ERP-PRT y la gran batalla que perdieron los argentinos
Circunscribir al represión de la guerrilla al enfrentamiento estrictamente militar fue uno de ellos mayores errores de la sociedad argentina durante los '70, y en particular de los militares, quienes equivocadamente creían que así consolidarían su poder.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (edición i). Tanto Juan Perón como los militares en actividad creyeron que se derrota a los caníbales comiéndoselos, y el enfoque resultó errado.
Precisamente muchos de los combatientes de aquella guerrilla derrotada en lo militar, cuando comprendieron la necesidad de reconvertirse hacia la política han logrado su venganza sobre sus adversarios de los '70.
El dato no puede pasar desapercibido en una sociedad que, sin embargo, parece enemistada con el ejercicio de la política al punto de no lograr reemplazar a los frágiles líderes que incursionan hoy precisamente en esa práctica.
La instrucción del presidente Néstor Kirchner al Ejército Argentino de brindar información que permita localizar los restos de Mario Roberto Santucho, secretario general del ERP-PRT, quien murió como consecuencia de heridas sufridas en un enfrentamiento con militares y policías, actualiza aquel debate y agrega un capítulo importante a una historia que, en el discurso oficial, hasta ahora se circunscribía a la ex organización Montoneros.
En la reconstrucción de la experiencia en Italia de ex integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) - Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que mantuvieron una Escuela de Cuadros europea, titulado Tributo a Naviante, su autor, Cacho Narzole, brinda un apropiado encuadre a todo el debate que provoca en la Argentina la decisión de los Kirchner de intentar reescribir la historia sobre los '70 como una táctica de acumulación de fuerzas más allá del peronismo, esfuerzo denominado 'transversal'.
"La voz que narra esta historia ya no existe. No es que haya sido acallada por muerte o desaparición, si bien es cierto que cualquiera de estos dos destinos pudo haberle cabido. No existe porque el mundo en el que se hizo oír, y donde se desarrollan las historias que aquí se cuentan, desapareció llevándose consigo las circunstancias -pero no las razones- por las que sus palabras se convirtieron en grito de lucha. El mundo de hoy no es ni mejor ni peor, es simplemente un mundo diferente en el que los desafíos son otros y donde las causas que impulsaron a generaciones enteras a enrolarse en las filas de los que luchaban por construir un mundo mejor parecen haberse diluido o no tener lugar en nuestros días. (...)".
También elabora una visible diferenciación con Montoneros:
"(...) La visión montonera de la historia y de la militancia de los '70 tiene el carácter propio de los movimientos multitudinarios que creen ser la expresión más genuina y hegemónica de las mayorías, cuando en realidad expresaron a un sector muy importante y con gran convocatoria sobre la juventud pero no la única ni la más representativa, aunque haya sido la más numerosa. Nuestra experiencia era totalmente diferente, tanto en las motivaciones como en el desarrollo de la participación conciente de quienes militábamos y en la consideración de ciertos valores éticos y morales, que debían plantearse como básicos a la hora de tomar decisiones. Para nosotros nunca el fin justificó los medios. Asumimos la lucha armada como lo que creíamos que era, una herramienta más para luchar contra un enemigo muy poderoso que ejercía violencia contra quienes nosotros visualizábamos como las grandes mayorías sojuzgadas. Las bases marxistas y leninistas que asumimos como herramientas siempre dejaron en claro que el papel definitorio en las luchas no lo tienen las vanguardias sino los pueblos. El rol de las vanguardias nunca fue reemplazar, sino conducir al pueblo hacia el poder. Muy diferente era la posición montonera que reivindicaba la doctrina de Perón y luchaba por su vuelta, tratando de modificar su propio pensamiento. (...)".
De todos modos resulta una exageración afirmar que el ERP-PRT logró una identidad con las masas, y aqui ocurre uno de los increíbles errores de la sociedad política argentina, porque
> la opinión pública fue progresivamente crítica de la lucha armada a partir de 1973,
> la opinión pública mayoritaria nunca llegó a comprender el discurso de organizaciones como ERP-PRT,
> el aislamiento social del ERP-PRT provocó su derrota militar al punto que hacia 1977 se encontraba literalmente aniquilado (un término muy controversial en la historia política argentina a partir de su inclusión en las directivas a los militares que realizó el Partido Justicialismo en el poder).
En este contexto, no solamente era
> innecesario que los políticos cedieran la conducción de la acción, y
> inexplicable que los militares se atribuyeran el triunfo lo que demostró que ignoraban el trasfondo del conflicto.
DOS HISTORIAS
En el comienzo fue el FRIP (Frente Revolucionario Indoamericanista Popular), dirigido por los hermanos Francisco René, Asdrúbal y Mario Roberto Santucho.
Daniel De Santis, probablemente el mayor recopilador de documentos del ERP-PRT y autor de los dos tomos de A Vencer O Morir, afirmó acerca del desarrollo de aquella experiencia marxista leninista no stalinista: "Este grupo organizaba a los hacheros y los obreros azucareros del noroeste argentino, publicaba un periódico en castellano con expresiones en quechua, y admiraba al APRA peruano y a la Revolución Cubana".
También hubo un segundo grupo, denominado Palabra Obrera, una organización trotskysta en la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Tucumán y Rosario dirigida por el dirigente conocido como Nahuel Moreno, quien ya tenía una dimensión que trascendía a la Argentina, a partir de documento de 1958, presentado ante el Congreso del Comité Internacional de la 4ta. Internacional, en la ciudad inglesa de Leeds, conocido como Tesis sobre el Frente Único Revolucionario.
Palabra Obrera tenía un trabajo entre estudiantes universitarios y obreros industriales, y vínculos con la Resistencia Peronista.
Establecido en 1963, y a pesar de no ser una organización muy numerosa, el Frente Único del cual surgiría el PRT dos años más tarde, era influyente en 11 sindicatos azucareros pertenecientes a la FOTIA (Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera, hoy integrante de la Central de Trabajadores Argentinos), y eligió dos diputados provinciales en Tucumán en 1965.
A partir de 1966 el golpe cívico-militar denominado Revolución Argentina cerró muchos ingenios azucareros y provocó muchos despidos entre los trabajadores del transporte. El PRT estuvo muy involucrado en las luchas en Tucumán contra los cierres de los ingenios.
Sin embargo, en 1968 el PRT se dividió en dos. Pero el debate interno llevaba mucho tiempo porque el ensayo de Nahuel Moreno titulado Dos Métodos Frente a la Revolución Latinoamericana es de 1964. Moreno realizó en ese documento crítica a los trabajos de Ernesto Guevara (La Guerra de Guerrillas, La Excepcionalidad de la Revolución Cubana y La Guerra de Guerrillas: Un Método).
Moreno escribió: "(...) Para el marxismo lo esencial es justamente lo contrario: el análisis de la realidad latinoamericana y la experiencia histórica. Solo esto nos puede permitir encontrar la estrategia correcta y no generalidades técnicas súper abstractas, como que la guerra de guerrillas es el único método de destrucción del ejército oligárquico. (...)"
También de 1964 es el documento de Francisco René Santucho, editado por la Secretaría Ideológica del Frente Revolucionario Indoamericano Popular, titulado El Proletariado Rural: Detonante de la Revolución Argentina - Tesis Política del FRIP, en el que afirmó: "(...) Entonces el FRIP debe organizarse como el Estado Mayor de la Revolución Argentina, sobre la base primordial del proletariado rural, especialmente sobre el proletariado azucarero. Debe dirigir sus esfuerzos a consolidarse organizativamente entre el proletariado rural, fundirse con él y con el resto de la clase obrera, ponerse a su cabeza y señalarle el camino de la lucha, el camino de la toma del poder. Sólo un partido revolucionario estructurado sobre esa base social, con una férrea organización, dirección centralizada, completa independencia ideológica y organizativa, estará en condiciones de llevar al pueblo a la victoria, liquidar al imperialismo, al capitalismo, la explotación del hombre por el hombre y abrir a la Argentina, a Indoamérica, el brillante futuro de una sociedad socialista. (...)".
