La Historia de Argentina...porque pueblo que no conoce su Historia esta Condenada a Repetirla...
La presidencia
La ley de Capitalización
Inmediatamente luego de asumir Rivadavia presentó al Congreso un proyecto de capitalización de Buenos Aires: la ciudad y gran parte de la campaña circundante se proclamaba capital del Estado.
El proyecto originó fuertes resistencias: el federalismo porteño, encabezado por Dorrego y Manuel Moreno, se opuso, en defensa de las instituciones de las provincias garantizadas por la ley fundamental, en especial el puerto y la aduana, principal fuente de recursos de la provincia. También se ganó el odio de los estancieros, que no estaban dispuestos a perder la ventaja que les daban las relaciones en Buenos Aires, y que además comprendían que la pérdida de la aduana significaría impuestos internos más altos. No obstante, la ley fue sancionada el 4 de Marzo de 1826.
Las Heras cesó en el cargo de gobernador por decreto del Poder Ejecutivo. La Junta de Representantes fue disuelta, y se nacionalizaron el ejército de la provincia, las tierras públicas, la aduana y todas las propiedades provinciales.
Medidas Económicas
Banco Nacional El Banco de Descuentos de la provincia fue transformado en el Banco Nacional en 1826, y estaba autorizado a abrir sucursales en las provincias. Su capital formado por el aporte del Estado y por acciones que se suscribirían en todo el territorio, sería de 10.000.000 pesos (de la época).
Sus funciones eran: recibir depósitos, tomar dinero a interés, otorgar préstamos, acuñar monedas y billetes convertibles, etc.
El Banco, que absorbió al Banco de Descuentos de la provincia, no logró reunir el capital correspondiente y el papel moneda que emitió careció de respaldo. Los gastos derivados de la guerra del Brasil llevaron al gobierno a solicitar reiteradas sumas que provocaron su ruina. En 1836, vencido el plazo de diez años establecido por la ley, Rosas dispuso su disolución.
Nacionalización de los recursos El presidente Rivadavia dispuso la inmediata nacionalización de Buenos Aires y sus instituciones, incluida la aduana; la recaudación pasaría al gobierno nacional, quién la usaría en beneficio de todo el país, pero no se contemplaba la distribución entre las provincias. Además, la deuda pública de la provincia de Buenos Aires se nacionalizó.
La ley de Consolidación de la Deuda Pública del Estado declaró hipotecadas todas las tierras públicas de la Nación y prohibió su venta sin permiso especial del Congreso. Se nacionalizaron tierras que hasta ese momento se consideraban provinciales, sobre las que se debía aplicar el sistema de enfiteusis.
Inversiones británicas El gobierno procuró atraer capitales ingleses para explotar recursos naturales e intensificar la producción; para esto propició la formación de sociedades por acciones. Las más importantes fueron las destinadas a la explotación de las minas de Famatina en La Rioja, pero hemos visto que se organizaron dos sociedades rivales. Las dos sociedades fracasaron.
Hacia 1825 hubo en Europa una crisis económica que se reflejó en la Bolsa de Londres, y las acciones de empresas en América rebajaron sus precios y algunas sociedades quebraron. El capital inglés se retrajo; durante tres décadas no estuvo dispuesto a afrontar riesgos en estas tierras.
Guerra del Brasil
Artículo principal: Guerra del Brasil
Rivadavia reorganizó el Ejército, incrementó el número de cuerpos de la Escuadra Nacional y creó el Estado Mayor. Si bien inicialmente la posición del Imperio del Brasil fue más ventajosa, las fuerzas eran parejas y la guerra se alargaba, transformándose en una carga económica. Luego de que las fuerzas argentinas vencieran en los triunfos parciales de Ombú y Bacacay obtuvieron el triunfo en la batalla de Ituzaingó, el 20 de febrero de 1827. Sin embargo, la falta de recursos impidió definir la contienda, tanto por tierra como por mar.
Finalmente, Rivadavia envió al ministro Manuel José García a gestionar la paz. García firmó un tratado que luego sería conocido como el “tratado deshonroso”, ya que reconocía la soberanía del Imperio sobre la Banda Oriental y se comprometía a pagarle a Brasil una indemnización en metálico y accedía a desarmar la isla Martín García. El presidente Rivadavia rechazó el convenio; pero igualmente sufrió el costo político del pacto, que se convertiría en una de las razones de su renuncia.
Constitución de 1826
Artículo principal: Constitución Argentina de 1826
En 1826, pese a las dificultades internas y externas (la guerra con el Brasil había sido declarada el 1ro de enero de ese año) Rivadavia instó al Congreso a dictar una Constitución.
La Constitución sancionada en 1826 proclamaba el sistema representativo, republicano, consolidado en unidad de régimen. El gobierno nacional se organizaba en base al principio de división de poderes. Los gobiernos de provincia estarían a cargo de gobernadores, elegidos por el presidente con acuerdo del Senado, a propuesta en terna de los Consejos de Administración; estos organismos eran elegidos por el pueblo de cada provincia.
La Guerra civil en el interior
Las provincias habían sido sacudidas por varias guerras civiles durante la primera mitad de esa década. Parecían a punto de pacificarse, cuando el coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid, uno de los oficiales que debía reunir tropas en las provincias del norte para la guerra del Brasil, las usó para usurpar el gobierno de la provincia de Tucumán. En lugar de desautorizarlo, Rivadavia lo incitó a usar esas tropas para atacar a los caudillos federales vecinos, que se oponían a su política. El más capaz de ellos, Facundo Quiroga, lo derrotó en dos batallas, pero esa nueva guerra civil garantizó el rechazo de varias provincias a su autoridad y a la constitución.
Efectivamente, la Constitución fue rechazada por todas las provincias: las misiones enviadas por el Congreso ante los gobiernos de provincia fracasaron.
Renuncia de Rivadavia
Además de ganarse la enemistad de las provincias del interior gracias a la Constitución de 1826 y todas las medidas centralistas que tomó; la guerra con el Brasil había agotado los recursos. Gran Bretaña presionaba para acordar una paz que garantizase la reanudación del comercio exterior.
La noticia de la negociación de García colmó la paciencia de todos: el presidente desconoció el acuerdo, pero, considerado responsable de la situación, renunció ante el congreso el 27 de junio de 1827. Entregó el mando a Vicente López y Planes, presidente provisorio elegido por el Congreso por una ley de emergencia. El congreso se disolvió y nadie volvió a acordarse de la constitución. La provincia de Buenos Aires recuperó su autonomía, eligiendo gobernador a Dorrego.
El conflicto con Brasil continuó hasta que, durante el gobierno de Manuel Dorrego y con la presión de Inglaterra, se llegó a una Convención preliminar de paz, donde se disponía la independencia de la República Oriental del Uruguay y el cese de las hostilidades.
El exilio
Placa en honor a Bernardino Rivadavia en Cádiz.
Placa en honor a Bernardino Rivadavia en Cádiz.
En 1829 Rivadavia partió hacia España, retornando a la Argentina en 1834, pero el gobernador de Buenos Aires, Juan José Viamonte, no le permitió desembarcar, motivo por el cual se estableció primero en Mercedes (Soriano, Uruguay) y luego en Colonia (Uruguay). Pasó luego al Brasil y volvió definitivamente a España a finales de 1842, muriendo en la ciudad de Cádiz el 2 de septiembre de 1845.
A pesar que en su testamento pidió que sus restos "no fueran enterrados en Buenos Aires y menos en Montevideo", éstos fueron repatriados en 1857, rindiéndole el gobierno honores de Capitán General ante una muchedumbre calculada en 60.000 personas. En ese año se dispuso darle su nombre a la por muchos considerada la avenida más larga del mundo. Sus restos descansan en un mausoleo en la Plaza Miserere de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sobre dicha avenida, desde 1932.
Su impulso renovador en la vida cultural del país
Durante lo que se conoció como la «época de Rivadavia» la ciencia y la cultura prosperaron de manera significativa en el país. Su impulso reformista dio a la vida intelectual una dinámica desconocida hasta entonces, creando un clima propicio que fructificó en diversos campos a través de la obra personal de muchos individuos.
