Para acabar y si han llegado hasta acá seguro que se lo pueden imaginar.
Queda una última clave por resolver. Si Tesla tenía tan claro que podía desarrollar el teleforce, ¿cuál fue la razón de qué jamás fuera posible? La respuesta es la misma a muchas de las geniales ideas que tuvo en vida. Tesla se pasó sus últimos años anunciando esa posibilidad y a pesar del interés de los medios, quienes fueron los que acuñaron ese término maldito de “rayo de la muerte”, la financiación fue en última instancia la que hizo imposible su realización.
Así quedaría constancia en la siguiente carta de 1934 enviada por un Tesla apasionado a Samuel Kintner (de Westinghouse Electric) en respuesta al rechazo de su proyecto:
Mi querido señor Kintner,
Me complació mucho que expusiera usted el asunto ante el señor Merrick, pues descubrí, después de pensarlo cuidadosamente y hacer muchos números, que habría implicado mucho dinero llevar a cabo mi propuesta, la cual hice a usted sin pensarlo, estimulado por el placer de nuestro encuentro y por su cálida acogida. La gente de Westinghouse tuvo un gesto muy amable y yo quería dirigirme a ellos con el mismo espíritu y que fueran ellos quienes tuvieran la primera oportunidad sobre los descubrimientos que, honradamente, creo que van a ser más importantes que cualquiera de los registrados en la historia de la invención.
He buscado a tientas durante años, intentando encontrar alguna solución al problema más acuciante de la humanidad –el de asegurar la paz- y, poco a poco, he llegado al medio ideal para este fin. Pues este ofrecerá a cada país una protección perfecta sin proporcionar un nuevo instrumento de ataque. La Conferencia de Paz Internacional insistirá en que se adopte de forma inmediata y universal, pues en tanto en cuanto los países estén protegidos de manera perfecta, las invasiones estarán aseguradas.
He anotado su sugerencia, pero no sé cómo llevarla a cabo. Esté seguro, con todo, de que siempre tendré a su gente en alta estima y de que si alguna vez está en mi poder promover sus intereses, no ahorraré esfuerzos en hacerlo.
El escepticismo de su experto era de esperar. Probablemente, se halla bajo la influencia de las engañosas ideas modernas y, cuanto más capacitado esté, más propenso será a equivocarse. Pero yo he demostrado todos los principios implicados y voy a continuar adelante con toda mi confianza, que es algo que ni todos los expertos del mundo podrían socavar.
A su servicio,
Nikola Tesla.
Queda una última clave por resolver. Si Tesla tenía tan claro que podía desarrollar el teleforce, ¿cuál fue la razón de qué jamás fuera posible? La respuesta es la misma a muchas de las geniales ideas que tuvo en vida. Tesla se pasó sus últimos años anunciando esa posibilidad y a pesar del interés de los medios, quienes fueron los que acuñaron ese término maldito de “rayo de la muerte”, la financiación fue en última instancia la que hizo imposible su realización.
Así quedaría constancia en la siguiente carta de 1934 enviada por un Tesla apasionado a Samuel Kintner (de Westinghouse Electric) en respuesta al rechazo de su proyecto:
Mi querido señor Kintner,
Me complació mucho que expusiera usted el asunto ante el señor Merrick, pues descubrí, después de pensarlo cuidadosamente y hacer muchos números, que habría implicado mucho dinero llevar a cabo mi propuesta, la cual hice a usted sin pensarlo, estimulado por el placer de nuestro encuentro y por su cálida acogida. La gente de Westinghouse tuvo un gesto muy amable y yo quería dirigirme a ellos con el mismo espíritu y que fueran ellos quienes tuvieran la primera oportunidad sobre los descubrimientos que, honradamente, creo que van a ser más importantes que cualquiera de los registrados en la historia de la invención.
He buscado a tientas durante años, intentando encontrar alguna solución al problema más acuciante de la humanidad –el de asegurar la paz- y, poco a poco, he llegado al medio ideal para este fin. Pues este ofrecerá a cada país una protección perfecta sin proporcionar un nuevo instrumento de ataque. La Conferencia de Paz Internacional insistirá en que se adopte de forma inmediata y universal, pues en tanto en cuanto los países estén protegidos de manera perfecta, las invasiones estarán aseguradas.
He anotado su sugerencia, pero no sé cómo llevarla a cabo. Esté seguro, con todo, de que siempre tendré a su gente en alta estima y de que si alguna vez está en mi poder promover sus intereses, no ahorraré esfuerzos en hacerlo.
El escepticismo de su experto era de esperar. Probablemente, se halla bajo la influencia de las engañosas ideas modernas y, cuanto más capacitado esté, más propenso será a equivocarse. Pero yo he demostrado todos los principios implicados y voy a continuar adelante con toda mi confianza, que es algo que ni todos los expertos del mundo podrían socavar.
A su servicio,
Nikola Tesla.