Lo dejó de cama
El equipo de Alfaro se trajo un triunfazo de Brasil, donde planteó el partido de igual a igual y al final tuvo su merecido premio. Porque aguantó la presión y, cuando su rival se desconcentró, le dio un golpe letal. Así quedó en inmejorable posición para la revancha de la semana que viene en Sarandí. Los goles fueron de Damonte, Casteglione y Garnier. Para los locales anotó Baier, ambos de tiro libre. Este fue el partido de ida por los octavos de final de la Copa Sudamericana.
Casi impensado era hace unos años soñar con un Arsenal como el de hoy. Temible para todos los equipos en el fútbol argentino y revelación en la Copa Sudamericana, que reúne a los mejores del continente. Ni el más optimista, allá por finales de la década del 90 y comienzos del nuevo siglo, hubiese pensado que el equipo de Sarandí iba a estar jugando por los octavos de final de una competición que muchos añoran, pero pocos pueden jugar. En fin, el presente marca una realidad estupenda para los dirigidos por Alfaro. Y en Brasil, esta tarde era el comienzo de un nuevo capítulo de la historia. ¿El rival? Goiás.
La clasificación a octavos, tras eliminar a San Lorenzo, el campeón del fútbol argentino, sorprendió a propios y extraños. Especialmente por lo abultado del resultado en el partido de vuelta, el que decretó la despedida del equipo de Ramón de la Copa. Pero también, significó la confirmación de un presente magnífico para el conjunto de Alfaro. Encima, para engrosar su lista de logros y víctimas, volvió a derrotar al Cuervo por el torneo local y luego hizo lo mismo ante River, en Sarandí. Sensacional.
Pero hoy, en Brasil, no servía de nada todo ese pasado. Ningún logro anterior le iba a dar a Arsenal el pase a cuartos de final frente a un duro, pero golpeado Goiás. Eso, Alfaro lo entendió. Más que nada, el momento por el que pasa el conjunto brasileño, que se quedó sin técnico el último fin de semana, tras caer por el campeonato local. Por eso, la idea principal del Lechuga fue la de cederle la pelota y el campo al rival. Con un 4-4-1-1, el entrenador pensó un encuentro para aguantar y tratar de definir de contra, en un campo de grandes dimensiones. Y en el comienzo pareció salirle bastante bien.
Con la clave por las bandas, Arsenal arrancó decidido a aprovechar la velocidad de sus hombres. Martín Andrizzi por la izquierda, ante el habilidoso Vítor y Pablo Garnier por la derecha, frente a frente con un intermitente Chiquinho. Ellos, acompañados por el Papu Gómez, como media punta, parecían ser la manija de un equipo que de todas las formas posibles iba a buscar un gol en condición de visitante, para hacerlo valer, luego, en el partido de vuelta. Arriba, sólo Leonardo Ulloa, como referencia de área.
Esa idea de aprovechar la velocidad de los ligeritos, estuvo acompañada por una fina estampa de los equipos de Alfaro: el buen uso de las pelotas paradas. Así fue que llegó el primer gol del partido. El premio para un Arsenal que arrancó mejor, presionando y complicando a su rival. Tiro de esquina desde la izquierda. Centro al borde del área grande y remate (muy malo) de Matellán. La pelota, tras rebotar en el campo de juego, se elevó y le quedó a Israel Damonte, quien estaba volviendo, para que de derecha la clave en el arco de Harlei. Gol y sorpresa para el poco público que llegó al Serra Dourada, de Goiania.
No quedaban dudas que ese tanto de Arsenal iba a despertar de manera muy repentina al equipo local. Y así fue. Vítor, cargó las pilas que parecía no tener en el comienzo y rompió con todo bloque que se le presentó por delante. Con él, el Goiás ganó mucho más juego por la derecha y complicó enormemente al fondo argentino. La presión se hacía cada vez más fuerte y se veía que mucho tiempo más no iba a poder aguantar el conjunto de Alfaro. Así fue que a los 25 minutos, Paulo Baier, el hombre más técnico de la cancha tuvo su chance de tiro libre y no falló. Le dio con suavidad al palo derecho del arco de Cuenca y tras pasar por encima de Casteglione, el único de la barrera que no saltó, se clavó. 1-1 y a empezar de nuevo.