El sector dirigido por los Santucho comenzó a organizar y desarrollar la lucha armada, fundando el ERP en 1970, y distanciándose definitivamente del trotskysmo, para asumirse como guevaristas en 1973.
A partir de 1969 el PRT El Combatiente fue una organización marxista cuya fuerza, hasta 1974, se encontraba principalmente en las zonas más tradicionales del centro y el noroeste del país. Entre 1970 y 1973 fue el grupo guerrillero más activo de la Argentina.
LA OPCIÓN ARMADA
Mario Roberto Santucho es el responsable de un documento de febrero de 1968 titulado El Único Camino hacia el Poder Obrero y el Socialismo, en el que incluyó un capítulo titulado El Marxismo y la Cuestión del Poder donde se reconocen las limitaciones que tendrá su experiencia armada: "(...) ¿Por qué el Che dice dos, tres, muchos Vietnam, y no dos, tres, muchas Cubas? Porque reconoce la excepcionalidad de la revolución cubana, que no volverá a repetirse. Porque del análisis estratégico, de conjunto de la revolución mundial prevé la inevitable intervención del imperialismo antes de la toma del poder por la revolución; y la transformación de ésta en guerra prolongada antiimperialista, de una o varias naciones ocupadas por el ejercito yanqui: "si los focos de guerra se llevan con suficiente destreza política y militar, se harán prácticamente imbatibles y exigirán nuevos envíos de tropas de los yanquis (...) Nuestro movimiento surge luchando por mantener vivas las concepciones revolucionarias del marxismo-leninismo, en la etapa de degeneración del marxismo bajo la égida del stalinismo y de aplastamiento de la revolución europea. (...) Nuestro Programa de Transición es muy cauto en el desarrollo de los problemas estratégicos de poder, y los resuelve planteando que "es imposible prever cuáles serán las etapas concretas de la movilización revolucionaria de las masas" por un lado y desarrollando del modo más perfecto logrado hasta el presente por el marxismo, las tareas transitorias del proletariado, entre ellas la creación de destacamentos armados y milicias obreras, como embriones del futuro ejército proletario. (...)"
Santucho reivindica la guerrilla rural: "(...) Nuestro Programa Transitorio resuelve el problema dando las consignas esencialmente correctas: revolución agraria, independencia nacional, asamblea nacional; pero yerra en la apreciación de cuáles son las formas de lucha adecuadas y las etapas futuras de la revolución. Es decir: subestima el papel del campesinado, ignora el papel de la guerra de guerrillas como método de construcción del ejército revolucionario en el campo, y no plantea el carácter de guerra revolucionaria civil y nacional -de carácter prolongado- que tendría la revolución en los países agrarios, coloniales o semicoloniales. Lo que es fundamental es que nuestro movimiento reivindicó siempre la lucha armada, la necesidad de armar al proletariado y de crear nuevos organismos armados de la clase obrera; a diferencia de algunos de sus actuales epígonos que consideran ultraizquierdista todo intento de organizar y preparar nuevos organismos armados en el seno de la clase obrera con lo cual se colocan varios pasos atrás de la vieja concepción socialdemócrata (...)".
Por si no quedara en evidencia cuáles eran las metodologías preferidas por Santucho, en septiembre de 1970 él aprobó el documento tituladoPrograma del Ejército Revolucionario del Pueblo, cuyo texto es el siguiente:
"Queremos la liberación nacional y social de nuestra patria.
Queremos:
1°- En lo político.
a) Ruptura con los pactos que nos comprometen con EE.UU. y otros países extranjeros, su publicación y su denuncia.
b) Establecimiento de un sistema de gobierno de Democracia Social, Gobierno Revolucionario del Pueblo, dirigido por la clase obrera.
c) Juzgamiento de los delincuentes políticos, usurpadores del poder, etc.
d) Plena participación en el poder de todo el pueblo, a través de sus organismos de masas.
2°- En lo económico.
a) Ruptura de los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo y todo otro organismo de control y penetración imperialista.
b) Expropiación sin pago y nacionalización de todas las empresas de capital imperialista y de los capitales nacionales que lo apoyen.
c) Nacionalización de la Banca y el Crédito.
d) Nacionalización del Comercio Exterior.
e) Reforma Agraria.
I) Administración obrero-estatal de todas las empresas nacionalizadas.
3°- En lo social.
a) Reforma Urbana. Expropiación de todas las viviendas alquiladas, propiedad de grandes capitalistas, y entrega en propiedad a sus inquilinos.
b) Alfabetización de todo el pueblo, establecimiento posterior de la enseñanza secundaria obligatoria y apertura de las universidades al pueblo mediante programas masivos de becas.
c) Eliminación de la desocupación y reapertura de las fábricas cerradas en la última década por el interés de las grandes empresas, en perjuicio de obreros y poblaciones.
d Jornales, pensiones y jubilaciones dignas que eliminen la miseria popular.
e) Absoluta libertad de cultos religiosos.
3°- En lo militar:
a) Supresión del ejército burgués, la policía y todo otro organismo represivo y su reemplazo por el Ejército Revolucionario del Pueblo y las Milicias Armadas Populares, es decir, por el pueblo en armas.
b) Todo militar o funcionario patriota que abandone los órganos represivos tiene su puesto de lucha en la fuerza militar popular y será incorporado a ella respetando su grado y antigüedad.
ARGENTINOS: El Ejército Revolucionario del Pueblo convoca a todos los patriotas a asumir sus responsabilidades, a ocupar su puesto de lucha en nuestra guerra revolucionaria del Pueblo, en esta guerra de la Segunda Independencia. El General San Martín y el Comandante Guevara son nuestros máximos ejemplos: seguir e imitar su pensamiento y acción y el de nuestros héroes y mártires del pasado y el presente es la tarea de la hora.
¡A VENCER O MORIR POR LA ARGENTINA!"
En aquel V Congreso del PRT, que fundó el ERP el 29 de julio de 1970, Vera Carnovale recuerda que se decidió "construir un Ejército Revolucionario del Pueblo incorporando a él a todos aquellos elementos dispuestos a combatir contra la dictadura militar y el imperialismo" y dotar de una bandera a la organización, "cuyo objetivo principal es la desorganización de las FFAA, queda por resolver el tipo de vínculo que éste mantendrá con el Partido. (...) El momento fundacional del ERP es, también, el momento de la codificación del vínculo entre Ejército y Partido. Allí, el PRT resuelve, citando y adhiriendo al pensamiento del General vietnamita (Vo Nguyen) Giap, que el ejército revolucionario debe estar bajo la dirección del Partido. En la argumentación de esta decisión leemos: "Nuestra corta experiencia nos indica [...] que la cuestión no es sólo combatir, sino que en la guerra revolucionaria es dominante la política, que el Partido manda al fusil"
Sin embargo lo militar prevaleció sobre lo político. La propia Vera Carnovale recuerda que un ex integrante del ERP-PRT, Luis Mattini, refiriéndose al primer año de debut del flamante ejército revolucionario (1971) protesta que, al caer presos los principales cuadros políticos de la organización: "(...) los Comités Militares Regionales y el Comité Militar Nacional, organismos que teóricamente dependían del CC, o sea, del Secretario General del Partido, se independizaron de hecho y pasaron a constituirse en direcciones paralelas. Era la consumación más cruda del militarismo. [...] La desviación crudamente militarista se manifestaba en el despliegue de la actividad armada, independientemente del desarrollo político de la organización, de la situación política nacional y alejada totalmente de los puntos de vista de clase (...)"
Mattini es citado por Eduardo Weisz, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en su trabajo Partidos Armados en la Argentina de los '70, que expuso en la jornada académica que el Centro de Estudios de Historia Política de la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Nacional de San Martín organizó el viernes 27 de abril de este año.