Siendo secretario del Triunvirato, ayudó a Mariano Moreno en la creación de una Casa de Libros en Buenos Aires que se abrió en 1812. Creó varias escuelas, proyectó la confección de un plano topográfico de la provincia de Buenos Aires y la formación de un museo de historia natural, que recién comenzó a funcionar en 1823.
Gracias a su gestión como Ministro de Gobierno de Martín Rodríguez se inauguró el 12 de agosto de 1821 la Universidad de Buenos Aires. Durante la época de Rivadavia se contrataron a distinguidas personalidades intelectuales del extranjero, como el matemático mexicano José Lanz, el naturalista francés Aimé Bonpland, los físico y astrónomos italianos Pedro Carta Molino y Octavio Fabricio Mossotti, el publicista e historiador, también italiano, Pedro de Angelis, el ingeniero francés Carlos E. Pellegrini y otros. La mayoría de ellos se establecieron a enseñar e investigar en el país. También en su época se crearon laboratorios de química, el primer observatorio astronómico del país, el Museo de Ciencias Naturales, el Archivo General, el Departamento Topográfico y Estadístico.
Sólo en 1822, por acción oficial o privada, se habilitaron seis instituciones académicas: La Sociedad Literaria, La Sociedad de Ciencias Físicas y Matemáticas, La Sociedad de Jurisprudencia, La Academia de Medicina y dos academias de música y canto. Cinco librerías existentes en Buenos Aires en 1825 vendían toda clase de obras literarias y científicas editadas en Europa. Debe tenerse presente que por un decreto de 1821 se habían derogado antiguas prohibiciones a la introducción de determinados libros sin censura ni trabas de ninguna índole.
Su renuncia provocó el exilio de la mayor parte de los protagonistas comprometidos con el régimen caído, lo que empobrecería notoriamente el quehacer intelectual de tendencia europeizante en el país.
Justo José de Urquiza 01-05-1854 / 05-03-1860
Su padre, Joseph de Urquiza, era un inmigrante vasco que,
junto a su esposa Cándida García, se radicaron en la provincia de Entre Ríos, dedicándose a la actividad rural y a la función pública. Luego de la Revolución de Mayo, en 1810, emigraron a la Banda Oriental para seguir siendo fieles al Reino de España.
Regresaron en 1812, y cinco años más tarde Justo José fue enviado al Colegio de San Carlos en Buenos Aires.
En 1819 se instaló en la pujante villa de Concepción del Uruguay, dedicándose a la actividad rural y comercial, para la cual demostró una enorme capacidad. Su hermano mayor, Cipriano de Urquiza, fue secretario y luego ministro del primer gran caudillo entrerriano, Francisco Ramírez.
En 1820 tuvo su primera hija extramatrimonial; más tarde tendría muchos hijos ilegítimos más, e incluso una ley sancionada durante su presidencia legalizaría varios de ellos.
En la década de 1820, contando ya con una fortuna que lo respaldaba, se interesó en la política en un período especialmente turbulento en la historia de Entre Ríos. Como muchos jóvenes del interior, su partido era el Federal.
En 1826 fue electo por los vecinos de Concepción del Uruguay para representarlos como diputado en el congreso provincial. Dirigió la oposición a la Constitución Argentina de 1826, que fue rechazada por su provincia.
La presidencia
Los Colegios Electorales de las provincias lo elegían presidente de la Confederación Argentina, con el unitario sanjuanino Salvador María del Carril como vicepresidente. Asumió el 1ro de mayo de 1854.
Una de sus primeras medidas fue federalizar no sólo la ciudad de Paraná, sino todo el territorio de la provincia de Entre Ríos. De este modo, Urquiza seguía gobernando su provincia, aunque las municipalidades conservaron cierta autonomía.
Su gobierno se dedicó especialmente a la educación y a la instalación de tribunales de justicia. Nacionalizó el Colegio y la Universidad de Córdoba y el Colegio de Concepción del Uruguay. También hubo proyectos de construir un ferrocarril hasta Córdoba. Hizo construir edificios públicos en Paraná, y comenzó la instalación de colonias agrícolas de inmigrantes en su provincia y en el resto del país.
Durante casi la mitad del tiempo de su gobierno, no residió en Paraná, sino que gobernaba desde el Palacio San José, que se estaba construyendo cerca de Concepción del Uruguay. Durante sus ausencias lo reemplazó Del Carril, como establece la Constitución, pero éste tenía muy malas relaciones con el ministro del interior, Santiago Derqui; con el tiempo, ambos terminaron liderando partidos opuestos dentro del mismo gobierno.
Su gobierno fue, sin embargo, estorbado por la oposición de Buenos Aires, que protagonizó la secesión de la Confederación. Desde Santa Fe y Entre Ríos se lanzaron varios ataques hacia la provincia rebelde, pero éstos terminaron con la cruel represión de la invasión del general Jerónimo Costa, en 1855, que fue ejecutado sin juicio junto con casi todos sus oficiales.
En las relaciones exteriores, Urquiza logró la paz a cambio de la libre navegación de los ríos interiores, y reconoció la independencia de Paraguay. Se regularizaron las relaciones con la Santa Sede, rotas desde la Revolución de Mayo. Pero las embajadas más importantes se instalaron en Buenos Aires y no en Paraná, que era poco más que un pueblo sin ninguna comodidad.
El embajador en casi toda Europa era Juan B. Alberdi, que estableció relaciones cordiales con los países europeos. Su gestión más importante fue lograr el reconocimiento de la independencia argentina por España , pero cometió el grave error de conceder que los hijos de inmigrantes españoles fueran ciudadanos españoles. Eso significaba convertir a la muy necesaria inmigración en una amenaza a la nacionalidad argentina.
La economía también le trajo serios problemas, ya que el comercio exterior seguía pasando por Buenos Aires, y las finanzas estaban permanentemente en rojo. La emisión de papel moneda organizada por su primer ministro de economía, Mariano Fragueiro, fue un fracaso. Por ello se vio obligado a contraer empréstitos en el exterior, especialmente de la banca del brasileño barón de Mauá. Como la situación no mejorara, se sancionó la ley de "derechos diferenciales", con la cual se pretendía favorecer la entrada del comercio exterior directamente por los puertos de la Confederación, especialmente por Rosario.
Santiago Derqui 05-03-1860 / 05-11-1861
Se hicieron elecciones populares de primer grado en las trece provincias confederadas, en el mes de noviembre de 1859. Las juntas electorales se reunieron el 6 de febrero de 1860 y votaron 125 de los 128 electores que componían el colegio electoral: 72 votaron por Derqui y 46 por Fragueiro para la presidencia; para la vicepresidencia el general Pedernera obtuvo 45 votos, Marcos Paz 49, Benjamín Virasoro 17. Como ninguno de ellos obtuvo la mayoría absoluta, la elección la decidió el Congreso, que eligió a Pedernera por 32 votos contra 22 de Marcos Paz.
El país asistió a la primera transmisión del mando presidencial de conformidad a lo establecido en la Constitución.
Santiago Derqui (1801-1867) había nacido en Córdoba y presidió el Congreso Constituyente de Santa Fe (1852-1853) y cuando se hizo cargo de la presidencia de la Confederación el 5 de marzo de 1860, junto con el general Esteban Pedernera como vicepresidente, era ya un hombre con un pasado político muy activo en la lucha contra la dictadura de Rosas. Cuando Urquiza se pronunció contra Rosas en mayo de 1851, Derqui regresó de la expatriación y se vinculó con el gobernador entrerriano. Cuando Urquiza constituyó el gabinete designó a Derqui ministro de Justicia e Instrucción Pública, pero además desempeñó todos los ministerios con excepción del de Guerra y Marina, como titular o interinamente. Como ministro de Urquiza le tocó intervenir en varias provincias para hallar soluciones en sus conflictos internos y llevarlas al cauce de la Constitución, cuando se desviaban de ella.