Esa presión que ejerció el conjunto local en los minutos que pasaron entre ambos goles, se hizo presente en el cierre del primer tiempo. Pero esta vez, sin tanta suerte para el Goiás. Cuando la lluvia apareció, los 45 minutos iniciales se fueron, con promesa de más, en el complemento. Hasta acá, lo de Arsenal era satisfactorio. Restaba saber si el físico iba a aguantar en el transcurso del encuentro.
El comienzo de la segunda etapa fue muy similar al cierre de la primera. El Goiás continuó con su idea de ir por más y estuvo cerca. Pero los intentos, comandados por Baier y Víctor, los dos mejores del local, chocaban con la resistencia del fondo del conjunto del Viaducto. Fue así, que de tanto ir y jugar en campo rival, el conjunto brasileño comenzó a sentir el desgaste físico y mental de chocar casi contra una muralla, una y otra vez. Ideal para Arsenal que iba a saber cómo aprovecharse de esa situación.
Con el correr de los minutos, el equipo argentino recuperó terreno en el campo de juego. Papu Gómez se hizo dueño de la pelota y entendió bien el mensaje de Alfaro, de tener la pelota para dormir el encuentro. Pero cuando menos lo esperaba, iba a sufrir un revés, especialidad de la casa. Otro tiro libre para Goiás y otro gol de Baier. Esta vez, la pelota pasó por encima de una barrera que sí saltó, pero no pudo con el remate que se metió al ángulo izquierdo. Lindo resultado para el local y aceptable para Arsenal, aunque también sorpresivo.
Pero la reacción visitante iba a llegar velozmente. Apenas habían pasado dos minutos y Arsenal volvía a hacer de las suyas, bien al estilo Alfaro. Centro llovido de Espíndola, al área de Goiás y cabezazo de Casteglione, para empatar el encuentro. Igual que en el partido ante Estudiantes, bajo la lluvia, en el que Ulloa clavó la igualdad final. Así, el equipo argentino igualaba las cosas y se llevaba un premio muy especial a Buenos Aires. Pero por fortuna para toda la gente de Sarandí, hubo un hombre que no se conformó con ese resultado.
Garnier tomó la pelota, encaró en la puerta del área, amagó y la metió al ladito del palo derecho del arco de Harlei. Batacazo de Arsenal en Brasil. 3-2 para guardarse más de media clasificación en el bolsillo y seguir haciendo historia. Con un fondo impasable (sólo vulnerado con dos tiros libres), un mediocampo exquisito a la hora de marcar y jugar y con un ataque efectivo (marcaron los volantes, pero lo hicieron en las pocas chances que tuvieron). Con esa estructura, Sarandi esperará a los brasileños, que la tendrán muy complicada para clasificar a cuartos de final. Hoy, a Alfaro le salió bien. Deberá ser prolijo en la vuelta para meterse entre los ocho mejores de Sudamérica. Nada mal para un equipo con tan pocos años en Primera División.
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Casi impensado era hace unos años soñar con un Arsenal como el de hoy. Temible para todos los equipos en el fútbol argentino y revelación en la Copa Sudamericana, que reúne a los mejores del continente. Ni el más optimista, allá por finales de la década del 90 y comienzos del nuevo siglo, hubiese pensado que el equipo de Sarandí iba a estar jugando por los octavos de final de una competición que muchos añoran, pero pocos pueden jugar. En fin, el presente marca una realidad estupenda para los dirigidos por Alfaro. Y en Brasil, esta tarde era el comienzo de un nuevo capítulo de la historia. ¿El rival? Goiás.