Weisz escribió: "(...) A su vez, Mattini da cuenta de los esfuerzos de Santucho en una reunión del CC (Comité Central) en el '72 por desviar la discusión para evitar que se atribuyan responsabilidades frente a errores cometidos –la "desviación militarista" a la que hicimos referencia-, con el pretexto de defender la unidad del Partido. Las arengas al respecto habrían intimidado cualquier crítica. Si las críticas fueron tan combatidas, si el espíritu de reflexión colectiva estuvo tan coartado, y esto dentro del organismo de dirección, el espacio para críticas, entre los militantes, no puede no haber sido menor. Este aspecto se hace explícito en una resolución del CC anterior a la ruptura con Moreno. Se planteaba allí que las diferencias se debían discutir en el organismo o con la dirección, para "evitar que los organismos de dirección del partido y sus dirigentes aparezcan ante la base del partido o la clase obrera con diferencias que perturben el trabajo unificado y centralizado".
Había mesianismo en la construcción de una infabilidad inexistente. Había autoritarismo y escasa libertad en los esfuerzos por construir una nueva sociedad, que sería represiva. Aprovechar estas deficiencias de base en el discurso del ERP-PRT -muy similares a las de Montoneros- condenaba al fracaso a esas experiencias ante la opinión pública que reivindica la democracia tal como se la conoce, aún con sus deficiencias.
EL FINAL
Mario Roberto Santucho se aferraba a una visión que sorprende por lo equivocada y que resultaba una mentira hacia su organización.
En julio de 1976, poco antes de morir, Santucho difundió su documento Diez Años de Lucha y Experiencia, que incluye el siguiente fragmento subtitulado Han Perdido la Batalla Política:
"(...) El Partido Militar en cambio ha sufrido un gran deterioro y se encuentra muy lejos de aquel apoyo que recibió en 1966, prácticamente unánime en el campo burgués v con favorables expectativas en la masa popular. Con su bárbara política de terror se ganó el odio de la mayoría del pueblo, se distanció de posibles aliados y se desenmascaró internacionalmente. Por ello es que podemos afirmar con seguridad, y objetividad que el enemigo ha perdido la batalla política.
El caso de Tucumán es típico. El 9 de julio de 1966 decenas de miles de tucumanos, muchos de ellos trasladándose a pie desde el interior, recibieron con entusiasmo v esperanza la visita de Onganía. Tiempo después, al nacer la heroica Compañía de Monte Ramón R. Jiménez algunas decenas de combatientes, el ejército opresor perpetró un gran operativo para aniquilarla en pocos meses. Ya transcurrió un año y cinco meses de iniciado ese operativo, y si bien han dificultado el desarrollo de nuestra unidad (que no se concretó aún, más que nada por falta de experiencia y conocimientos militares de nuestra parte), no han logrado aniquilarla; por el contrario siguen enviando más refuerzos, han triplicados sus fuerzas iniciales (de 5.000 a 15.000) y con su ocupación militar de la provincia, con sus crímenes y atropellos, han despenado un profundo odio en el grueso de la población, sentimiento hoy oculto bajo el peso del terror, que se convertirá en poderosa fuerza material cuando en base a la experiencia acumulada y mejorando nuestra preparación militar logremos un eficiente empleo de la fuerza guerrillera. (...)".
¿Hace falta recordar cómo terminó la Compañía de Monte Ramón R. Jiménez?
Pero la realidad no podía ocultarse y Santucho decide hacer una concesión en su texto para explicar la 'retirada estratégica' a que se veía obligado el ERP-PRT: "(...) La locura asesina del enemigo causa profundas heridas en nuestras filas. Caen compañeros muy valiosos, caen familiares que nada tiene que ver, caen activistas o simples sospechosos. Ante ello alguno que otro compañero vacila y teme. Pero la absoluta mayoría, unida como un solo hombre se yergue decidida a persistir y vencer, cualquiera sean los obstáculo? y los sufrimientos. Esa elevada moral es nuestra principal arma, ella conmueve y moverá a millones de argentinos por el ancho camino de ¡a guerra revolucionaria. Y en este momento de reflujo de las masas, mientras despliegan sin cesar su aguerrida resistencia guerrillera, las fuerzas revolucionarias podrán analizar serenamente las experiencias, "hacer un alto en el camino", reagrupar, reorganizar y consolidar el potencial revolucionario para estar en condiciones de aportar vigorosa
y organizadamente para la máxima extensión y potencia del próximo auge obrero-popular. Asi, concentrados en los frentes, recibiendo el formidable estimulo de las masas, con las unidades guerrilleras activas, perseverando con garra y tesón en las distintas actividades revolucionarias, el PRT. el ERP y las demás fuerzas revolucionarias argentinas, continuaremos ascendiendo sin pausa por el abrupto y glorioso sendero que nos conduce a la tan ansiada liberación nacional y social de nuestra patria y de nuestro pueblo."
¿Podrán encontrarse los restos de Santucho o fueron cremados, como especulan muchos?
El siguiente es el testimonio del ex sargento Víctor Ibañez, de acuerdo al relato recopilado por De Santis:
"Te cuento lo que yo escuché por boca de los mismos que participaron en ese operativo. Parece que la cosa empezó cuando una vecina se encontró con que cerca de su casa, en el cruce de las avenidas Constituyentes y General Paz, gente de la Escuela de Mecánica de la Armada estaba haciendo un control de vehículos. Esta señora, una chusma de barrio, tipo 'la Tota', se acercó cargando la bolsa de las compras hasta dónde estaban los efectivos y les dijo que en su edificio, en Villa Martelli, todos los días se reunía gente rara.
"Como estaba fuera de su zona, los marinos le pasaron el dato al Ejército, y (el entonces capitán Juan Carlos) Leonetti, que estaba de guardia, recibió el dato y se mandó para allá con su patota, integrada por gente del Colegio Militar. Llegó hasta el grupo de edificios en un Ford Falcón sin patente, al frente de un grupo de tres hombres vestidos de civil que portaban fusiles 'Para', que son como los FAL pero con la culata rebatible. Lo de 'Para' viene porque eran los que usaban en ese tiempo los paracaidistas. Buscaron al portero, que los guió hasta la entrada del departamento. Y tocaron el timbre sin saber quiénes estaban del otro lado.
"Liliana Delfino, que era la mujer de Santucho, abrió confiada la puerta como si estuviera esperando la llegada de algún conocido. Apenas vio a los de la patota se dio cuenta de cómo venía la mano y se puso a gritar: '¡Los milicos!, ¡Son los milicos!' Le pegó un empujón a la puerta como para volver a cerrarla. Pero Leonetti ya había puesto un pie adentro, y la hoja rebotó en el borceguí que tenía apoyado en el marco de la entrada. El portero se escabulló buscando refugio en el codo de la escalera, en el interior del departamento las mujeres gritaban que había que llevar a los niños a la bañadera, mientras que los hombres no atinaron a tomar sus armas. La patota aprovechó el factor sorpresa para ingresar en la casa y reducirlos a todos.
"Según comentaron en 'El Campito' los que estaban en los grupos de tareas, a Santucho no le gustaba llevar armas. Era un especialista del pensamiento, de la concentración; por eso se había entrenado en las artes marciales.
"Ese día en el departamento de Villa Martelli parece que no lo reconocieron; él se había cambiado el aspecto. Lo acomodaron junto a los demás, con las manos apoyadas en la pared y abiertos de piernas, para palparlos de armas. Leonetti se puso la pistola en la cintura para revisar a los guerrilleros. Santucho esperó a que llegara hasta él y cuando Leonetti estaba a punto de revisarlo se dio vuelta, con una toma rápida lo agarró del cuello, le sacó la pistola y le disparó al cuerpo. Los de la patota, apenas escucharon el primer tiro, empezaron a ametrallarlos a todos. Algunos se tiraron al piso, otro se tiró por la ventana y cayó en una especie de terraza que había en el segundo piso; lo agarraron con las piernas quebradas.