Juan Esteban Pedernera (1796-1886) nació en San Luis y en 1815 se incorporó al regimiento de granaderos a caballo de San Martín y asistió a las batallas de Chacabuco, Cancha Rayada, Maipú y el sur de Chile. Se destacó en la campaña del Perú y regresó al país en 1826. Al mando de un regimiento tomó parte en la guerra contra el imperio de Brasil. Luego se incorporó a la división del general Paz en su lucha contra Rosas (1829). Tuvo que emigrar a Bolivia y Perú, donde le reconocieron sus antiguos servicios; en 1840 volvió a la lucha contra la dictadura y acompañó a Lavalle en la campaña que terminó con su muerte en Jujuy, y luego con el traslado de sus restos a Potosí, por el grupo de sobrevivientes. Regresó al país en 1855 y fue senador en el Congreso de Paraná en representación de San Luis, de la que también fue electo gobernador en 1859. Renunció a este cargo para asumir en marzo de 1860 la vicepresidencia.
Realizada la trasmisión del mando, Derqui dictó el mismo día un decreto nombrando a Urquiza general en jefe de los ejércitos de la Confederación.
El momento se presentaba propicio para un acuerdo generoso que sepultara las viejas rencillas. La presidencia de Urquiza había sido, pese a lo dificultoso de su gestión, constructiva. Correspondía por lo tanto hacer una política de acercamiento y no de agresión.
Derqui, representante de la Confederación, y Mitre, gobernador de Buenos Aires, depusieron enconos y llegaron a un completo entendimiento. Prueba de ello fue el intercambio de visitas protocolares: a Buenos Aires, el 25 de mayo, y a Paraná el 9 de julio.
Otro síntoma del buen camino que tomaban las relaciones de Buenos Aires con la Confederación lo daba el hecho de que el ministro de Hacienda fuera Norberto de la Riestra, candidato de Mitre, y que el ministro de Relaciones Exteriores fuera el Dr. Pico, porteño también.
Pero esa concordia volvió a ser enturbiada a causa de los acontecimientos de San Juan. Un grupo de revolucionarios atacó la casa de gobierno. En el asalto murieron el gobernador, José Virasoro, y otras personas que lo acompañaban. Los revolucionarios nombraron gobernador a Antonio Aberastain, partidario de los porteños. El presidente Derqui desconoció el nombramiento e intervino la provincia. Los sanjuaninos se resistieron y el gobierno federal envió el coronel Saá, en enero de 1861, para ratificar la intervención. Las fuerzas de Saá derrotaron a los revolucionarios en el combate de Pocitos. Aberastain y muchos de sus partidarios fueron ejecutados. La represión fue sangrienta y disgustó a los porteños, abriendo antiguas heridas.
Además, el Congreso Nacional rechazó los diplomas de los diputados electos por Buenos Aires por no haberse ajustado la elección de los mismos a las disposiciones legales. Buenos Aires se negaba a aceptar a un presidente en cuya elección no había tomado parte. La crisis fue en aumento, como lo evidencia la correspondencia intercambiada entre Urquiza y Mitre en tono fuerte y recíprocas acusaciones.
Mitre se manifestó resuelto a no efectuar nuevas elecciones a costa que de ello resultara una nueva guerra. Los dos senadores de Buenos Aires renunciaron por solidaridad con los diputados no reconocidos. Entonces el gobierno federal dispuso intervenir la provincia y confió esta misión a Urquiza. Por ese entonces las relaciones entre Derqui y Urquiza no eran muy cordiales. El presidente se trasladó a Córdoba para organizar un ejército, dejando a Urquiza solamente las fuerzas entrerrianas y correntinas. Más tarde ambos núcleos se juntaron, pero su distinto origen afectó su homogeneidad. A 17.000 hombres, Buenos Aires oponía 22.000 mejor armados y disciplinados.
Las provincias que no habían estado sumisas a la autoridad nacional más que aparentemente, crearon al gobierno de Derqui abundantes problemas. Fueron intervenidas entre otras La Rioja, Santiago del Estero, San Juan, Córdoba; el vicepresidente Pedernera ordenó la intervención en Santa Fe y finalmente también a pedido de Pedernera, el Congreso declaró a Buenos Aires en rebeldía, y se autorizó al Poder Ejecutivo a intervenirla.
LA BATALLA DE PAVÓN
El 7 de julio de 1861 la Legislatura de Buenos Aires autorizó al gobernador Mitre para que “removiese los obstáculos que se opusieron a la incorporación de los diputados al Congreso y retardaban la definitiva incorporación de la provincia al resto de la República”.
Desde mediados de julio las fuerzas de Buenos Aires fueron concentrándose en Rojas para su organización e instrucción. El ejército del a Confederación avanzó desde el norte hacia Arroyo Pavón, donde se detuvo para ultimar detalles de organización y de instrucción, pues su infantería era bisoña y no tenía experiencia en batalla.
Un fuego intenso de artillería de la Confederación inició la batalla; la infantería porteña recibió el fuego, pero logró avanzar hasta las proximidades de la infantería federal sosteniendo un vivo combate. Tras horas de lucha Urquiza se retiró derrotado. En poder del ejército de Buenos Aires quedaron 22 piezas de artillería, 2.500 fusiles, 57 carretas con todo el parque, 11 banderas de guerra, 12 jefes, 110 oficiales y 1.650 soldados prisioneros. Las pérdidas del ejército porteño, que comandaba Mitre, fueron 13 oficiales y 162 soldados muertos, 500 heridos y numerosos dispersos.
Derqui no creyó que el resultado de la batalla de Pavón fuese el fin. Pensó que podía continuar la lucha y designó a Saá jefe del ejército del centro, ascendiéndolo a brigadier, lo mismo que a Juan María Francia.
Urquiza había tomado una decisión y dejó al presidente Derqui a merced de su creciente impotencia, y en los primeros días de octubre, por su iniciativa, la provincia de Entre Ríos reasumió su soberanía y se sustrajo de la lucha.
El 22 de noviembre Mitre destacó contra las fuerzas del general Virasoro un cuerpo de ejército al mando del general Venancio Flores, que sorprendió al bando opositor en la Cañada de Gómez, donde se realizó el encuentro final. El 5 de noviembre de 1861, Derqui se embarcó en un buque de guerra británico, el Ardent, rumbo al Uruguay, radicándose en Montevideo hasta 1864, en que pasó a Corrientes.
En 1869 el general Mitre explicaba a Juan Carlos Gómez, que “Pavón es la gran victoria del partido de la libertad argentina”. Fue necesaria la visión de futuro de un jefe como Mitre para no volver al levar al país a la desintegración nacional.
Bartolomé Mitre 12-10-1862 / 12-10-1868
Ambrosio Mitre, el padre, le transmitió su inmediata ascendencia veneciana y, como lo denuncia el apellido, remotamente griega. La estirpe se evidencia por el cabello castaño y sus ojos glaucos, pero, más aún, por el carácter dramático, inclinado a las artes, a las letras y a las especulaciones filosóficas y científicas. Nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1821.
La multiplicidad de sus inquietudes estuvo acompañada por un talento ágil, profundo, que supo rodear de brillo los gestos y actitudes. Alternó la milicia con la política, la prosa con la poesía, la filosofía con la investigación historiográfica, la labor de estadista con el discurso de barricada, el debate parlamentario con el periodismo; como militar, como escritor y traductor, periodista, orador, historiador, humanista y político, escaló las más altas posiciones que pudieron brindarle el país y la época.
Esta rica personalidad se enriquecía con virtudes morales, tal su valor personal, la honestidad en el manejo de los bienes públicos, la austeridad republicana de costumbres y la práctica de la amistad embellecía su imagen, explicando así la condición de ídolo en un medio que lo convirtió en el arquetipo del conductor de la Argentina que se insinúa después de Caseros y se impone definitivamente en Pavón, tal la Argentina liberal, conducida desde Buenos Aires y conforme a los intereses de la ciudad-puerto.
Mitre fue brillante, culto a la europea y adalid de quienes se lanzaron a europeizar el país, y lo hizo con tal impulso y rigidez que luego de varias décadas, aún en la actualidad, su política resulta la única tenaz y duradera posterior a la Constitución de 1853. Y sus pautas son las que han moldeado la Argentina de hoy.
