InicioInfoEl hombre del Apocalipsis
J. Robert Oppenheimer - El hombre del Apocalipsis.



El presidente Dwight Eisenhower no dudó más y puso su firma. A partir de ese día, 10 de Junio de 1954, el doctor J. Robert Oppenheimer tenía prohibido el acceso al laboratorio o documento que contuviese secretos atómicos. ¿Cuál era el motivo para tomar tan drástica determinación con el hombre que había hecho posible la fabricación de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Pese a innumerables esfuerzos, sus acusadores del FBI no habían podido presentar pruebas fehacientes de su presunta traición a favor de la URSS. Por lo tanto, la comisión investigadora terminó atribuyéndole “graves defectos de personalidad” que podrían poner en peligro la seguridad de su país. Esa fue la excusa para impedirle que siguiera pesándolo como hasta entonces sobre las resoluciones de la casa blanca en el terreno nuclear cuando la Guerra Fría alcanzaba sus momentos más candentes.
Era una caída abrupta, inesperada para la opinión pública. Solo cinco años antes, en Octubre de 1949, Oppenheimer había sido tapa de la revista Life, en cuyas paginas el celebre periodista Lincoln Barnett, publicó una elogiosa biografía donde “Oppie”, en ese entonces presidente de la Comisión de Energía Atómica, era presentado a los lectores como “el pensador número uno sobre el átomo”. Para los norteamericanos, Oppenheimer era sinónimo de energía nuclear.
Pero había algo mas en el artículo de Life, Allí, Barnett identificaba sutilmente a Oppenheimer como líder de un grupo de destacadísimos físicos nucleares que pretendían dirigir todos sus esfuerzos hacia la investigación pura, no bélica, pues para ellos la bomba se estaba transformando cada vez más en un grave problema de conciencia. La alusión de Barnett era un tiro por elevación.



En esos mismos días de 1949, el presidente Harry Truman –más preocupado por la primera explosión atómica soviética – encargaba al físico Teller la fabricación de un artefacto basado en la fusión de hidrógeno, la poderosísima bomba H, una idea de Oppenheimer públicamente había calificado como “impracticable” e íntimamente consideraba indeseable. Acababa de empezar la mayor carrera armamentista del siglo XX por la supremacía nuclear entre los Estado Unidos y la URSS y el alarmado Oppie tomaba partido por la paz mientras su colega Teller – a quien años después el director Stanley Kubrik bautizó “Doctor Insólito”- adoptaba fervientemente el estandarte de la guerra termonuclear.
En los cinco años que siguieron, el grupo de físicos encabezados por Oppenheimer jugó todas sus cartas para impedir que el mundo se encaminara hacia la suicida construcción de arsenales nucleares. No lo consiguieron y su líder pagó el doloroso precio de la destitución de sus cargos oficiales y el descrédito público.

Del laboratorio al campo de batalla.

Después de graduarse en ciencias en la universidad de Harvard, en 1925, cuando tenía 21 años, Oppenheimer viajó a Inglaterra, dónde estudió con los mas eminentes investigadores de la época en Cambridge, por ese entonces el centro mundial de la física nuclear. Aunque cuando tenía 5 años de había convertido en un fanático mineralogista y a los 12 años dio su primera conferencia el club mineralógico de Nueva Cork, poco después se volcó a la química, ciencia que lo entusiasmo hasta su segundo año en la universidad. Entonces, gracias a la influencia del profesor Percy Bridgman, decidió dedicarse a estudiar física. Y ya en Cambridge se dio cuenta de que algo marcaría toda su vida científica posterior: prefería, sin ninguna duda, el campo de la especulación teórica de la experimentación. Sin embargo, por esas paradojas del destino, llegaría a ser conocido no por sus descubrimientos en física básica sino por un logro exclusivamente técnico, la construcción de la primera bomba atómica. Un éxito que, como un boomerang, se volvería contra él y convertiría su vida en un drama.