"Ese día yo estaba de guardia en la radio. Llegaron los autos y vi como de uno de ellos bajaban a tres prisioneros. Después me pidieron ayuda para cargar al que venía en otro de los autos, que estaba herido. Lo llevamos hasta el comedor de la tropa, donde comíamos nosotros. Lo acostamos en una de esas mesas largas de fórmica blanca. Un brazo le quedó colgando, lo tenía como quebrado por una bala. Todavía respiraba.
"Por la radio le pidieron al Hospital de Campo de Mayo que enviaran con urgencia a un médico. Mientras tanto el Gordo Dos, que era el jefe de los interrogadores, con esa pronunciación que cortaba las palabras, como si fuera un intelectual, con tono de locutor, le recitaba a Santucho -sin saber que era él- lo mismo lo que le decía a cada prisionero que llegaba al campo: "Acá perdiste, con que me digas el cien por cien de lo que sabés no me voy a conformar, quiero el ciento diez por ciento de lo que tenés para decir..." Y seguía con el verso del hambre, la tortura, el terror que tenía por delante mientras estuviera prisionero en ese lugar; lo que era verdad.
"Después llegó el médico. Era un tipo grandote, de bigotes y que fumaba en pipa. Ya tenía sus buenos años, creo que era teniente coronel. El Gordo Dos y los otros del grupo de inteligencia que se habían juntado en el comedor le dijeron que necesitaban salvar al herido para poder interrogarlo, que hiciera algo para que no se muriera. Pero él parecía mantenerse ajeno a todo. Chupaba la pipa junto a la ventana mientras miraba como bajaban a los que llegaron muertos del operativo. Chupaba la pipa como si estuviera ido, como si quisiera mantenerse ajeno a todo lo que estaba pasando en ese momento. 'Doctor -le dijo el Gordo Uno-necesitamos que se presente ante el herido'. El tipo giró apenas la cabeza y lo miró a Santucho, que tenía los ojos como dados vuela y apenas respiraba. 'Hay que llevarlo a cirugía', es todo lo que dijo.
"A mí me mandaron a buscar la ambulancia. Cuando llegué al hospital de Campo de Mayo la única que estaba disponible era una Ford nuevita, cero kilómetro. Una donación al Ejército que había hecho no sé quién, y que estrenó Santucho. La llevé a los pedos hasta El Campito donde lo cargamos en una camilla flamante; y volví a los pedos hasta el hospital. "Cuando llegamos me llamó la atención el movimiento de coches y la cantidad de custodios de oficiales que se iban juntando en la puerta del hospital, que no había notado cuando fui a buscar la ambulancia. Se ve que en el ínterin, por los papeles que encontraron en el departamento de Villa Martelli, o por lo que pudieron deducir al identificar a los detenidos en ese operativo, cayeron en la cuenta de que el hombre que yo llevé en la ambulancia y que murió apenas ingresó en el hospital era Santucho, nada menos.
"Yo me quedé al volante de la ambulancia unos quince minutos, esperando a que me dijeran que debía hacer. Mientras tanto el desfile de coroneles que llegaban para comprobar la muerte del jefe del ERP era incesante. 'Parece que es Santucho nomás', decían. 'Lo necesitábamos vivo, ¡qué cagada que esté muerto!', se lamentaban al salir del hospital.
"Cuando el 'pelotón mudanza', que se ocupaba de los botines saqueando las casas de los secuestrados, trajo todo lo que había en el departamento de Villa Martelli, yo me quedé con una copa que había sido de Santucho. Tenía un agujerito que no se podía ver a simple vista, y cuando tomabas algo el líquido pasaba por ese agujerito y te caía todo encima Se ve que al hombre le gustaban los chascos, hacerle bromas a los amigos; medio Don Fulgencio. A esa copa la conservé hasta hace poco, después la tiré.
"En ese operativo, además de Santucho, también murió otro importante jefe del ERP, Benito Urteaga. Y se detuvo a Domingo Menna; a la mujer de Santucho que se llamaba Liliana Delfino, pero que era conocida como 'la alemana'; y a varios más de la cúpula guerrillera.
"A Menna lo torturaron durante meses, y nunca dijo nada. Cómo se la bancó ese hombre yo no lo sé. Lo dejaban con la picana automática mientras los interrogadores se iban a comer, y no una vez, días y días. Al final los del GT terminaron por tenerle respeto. Igual con tiempo lo 'trasladaron' como a todos los demás.
"Cuando Bussi se hizo cargo del Comando ordenó construir en un sector de Campo de Mayo un museo de la subversión. A Bussi le gustaban los museos. Ya había organizado uno en el Primer Cuerpo de Ejército, y otro en Tucumán. Ahí metía libros, panfletos, objetos y armas incautadas a los guerrilleros. También armaba como escenas que mostraban la actividad guerrillera personificadas con maniquíes, vestidos según cada caso.
"Pero en el museo de Campo de Mayo, en vez de un maniquí de Santucho, Bussi puso su verdadero cuerpo en exposición. No sé cómo habrán hecho para conservarlo durante dos años, ni dónde lo mantuvieron escondido todo ese tiempo. Pero lo cierto es que a Santucho lo usaron como maniquí de Santucho. Y Bussi estaba satisfecho, a él le gustaba hacer como que todo lo que hacía era perfecto. Armaron el museo en un lugar chiquito, aprovechando lo que antes había sido la casa del intendente de la guarnición de Campo de Mayo. Y todos los días había un desfile militar que terminaba en la puerta del museo en el que estaba el cuerpo de Santucho, justo donde Bussi había ordenado construir un terraplén en el que él se instalaba para que cada mañana los efectivos le rindan honores.
"Dentro del museo, en un subsuelo, Bussi hizo reproducir una cárcel del pueblo, como las que tenía la guerrilla. El día de la inauguración, Bussi se ocupó personalmente de acomodar en el sótano que estaba oculto por una losa, que se abría mediante un sistema mecánico, todos los objetos que se encontraron en el departamento en le que vivió Santucho. Ropa, cartas, documentación trucha, pelucas y bigotes postizos; y los pasajes de avión que se encontraron en su poder, con los que pensaba salir del país al día siguiente al de su captura. También bajó una silla y sobre ella acomodó el cuerpo de Santucho, vestido con la misma ropa que tenía puesta el día en que lo hirieron de muerte, manchada de sangre; tal como llegó al El Campito.
"En la inauguración del museo no faltó ningún coronel, ningún obsecuente de los jefes del Comando. Todos querían desfilar ante el cadáver de Santucho. Me contaron que algunos oficiales llegaron a cuadrarse frente a él y gritaron: ¡Viva la Patria!
"No sé que hicieron después con los restos de Santucho. Habría que preguntarle al jefe del Estado Mayor. Martín Balza fue quien se ocupó de demoler las instalaciones que con tanto orgullo había construido el general Bussi. Así que él debe saber cuál fue el destino final de su cuerpo."
Seguramente por estas horas el general Roberto Bendini ya se comunicó con Martín Balza, embajador argentino en Colombia. Sin embargo, ¿tendrá algún dato Balza? Si lo tuviera ya lo habría dado en el pasado. El misterio rodea a esta historia pero no puede hacer perder el foco del elevado precio que pagó la sociedad argentina, y sigue pagando, por la existencia de dos demonios.
http://www.edicioni.com/ver_articulo.php?id=466&pagina=1
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http://www.edicioni.com/ver_articulo.php?id=466&pagina=6
Circunscribir al represión de la guerrilla al enfrentamiento estrictamente militar fue uno de ellos mayores errores de la sociedad argentina durante los '70, y en particular de los militares, quienes equivocadamente creían que así consolidarían su poder.
Cita:Chile, 1972, luego de la fuga de Trelew. Osatinsky (FAR), Santucho (ERP), Vaca Narvaja (Montoneros).