Prudente negociador con los correligionarios, practicó la estrategia de los acuerdos y las conciliaciones, fue sutil para zanjar diferencias entre ellos, aún a costa del sacrificio de posiciones personales.
La posteridad le ha reconocido superlativos méritos en cada una de sus innúmeras actividades, y aún aquellos que han hecho críticas demoledoras a su figura no pudieron dejar de reconocer sus altos valores.
Electo en las elecciones nacionales del 4 de septiembre de 1862, Bartolomé Mitre, asume la presidencia de la Nación el 12 de octubre y, como vicepresidente, lo acompaña el coronel doctor Marcos Paz.
En lo que hace a la política interior se ve languidecer hasta su extinción, el antiguo federalismo y, a su vez, nacen dos partidos: el liberal mitrista y el autonomista encabezado por Adolfo Alsina, que disputarían las elecciones durante un periodo largo de la historia argentina.
En el orden institucional se reformaría la Constitución, se constituiría la Corte Suprema de Justicia que elaboraría, como poder moderador y destinado a vigilar el cumplimiento de la Constitución Nacional, una doctrina singularmente valiosa.
El poder Ejecutivo Nacional, cumpliendo con una ley del Congreso, en 1863 nombró a Dalmacio Vélez Sarsfield como redactor del Código Civil y a Carlos Tejedor, para el Código Penal. Ambos cumplieron su cometido, pero los códigos elaborados entraron en vigencia después de la presidencia de Mitre.
En igual sentido se dictaron leyes nacionales sobre la ley de residencia, régimen municipal, de acefalía, sobre los territorios nacionales.
En lo económico, la preeminencia del puerto de Buenos Aires y las inversiones extranjeras: bancos y ferrocarriles, en particular ingleses, caracterizaron el control de la riqueza nacional.
La incorporación de nuevas tierras a las actividades agropecuarias y el desarrollo de las ciudades litorales hizo necesario un aumento de la mano de obra, fomentándose la inmigración; 200.000 inmigrantes ingresaron en este período.
La política educacional inspirada en el pensamiento liberal, se caracterizó por la creación del Colegio Nacional, antesala de la Universidad, convirtiéndose en la meta de los jóvenes ambiciosos del país.
Durante los años 1862 a 1868 América se vio conmovida por importantes conflictos internacionales: la guerra de la Secesión en los Estados Unidos de Norteamérica; las intervenciones: española en Santo Domingo, francesa en México y, nuevamente, española en Chinchas. Se firmó la paz con España, estrechándose las relaciones con Brasil y la Banda Oriental.
El hecho más trascendente de la presidencia de Mitre en materia de política internacional fue la Guerra de la Triple Alianza contra la República del Paraguay. Se la considera la más cruenta de las liberadas en Sudamérica: duró seis años y conllevó una sangría en hombres y un enorme esfuerzo financiero que debilitó y empobreció a todos los países combatientes, Argentina, Brasil y Uruguay y, naturalmente, a su contendiente, Paraguay. Exigió al país tomar importantes créditos, conmovió las bases del imperio brasileño y debilitó la autoridad del partido liberal porteño. Esta guerra culmina con genocidio; el exterminio de un pueblo en defensa de su soberanía y de su manera de vivir. Paraguay tenía un millón de habitantes antes de empezar la guerra y algo menos de un cuarto de millón al terminar.
El Tratado de laTriple Alianza se había firmado el 1 de mayo de 1865; los países del Pacífico: Perú, Chile, Bolivia, Ecuador y Colombia protestaron contra el Tratado y ofrecieron la mediación para acabar con el conflicto.
Se produjeron reacciones contra la política nacional de enfrentar al Paraguay en muchos lugares del país. El caudillo riojano Felipe Varela, condenando la política de Mitre, se levantó contra el gobierno nacional encabezando la más importante de las campañas.
Marcos Paz falleció víctima de la epidemia de cólera y Mitre, jefe de las fuerzas aliadas, regresó al a presidencia de la Nación. La sucesión presidencial luego de innumerables alternativas, en las que una maniobra de Adolfo Alsina destruyó la fórmula oficialista Elizalde-Urquiza, volcó los votos que controlaban sus electores a favor de Domingo Faustino Sarmiento como presidente y él mismo como vice.
HECHOS NOTABLES
¿Qué pasaba en la década de 1860 a 1870, en el país, y primordialmente en Buenos Aires?
En los años '60 esta ciudad vivió conmovida por novedades permanentes: tranvías, iluminación a gas, las primeras instalaciones eléctricas. El barco a vapor se difundió en nuestros ríos y los ferrocarriles comenzaron a competir con las mensajerías. Existía ya una línea ferroviaria nacional desde hacía años que daba buenos beneficios. Las tratativas del inglés Whellright lograron éxito consiguiendo la concesión para la empresa británica Great South, que construiría una línea de Constitución a Chascomús.
El mismo intermediario logró el contrato para la construcción de la línea Rosario-Córdoba (Ferrocarril Central Argentino). Más tarde las líneas de Buenos Aires-Ensenada y Buenos Aires-Canal San Fernando.
Estas líneas tenían como propósito llevar mercaderías al puerto o puertos de Ensenada, Buenos Aires, Rosario y San Fernando, comunicándolos con la pampa húmeda.
En 1866 el rico hacendado Eduardo Olivera, de regreso de uno de sus viajes a Europa, recibió la invitación de su amigo José Martínez de Hoz para reunirse en la casa de Federico Benjamín Martínez de Hoz. El 16 de agosto se fundó la Sociedad Rural Argentina, con José Martínez de Hoz como presidente. El acta de fundación fue firmada por sesenta y tres grandes estancieros argentinos vinculados por lazos familiares y de amistad. Comienza a actuar un grupo de presión de gran trascendencia en la vida económica y política argentina.
En el mismo año, mueren dos héroes de la gesta sanmartiniana: Tomás Guido y Gregorio de Las Heras.
El Cricket Club, fundado por los ingleses para difundir este deporte, no tuvo mayor éxito; en cambio, en la primavera de 1867 se hizo una exhibición, por primera vez, de otro juego británico: el fútbol. Su suerte sería totalmente distinta.
Una calamidad asola la zona litoral desde Corrientes hasta Buenos Aires: la epidemia de cólera. El número de muertos puede estimarse en 10.000, sólo en Buenos Aires, y se duplicó en el resto de la zona afectada.
Domingo Sarmiento 12-10-1868 / 12-10-1874
Era criollo de cepa hispánica con profundas raíces en lo visigótico y lo morisco de la raza. Su padre. guerrero de la independencia, leía a sus hijos incesablemente la historia de España. Su vida comienza en San Juan el 15 de febrero de 1811.
Pasó una niñez difícil con penurias económicas como la describe en sus escritos autobiográficos, al recordar a su madre, doña Paula Albarracín. Sin gozar de las ventajas de los jóvenes burgueses del litoral, a los que disputó posiciones en distintas etapas de su vida, no invocó jamás esas diferencias. Si fue un exagerado consentido de su propios valer, nunca acogió resentimiento. Por eso la pobreza no lo doblegó, y rompió fácilmente la estrechez de su ambiente buscando horizontes más amplios para su ambición ilimitada. Fue autodidacta y lo que logró lo obtuvo por su tenacidad puesta al servicio de la inteligencia, con un temperamento fuerte y agresivo. Su antirrosismo lo lleva a Chile a los veinte años donde en miles de oficios que sólo le permiten vivir mal no ceja de satisfacer su implacable sed de conocimientos. Vuelve a San Juan y en el temible 1840 abandona nuevamente el país para regresar a Chile. En poco tiempo sería: educador, periodista, escritor, político y asesor de gobierno.
Siguiendo con lo que nos dice en su autobiografía, recorrerá todo lo que hay de civilizado en el Globo y toda la escala de los honores humanos, en la modesta proporción de su país y de su tiempo.
