños cubanos a que trataran de imitar sus hazañas, como ahora reclamamos también que sean como Che.
A 48 años de su trágica desaparición física, millones de cubanos hacemos nuestra su fidelidad al Comandante en Jefe, y en instantes en que el clan Bush y la mafia miamense arrecian sus amenazas contra Cuba, recordamos que un día nos dijo que "el Ejército Rebelde es el pueblo uniformado".
Ante los nuevos peligros que acechan, el pueblo todo repite a coro Camilo los versos de Bonifacio Byrne, que declamó en su último discurso en público, ante casi un millón de compatriotas congregados frente al antiguo Palacio Presidencial, dos días antes de su muerte, cuando Fidel fundó las Milicias Nacionales Revolucionarias:
"Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi Bandera algún día:
¡nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía…!"
Héctor Arturo
http://www.viejoblues.com/Bitacora/node/3977