CIUDAD DE BUENOS AIRES (edición i). Tanto Juan Perón como los militares en actividad creyeron que se derrota a los caníbales comiéndoselos, y el enfoque resultó errado.
Precisamente muchos de los combatientes de aquella guerrilla derrotada en lo militar, cuando comprendieron la necesidad de reconvertirse hacia la política han logrado su venganza sobre sus adversarios de los '70.
El dato no puede pasar desapercibido en una sociedad que, sin embargo, parece enemistada con el ejercicio de la política al punto de no lograr reemplazar a los frágiles líderes que incursionan hoy precisamente en esa práctica.
La instrucción del presidente Néstor Kirchner al Ejército Argentino de brindar información que permita localizar los restos de Mario Roberto Santucho, secretario general del ERP-PRT, quien murió como consecuencia de heridas sufridas en un enfrentamiento con militares y policías, actualiza aquel debate y agrega un capítulo importante a una historia que, en el discurso oficial, hasta ahora se circunscribía a la ex organización Montoneros.
En la reconstrucción de la experiencia en Italia de ex integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) - Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que mantuvieron una Escuela de Cuadros europea, titulado Tributo a Naviante, su autor, Cacho Narzole, brinda un apropiado encuadre a todo el debate que provoca en la Argentina la decisión de los Kirchner de intentar reescribir la historia sobre los '70 como una táctica de acumulación de fuerzas más allá del peronismo, esfuerzo denominado 'transversal'.
"La voz que narra esta historia ya no existe. No es que haya sido acallada por muerte o desaparición, si bien es cierto que cualquiera de estos dos destinos pudo haberle cabido. No existe porque el mundo en el que se hizo oír, y donde se desarrollan las historias que aquí se cuentan, desapareció llevándose consigo las circunstancias -pero no las razones- por las que sus palabras se convirtieron en grito de lucha. El mundo de hoy no es ni mejor ni peor, es simplemente un mundo diferente en el que los desafíos son otros y donde las causas que impulsaron a generaciones enteras a enrolarse en las filas de los que luchaban por construir un mundo mejor parecen haberse diluido o no tener lugar en nuestros días. (...)".
También elabora una visible diferenciación con Montoneros:
"(...) La visión montonera de la historia y de la militancia de los '70 tiene el carácter propio de los movimientos multitudinarios que creen ser la expresión más genuina y hegemónica de las mayorías, cuando en realidad expresaron a un sector muy importante y con gran convocatoria sobre la juventud pero no la única ni la más representativa, aunque haya sido la más numerosa. Nuestra experiencia era totalmente diferente, tanto en las motivaciones como en el desarrollo de la participación conciente de quienes militábamos y en la consideración de ciertos valores éticos y morales, que debían plantearse como básicos a la hora de tomar decisiones. Para nosotros nunca el fin justificó los medios. Asumimos la lucha armada como lo que creíamos que era, una herramienta más para luchar contra un enemigo muy poderoso que ejercía violencia contra quienes nosotros visualizábamos como las grandes mayorías sojuzgadas. Las bases marxistas y leninistas que asumimos como herramientas siempre dejaron en claro que el papel definitorio en las luchas no lo tienen las vanguardias sino los pueblos. El rol de las vanguardias nunca fue reemplazar, sino conducir al pueblo hacia el poder. Muy diferente era la posición montonera que reivindicaba la doctrina de Perón y luchaba por su vuelta, tratando de modificar su propio pensamiento. (...)".
Cita:El diario La Razón, por entonces controlado por el Estado Mayor del Ejército, informó sobre la muerte de Mario Roberto Santucho. Si la guerrilla estaba descabezada, y hacia 1977 destruida, no se entiende qué se quedaban haciendo los militares en el poder.
De todos modos resulta una exageración afirmar que el ERP-PRT logró una identidad con las masas, y aqui ocurre uno de los increíbles errores de la sociedad política argentina, porque
> la opinión pública fue progresivamente crítica de la lucha armada a partir de 1973,
> la opinión pública mayoritaria nunca llegó a comprender el discurso de organizaciones como ERP-PRT,
> el aislamiento social del ERP-PRT provocó su derrota militar al punto que hacia 1977 se encontraba literalmente aniquilado (un término muy controversial en la historia política argentina a partir de su inclusión en las directivas a los militares que realizó el Partido Justicialismo en el poder).
En este contexto, no solamente era
> innecesario que los políticos cedieran la conducción de la acción, y
> inexplicable que los militares se atribuyeran el triunfo lo que demostró que ignoraban el trasfondo del conflicto.
DOS HISTORIAS
En el comienzo fue el FRIP (Frente Revolucionario Indoamericanista Popular), dirigido por los hermanos Francisco René, Asdrúbal y Mario Roberto Santucho.
Daniel De Santis, probablemente el mayor recopilador de documentos del ERP-PRT y autor de los dos tomos de A Vencer O Morir, afirmó acerca del desarrollo de aquella experiencia marxista leninista no stalinista: "Este grupo organizaba a los hacheros y los obreros azucareros del noroeste argentino, publicaba un periódico en castellano con expresiones en quechua, y admiraba al APRA peruano y a la Revolución Cubana".
También hubo un segundo grupo, denominado Palabra Obrera, una organización trotskysta en la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Tucumán y Rosario dirigida por el dirigente conocido como Nahuel Moreno, quien ya tenía una dimensión que trascendía a la Argentina, a partir de documento de 1958, presentado ante el Congreso del Comité Internacional de la 4ta. Internacional, en la ciudad inglesa de Leeds, conocido como Tesis sobre el Frente Único Revolucionario.
Palabra Obrera tenía un trabajo entre estudiantes universitarios y obreros industriales, y vínculos con la Resistencia Peronista.
Establecido en 1963, y a pesar de no ser una organización muy numerosa, el Frente Único del cual surgiría el PRT dos años más tarde, era influyente en 11 sindicatos azucareros pertenecientes a la FOTIA (Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera, hoy integrante de la Central de Trabajadores Argentinos), y eligió dos diputados provinciales en Tucumán en 1965.
A partir de 1966 el golpe cívico-militar denominado Revolución Argentina cerró muchos ingenios azucareros y provocó muchos despidos entre los trabajadores del transporte. El PRT estuvo muy involucrado en las luchas en Tucumán contra los cierres de los ingenios.
Sin embargo, en 1968 el PRT se dividió en dos. Pero el debate interno llevaba mucho tiempo porque el ensayo de Nahuel Moreno titulado Dos Métodos Frente a la Revolución Latinoamericana es de 1964. Moreno realizó en ese documento crítica a los trabajos de Ernesto Guevara (La Guerra de Guerrillas, La Excepcionalidad de la Revolución Cubana y La Guerra de Guerrillas: Un Método).
Moreno escribió: "(...) Para el marxismo lo esencial es justamente lo contrario: el análisis de la realidad latinoamericana y la experiencia histórica. Solo esto nos puede permitir encontrar la estrategia correcta y no generalidades técnicas súper abstractas, como que la guerra de guerrillas es el único método de destrucción del ejército oligárquico. (...)"
Cita:Isologo del ERP-PRT.
También de 1964 es el documento de Francisco René Santucho, editado por la Secretaría Ideológica del Frente Revolucionario Indoamericano Popular, titulado El Proletariado Rural: Detonante de la Revolución Argentina - Tesis Política del FRIP, en el que afirmó: "(...) Entonces el FRIP debe organizarse como el Estado Mayor de la Revolución Argentina, sobre la base primordial del proletariado rural, especialmente sobre el proletariado azucarero. Debe dirigir sus esfuerzos a consolidarse organizativamente entre el proletariado rural, fundirse con él y con el resto de la clase obrera, ponerse a su cabeza y señalarle el camino de la lucha, el camino de la toma del poder. Sólo un partido revolucionario estructurado sobre esa base social, con una férrea organización, dirección centralizada, completa independencia ideológica y organizativa, estará en condiciones de llevar al pueblo a la victoria, liquidar al imperialismo, al capitalismo, la explotación del hombre por el hombre y abrir a la Argentina, a Indoamérica, el brillante futuro de una sociedad socialista. (...)".