Idealista como el Quijote, arremetió con imaginación, pluma y espada todo lo que tenía o creía tener adelante, pero al enfrentar los problemas concretos aparecía Sancho y el sentido práctico le advertía de la realidad y le evitaba cometer errores.
Fue la antítesis del "no te metás" y se metió siempre a los gritos, siempre en la línea de fuego, diciendo lo que pensaba y haciendo lo que le parecía justo y oportuno, sin dudar ni vacilar, justificando el epíteto de loco que lo acompañó toda la vida.
Este intelectual de excepción con la violencia de Facundo, el idealismo del Quijote y el sentido común de Sancho es el arquetipo político nacional, austero y honrado, con su carnavalesca pompa presidencial, características que lo hicieron rondar siempre entre lo sublime y lo ridículo, genio y figura capaz de quedarse y entregarse íntegramente a sus ideas.
Domingo Faustino Sarmiento asumió la presidencia el 12 de octubre de 1868, Deseoso como nadie de hacer de las luces del siglo su programa de gobierno, estaba en condiciones de imponerlo por su influencia en el ejército. Además, alejado de la contienda comicial y ausente en los forcejeos de los colegios electorales, parecía ser la unión, en la presidencia, de nacionalista y autonomistas, vueltos al tronco común del liberalismo porteño.
Sarmiento periodista y publicista respetó la libertad de prensa, dce imprenta y mural pese a que la prensa se ensañó con él desde que asumió el gobierno. Las críticas llegaron a extremos inconcebibles y las imputaciones excedían a la calumnia. El Primer Censo Nacional, llevado a cabo con escasos medios materiales, desencadenó observaciones ciertas por los gruesos errores perfectamente determinables.
Sin embargo, permitió darnos un panorama del país con 1.700.000 habitantes, distribuidos en poco menos de un millón y medio de kilómetros cuadrados, con un 12% de extranjeros y más del 70% de analfabetos.
El panorama era de un litoral portuario que avanza hacia el interior; extendiendo su influencia de importador de ciertas manufacturas. El resto del país veía languidecer sus posibilidades de desarrollo, desapareciendo la autonomía económica regional.
En su afán de llenar los vacíos, su presidencia está llena de creaciones: el Boletín Oficial, el Registro Nacional del departamento de Agricultura, el Asilo de Inmigrantes, la Oficina Meteorológica Nacional en Córdoba, la Oficina de Estadística y el Museo de Ciencias Naturales en Buenos Aires.
En lo que se refiere a la política económica fue la clásica del sistema liberal.
Los ferrocarriles seguían extendiendo las líneas por nuestro territorio y se instaló el servicio telegráfico vinculado con el exterior por cables submarinos. Se emitió el primer sello postal nacional. Se inauguró en Córdoba, en octubre de 1871, la Primera Exposición Nacional.
Sarmiento aparece en la historia como el paladín de la instrucción, la educación y la cultura nacionales. La colaboración de su ministro Nicolás Avellaneda, quien lo sucedería en la presidencia, estableció un sistema de subvenciones y premios para las provincias que estimularan la instrucción primaria -lo consiguieron La Rioja, Mendoza, San Juan y San Luis-. Al mismo tiempo se comprobó que el país carecía de maestros técnicamente capacitados para instruir masivamente a la población analfabeta. Esta carencia debía cubrirse con institutos especializados; así Sarmiento buscó técnicos con orientación democrática. Contrató 67 pedagogos norteamericanos de ambos sexos (recordemos su amistad con el educador, Horace Mann y haberse desempeñado como embajador en Washington) fundando, con ellos, las primeras escuelas normales en Paraná y Tucumán.
Los maestros sarmientinos del siglo XIX y de principios del XX, tuvieron conciencia de su función evangélica de apóstoles del alfabeto y cumplieron su misión; la mujer tuvo en la enseñanza la primera oportunidad que le brindó el país de ejercer una función técnica respetada.
Sarmiento no alfabetizó el país en seis años porque era imposible, pero creó el instrumento que lo haría posible. El índice de analfabetismo a fines del siglo XIx fue en la Argentina más bajo que en los demás países latinoamericanos y que en muchos europeos.
Siguiendo la política de Mitre, Sarmiento continuó fundando colegios nacionales en San Luis, Jujuy, Santiago del Estero, Rosario y Corrientes.
El lema "educar al soberano", fue cumplido ampliamente por el sanjuanino creando institutos dotados de personal competente y de buena formación académica, trayéndolos desde donde pudo e incorporando a la vida nacional sabios y técnicos, generalmente europeos. Bien vale la pena dar algunos nombres: Jorge A. Sterns, primer director de la Escuela Normal de Paraná; Germán Burmeister, primer director del Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, y luego de la Facultad de Ciencias Matemáticas y la Academia de Ciencias Naturales de Córdoba; Benjamín Apthrop Gould, primer director del Observatorio de Córdoba; Paul Guntherlorenz y Jorge Hyeronimus, botánicos, que iniciaron la enseñanza técnica de la agronomía; Juan Ceztz, primer director del Colegio Militar y Eugenio Alois Veit Bachmann, quien juntamente con el criollo Clodomiro Urtubey dio orientación técnica a los cursos de la Escuela Naval.
En materia de enseñanza superior y especial se crearon cursos de Ingeniería y de Minas en San Juan y Catamarca, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y la Academia de Ciencias Naturales en Córdoba, la carrera de Agronomía en Buenos Aires. Como institutos especiales surgen el Colegio Militar de la Nación y la Escuela Naval Militar.
Por lo tanto, la educación sarmientina pudo formar hombres laboriosos y honestos, capacitados para desenvolverse con eficiencia en la sociedad.
Se sancionó la ley de Bibliotecas Populares contando 140 sedes en el país en 1874, y 35.000 ejemplares en circulación. Se adoptó oficialmente el Sistema Métrico Nacional.
En política internacional se produjeron conflictos con Chile; finalizó la guerra contra el Paraguay y a pesar de su fama anticlerical, las relaciones con el Vaticano fueron excelentes.
En política nacional Sarmiento bien pronto rompió con el mitrismo y redujo al vicepresidente, Adolfo Alsina, a su cargo de presidente del Senado. Debió afrontar la última etapa de "la guerra contra la guerra"; en los últimos meses de 1868 Aurelio Zalazar, el último montonero, fue fusilado y, luego, Felipe Varela inició su última campaña en Atacama. El asesinato de Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, en San José el 11 de abril de 1870, hizo que la Legislatura provincial designara gobernador a Ricardo López Jordán. Se decretó la intervención federal, el 23 de abril de 1870 tropas del ejército y la armada nacional entraron a la provincia. López Jordán fue derrotado en marzo del '71, exiliándose en Brasil.
En 1873 hubo una segunda guerra jordanista, y en 1875 una tercera, con apoyo del Brasil.
Lanzada por Sarmiento la candidatura del tucumano Nicolás Avellaneda, para el siguiente período presidencial encontró el apoyo de Alsina, quien encabezó como jefe del Partido Autonomista Nacional, el PAN, que gobernaría por los sucesivos 40 años.
HECHOS NOTABLES
Abunda el dinero y los lugares de esparcimiento están repletos. Opera italiana, teatro francés, can can y burlesque disputan las preferencias de quienes están dispuestos a vivir "a la europea"; se inicia la "belle époque".
Al comenzar 1871, Buenos Aires vivirá la peor catástrofe de su historia: la epidemia de fiebre amarilla. Comenzó en febrero, entre el pobrerío del barrio Sur, mientras se festejaba carnaval. Sin darle importancia, el 23 de ese mes el número de muertos llegó a veinte, y al comenzar marzo, cuarenta diarios; fue el pánico. Las autoridades desconcertadas atinaron a tomar algunas medidas anodinas, se formó una comisión de vecinos presidida por el doctor Roque Pérez para luchar contra el mal. Los muertos de marzo llegan a siete mil. Ni los médicos ni los voluntarios daban abasto; no había lugar en los cementerios. Junto al heroísmo de unos, afloraban la miseria y la pequeñez humana en otros. En abril aumentaron los decesos, ocho mil. Cede en mayo y desaparece lentamente en junio. Se calculan en mas de veinte mil los muertos.
