Favelas
El término favela es ampliamente usado y asociado a los asentamientos marginales en Brasil, en ciudades con Sao Paulo y Rio de Janeiro. Sólo en Rio de Janeiro existen 750 favelas, donde vive el 20% de la población carioca, cerca de un millón de personas. La más famosa de las favelas de Rio de Janeiro es Rocinha.
Las favelas o las cidade de deus: ¿una identidad del gueto negro?
Las representaciones de las comunidades pobres en Brasil muchas veces nos presentan imágenes de comunidades negro-mestizas, y poseen como principal características la exclusión social y la violencia, así lo tenemos en la película Cidade de Deus, de Fernando Meirelles. Pero nos preguntamos si esa definición no es ideológica, o si de hecho ella corresponde al mundo real, este mundo apartado de las pantallas del cine o de los discursos intelectuales. En la búsqueda de estabilizar una imagen para estas comunidades nos encontramos con la descripción de un gueto negro, donde muchas veces las relaciones sociales traspasan los límites de lo justo, y así lo tomamos por su identidad. Un universo cerrado que mantiene sus propias reglas, un campo de batalla, donde los moradores son soldados literalmente armados. Un bando de flagelados en su gran mayoría negros-mestizos, gente fea que pertenecen al mundo de la barbarie, y que parece amenazar el confortable mundo civilizado de las elites.
Las Cidade de Deus como gueto negro
Las representaciones de las comunidades pobres en Brasil muchas veces nos presentan imágenes de comunidades negro-mestizas, y poseen como principal agentes la exclusión social y la violencia. Así lo tenemos en la película Cidade de Deus, de Fernando Meirelles, inspirada en el libro homónimo de Paulo Lins. Pero nos preguntamos si esa interpretación es ideológica, o si de hecho ella corresponde al mundo real, este mundo apartado de las pantallas del cine, de los discursos intelectuales o de la literatura. En la búsqueda de estabilizar una imagen para estas comunidades nos encontramos con la definición de gueto negro, donde muchas veces las relaciones sociales traspasan los límites de lo justo, y así lo tomamos por su identidad. Un universo cerrado que mantiene sus propias reglas, un campo de batalla, donde los moradores son soldados armados. Un bando de miserables en su gran mayoría negros-mestizos, gente considerada fea, frecuentemente asociada a un estado de barbarie, que parece amenazar el confortable mundo civilizado de las elites. La imagen del negro-mestizo ha sido frecuentemente asociada a elementos y comportamientos negativos desde los tiempos coloniales.
Con sus trazados caóticos las favelas son delineadas, muchas veces, con dibujos de líneas sinuosas y entrelazadas, tramas laberínticas. Estructura compuesta por gran número de divisiones – pasillos angostos, callejones, claraboyas - y de resoluciones espaciales tan complejas que muchas veces nos cuesta encontrar la orientación, cuando no somos parte de ella. Universos cerrados con sus propias leyes. Pero, ¿De qué manera la miseria y la pobreza conforman este escenario? ¿Y por qué son universos cerrados? ¿Cerrados para quién?
Las favelas son como ciudadelas medievales, fortificaciones defensivas que tienen sus límites determinados por la miseria. Aquí las murallas son construidas con elementos intangibles, el miedo que, a la vez, caracteriza su solidez. Pero también por elementos concretos que se configuran en el paisaje con calles angostas, míseras chabolas, enfermedades crónicas. Algunas de esas favelas nacieron de los quilombos, barrios formados por esclavos fugitivos o liberados ubicados en torno a la ciudad de Salvador, y hoy su población es, mayoritariamente, negro-mestiza. Otras, sin embargo, surgieron de pequeños núcleos urbanos creados por el Estado, llamados “embriones”, barrios en sus primeros estadios de desarrollo, pero que con el tiempo sufrieron sucesivas modificaciones. Construidos con materiales de mala calidad, esos conjuntos habitacionales están ubicados en zonas apartadas de los centros de las ciudades, carentes de infraestructura adecuada. Su alejamiento manifiesta una clara intención de los poderes públicos en segregar una parte de la población que, por cualquier motivo, molesta a los intereses oficiales. Si nos ponemos a observarlas desde una perspectiva alejada, el dibujo que las diferencias en el contexto urbano es claro, una zona que se destaca del todo en que está inserta por sus características opuestas. Si nos adentramos en ella percibimos que este universo obedece a un orden preestablecido, donde los que entran y salen son constantemente vigilados. Aquí el error muchas veces es pagado con la muerte.