La clasificación a octavos, tras eliminar a San Lorenzo, el campeón del fútbol argentino, sorprendió a propios y extraños. Especialmente por lo abultado del resultado en el partido de vuelta, el que decretó la despedida del equipo de Ramón de la Copa. Pero también, significó la confirmación de un presente magnífico para el conjunto de Alfaro. Encima, para engrosar su lista de logros y víctimas, volvió a derrotar al Cuervo por el torneo local y luego hizo lo mismo ante River, en Sarandí. Sensacional.
Pero hoy, en Brasil, no servía de nada todo ese pasado. Ningún logro anterior le iba a dar a Arsenal el pase a cuartos de final frente a un duro, pero golpeado Goiás. Eso, Alfaro lo entendió. Más que nada, el momento por el que pasa el conjunto brasileño, que se quedó sin técnico el último fin de semana, tras caer por el campeonato local. Por eso, la idea principal del Lechuga fue la de cederle la pelota y el campo al rival. Con un 4-4-1-1, el entrenador pensó un encuentro para aguantar y tratar de definir de contra, en un campo de grandes dimensiones. Y en el comienzo pareció salirle bastante bien.
Con la clave por las bandas, Arsenal arrancó decidido a aprovechar la velocidad de sus hombres. Martín Andrizzi por la izquierda, ante el habilidoso Vítor y Pablo Garnier por la derecha, frente a frente con un intermitente Chiquinho. Ellos, acompañados por el Papu Gómez, como media punta, parecían ser la manija de un equipo que de todas las formas posibles iba a buscar un gol en condición de visitante, para hacerlo valer, luego, en el partido de vuelta. Arriba, sólo Leonardo Ulloa, como referencia de área.
Esa idea de aprovechar la velocidad de los ligeritos, estuvo acompañada por una fina estampa de los equipos de Alfaro: el buen uso de las pelotas paradas. Así fue que llegó el primer gol del partido. El premio para un Arsenal que arrancó mejor, presionando y complicando a su rival. Tiro de esquina desde la izquierda. Centro al borde del área grande y remate (muy malo) de Matellán. La pelota, tras rebotar en el campo de juego, se elevó y le quedó a Israel Damonte, quien estaba volviendo, para que de derecha la clave en el arco de Harlei. Gol y sorpresa para el poco público que llegó al Serra Dourada, de Goiania.
No quedaban dudas que ese tanto de Arsenal iba a despertar de manera muy repentina al equipo local. Y así fue. Vítor, cargó las pilas que parecía no tener en el comienzo y rompió con todo bloque que se le presentó por delante. Con él, el Goiás ganó mucho más juego por la derecha y complicó enormemente al fondo argentino. La presión se hacía cada vez más fuerte y se veía que mucho tiempo más no iba a poder aguantar el conjunto de Alfaro. Así fue que a los 25 minutos, Paulo Baier, el hombre más técnico de la cancha tuvo su chance de tiro libre y no falló. Le dio con suavidad al palo derecho del arco de Cuenca y tras pasar por encima de Casteglione, el único de la barrera que no saltó, se clavó. 1-1 y a empezar de nuevo.
Esa presión que ejerció el conjunto local en los minutos que pasaron entre ambos goles, se hizo presente en el cierre del primer tiempo. Pero esta vez, sin tanta suerte para el Goiás. Cuando la lluvia apareció, los 45 minutos iniciales se fueron, con promesa de más, en el complemento. Hasta acá, lo de Arsenal era satisfactorio. Restaba saber si el físico iba a aguantar en el transcurso del encuentro.
El comienzo de la segunda etapa fue muy similar al cierre de la primera. El Goiás continuó con su idea de ir por más y estuvo cerca. Pero los intentos, comandados por Baier y Víctor, los dos mejores del local, chocaban con la resistencia del fondo del conjunto del Viaducto. Fue así, que de tanto ir y jugar en campo rival, el conjunto brasileño comenzó a sentir el desgaste físico y mental de chocar casi contra una muralla, una y otra vez. Ideal para Arsenal que iba a saber cómo aprovecharse de esa situación.
