1. ¿Los agrocombustibles son limpios y protegen el medio ambiente?
Los agroquímicos y todo el petróleo necesarios para producir y transportar agrocombustibles contaminan aire, suelos y aguas generando más efecto invernadero. La Unión Europea (UE) depende de importaciones de agrocombustibles, desplazando el daño ambiental a países terceros. El uso intensivo de fertilizantes nitrogenados comporta emisiones de óxido nitroso, con un efecto invernadero 300 veces peor que el del CO2. Numerosos estudios demuestran que el balance energético de estos cultivos dependientes del petróleo es negativo (2).
2. ¿Los agrocombustibles no implican deforestación?
Sólo en Brasil se prevé la deforestación de no menos de 80 millones de hectáreas de selva Amazónica (3), equivalentes a España e Italia. Antes de los agrocombustibles la deforestación es causa de un 18% de las emisiones de CO2, la agricultura de un 14% (4). Cuando se contabiliza la deforestación (por tala y quema) las emisiones totales por unidad de biodiesel de palma rondan el doble del equivalente de gasolina, 1,5. De hecho el gobierno Holandés se disculpó antes sus ciudadanos por haber promovido el biodiesel derivado del aceite de palma al ver que se generaba más de CO2 que con el diesel convencional.
3.¿Los agrocombustibles favorecen el desarrollo rural?
En los trópicos 100 hectáreas dedicadas a la agricultura familiar generan 35 empleos, la palma aceitera y la caña sólo 10, los eucaliptos 2, la soja 1,5. Los pequeños propietarios no acceden a créditos y no poseen suficiente tierra para que producir agrocombustibles les resulte viable. Solo los cultivos de soja en América Latina han desplazado a cientos de miles entre campesinos e indígenas (5), hoy nuevos pobres, condenados a sobrevivir del asistencialismo y de la recolección informal de la basura en las metrópolis.
4. ¿Los agrocombustibles no causarán hambre y sed?
El año pasado la demanda de maíz para producir etanol en EEUU provocó la subida del precio de este alimento básico generando conflictos sociales en México y otros países de América Latina. Los ganaderos han padecido el encarecimiento de granos necesarios para pienso (soja, maíz, cebada) y el resto de consumidores el encarecimiento de alimentos básicos como el trigo y el arroz. Los grandes monocultivos son vulnerables a las inundaciones y a las sequías, comportando mayor inseguridad alimentaria en los países productores y un consumo de agua enorme. En España, donde el agua escasea, el 94% del maíz se cultiva con abundante regadío (6). Los millones (hoy 824) de personas que sufren hambre en el mundo están aumentando (7) pero las excedencias de granos se destinan a … ¡producir carburantes!
5. ¿Los agrocombustibles de segunda generación están al alcance de la mano?
Se están estudiando procesos industriales para obtener etanol de la celulosa, por tanto podría dejar de ser necesario el uso de variedades alimenticias. Esta opción requiere de mucha investigación científica para desarrollar la biotecnología necesaria, 5 u 8 años. Tiempo demasiado largo para que se registre un beneficio para el medio ambiente o se establezca un mercado no alimenticio para los agrocombustibles. Los monocultivos de árboles no dan amparo a la biodiversidad, no son bosques sino desiertos verdes, consumen enormes cantidades de pesticidas y agua (pino y eucaliptos) y casi no requieren mano de obra.