Así se nos presenta la favela en la película Cidade de Deus. Esta es también una comunidad negra. El desencantamiento hace parte la vida de sus moradores, personas sencillas que buscan preservar los sueños en medio de tanta desolación. Pero la sociedad no ofrece perspectiva de un futuro mejor, tampoco un plan de ciudadanía que les devuelva la dignidad. Entonces la vida se torna un no -tener que hacer, y los días son de un ocio constante.
En los últimos 14 años desaparecieron en las favelas de Rio, 10.464 personas sin dejar rastro, víctimas en un 70% de los traficantes de drogas, de la policia y de las milicias paramilitares, un número 54 veces mayor que el de los desaparecidos durante la dictadura militar que fueron 136.
Los "narcos" se comunican por radio, interfieren la frecuencia policial, y amparados en los montes con vegetación cerrada, típica topografía de Río, disparan con armas largas, ametralladoras y lanzan granadas, mientras los pobladores aterrorizados buscan un refugio que no siempre los salva de las balas perdidas o el fuego cruzado.
El 25% de las favelas de Brasil está en Río, y el 10% de la población de este Estado vive en esos barrios. Pero los sectores elegantes de la ciudad tampoco están a salvo del peligro: están rodeados de favelas que muchas veces se encuentran a escasos metros de distancia. El narcotráfico domina a los moradores de las favelas porque los tiene a merced de su poder.
Dentro de los montes ellos son la ley. En los barrios elegantes, por su parte, viven el miedo de circular entre un monte y otro y quedar atrapados en una lucha entre facciones o, a ser secuestrados.
Violencia policial
Según las estadísticas oficiales, entre 1999 y el 2004, la policía de los estados de Río de Janeiro y São Paulo mató a 9.889 personas en situaciones registradas oficialmente como "resistencia seguida de muerte".
Como consecuencia de estos incidentes, fueron sancionados 558 agentes de policía de Río de Janeiro, 14 de los cuales fueron expulsados del cuerpo.
Los agentes de policía tienen también un riesgo elevado de sufrir agresiones. En Río de Janeiro, sólo en el 2004 murieron en acto de servicio 52 policías.
Los datos son del servicio de Descubrimiento de Paraderos del departamento de Homicidios, revelados por el diario O Globo en el primero de una serie de grandes reportajes titulado La democracia no sube a las favelas, para los que ha movilizado a buena parte de su redacción. El diario intenta probar que el tráfico de drogas lleva años imponiendo al millón y medio de habitantes de las 630 favelas de la ciudad, leyes de excepción "que viven en el terror como bajo una dictadura".
Disparidades sociales
En 1998, el 20 por ciento más rico del país tenía un 64,4 por ciento de los ingresos o del consumo, mientras que el 20 por ciento más pobre sólo tenía el 2 por ciento.
La tasa de homicidios en los centros urbanos de Brasil es una de las más altas del mundo.
Sólo en el 2002 se cometieron casi 50.000 homicidios, y cientos de miles de personas sufrieron agresiones o robos con violencia.
La tasa de asesinatos se concentra en zonas de mayor exclusión socioeconómica y presencia policial reducida.
En la ciudad de São Paulo, en el 2001 se cometieron 309 homicidios, es decir, 123 por cada 100.000 habitantes, en Jardim ngela, distrito con carencias sociales del sur de la ciudad, mientras que en el mismo año, el distrito de clase media de Moema, situado a sólo unos kilómetros de distancia, se cometieron sólo dos, lo que representa 3 por cada 100.000 habitantes.
El número de automóviles blindados de propiedad privada en Brasil es uno de los más elevados del mundo.
Guerra en las Favelas
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