Con el correr de los minutos, el equipo argentino recuperó terreno en el campo de juego. Papu Gómez se hizo dueño de la pelota y entendió bien el mensaje de Alfaro, de tener la pelota para dormir el encuentro. Pero cuando menos lo esperaba, iba a sufrir un revés, especialidad de la casa. Otro tiro libre para Goiás y otro gol de Baier. Esta vez, la pelota pasó por encima de una barrera que sí saltó, pero no pudo con el remate que se metió al ángulo izquierdo. Lindo resultado para el local y aceptable para Arsenal, aunque también sorpresivo.
Pero la reacción visitante iba a llegar velozmente. Apenas habían pasado dos minutos y Arsenal volvía a hacer de las suyas, bien al estilo Alfaro. Centro llovido de Espíndola, al área de Goiás y cabezazo de Casteglione, para empatar el encuentro. Igual que en el partido ante Estudiantes, bajo la lluvia, en el que Ulloa clavó la igualdad final. Así, el equipo argentino igualaba las cosas y se llevaba un premio muy especial a Buenos Aires. Pero por fortuna para toda la gente de Sarandí, hubo un hombre que no se conformó con ese resultado.
Garnier tomó la pelota, encaró en la puerta del área, amagó y la metió al ladito del palo derecho del arco de Harlei. Batacazo de Arsenal en Brasil. 3-2 para guardarse más de media clasificación en el bolsillo y seguir haciendo historia. Con un fondo impasable (sólo vulnerado con dos tiros libres), un mediocampo exquisito a la hora de marcar y jugar y con un ataque efectivo (marcaron los volantes, pero lo hicieron en las pocas chances que tuvieron). Con esa estructura, Sarandi esperará a los brasileños, que la tendrán muy complicada para clasificar a cuartos de final. Hoy, a Alfaro le salió bien. Deberá ser prolijo en la vuelta para meterse entre los ocho mejores de Sudamérica. Nada mal para un equipo con tan pocos años en Primera División.
Algo mas? Ahora me puedo morir tranquilo.... je
Aguante el Arse !!!!!!!!!!
El equipo de Alfaro se trajo un triunfazo de Brasil, donde planteó el partido de igual a igual y al final tuvo su merecido premio. Porque aguantó la presión y, cuando su rival se desconcentró, le dio un golpe letal. Así quedó en inmejorable posición para la revancha de la semana que viene en Sarandí. Los goles fueron de Damonte, Casteglione y Garnier. Para los locales anotó Baier, ambos de tiro libre. Este fue el partido de ida por los octavos de final de la Copa Sudamericana.
Casi impensado era hace unos años soñar con un Arsenal como el de hoy. Temible para todos los equipos en el fútbol argentino y revelación en la Copa Sudamericana, que reúne a los mejores del continente. Ni el más optimista, allá por finales de la década del 90 y comienzos del nuevo siglo, hubiese pensado que el equipo de Sarandí iba a estar jugando por los octavos de final de una competición que muchos añoran, pero pocos pueden jugar. En fin, el presente marca una realidad estupenda para los dirigidos por Alfaro. Y en Brasil, esta tarde era el comienzo de un nuevo capítulo de la historia. ¿El rival? Goiás.
La clasificación a octavos, tras eliminar a San Lorenzo, el campeón del fútbol argentino, sorprendió a propios y extraños. Especialmente por lo abultado del resultado en el partido de vuelta, el que decretó la despedida del equipo de Ramón de la Copa. Pero también, significó la confirmación de un presente magnífico para el conjunto de Alfaro. Encima, para engrosar su lista de logros y víctimas, volvió a derrotar al Cuervo por el torneo local y luego hizo lo mismo ante River, en Sarandí. Sensacional.
Pero hoy, en Brasil, no servía de nada todo ese pasado. Ningún logro anterior le iba a dar a Arsenal el pase a cuartos de final frente a un duro, pero golpeado Goiás. Eso, Alfaro lo entendió. Más que nada, el momento por el que pasa el conjunto brasileño, que se quedó sin técnico el último fin de semana, tras caer por el campeonato local. Por eso, la idea principal del Lechuga fue la de cederle la pelota y el campo al rival. Con un 4-4-1-1, el entrenador pensó un encuentro para aguantar y tratar de definir de contra, en un campo de grandes dimensiones. Y en el comienzo pareció salirle bastante bien.