Cita:Carteles de calle sobre uno de los allegados al ERP-PRT.
El sector dirigido por los Santucho comenzó a organizar y desarrollar la lucha armada, fundando el ERP en 1970, y distanciándose definitivamente del trotskysmo, para asumirse como guevaristas en 1973.
A partir de 1969 el PRT El Combatiente fue una organización marxista cuya fuerza, hasta 1974, se encontraba principalmente en las zonas más tradicionales del centro y el noroeste del país. Entre 1970 y 1973 fue el grupo guerrillero más activo de la Argentina.
LA OPCIÓN ARMADA
Mario Roberto Santucho es el responsable de un documento de febrero de 1968 titulado El Único Camino hacia el Poder Obrero y el Socialismo, en el que incluyó un capítulo titulado El Marxismo y la Cuestión del Poder donde se reconocen las limitaciones que tendrá su experiencia armada: "(...) ¿Por qué el Che dice dos, tres, muchos Vietnam, y no dos, tres, muchas Cubas? Porque reconoce la excepcionalidad de la revolución cubana, que no volverá a repetirse. Porque del análisis estratégico, de conjunto de la revolución mundial prevé la inevitable intervención del imperialismo antes de la toma del poder por la revolución; y la transformación de ésta en guerra prolongada antiimperialista, de una o varias naciones ocupadas por el ejercito yanqui: "si los focos de guerra se llevan con suficiente destreza política y militar, se harán prácticamente imbatibles y exigirán nuevos envíos de tropas de los yanquis (...) Nuestro movimiento surge luchando por mantener vivas las concepciones revolucionarias del marxismo-leninismo, en la etapa de degeneración del marxismo bajo la égida del stalinismo y de aplastamiento de la revolución europea. (...) Nuestro Programa de Transición es muy cauto en el desarrollo de los problemas estratégicos de poder, y los resuelve planteando que "es imposible prever cuáles serán las etapas concretas de la movilización revolucionaria de las masas" por un lado y desarrollando del modo más perfecto logrado hasta el presente por el marxismo, las tareas transitorias del proletariado, entre ellas la creación de destacamentos armados y milicias obreras, como embriones del futuro ejército proletario. (...)"
Santucho reivindica la guerrilla rural: "(...) Nuestro Programa Transitorio resuelve el problema dando las consignas esencialmente correctas: revolución agraria, independencia nacional, asamblea nacional; pero yerra en la apreciación de cuáles son las formas de lucha adecuadas y las etapas futuras de la revolución. Es decir: subestima el papel del campesinado, ignora el papel de la guerra de guerrillas como método de construcción del ejército revolucionario en el campo, y no plantea el carácter de guerra revolucionaria civil y nacional -de carácter prolongado- que tendría la revolución en los países agrarios, coloniales o semicoloniales. Lo que es fundamental es que nuestro movimiento reivindicó siempre la lucha armada, la necesidad de armar al proletariado y de crear nuevos organismos armados de la clase obrera; a diferencia de algunos de sus actuales epígonos que consideran ultraizquierdista todo intento de organizar y preparar nuevos organismos armados en el seno de la clase obrera con lo cual se colocan varios pasos atrás de la vieja concepción socialdemócrata (...)".
Cita:El 23 de diciembre de 1975, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) intentaba copar el depósito de arsenales de Monte Chingolo pero la acción ya estaba cantada. Fue un desastre militar del ERP.
Por si no quedara en evidencia cuáles eran las metodologías preferidas por Santucho, en septiembre de 1970 él aprobó el documento tituladoPrograma del Ejército Revolucionario del Pueblo, cuyo texto es el siguiente:
"Queremos la liberación nacional y social de nuestra patria.
Queremos:
1°- En lo político.
a) Ruptura con los pactos que nos comprometen con EE.UU. y otros países extranjeros, su publicación y su denuncia.
b) Establecimiento de un sistema de gobierno de Democracia Social, Gobierno Revolucionario del Pueblo, dirigido por la clase obrera.
c) Juzgamiento de los delincuentes políticos, usurpadores del poder, etc.
d) Plena participación en el poder de todo el pueblo, a través de sus organismos de masas.
2°- En lo económico.
a) Ruptura de los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo y todo otro organismo de control y penetración imperialista.
b) Expropiación sin pago y nacionalización de todas las empresas de capital imperialista y de los capitales nacionales que lo apoyen.
c) Nacionalización de la Banca y el Crédito.
d) Nacionalización del Comercio Exterior.
e) Reforma Agraria.
I) Administración obrero-estatal de todas las empresas nacionalizadas.
3°- En lo social.
a) Reforma Urbana. Expropiación de todas las viviendas alquiladas, propiedad de grandes capitalistas, y entrega en propiedad a sus inquilinos.
b) Alfabetización de todo el pueblo, establecimiento posterior de la enseñanza secundaria obligatoria y apertura de las universidades al pueblo mediante programas masivos de becas.
c) Eliminación de la desocupación y reapertura de las fábricas cerradas en la última década por el interés de las grandes empresas, en perjuicio de obreros y poblaciones.
d Jornales, pensiones y jubilaciones dignas que eliminen la miseria popular.
e) Absoluta libertad de cultos religiosos.
3°- En lo militar:
a) Supresión del ejército burgués, la policía y todo otro organismo represivo y su reemplazo por el Ejército Revolucionario del Pueblo y las Milicias Armadas Populares, es decir, por el pueblo en armas.
b) Todo militar o funcionario patriota que abandone los órganos represivos tiene su puesto de lucha en la fuerza militar popular y será incorporado a ella respetando su grado y antigüedad.
ARGENTINOS: El Ejército Revolucionario del Pueblo convoca a todos los patriotas a asumir sus responsabilidades, a ocupar su puesto de lucha en nuestra guerra revolucionaria del Pueblo, en esta guerra de la Segunda Independencia. El General San Martín y el Comandante Guevara son nuestros máximos ejemplos: seguir e imitar su pensamiento y acción y el de nuestros héroes y mártires del pasado y el presente es la tarea de la hora.
¡A VENCER O MORIR POR LA ARGENTINA!"
Cita:Mario Roberto Santucho, Benito Urteaga, Enrique Gorriarán Merlo y Carlos Molina, 1973
En aquel V Congreso del PRT, que fundó el ERP el 29 de julio de 1970, Vera Carnovale recuerda que se decidió "construir un Ejército Revolucionario del Pueblo incorporando a él a todos aquellos elementos dispuestos a combatir contra la dictadura militar y el imperialismo" y dotar de una bandera a la organización, "cuyo objetivo principal es la desorganización de las FFAA, queda por resolver el tipo de vínculo que éste mantendrá con el Partido. (...) El momento fundacional del ERP es, también, el momento de la codificación del vínculo entre Ejército y Partido. Allí, el PRT resuelve, citando y adhiriendo al pensamiento del General vietnamita (Vo Nguyen) Giap, que el ejército revolucionario debe estar bajo la dirección del Partido. En la argumentación de esta decisión leemos: "Nuestra corta experiencia nos indica [...] que la cuestión no es sólo combatir, sino que en la guerra revolucionaria es dominante la política, que el Partido manda al fusil"
Cita:Portadas de El Combatiente.
Sin embargo lo militar prevaleció sobre lo político. La propia Vera Carnovale recuerda que un ex integrante del ERP-PRT, Luis Mattini, refiriéndose al primer año de debut del flamante ejército revolucionario (1971) protesta que, al caer presos los principales cuadros políticos de la organización: "(...) los Comités Militares Regionales y el Comité Militar Nacional, organismos que teóricamente dependían del CC, o sea, del Secretario General del Partido, se independizaron de hecho y pasaron a constituirse en direcciones paralelas. Era la consumación más cruda del militarismo. [...] La desviación crudamente militarista se manifestaba en el despliegue de la actividad armada, independientemente del desarrollo político de la organización, de la situación política nacional y alejada totalmente de los puntos de vista de clase (...)"