Una carrera desenfrenada.

Era un lector desmesurado: mientras estudiaba en el collage leía a Platón, Sócrates y Homero en griego, se cuenta que devoró las tres mil páginas de Declinación y Caída del Imperio Romano de Gibbons en el transcurso de un viaje en tren entre San Francisco y Nueva Cork, y cuando viajó a los países bajos fue capaz de dar conferencias de física en holandés a solo un mes y medio de haber empezado a aprender el idioma. Al final de su vida dominaba diez lenguas, entre ellas el sánscrito, que aprendió para leer el original del Bahgavad-Gita y otros clásicos hindúes. Esa facilidad para los idiomas le permitió doctorarse en 1927 en la universidad de Gotinga, en Alemania, bajo los auspicios de Max Born, Paul Dirac y Niels Bohrn.
La universidad de California y el Instituto de Tecnología de ese mismo estado fueron los lugares entre los que se repartió Oppie para formar varias notables camadas de físicos norteamericanos en los siguientes 15 años. Simultáneamente con la enseñanza, dedicaba mucho tiempo a la investigación, campo en el que hizo aportes decisivos a las teorías sobre partículas elementales que descubrieron en esa época Paul Dirac y Carl Anderson (el positrón) y Hideki Yukawa (el mesón).
En Marzo de 1943, cuando el gobierno norteamericano decidió encarar de inmediato la fabricación de una bomba que utilizara el principio de la fusión nuclear, el general Leslie Groves, jefe del proyecto Manhatan, propuso a Oppie la dirección de los trabajos. No era una decisión apresurada: además de su reconocida capacidad como teórico, Oppenheimer se había dedicado desde hacia poco, pero con un alocado ritmo de 24 horas diarias, a analizar factibilidad de crear ese nuevo tipo de artefacto explosivo. Era la consecuencia inmediata de un hecho que había conmovido al mundo científico y al Pentágono: en 1939, Albert Einstein y el físico húngaro Leo Szilard lograron convencer al presidente Franklin D. Roosevelt de la necesidad de adelantarse a la Alemania nazi en la fabricación de la bomba A.
Una vez elegido el lugar –Los Álamos es una “mesa” ubicada en una región desértica del estado de Nuevo México, un ligar encerrado entro cañones muy profundos, accesible solo por un camino áspero y retorcido- , todos los esfuerzos de Oppie estuvieron dirigidos a juntar lo mas pronto posible las mejores cabezas en los distintos campos de la física, la metalurgia, la química de explosivos y la ingeniería. Proyectada en 1943 para unos pocos centenares de personas, la población de Los Álamos (llamada irónicamente por sus propios habitantes “campo de concentración de científicos”) creció vertiginosamente hasta 4500 habitantes y había alcanzado los 6000 cuando explotó la primera bomba sobre Hiroshima. Entre ellos estaban tres premios Nobel: dos exiliados, el italiano Enrico Fermi y el danés Niels Bohr, además James Chadwick, representante de Gran Bretaña en el proyecto Manhattan.
En medio de todo tipo de rumores que corrían por la ciudad de Santa Fe y otras poblaciones cercanas, alimentados por un hermético sistema de seguridad que rodeaba la base, los científicos comandados por Oppenheimer trabajaron frenéticamente para reunir los múltiples pedazos de un rompecabezas infernal. Pero también había momentos de ocio, difíciles de llenar en un lugar tan aislado. Como recuerda en sus memorias el físico austriaco Otto Frisch, uno de los principales entretenimientos era la música, ya que muchos de los científicos eran grandes aficionados a diversos instrumentos. Pero además, parte del buen dinero que ganaban lo gastaban en bebidas alcohólicas. “Mucho después –dice Frisch- me entere de que las normas prohibían la entrada de alcohol en Los Álamos, pero lo cierto es que todo el mundo conseguir al por mayor”.