Con la clave por las bandas, Arsenal arrancó decidido a aprovechar la velocidad de sus hombres. Martín Andrizzi por la izquierda, ante el habilidoso Vítor y Pablo Garnier por la derecha, frente a frente con un intermitente Chiquinho. Ellos, acompañados por el Papu Gómez, como media punta, parecían ser la manija de un equipo que de todas las formas posibles iba a buscar un gol en condición de visitante, para hacerlo valer, luego, en el partido de vuelta. Arriba, sólo Leonardo Ulloa, como referencia de área.
Esa idea de aprovechar la velocidad de los ligeritos, estuvo acompañada por una fina estampa de los equipos de Alfaro: el buen uso de las pelotas paradas. Así fue que llegó el primer gol del partido. El premio para un Arsenal que arrancó mejor, presionando y complicando a su rival. Tiro de esquina desde la izquierda. Centro al borde del área grande y remate (muy malo) de Matellán. La pelota, tras rebotar en el campo de juego, se elevó y le quedó a Israel Damonte, quien estaba volviendo, para que de derecha la clave en el arco de Harlei. Gol y sorpresa para el poco público que llegó al Serra Dourada, de Goiania.
No quedaban dudas que ese tanto de Arsenal iba a despertar de manera muy repentina al equipo local. Y así fue. Vítor, cargó las pilas que parecía no tener en el comienzo y rompió con todo bloque que se le presentó por delante. Con él, el Goiás ganó mucho más juego por la derecha y complicó enormemente al fondo argentino. La presión se hacía cada vez más fuerte y se veía que mucho tiempo más no iba a poder aguantar el conjunto de Alfaro. Así fue que a los 25 minutos, Paulo Baier, el hombre más técnico de la cancha tuvo su chance de tiro libre y no falló. Le dio con suavidad al palo derecho del arco de Cuenca y tras pasar por encima de Casteglione, el único de la barrera que no saltó, se clavó. 1-1 y a empezar de nuevo.
Esa presión que ejerció el conjunto local en los minutos que pasaron entre ambos goles, se hizo presente en el cierre del primer tiempo. Pero esta vez, sin tanta suerte para el Goiás. Cuando la lluvia apareció, los 45 minutos iniciales se fueron, con promesa de más, en el complemento. Hasta acá, lo de Arsenal era satisfactorio. Restaba saber si el físico iba a aguantar en el transcurso del encuentro.
El comienzo de la segunda etapa fue muy similar al cierre de la primera. El Goiás continuó con su idea de ir por más y estuvo cerca. Pero los intentos, comandados por Baier y Víctor, los dos mejores del local, chocaban con la resistencia del fondo del conjunto del Viaducto. Fue así, que de tanto ir y jugar en campo rival, el conjunto brasileño comenzó a sentir el desgaste físico y mental de chocar casi contra una muralla, una y otra vez. Ideal para Arsenal que iba a saber cómo aprovecharse de esa situación.
Con el correr de los minutos, el equipo argentino recuperó terreno en el campo de juego. Papu Gómez se hizo dueño de la pelota y entendió bien el mensaje de Alfaro, de tener la pelota para dormir el encuentro. Pero cuando menos lo esperaba, iba a sufrir un revés, especialidad de la casa. Otro tiro libre para Goiás y otro gol de Baier. Esta vez, la pelota pasó por encima de una barrera que sí saltó, pero no pudo con el remate que se metió al ángulo izquierdo. Lindo resultado para el local y aceptable para Arsenal, aunque también sorpresivo.