El 24 de diciembre del mismo año, otra tragedia: zarpó para Montevideo el vapor "América", con doscientos pasajeros y la tripulación. Casi simultáneamente lo hace el "Villa de Salto", entablándose entre ellos una carrera informal, suicida. Las máquinas del "América" no aguantaron y explotaron. Sólo se recogieron sesenta sobrevivientes. Una anécdota se incorporó a la leyenda porteña: Luis Viale entregó su salvavidas a Carmen Pinedo de Marcó del Pont. Su monumento en la Costanera Sur de Buenos Aires recuerda el hecho.
El remo se incorpora a las prácticas deportivas, fundándose en el Riachuelo, el "Buenos Aires Rowing Club".
El año 1872 vio la publicación de El gaucho Martín Fierro de José Hernández, que con Una excursión a los indios ranqueles de Lucio V. Mansilla y el Facundo de Domingo Faustino Sarmiento integra la trilogía cumbre de la literatura argentina de la pasada centuria. El 1 de enero de ese año, un grupo de jinetes irrumpió en la ciudad de Tandil con divisa punzó en las lanzas y los sombreros, y tomó el cuartel de policía gritando: "Mueran los gringos y los masones. ¡Viva la religión! ¡Viva Tata Dios!. El saldo: 36 muertos, de los que 31 eran extranjeros.
Por ahora esto es todo....cada Volumen pondre 4 presidentes...Asi no culturizamos un Poco.
Fuentes : http://www.pais-global.com.ar/html/argentina/presidentesargentinos.htm
http://es.wikipedia.org/
Encarta 2007
La presidencia
La ley de Capitalización
Inmediatamente luego de asumir Rivadavia presentó al Congreso un proyecto de capitalización de Buenos Aires: la ciudad y gran parte de la campaña circundante se proclamaba capital del Estado.
El proyecto originó fuertes resistencias: el federalismo porteño, encabezado por Dorrego y Manuel Moreno, se opuso, en defensa de las instituciones de las provincias garantizadas por la ley fundamental, en especial el puerto y la aduana, principal fuente de recursos de la provincia. También se ganó el odio de los estancieros, que no estaban dispuestos a perder la ventaja que les daban las relaciones en Buenos Aires, y que además comprendían que la pérdida de la aduana significaría impuestos internos más altos. No obstante, la ley fue sancionada el 4 de Marzo de 1826.
Las Heras cesó en el cargo de gobernador por decreto del Poder Ejecutivo. La Junta de Representantes fue disuelta, y se nacionalizaron el ejército de la provincia, las tierras públicas, la aduana y todas las propiedades provinciales.
Medidas Económicas
Banco Nacional El Banco de Descuentos de la provincia fue transformado en el Banco Nacional en 1826, y estaba autorizado a abrir sucursales en las provincias. Su capital formado por el aporte del Estado y por acciones que se suscribirían en todo el territorio, sería de 10.000.000 pesos (de la época).
Sus funciones eran: recibir depósitos, tomar dinero a interés, otorgar préstamos, acuñar monedas y billetes convertibles, etc.
El Banco, que absorbió al Banco de Descuentos de la provincia, no logró reunir el capital correspondiente y el papel moneda que emitió careció de respaldo. Los gastos derivados de la guerra del Brasil llevaron al gobierno a solicitar reiteradas sumas que provocaron su ruina. En 1836, vencido el plazo de diez años establecido por la ley, Rosas dispuso su disolución.
Nacionalización de los recursos El presidente Rivadavia dispuso la inmediata nacionalización de Buenos Aires y sus instituciones, incluida la aduana; la recaudación pasaría al gobierno nacional, quién la usaría en beneficio de todo el país, pero no se contemplaba la distribución entre las provincias. Además, la deuda pública de la provincia de Buenos Aires se nacionalizó.
La ley de Consolidación de la Deuda Pública del Estado declaró hipotecadas todas las tierras públicas de la Nación y prohibió su venta sin permiso especial del Congreso. Se nacionalizaron tierras que hasta ese momento se consideraban provinciales, sobre las que se debía aplicar el sistema de enfiteusis.
Inversiones británicas El gobierno procuró atraer capitales ingleses para explotar recursos naturales e intensificar la producción; para esto propició la formación de sociedades por acciones. Las más importantes fueron las destinadas a la explotación de las minas de Famatina en La Rioja, pero hemos visto que se organizaron dos sociedades rivales. Las dos sociedades fracasaron.
Hacia 1825 hubo en Europa una crisis económica que se reflejó en la Bolsa de Londres, y las acciones de empresas en América rebajaron sus precios y algunas sociedades quebraron. El capital inglés se retrajo; durante tres décadas no estuvo dispuesto a afrontar riesgos en estas tierras.
Guerra del Brasil
Artículo principal: Guerra del Brasil
Rivadavia reorganizó el Ejército, incrementó el número de cuerpos de la Escuadra Nacional y creó el Estado Mayor. Si bien inicialmente la posición del Imperio del Brasil fue más ventajosa, las fuerzas eran parejas y la guerra se alargaba, transformándose en una carga económica. Luego de que las fuerzas argentinas vencieran en los triunfos parciales de Ombú y Bacacay obtuvieron el triunfo en la batalla de Ituzaingó, el 20 de febrero de 1827. Sin embargo, la falta de recursos impidió definir la contienda, tanto por tierra como por mar.
Finalmente, Rivadavia envió al ministro Manuel José García a gestionar la paz. García firmó un tratado que luego sería conocido como el “tratado deshonroso”, ya que reconocía la soberanía del Imperio sobre la Banda Oriental y se comprometía a pagarle a Brasil una indemnización en metálico y accedía a desarmar la isla Martín García. El presidente Rivadavia rechazó el convenio; pero igualmente sufrió el costo político del pacto, que se convertiría en una de las razones de su renuncia.
Constitución de 1826
Artículo principal: Constitución Argentina de 1826
En 1826, pese a las dificultades internas y externas (la guerra con el Brasil había sido declarada el 1ro de enero de ese año) Rivadavia instó al Congreso a dictar una Constitución.
La Constitución sancionada en 1826 proclamaba el sistema representativo, republicano, consolidado en unidad de régimen. El gobierno nacional se organizaba en base al principio de división de poderes. Los gobiernos de provincia estarían a cargo de gobernadores, elegidos por el presidente con acuerdo del Senado, a propuesta en terna de los Consejos de Administración; estos organismos eran elegidos por el pueblo de cada provincia.
La Guerra civil en el interior
Las provincias habían sido sacudidas por varias guerras civiles durante la primera mitad de esa década. Parecían a punto de pacificarse, cuando el coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid, uno de los oficiales que debía reunir tropas en las provincias del norte para la guerra del Brasil, las usó para usurpar el gobierno de la provincia de Tucumán. En lugar de desautorizarlo, Rivadavia lo incitó a usar esas tropas para atacar a los caudillos federales vecinos, que se oponían a su política. El más capaz de ellos, Facundo Quiroga, lo derrotó en dos batallas, pero esa nueva guerra civil garantizó el rechazo de varias provincias a su autoridad y a la constitución.
Efectivamente, la Constitución fue rechazada por todas las provincias: las misiones enviadas por el Congreso ante los gobiernos de provincia fracasaron.
Renuncia de Rivadavia
Además de ganarse la enemistad de las provincias del interior gracias a la Constitución de 1826 y todas las medidas centralistas que tomó; la guerra con el Brasil había agotado los recursos. Gran Bretaña presionaba para acordar una paz que garantizase la reanudación del comercio exterior.
La noticia de la negociación de García colmó la paciencia de todos: el presidente desconoció el acuerdo, pero, considerado responsable de la situación, renunció ante el congreso el 27 de junio de 1827. Entregó el mando a Vicente López y Planes, presidente provisorio elegido por el Congreso por una ley de emergencia. El congreso se disolvió y nadie volvió a acordarse de la constitución. La provincia de Buenos Aires recuperó su autonomía, eligiendo gobernador a Dorrego.