Cita:Publicidad de publicaciones del ERP-PRT.
Mattini es citado por Eduardo Weisz, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en su trabajo Partidos Armados en la Argentina de los '70, que expuso en la jornada académica que el Centro de Estudios de Historia Política de la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Nacional de San Martín organizó el viernes 27 de abril de este año.
Weisz escribió: "(...) A su vez, Mattini da cuenta de los esfuerzos de Santucho en una reunión del CC (Comité Central) en el '72 por desviar la discusión para evitar que se atribuyan responsabilidades frente a errores cometidos –la "desviación militarista" a la que hicimos referencia-, con el pretexto de defender la unidad del Partido. Las arengas al respecto habrían intimidado cualquier crítica. Si las críticas fueron tan combatidas, si el espíritu de reflexión colectiva estuvo tan coartado, y esto dentro del organismo de dirección, el espacio para críticas, entre los militantes, no puede no haber sido menor. Este aspecto se hace explícito en una resolución del CC anterior a la ruptura con Moreno. Se planteaba allí que las diferencias se debían discutir en el organismo o con la dirección, para "evitar que los organismos de dirección del partido y sus dirigentes aparezcan ante la base del partido o la clase obrera con diferencias que perturben el trabajo unificado y centralizado".
Había mesianismo en la construcción de una infabilidad inexistente. Había autoritarismo y escasa libertad en los esfuerzos por construir una nueva sociedad, que sería represiva. Aprovechar estas deficiencias de base en el discurso del ERP-PRT -muy similares a las de Montoneros- condenaba al fracaso a esas experiencias ante la opinión pública que reivindica la democracia tal como se la conoce, aún con sus deficiencias.
EL FINAL
Mario Roberto Santucho se aferraba a una visión que sorprende por lo equivocada y que resultaba una mentira hacia su organización.
En julio de 1976, poco antes de morir, Santucho difundió su documento Diez Años de Lucha y Experiencia, que incluye el siguiente fragmento subtitulado Han Perdido la Batalla Política:
"(...) El Partido Militar en cambio ha sufrido un gran deterioro y se encuentra muy lejos de aquel apoyo que recibió en 1966, prácticamente unánime en el campo burgués v con favorables expectativas en la masa popular. Con su bárbara política de terror se ganó el odio de la mayoría del pueblo, se distanció de posibles aliados y se desenmascaró internacionalmente. Por ello es que podemos afirmar con seguridad, y objetividad que el enemigo ha perdido la batalla política.
El caso de Tucumán es típico. El 9 de julio de 1966 decenas de miles de tucumanos, muchos de ellos trasladándose a pie desde el interior, recibieron con entusiasmo v esperanza la visita de Onganía. Tiempo después, al nacer la heroica Compañía de Monte Ramón R. Jiménez algunas decenas de combatientes, el ejército opresor perpetró un gran operativo para aniquilarla en pocos meses. Ya transcurrió un año y cinco meses de iniciado ese operativo, y si bien han dificultado el desarrollo de nuestra unidad (que no se concretó aún, más que nada por falta de experiencia y conocimientos militares de nuestra parte), no han logrado aniquilarla; por el contrario siguen enviando más refuerzos, han triplicados sus fuerzas iniciales (de 5.000 a 15.000) y con su ocupación militar de la provincia, con sus crímenes y atropellos, han despenado un profundo odio en el grueso de la población, sentimiento hoy oculto bajo el peso del terror, que se convertirá en poderosa fuerza material cuando en base a la experiencia acumulada y mejorando nuestra preparación militar logremos un eficiente empleo de la fuerza guerrillera. (...)".
¿Hace falta recordar cómo terminó la Compañía de Monte Ramón R. Jiménez?
Pero la realidad no podía ocultarse y Santucho decide hacer una concesión en su texto para explicar la 'retirada estratégica' a que se veía obligado el ERP-PRT: "(...) La locura asesina del enemigo causa profundas heridas en nuestras filas. Caen compañeros muy valiosos, caen familiares que nada tiene que ver, caen activistas o simples sospechosos. Ante ello alguno que otro compañero vacila y teme. Pero la absoluta mayoría, unida como un solo hombre se yergue decidida a persistir y vencer, cualquiera sean los obstáculo? y los sufrimientos. Esa elevada moral es nuestra principal arma, ella conmueve y moverá a millones de argentinos por el ancho camino de ¡a guerra revolucionaria. Y en este momento de reflujo de las masas, mientras despliegan sin cesar su aguerrida resistencia guerrillera, las fuerzas revolucionarias podrán analizar serenamente las experiencias, "hacer un alto en el camino", reagrupar, reorganizar y consolidar el potencial revolucionario para estar en condiciones de aportar vigorosa
y organizadamente para la máxima extensión y potencia del próximo auge obrero-popular. Asi, concentrados en los frentes, recibiendo el formidable estimulo de las masas, con las unidades guerrilleras activas, perseverando con garra y tesón en las distintas actividades revolucionarias, el PRT. el ERP y las demás fuerzas revolucionarias argentinas, continuaremos ascendiendo sin pausa por el abrupto y glorioso sendero que nos conduce a la tan ansiada liberación nacional y social de nuestra patria y de nuestro pueblo."
¿Podrán encontrarse los restos de Santucho o fueron cremados, como especulan muchos?
El siguiente es el testimonio del ex sargento Víctor Ibañez, de acuerdo al relato recopilado por De Santis:
"Te cuento lo que yo escuché por boca de los mismos que participaron en ese operativo. Parece que la cosa empezó cuando una vecina se encontró con que cerca de su casa, en el cruce de las avenidas Constituyentes y General Paz, gente de la Escuela de Mecánica de la Armada estaba haciendo un control de vehículos. Esta señora, una chusma de barrio, tipo 'la Tota', se acercó cargando la bolsa de las compras hasta dónde estaban los efectivos y les dijo que en su edificio, en Villa Martelli, todos los días se reunía gente rara.
"Como estaba fuera de su zona, los marinos le pasaron el dato al Ejército, y (el entonces capitán Juan Carlos) Leonetti, que estaba de guardia, recibió el dato y se mandó para allá con su patota, integrada por gente del Colegio Militar. Llegó hasta el grupo de edificios en un Ford Falcón sin patente, al frente de un grupo de tres hombres vestidos de civil que portaban fusiles 'Para', que son como los FAL pero con la culata rebatible. Lo de 'Para' viene porque eran los que usaban en ese tiempo los paracaidistas. Buscaron al portero, que los guió hasta la entrada del departamento. Y tocaron el timbre sin saber quiénes estaban del otro lado.
"Liliana Delfino, que era la mujer de Santucho, abrió confiada la puerta como si estuviera esperando la llegada de algún conocido. Apenas vio a los de la patota se dio cuenta de cómo venía la mano y se puso a gritar: '¡Los milicos!, ¡Son los milicos!' Le pegó un empujón a la puerta como para volver a cerrarla. Pero Leonetti ya había puesto un pie adentro, y la hoja rebotó en el borceguí que tenía apoyado en el marco de la entrada. El portero se escabulló buscando refugio en el codo de la escalera, en el interior del departamento las mujeres gritaban que había que llevar a los niños a la bañadera, mientras que los hombres no atinaron a tomar sus armas. La patota aprovechó el factor sorpresa para ingresar en la casa y reducirlos a todos.
"Según comentaron en 'El Campito' los que estaban en los grupos de tareas, a Santucho no le gustaba llevar armas. Era un especialista del pensamiento, de la concentración; por eso se había entrenado en las artes marciales.