Pero la reacción visitante iba a llegar velozmente. Apenas habían pasado dos minutos y Arsenal volvía a hacer de las suyas, bien al estilo Alfaro. Centro llovido de Espíndola, al área de Goiás y cabezazo de Casteglione, para empatar el encuentro. Igual que en el partido ante Estudiantes, bajo la lluvia, en el que Ulloa clavó la igualdad final. Así, el equipo argentino igualaba las cosas y se llevaba un premio muy especial a Buenos Aires. Pero por fortuna para toda la gente de Sarandí, hubo un hombre que no se conformó con ese resultado.
Garnier tomó la pelota, encaró en la puerta del área, amagó y la metió al ladito del palo derecho del arco de Harlei. Batacazo de Arsenal en Brasil. 3-2 para guardarse más de media clasificación en el bolsillo y seguir haciendo historia. Con un fondo impasable (sólo vulnerado con dos tiros libres), un mediocampo exquisito a la hora de marcar y jugar y con un ataque efectivo (marcaron los volantes, pero lo hicieron en las pocas chances que tuvieron). Con esa estructura, Sarandi esperará a los brasileños, que la tendrán muy complicada para clasificar a cuartos de final. Hoy, a Alfaro le salió bien. Deberá ser prolijo en la vuelta para meterse entre los ocho mejores de Sudamérica. Nada mal para un equipo con tan pocos años en Primera División.
[img]
Casi impensado era hace unos años soñar con un Arsenal como el de hoy. Temible para todos los equipos en el fútbol argentino y revelación en la Copa Sudamericana, que reúne a los mejores del continente. Ni el más optimista, allá por finales de la década del 90 y comienzos del nuevo siglo, hubiese pensado que el equipo de Sarandí iba a estar jugando por los octavos de final de una competición que muchos añoran, pero pocos pueden jugar. En fin, el presente marca una realidad estupenda para los dirigidos por Alfaro. Y en Brasil, esta tarde era el comienzo de un nuevo capítulo de la historia. ¿El rival? Goiás.
La clasificación a octavos, tras eliminar a San Lorenzo, el campeón del fútbol argentino, sorprendió a propios y extraños. Especialmente por lo abultado del resultado en el partido de vuelta, el que decretó la despedida del equipo de Ramón de la Copa. Pero también, significó la confirmación de un presente magnífico para el conjunto de Alfaro. Encima, para engrosar su lista de logros y víctimas, volvió a derrotar al Cuervo por el torneo local y luego hizo lo mismo ante River, en Sarandí. Sensacional.
Pero hoy, en Brasil, no servía de nada todo ese pasado. Ningún logro anterior le iba a dar a Arsenal el pase a cuartos de final frente a un duro, pero golpeado Goiás. Eso, Alfaro lo entendió. Más que nada, el momento por el que pasa el conjunto brasileño, que se quedó sin técnico el último fin de semana, tras caer por el campeonato local. Por eso, la idea principal del Lechuga fue la de cederle la pelota y el campo al rival. Con un 4-4-1-1, el entrenador pensó un encuentro para aguantar y tratar de definir de contra, en un campo de grandes dimensiones. Y en el comienzo pareció salirle bastante bien.
Con la clave por las bandas, Arsenal arrancó decidido a aprovechar la velocidad de sus hombres. Martín Andrizzi por la izquierda, ante el habilidoso Vítor y Pablo Garnier por la derecha, frente a frente con un intermitente Chiquinho. Ellos, acompañados por el Papu Gómez, como media punta, parecían ser la manija de un equipo que de todas las formas posibles iba a buscar un gol en condición de visitante, para hacerlo valer, luego, en el partido de vuelta. Arriba, sólo Leonardo Ulloa, como referencia de área.
Esa idea de aprovechar la velocidad de los ligeritos, estuvo acompañada por una fina estampa de los equipos de Alfaro: el buen uso de las pelotas paradas. Así fue que llegó el primer gol del partido. El premio para un Arsenal que arrancó mejor, presionando y complicando a su rival. Tiro de esquina desde la izquierda. Centro al borde del área grande y remate (muy malo) de Matellán. La pelota, tras rebotar en el campo de juego, se elevó y le quedó a Israel Damonte, quien estaba volviendo, para que de derecha la clave en el arco de Harlei. Gol y sorpresa para el poco público que llegó al Serra Dourada, de Goiania.