El conflicto con Brasil continuó hasta que, durante el gobierno de Manuel Dorrego y con la presión de Inglaterra, se llegó a una Convención preliminar de paz, donde se disponía la independencia de la República Oriental del Uruguay y el cese de las hostilidades.
El exilio
Placa en honor a Bernardino Rivadavia en Cádiz.
Placa en honor a Bernardino Rivadavia en Cádiz.
En 1829 Rivadavia partió hacia España, retornando a la Argentina en 1834, pero el gobernador de Buenos Aires, Juan José Viamonte, no le permitió desembarcar, motivo por el cual se estableció primero en Mercedes (Soriano, Uruguay) y luego en Colonia (Uruguay). Pasó luego al Brasil y volvió definitivamente a España a finales de 1842, muriendo en la ciudad de Cádiz el 2 de septiembre de 1845.
A pesar que en su testamento pidió que sus restos "no fueran enterrados en Buenos Aires y menos en Montevideo", éstos fueron repatriados en 1857, rindiéndole el gobierno honores de Capitán General ante una muchedumbre calculada en 60.000 personas. En ese año se dispuso darle su nombre a la por muchos considerada la avenida más larga del mundo. Sus restos descansan en un mausoleo en la Plaza Miserere de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sobre dicha avenida, desde 1932.
Su impulso renovador en la vida cultural del país
Durante lo que se conoció como la «época de Rivadavia» la ciencia y la cultura prosperaron de manera significativa en el país. Su impulso reformista dio a la vida intelectual una dinámica desconocida hasta entonces, creando un clima propicio que fructificó en diversos campos a través de la obra personal de muchos individuos.
Siendo secretario del Triunvirato, ayudó a Mariano Moreno en la creación de una Casa de Libros en Buenos Aires que se abrió en 1812. Creó varias escuelas, proyectó la confección de un plano topográfico de la provincia de Buenos Aires y la formación de un museo de historia natural, que recién comenzó a funcionar en 1823.
Gracias a su gestión como Ministro de Gobierno de Martín Rodríguez se inauguró el 12 de agosto de 1821 la Universidad de Buenos Aires. Durante la época de Rivadavia se contrataron a distinguidas personalidades intelectuales del extranjero, como el matemático mexicano José Lanz, el naturalista francés Aimé Bonpland, los físico y astrónomos italianos Pedro Carta Molino y Octavio Fabricio Mossotti, el publicista e historiador, también italiano, Pedro de Angelis, el ingeniero francés Carlos E. Pellegrini y otros. La mayoría de ellos se establecieron a enseñar e investigar en el país. También en su época se crearon laboratorios de química, el primer observatorio astronómico del país, el Museo de Ciencias Naturales, el Archivo General, el Departamento Topográfico y Estadístico.
Sólo en 1822, por acción oficial o privada, se habilitaron seis instituciones académicas: La Sociedad Literaria, La Sociedad de Ciencias Físicas y Matemáticas, La Sociedad de Jurisprudencia, La Academia de Medicina y dos academias de música y canto. Cinco librerías existentes en Buenos Aires en 1825 vendían toda clase de obras literarias y científicas editadas en Europa. Debe tenerse presente que por un decreto de 1821 se habían derogado antiguas prohibiciones a la introducción de determinados libros sin censura ni trabas de ninguna índole.
Su renuncia provocó el exilio de la mayor parte de los protagonistas comprometidos con el régimen caído, lo que empobrecería notoriamente el quehacer intelectual de tendencia europeizante en el país.
Justo José de Urquiza 01-05-1854 / 05-03-1860
Su padre, Joseph de Urquiza, era un inmigrante vasco que,
junto a su esposa Cándida García, se radicaron en la provincia de Entre Ríos, dedicándose a la actividad rural y a la función pública. Luego de la Revolución de Mayo, en 1810, emigraron a la Banda Oriental para seguir siendo fieles al Reino de España.
Regresaron en 1812, y cinco años más tarde Justo José fue enviado al Colegio de San Carlos en Buenos Aires.
En 1819 se instaló en la pujante villa de Concepción del Uruguay, dedicándose a la actividad rural y comercial, para la cual demostró una enorme capacidad. Su hermano mayor, Cipriano de Urquiza, fue secretario y luego ministro del primer gran caudillo entrerriano, Francisco Ramírez.
En 1820 tuvo su primera hija extramatrimonial; más tarde tendría muchos hijos ilegítimos más, e incluso una ley sancionada durante su presidencia legalizaría varios de ellos.
En la década de 1820, contando ya con una fortuna que lo respaldaba, se interesó en la política en un período especialmente turbulento en la historia de Entre Ríos. Como muchos jóvenes del interior, su partido era el Federal.
En 1826 fue electo por los vecinos de Concepción del Uruguay para representarlos como diputado en el congreso provincial. Dirigió la oposición a la Constitución Argentina de 1826, que fue rechazada por su provincia.
La presidencia
Los Colegios Electorales de las provincias lo elegían presidente de la Confederación Argentina, con el unitario sanjuanino Salvador María del Carril como vicepresidente. Asumió el 1ro de mayo de 1854.
Una de sus primeras medidas fue federalizar no sólo la ciudad de Paraná, sino todo el territorio de la provincia de Entre Ríos. De este modo, Urquiza seguía gobernando su provincia, aunque las municipalidades conservaron cierta autonomía.
Su gobierno se dedicó especialmente a la educación y a la instalación de tribunales de justicia. Nacionalizó el Colegio y la Universidad de Córdoba y el Colegio de Concepción del Uruguay. También hubo proyectos de construir un ferrocarril hasta Córdoba. Hizo construir edificios públicos en Paraná, y comenzó la instalación de colonias agrícolas de inmigrantes en su provincia y en el resto del país.
Durante casi la mitad del tiempo de su gobierno, no residió en Paraná, sino que gobernaba desde el Palacio San José, que se estaba construyendo cerca de Concepción del Uruguay. Durante sus ausencias lo reemplazó Del Carril, como establece la Constitución, pero éste tenía muy malas relaciones con el ministro del interior, Santiago Derqui; con el tiempo, ambos terminaron liderando partidos opuestos dentro del mismo gobierno.
Su gobierno fue, sin embargo, estorbado por la oposición de Buenos Aires, que protagonizó la secesión de la Confederación. Desde Santa Fe y Entre Ríos se lanzaron varios ataques hacia la provincia rebelde, pero éstos terminaron con la cruel represión de la invasión del general Jerónimo Costa, en 1855, que fue ejecutado sin juicio junto con casi todos sus oficiales.
En las relaciones exteriores, Urquiza logró la paz a cambio de la libre navegación de los ríos interiores, y reconoció la independencia de Paraguay. Se regularizaron las relaciones con la Santa Sede, rotas desde la Revolución de Mayo. Pero las embajadas más importantes se instalaron en Buenos Aires y no en Paraná, que era poco más que un pueblo sin ninguna comodidad.
El embajador en casi toda Europa era Juan B. Alberdi, que estableció relaciones cordiales con los países europeos. Su gestión más importante fue lograr el reconocimiento de la independencia argentina por España , pero cometió el grave error de conceder que los hijos de inmigrantes españoles fueran ciudadanos españoles. Eso significaba convertir a la muy necesaria inmigración en una amenaza a la nacionalidad argentina.
La economía también le trajo serios problemas, ya que el comercio exterior seguía pasando por Buenos Aires, y las finanzas estaban permanentemente en rojo. La emisión de papel moneda organizada por su primer ministro de economía, Mariano Fragueiro, fue un fracaso. Por ello se vio obligado a contraer empréstitos en el exterior, especialmente de la banca del brasileño barón de Mauá. Como la situación no mejorara, se sancionó la ley de "derechos diferenciales", con la cual se pretendía favorecer la entrada del comercio exterior directamente por los puertos de la Confederación, especialmente por Rosario.

