Uno de los primeros intentos conocidos encaminados a la construcción de un “planeta” Tierra visitable data de mediados del siglo XVII. El Globo de Gottorp, construido en Alemania, es una mezcla de “planetario” arcaico y noria de agua, pues este fluido se encargaba de animar al ingenio. En su interior, podía contemplarse una recreación de las constelaciones celestes y, en el exterior, se convertía en flamante globo terráqueo. Todavía hoy existe una reconstrucción del siglo XVIII basada en el original, de tres metros de diámetro, que .
No era mala idea, así que, con los años, otros se encargaron de su desarrollo y, sobre todo, de pensar a lo grande. Así, por ejemplo, nació el que, dotado de escaleras, iluminación, movimiento y toda clase de efectos “especiales”, estaba llamado a convertirse en todo un museo impresionante dedicado a nuestro planeta. La invención, obra del británico James Wyld, tuvo que ser realmente llamativa. Situado en Leicester Square, Londres, pudo visitarse entre 1851 y 1862. Wyld, geógrafo y parlamentario, estaba orgulloso de tan magna obra, que dejaba con la boca abierta a todo aquel que se adentrara en sus cartográficas entrañas.
Como no podía ser de otro modo, en Francia no podían ser menos, así que al conocido geógrafo decimonónico se le ocurrió diseñar un , capaz de contener una representación de la Tierra en forma de globo terráqueo guardando escala 1:100.000. Lamentablemente, al contrario que con la idea de Wyld, éste no llegó a construirse.
Aumentemos más el tamaño. En 1922, el meteorólogo , el creador del primer modelo meteorológico predictivo dinámico, pensó en crear una especie de que emplearía a cerca de 65.000 personas calculando las complejas ecuaciones necesarias para lograr realizar previsiones meteorológicos periódicos de cada uno de los cuadrantes en los que se dividiría el mundo… ¡una verdadera computadora “humana” en el interior de un gigantesco edificio en forma de globo terráqueo! Como en el caso anterior, no se pasó de la idea al mundo real.
Como de la idea general de “mundo visitable”, nada mejor que darse una vuelta por el pasillo acristalado de tres pisos de altura al que llaman , situado en la biblioteca Mary Baker Eddy de Boston.
fuente:
No era mala idea, así que, con los años, otros se encargaron de su desarrollo y, sobre todo, de pensar a lo grande. Así, por ejemplo, nació el que, dotado de escaleras, iluminación, movimiento y toda clase de efectos “especiales”, estaba llamado a convertirse en todo un museo impresionante dedicado a nuestro planeta. La invención, obra del británico James Wyld, tuvo que ser realmente llamativa. Situado en Leicester Square, Londres, pudo visitarse entre 1851 y 1862. Wyld, geógrafo y parlamentario, estaba orgulloso de tan magna obra, que dejaba con la boca abierta a todo aquel que se adentrara en sus cartográficas entrañas.
Como no podía ser de otro modo, en Francia no podían ser menos, así que al conocido geógrafo decimonónico se le ocurrió diseñar un , capaz de contener una representación de la Tierra en forma de globo terráqueo guardando escala 1:100.000. Lamentablemente, al contrario que con la idea de Wyld, éste no llegó a construirse.
Aumentemos más el tamaño. En 1922, el meteorólogo , el creador del primer modelo meteorológico predictivo dinámico, pensó en crear una especie de que emplearía a cerca de 65.000 personas calculando las complejas ecuaciones necesarias para lograr realizar previsiones meteorológicos periódicos de cada uno de los cuadrantes en los que se dividiría el mundo… ¡una verdadera computadora “humana” en el interior de un gigantesco edificio en forma de globo terráqueo! Como en el caso anterior, no se pasó de la idea al mundo real.
Como de la idea general de “mundo visitable”, nada mejor que darse una vuelta por el pasillo acristalado de tres pisos de altura al que llaman , situado en la biblioteca Mary Baker Eddy de Boston.
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