No quedaban dudas que ese tanto de Arsenal iba a despertar de manera muy repentina al equipo local. Y así fue. Vítor, cargó las pilas que parecía no tener en el comienzo y rompió con todo bloque que se le presentó por delante. Con él, el Goiás ganó mucho más juego por la derecha y complicó enormemente al fondo argentino. La presión se hacía cada vez más fuerte y se veía que mucho tiempo más no iba a poder aguantar el conjunto de Alfaro. Así fue que a los 25 minutos, Paulo Baier, el hombre más técnico de la cancha tuvo su chance de tiro libre y no falló. Le dio con suavidad al palo derecho del arco de Cuenca y tras pasar por encima de Casteglione, el único de la barrera que no saltó, se clavó. 1-1 y a empezar de nuevo.
Esa presión que ejerció el conjunto local en los minutos que pasaron entre ambos goles, se hizo presente en el cierre del primer tiempo. Pero esta vez, sin tanta suerte para el Goiás. Cuando la lluvia apareció, los 45 minutos iniciales se fueron, con promesa de más, en el complemento. Hasta acá, lo de Arsenal era satisfactorio. Restaba saber si el físico iba a aguantar en el transcurso del encuentro.
El comienzo de la segunda etapa fue muy similar al cierre de la primera. El Goiás continuó con su idea de ir por más y estuvo cerca. Pero los intentos, comandados por Baier y Víctor, los dos mejores del local, chocaban con la resistencia del fondo del conjunto del Viaducto. Fue así, que de tanto ir y jugar en campo rival, el conjunto brasileño comenzó a sentir el desgaste físico y mental de chocar casi contra una muralla, una y otra vez. Ideal para Arsenal que iba a saber cómo aprovecharse de esa situación.
Con el correr de los minutos, el equipo argentino recuperó terreno en el campo de juego. Papu Gómez se hizo dueño de la pelota y entendió bien el mensaje de Alfaro, de tener la pelota para dormir el encuentro. Pero cuando menos lo esperaba, iba a sufrir un revés, especialidad de la casa. Otro tiro libre para Goiás y otro gol de Baier. Esta vez, la pelota pasó por encima de una barrera que sí saltó, pero no pudo con el remate que se metió al ángulo izquierdo. Lindo resultado para el local y aceptable para Arsenal, aunque también sorpresivo.
Pero la reacción visitante iba a llegar velozmente. Apenas habían pasado dos minutos y Arsenal volvía a hacer de las suyas, bien al estilo Alfaro. Centro llovido de Espíndola, al área de Goiás y cabezazo de Casteglione, para empatar el encuentro. Igual que en el partido ante Estudiantes, bajo la lluvia, en el que Ulloa clavó la igualdad final. Así, el equipo argentino igualaba las cosas y se llevaba un premio muy especial a Buenos Aires. Pero por fortuna para toda la gente de Sarandí, hubo un hombre que no se conformó con ese resultado.
Garnier tomó la pelota, encaró en la puerta del área, amagó y la metió al ladito del palo derecho del arco de Harlei. Batacazo de Arsenal en Brasil. 3-2 para guardarse más de media clasificación en el bolsillo y seguir haciendo historia. Con un fondo impasable (sólo vulnerado con dos tiros libres), un mediocampo exquisito a la hora de marcar y jugar y con un ataque efectivo (marcaron los volantes, pero lo hicieron en las pocas chances que tuvieron). Con esa estructura, Sarandi esperará a los brasileños, que la tendrán muy complicada para clasificar a cuartos de final. Hoy, a Alfaro le salió bien. Deberá ser prolijo en la vuelta para meterse entre los ocho mejores de Sudamérica. Nada mal para un equipo con tan pocos años en Primera División.
Algo mas? Ahora me puedo morir tranquilo.... je
Aguante el Arse !!!!!!!!!!