“Y entonces, sin percibirse sonido alguno, dio la sensación de que había salido el sol. Las dunas en el borde del desierto relucieron con luz muy intensa, casi incolora e informe, que en un par de segundos empezó a disminuir. Diez segundos después, ese pequeño sol que ardía en el horizonte se convirtió en un gigantesco hongo, con la forma de una pera que ascendía levemente desde el suelo al cual permanecía conectado por medio de un tronco gris de torbellinos polvorientos…” Así describió Frisch la apocalíptica visión de la primera explosión nuclear, llamada “Trinity” en código, que se ejecutó en el desierto de Alamogordo el 16 de Junio de 1945.
Hasta entonces Oppenheimer había dudado. Tres días antes del estallido le había apostado a su segundo, Geoges Kestiakowsky, que el experimento fallaría. Pero en las escasas semanas que transcurrieron entre el 16 de Julio y el 6 de Agosto – ese día la bomba bautizada “Little Boy” arrasó la ciudad de Hiroshima- cuando Oppie se encontró con el mayor dilema de su vida; había conseguido fabricar un arma tan devastadora como nadie había soñado. Y estaba arrepentido de su obra.
Lo acompañaban en ese estado de ánimo la mayoría de sus colegas, muchos de los cuales festejaron entusiastas la explosión de Alamogordo pero retrocedieron con pavor cuando Hiroshima y Nagasaki fueron prácticamente borradas de la faz de la tierra. Durante los años que siguieron, Oppenheimer mantuvo su lugar como principal consejero del gobierno norteamericano en asuntos nucleares. Pero en 1953, lo inesperado. A instancias del FBI, que utilizaba datos propios y otros de los servicios de inteligencia militar, Oppenheimer fue acusado de traicionar los intereses de su país a favor de la URSS. Eran los años del macartismo, cuando en la acusación ya estaba implícita la condena.
Después de varios meses de investigación por parte de un comité especial del gobierno de Washington, Oppie fue separado de sus cargos y el presidente Euinsenhower ordenó que “un muro impenetrable se levante entre el doctor Oppenheimert y todo secreto militar”. Sin embargo, no hubo ninguna prueba de su presunta traición: ni el FBI, ni los servicios militares, pudieron demostrar que hubiese entregado secretos sobre cuestiones atómicas al enemigo.
Desagraviado posteriormente por los presidentes John F. Kennedy y Lyndon Jonson, Oppenheimer nunca pudo olvidar hasta su muerte en 1967, la pavorosa imagen del hongo que creció el 16 de Julio de 1945 sobre Alamogordo y que muchos años después describió Frisch: “El espectáculo fue indescriptible. Quien haya visto una explosión atómica jamás podrá olvidarla. El tremendo sonido llegó después, seguido de un profundo rumor. Aún resuena en mis oídos”

Autor, Julio Orione, año 1992



Bomba atómica de uranio llamada en código “Little Boy”, que destruyó Hiroshima.


Bomba atómica de plutonio llamada “Fat Man” que estallo sobre Nasaki, fue la segunda de ese tipo que estalló, ya que la primera fue la de Alamogordo


Fotografía de la primera explosión llamada Trinity, en código.

Secuencia de explosión de una bomba atómica.




A la altura deseada se hace funcionar el circuito eléctrico

Que desprende la mitad del material fisionable (uranio muy enriquecido o plutonio) por un tubo,

Hasta que se encuentra con la otra mitad.

Ambas mitades se unen

Y forman la masa crítica, que emite neutrones

A través de una capa de parafina y una cobertura de plomo.

La masa crítica termina de fisionarse

Hasta que se produce la explosión

Sobre el lugar elegido



Post de otros usuarios relacionados:
http://www.taringa.net/posts/noticias/804408/Hiroshima:-Una-tragedia-Incontable.html
http://www.taringa.net/posts/info/791527/El-padre-de-la-bomba-atomica.html
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
226visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

L
Usuario
Puntos0
Posts2
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.