"Ese día en el departamento de Villa Martelli parece que no lo reconocieron; él se había cambiado el aspecto. Lo acomodaron junto a los demás, con las manos apoyadas en la pared y abiertos de piernas, para palparlos de armas. Leonetti se puso la pistola en la cintura para revisar a los guerrilleros. Santucho esperó a que llegara hasta él y cuando Leonetti estaba a punto de revisarlo se dio vuelta, con una toma rápida lo agarró del cuello, le sacó la pistola y le disparó al cuerpo. Los de la patota, apenas escucharon el primer tiro, empezaron a ametrallarlos a todos. Algunos se tiraron al piso, otro se tiró por la ventana y cayó en una especie de terraza que había en el segundo piso; lo agarraron con las piernas quebradas.
"Ese día yo estaba de guardia en la radio. Llegaron los autos y vi como de uno de ellos bajaban a tres prisioneros. Después me pidieron ayuda para cargar al que venía en otro de los autos, que estaba herido. Lo llevamos hasta el comedor de la tropa, donde comíamos nosotros. Lo acostamos en una de esas mesas largas de fórmica blanca. Un brazo le quedó colgando, lo tenía como quebrado por una bala. Todavía respiraba.
"Por la radio le pidieron al Hospital de Campo de Mayo que enviaran con urgencia a un médico. Mientras tanto el Gordo Dos, que era el jefe de los interrogadores, con esa pronunciación que cortaba las palabras, como si fuera un intelectual, con tono de locutor, le recitaba a Santucho -sin saber que era él- lo mismo lo que le decía a cada prisionero que llegaba al campo: "Acá perdiste, con que me digas el cien por cien de lo que sabés no me voy a conformar, quiero el ciento diez por ciento de lo que tenés para decir..." Y seguía con el verso del hambre, la tortura, el terror que tenía por delante mientras estuviera prisionero en ese lugar; lo que era verdad.
Cita:El ERP fuera de la ley en el gobierno peronista.
"Después llegó el médico. Era un tipo grandote, de bigotes y que fumaba en pipa. Ya tenía sus buenos años, creo que era teniente coronel. El Gordo Dos y los otros del grupo de inteligencia que se habían juntado en el comedor le dijeron que necesitaban salvar al herido para poder interrogarlo, que hiciera algo para que no se muriera. Pero él parecía mantenerse ajeno a todo. Chupaba la pipa junto a la ventana mientras miraba como bajaban a los que llegaron muertos del operativo. Chupaba la pipa como si estuviera ido, como si quisiera mantenerse ajeno a todo lo que estaba pasando en ese momento. 'Doctor -le dijo el Gordo Uno-necesitamos que se presente ante el herido'. El tipo giró apenas la cabeza y lo miró a Santucho, que tenía los ojos como dados vuela y apenas respiraba. 'Hay que llevarlo a cirugía', es todo lo que dijo.
"A mí me mandaron a buscar la ambulancia. Cuando llegué al hospital de Campo de Mayo la única que estaba disponible era una Ford nuevita, cero kilómetro. Una donación al Ejército que había hecho no sé quién, y que estrenó Santucho. La llevé a los pedos hasta El Campito donde lo cargamos en una camilla flamante; y volví a los pedos hasta el hospital. "Cuando llegamos me llamó la atención el movimiento de coches y la cantidad de custodios de oficiales que se iban juntando en la puerta del hospital, que no había notado cuando fui a buscar la ambulancia. Se ve que en el ínterin, por los papeles que encontraron en el departamento de Villa Martelli, o por lo que pudieron deducir al identificar a los detenidos en ese operativo, cayeron en la cuenta de que el hombre que yo llevé en la ambulancia y que murió apenas ingresó en el hospital era Santucho, nada menos.
"Yo me quedé al volante de la ambulancia unos quince minutos, esperando a que me dijeran que debía hacer. Mientras tanto el desfile de coroneles que llegaban para comprobar la muerte del jefe del ERP era incesante. 'Parece que es Santucho nomás', decían. 'Lo necesitábamos vivo, ¡qué cagada que esté muerto!', se lamentaban al salir del hospital.
"Cuando el 'pelotón mudanza', que se ocupaba de los botines saqueando las casas de los secuestrados, trajo todo lo que había en el departamento de Villa Martelli, yo me quedé con una copa que había sido de Santucho. Tenía un agujerito que no se podía ver a simple vista, y cuando tomabas algo el líquido pasaba por ese agujerito y te caía todo encima Se ve que al hombre le gustaban los chascos, hacerle bromas a los amigos; medio Don Fulgencio. A esa copa la conservé hasta hace poco, después la tiré.
"En ese operativo, además de Santucho, también murió otro importante jefe del ERP, Benito Urteaga. Y se detuvo a Domingo Menna; a la mujer de Santucho que se llamaba Liliana Delfino, pero que era conocida como 'la alemana'; y a varios más de la cúpula guerrillera.
"A Menna lo torturaron durante meses, y nunca dijo nada. Cómo se la bancó ese hombre yo no lo sé. Lo dejaban con la picana automática mientras los interrogadores se iban a comer, y no una vez, días y días. Al final los del GT terminaron por tenerle respeto. Igual con tiempo lo 'trasladaron' como a todos los demás.
"Cuando Bussi se hizo cargo del Comando ordenó construir en un sector de Campo de Mayo un museo de la subversión. A Bussi le gustaban los museos. Ya había organizado uno en el Primer Cuerpo de Ejército, y otro en Tucumán. Ahí metía libros, panfletos, objetos y armas incautadas a los guerrilleros. También armaba como escenas que mostraban la actividad guerrillera personificadas con maniquíes, vestidos según cada caso.
"Pero en el museo de Campo de Mayo, en vez de un maniquí de Santucho, Bussi puso su verdadero cuerpo en exposición. No sé cómo habrán hecho para conservarlo durante dos años, ni dónde lo mantuvieron escondido todo ese tiempo. Pero lo cierto es que a Santucho lo usaron como maniquí de Santucho. Y Bussi estaba satisfecho, a él le gustaba hacer como que todo lo que hacía era perfecto. Armaron el museo en un lugar chiquito, aprovechando lo que antes había sido la casa del intendente de la guarnición de Campo de Mayo. Y todos los días había un desfile militar que terminaba en la puerta del museo en el que estaba el cuerpo de Santucho, justo donde Bussi había ordenado construir un terraplén en el que él se instalaba para que cada mañana los efectivos le rindan honores.
"Dentro del museo, en un subsuelo, Bussi hizo reproducir una cárcel del pueblo, como las que tenía la guerrilla. El día de la inauguración, Bussi se ocupó personalmente de acomodar en el sótano que estaba oculto por una losa, que se abría mediante un sistema mecánico, todos los objetos que se encontraron en el departamento en le que vivió Santucho. Ropa, cartas, documentación trucha, pelucas y bigotes postizos; y los pasajes de avión que se encontraron en su poder, con los que pensaba salir del país al día siguiente al de su captura. También bajó una silla y sobre ella acomodó el cuerpo de Santucho, vestido con la misma ropa que tenía puesta el día en que lo hirieron de muerte, manchada de sangre; tal como llegó al El Campito.
"En la inauguración del museo no faltó ningún coronel, ningún obsecuente de los jefes del Comando. Todos querían desfilar ante el cadáver de Santucho. Me contaron que algunos oficiales llegaron a cuadrarse frente a él y gritaron: ¡Viva la Patria!
"No sé que hicieron después con los restos de Santucho. Habría que preguntarle al jefe del Estado Mayor. Martín Balza fue quien se ocupó de demoler las instalaciones que con tanto orgullo había construido el general Bussi. Así que él debe saber cuál fue el destino final de su cuerpo."
Seguramente por estas horas el general Roberto Bendini ya se comunicó con Martín Balza, embajador argentino en Colombia. Sin embargo, ¿tendrá algún dato Balza? Si lo tuviera ya lo habría dado en el pasado. El misterio rodea a esta historia pero no puede hacer perder el foco del elevado precio que pagó la sociedad argentina, y sigue pagando, por la existencia de dos demonios.
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