Mendoza: Jaque mate a la Concertación Por Carlos Salvador La Rosa [email protected] Ayer en Mendoza hubo ganadores, perdedores y un muerto: la Concertación, fallecida en su tierra de origen. Y bien merecido se lo tiene porque fue una supuesta novedad que se construyó sin la menor grandeza, sin la menor audacia y sin la menor astucia. Sólo consistió en que un puñado de oficialistas provinciales intentaran ser a la vez oficialistas nacionales, y a que otro puñado de oficialistas nacionales intentaran a su vez ser oficialistas provinciales. Quedándose, a la postre, todos, sin el pan y sin la torta. Defectos concertadores. Egoístas, cada uno con su listita sin atreverse a ninguna alianza en serio, por temor a que alguno se quedara afuera. Oportunistas, sin renunciar a sus respectivos partidos de origen amenazando con volver a ellos si la suerte los favorecía. Ingenuos, confiando en que el matrimonio Kirchner les daría lo que les faltaba, dejándose arrastrar por ellos en vez de animarse a construir por sí mismos. Reactivos, porque de tanto predecir la muerte de los partidos, terminaron fortaleciéndolos con su estrepitosa derrota. Peligrosos porque introdujeron prácticas electorales que hieren la institucionalidad local, como el no a las internas, o el sí a los neolemas, los arrastres desvergonzados o las colectoras tramposas. Aquellos tiempos felices. Pero no siempre las cosas fueron tan mal. La Concertación, cuando aún no se llamaba así, sino que era simplemente el pacto Kirchner-Cobos, fue bien vista por los mendocinos contribuyendo a prestigiar la imagen en la provincia de ambos mandatarios: el gobernador y el presidente. En gran medida el triunfo obtenido por el cobismo en las elecciones legislativas de 2005 fue un estímulo del pueblo a que ese pacto, aún en galeras, se siguiera perfeccionando, porque se suponía era para el bien de Mendoza. Los muertos vivos y los vivos oportunistas. Pero del dicho al hecho hay un largo trecho. Larguísimo. En particular cuando ese pacto se concretó con todas las miserias, haciendo renacer a los muertos vivos del pasado peronista y demostrando el radicalismo una ferocidad internista que empezó a hacer dudar a los mendocinos. Reaparecieron figuras símbolo del pasado “pasado” que no pegaban ni con cola con la Concertación. Ambiciones de toda laya. Pases oportunistas de última hora. Todo lo peor de la vieja política haciéndose pasar por la nueva. Entonces, cuando el pueblo vio lo distinto que era el acuerdo que habían propuesto sus dos mandantes -el provincial y el nacional- frente al que ejecutaban en la práctica, claramente votó en contra de esta concertación. Una concertación que, lamentablemente, sólo vino a enredar la política mendocina sin aportarle nada nuevo, salvo nuevos problemas. Como una máquina ciega, la Concertación avanzó a puro aparato y a pura plata, esperando que el matrimonio presidencial peronista por arriba, y los peronistas fugados del PJ local por abajo, sirvieran de instrumento al radicalismo de Cobos y Biffi, para quedarse con la provincia a cambio de mostrar una genuflexión fingida. O sea, decir que se cambiaba algo para que todo siguiera igual. Como si aliarse con el peronismo fuera gratis. El triunfo del Chueco. Pícaros pero ingenuos, no sabían que se enfrentaban contra el rey de los aparatos, el mayor especialista en el tema a nivel nacional, Juan Carlos “Chueco” Mazzón, el mendocino que logró mantener su despacho pegado al de todos los presidentes peronistas desde Menem a la fecha, pero al cual Cristina amenazó con alejar de tan privilegiado lugar si no le ofrecía al menos un triunfo que le permitiera seguir siendo necesario. El “Chueco” Mazzón, sí, ese político en las sombras que nunca ganó una elección en Mendoza, ahora acaba de lograr su primera, simplemente porque sus adversarios quisieron jugar de aparato a aparato creyendo que el de ellos era superior. Lo cual era materialmente cierto, pero ocurre que el Chueco en su terreno es superior a cualquiera. Y fueron los concertadores los que se metieron en su terreno, abandonando la política por la publicidad, convencidos de su poderío material. Bastó entonces un par de buenas publicidades para liquidar el pleito televisivamente, oponiendo a las naderías biffistas los delirios peronistas acerca de una inseguridad que difícilmente podrá bajar en el tiempo y el porcentaje prometidos, pero que de tan bien hecha que estaba, ayudó mucho al PJ para ganar la gobernación. El triunfo del Celso. No obstante, sería pecar de injustos no reconocer los méritos propios del candidato Celso Jaque y del partido ganador quienes, aparte de moverse con mayor habilidad en la picaresca política, también supieron mostrar prolijidad, internas pacíficas, presentabilidad, menor vocación por el borocotismo que el adversario y razonable coherencia. Nada del otro mundo pero bastante en este mundo de tanto oportunismo político. El PJ descongelado, no renovado. No obstante, este peronismo que acaba de ganar no parece venir de un proceso de renovación interna profunda, sino que más bien semeja ser el mismo que perdió en 1999 frente a Roberto Iglesias, que luego permaneció congelado en el tiempo hasta que lo descongeló la división y las torpezas radicales. Por eso deberá demostrar en el gobierno algo más que los méritos formales que le bastaron para ganar a una concertación torpemente ejecutada. La ¿traición? del Néstor. Luego de las elecciones del Chaco donde un peronista ganó la provincia a la UCR antikirchnerista, el presidente dudó. No estaba seguro si la UCR perdió en Chaco por radical o por antiK. En cambio, Cobos estaba seguro de que había perdido por antiK. Por eso le prometió a Kirchner traer toda la UCR a sus pies si ganaba Mendoza. Pero Kirchner, mientras le sonreía a Cobos, escuchaba a los que le decían que los radicales K se vendían por más de lo que son. Entonces, ante la duda, adoptó una actitud salomónica: liberó apoyos equivalentes tanto para los concertadores mendocinos como para el PJ local. Y que gane el mejor. Lo que benefició mucho a un PJ que ya estaba resignado a pelear en inferioridad de condiciones y perjudicó mucho a una concertación que, suponía, sería la elegida de los reyes y que sólo se limitaba a hacer la plancha. Ahora Kirchner sabe que no se equivocó; que los radicales pierden por radicales. Por formar parte, todos, de un radicalismo que no sabe o no puede renovarse. Una parte de ellos porque deja que Alfonsín los siga llevando de las orejas. Y la otra parte porque se entregó de pies y manos al peronismo gobernante creyendo que esa abdicación serviría de algo. Mientras que otra radical, como Margarita Stolbizer, que no aceptó arrodillarse ante Alfonsín ni ante Kirchner, sino que intentó empezar de abajo y desde abajo, terminó más exitosa. Y con más futuro. Un lugar en el mundo para Cobos. En fin, Mendoza será gobernada por el PJ; la Nación por el kirchnerismo; una incipiente oposición comienza a nacer desde los centros urbanos más importantes del país. Queda un vicepresidente mendocino que ganó junto a Cristina pero perdió mal en su provincia, junto al proyecto que impulsó. Vicepresidente del cual algunos intentarán demostrar su innecesariedad. Y del que, es de esperar, la señora presidenta le permita complementarla aportando a la institucionalidad tan faltante y tan necesaria en nuestro país. Cosa para la que Cobos puede ser muy útil si no se lo anula como Kirchner hizo con Scioli. Porque así como en Mendoza se debe respetar al gobernador electo, en la Nación se debe respetar al vicepresidente electo. Fuente __________________________________________________________________________________________________________
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