Tres ha sido las principales explicaciones científicas propuestas para la carencia de pelaje en los humanos. Las tres rondan la idea de que en la evolución de nuestro linaje pudo resultar ventajoso ir siendo cada vez menos peludos, en un proceso de seis millones de años durante los cuales fuimos separándonos del ultimo antepasado común que tuvimos con los chimpancés, hoy nuestros parientes mas cercanos. La hipótesis del “simio acuático” propone que hace entre seis y ocho millones de años los antepasados simiescos de los humanos modernos llevaban una vida semiacuática y buscaban comida en aguas someras. El pelaje no es un aislante térmico eficaz dentro del agua y, por ello, afirma la teoría, hubimos de evolucionar para reemplazarlo como hicieron otros mamíferos acuáticos, con un revestimiento relativamente grueso de grasa corporal. Aunque esta teoría sea imaginativa – y nos justifique la barriga –, ha resultado imposible hallar pruebas palenteológicas de una fase acuática en la existencia humana.
Una segunda teoría es que perdimos nuestro pelaje para controlar la temperatura corporal al adaptarnos al calor de la sabana. Nuestros antepasados simios pasaban la mayor parte del tiempo en bosques frescos, pero un homínido erecto y revestido de espeso pelaje que caminase al sol se recalentaría. La idea parece razonable, pero aunque la falta de pelo ayudase a permanecer fresco durante el día, nuestros antepasados habrían perdido, en cambio, calor por las noches, cuando necesitaba conservarlo.
Recientemente, Walter Bodmer, de la Universidad de Oxford, y quien escribe hemos sugerido que los ancestros de los humanos modernos fueron perdiendo el pelaje para reducir la prevalencia de parásitos externos. Un abrigo piloso constituye un grato refugio para ectoparásitos como las garrapatas, los piojos o las pulgas. Estas criaturas no solo provocan irritaciones y molestias, sino que son también portadoras de toda una panoplia de enfermedades, algunas de ellas mortales. Los humanos, capaces de encender hogueras, de construir abrigos y de hacerse ropas, hubieran podido perder su pelo y, con él, la mayoría de los parásitos, sin sufrir a causa del frío.
Mark Pagel, director del grupo de biología evolutiva en la Universidad de Reading, Inglaterra.
Articulo: Investigación y Ciencia Nº 374
articulo relacionado EL MONO DESNUDO DE DESMOND MORRIS:
El mono desnudo; Desmond Morris (versión online): http://html.rincondelvago.com/el-mono-desnudo_desmond-morris.html
El mono desnudo; Desmond Morris (versión en PDF)
El mono desnudo; Desmond Morris (versión para descargar en ZIP)
SALUTES