Santiago Derqui 05-03-1860 / 05-11-1861
Se hicieron elecciones populares de primer grado en las trece provincias confederadas, en el mes de noviembre de 1859. Las juntas electorales se reunieron el 6 de febrero de 1860 y votaron 125 de los 128 electores que componían el colegio electoral: 72 votaron por Derqui y 46 por Fragueiro para la presidencia; para la vicepresidencia el general Pedernera obtuvo 45 votos, Marcos Paz 49, Benjamín Virasoro 17. Como ninguno de ellos obtuvo la mayoría absoluta, la elección la decidió el Congreso, que eligió a Pedernera por 32 votos contra 22 de Marcos Paz.
El país asistió a la primera transmisión del mando presidencial de conformidad a lo establecido en la Constitución.
Santiago Derqui (1801-1867) había nacido en Córdoba y presidió el Congreso Constituyente de Santa Fe (1852-1853) y cuando se hizo cargo de la presidencia de la Confederación el 5 de marzo de 1860, junto con el general Esteban Pedernera como vicepresidente, era ya un hombre con un pasado político muy activo en la lucha contra la dictadura de Rosas. Cuando Urquiza se pronunció contra Rosas en mayo de 1851, Derqui regresó de la expatriación y se vinculó con el gobernador entrerriano. Cuando Urquiza constituyó el gabinete designó a Derqui ministro de Justicia e Instrucción Pública, pero además desempeñó todos los ministerios con excepción del de Guerra y Marina, como titular o interinamente. Como ministro de Urquiza le tocó intervenir en varias provincias para hallar soluciones en sus conflictos internos y llevarlas al cauce de la Constitución, cuando se desviaban de ella.
Juan Esteban Pedernera (1796-1886) nació en San Luis y en 1815 se incorporó al regimiento de granaderos a caballo de San Martín y asistió a las batallas de Chacabuco, Cancha Rayada, Maipú y el sur de Chile. Se destacó en la campaña del Perú y regresó al país en 1826. Al mando de un regimiento tomó parte en la guerra contra el imperio de Brasil. Luego se incorporó a la división del general Paz en su lucha contra Rosas (1829). Tuvo que emigrar a Bolivia y Perú, donde le reconocieron sus antiguos servicios; en 1840 volvió a la lucha contra la dictadura y acompañó a Lavalle en la campaña que terminó con su muerte en Jujuy, y luego con el traslado de sus restos a Potosí, por el grupo de sobrevivientes. Regresó al país en 1855 y fue senador en el Congreso de Paraná en representación de San Luis, de la que también fue electo gobernador en 1859. Renunció a este cargo para asumir en marzo de 1860 la vicepresidencia.
Realizada la trasmisión del mando, Derqui dictó el mismo día un decreto nombrando a Urquiza general en jefe de los ejércitos de la Confederación.
El momento se presentaba propicio para un acuerdo generoso que sepultara las viejas rencillas. La presidencia de Urquiza había sido, pese a lo dificultoso de su gestión, constructiva. Correspondía por lo tanto hacer una política de acercamiento y no de agresión.
Derqui, representante de la Confederación, y Mitre, gobernador de Buenos Aires, depusieron enconos y llegaron a un completo entendimiento. Prueba de ello fue el intercambio de visitas protocolares: a Buenos Aires, el 25 de mayo, y a Paraná el 9 de julio.
Otro síntoma del buen camino que tomaban las relaciones de Buenos Aires con la Confederación lo daba el hecho de que el ministro de Hacienda fuera Norberto de la Riestra, candidato de Mitre, y que el ministro de Relaciones Exteriores fuera el Dr. Pico, porteño también.
Pero esa concordia volvió a ser enturbiada a causa de los acontecimientos de San Juan. Un grupo de revolucionarios atacó la casa de gobierno. En el asalto murieron el gobernador, José Virasoro, y otras personas que lo acompañaban. Los revolucionarios nombraron gobernador a Antonio Aberastain, partidario de los porteños. El presidente Derqui desconoció el nombramiento e intervino la provincia. Los sanjuaninos se resistieron y el gobierno federal envió el coronel Saá, en enero de 1861, para ratificar la intervención. Las fuerzas de Saá derrotaron a los revolucionarios en el combate de Pocitos. Aberastain y muchos de sus partidarios fueron ejecutados. La represión fue sangrienta y disgustó a los porteños, abriendo antiguas heridas.
Además, el Congreso Nacional rechazó los diplomas de los diputados electos por Buenos Aires por no haberse ajustado la elección de los mismos a las disposiciones legales. Buenos Aires se negaba a aceptar a un presidente en cuya elección no había tomado parte. La crisis fue en aumento, como lo evidencia la correspondencia intercambiada entre Urquiza y Mitre en tono fuerte y recíprocas acusaciones.
Mitre se manifestó resuelto a no efectuar nuevas elecciones a costa que de ello resultara una nueva guerra. Los dos senadores de Buenos Aires renunciaron por solidaridad con los diputados no reconocidos. Entonces el gobierno federal dispuso intervenir la provincia y confió esta misión a Urquiza. Por ese entonces las relaciones entre Derqui y Urquiza no eran muy cordiales. El presidente se trasladó a Córdoba para organizar un ejército, dejando a Urquiza solamente las fuerzas entrerrianas y correntinas. Más tarde ambos núcleos se juntaron, pero su distinto origen afectó su homogeneidad. A 17.000 hombres, Buenos Aires oponía 22.000 mejor armados y disciplinados.
Las provincias que no habían estado sumisas a la autoridad nacional más que aparentemente, crearon al gobierno de Derqui abundantes problemas. Fueron intervenidas entre otras La Rioja, Santiago del Estero, San Juan, Córdoba; el vicepresidente Pedernera ordenó la intervención en Santa Fe y finalmente también a pedido de Pedernera, el Congreso declaró a Buenos Aires en rebeldía, y se autorizó al Poder Ejecutivo a intervenirla.
LA BATALLA DE PAVÓN
El 7 de julio de 1861 la Legislatura de Buenos Aires autorizó al gobernador Mitre para que “removiese los obstáculos que se opusieron a la incorporación de los diputados al Congreso y retardaban la definitiva incorporación de la provincia al resto de la República”.
Desde mediados de julio las fuerzas de Buenos Aires fueron concentrándose en Rojas para su organización e instrucción. El ejército del a Confederación avanzó desde el norte hacia Arroyo Pavón, donde se detuvo para ultimar detalles de organización y de instrucción, pues su infantería era bisoña y no tenía experiencia en batalla.
Un fuego intenso de artillería de la Confederación inició la batalla; la infantería porteña recibió el fuego, pero logró avanzar hasta las proximidades de la infantería federal sosteniendo un vivo combate. Tras horas de lucha Urquiza se retiró derrotado. En poder del ejército de Buenos Aires quedaron 22 piezas de artillería, 2.500 fusiles, 57 carretas con todo el parque, 11 banderas de guerra, 12 jefes, 110 oficiales y 1.650 soldados prisioneros. Las pérdidas del ejército porteño, que comandaba Mitre, fueron 13 oficiales y 162 soldados muertos, 500 heridos y numerosos dispersos.
Derqui no creyó que el resultado de la batalla de Pavón fuese el fin. Pensó que podía continuar la lucha y designó a Saá jefe del ejército del centro, ascendiéndolo a brigadier, lo mismo que a Juan María Francia.
Urquiza había tomado una decisión y dejó al presidente Derqui a merced de su creciente impotencia, y en los primeros días de octubre, por su iniciativa, la provincia de Entre Ríos reasumió su soberanía y se sustrajo de la lucha.
El 22 de noviembre Mitre destacó contra las fuerzas del general Virasoro un cuerpo de ejército al mando del general Venancio Flores, que sorprendió al bando opositor en la Cañada de Gómez, donde se realizó el encuentro final. El 5 de noviembre de 1861, Derqui se embarcó en un buque de guerra británico, el Ardent, rumbo al Uruguay, radicándose en Montevideo hasta 1864, en que pasó a Corrientes.
En 1869 el general Mitre explicaba a Juan Carlos Gómez, que “Pavón es la gran victoria del partido de la libertad argentina”. Fue necesaria la visión de futuro de un jefe como Mitre para no volver al levar al país a la desintegración nacional.
Bartolomé Mitre 12-10-1862 / 12-10-1868
Ambrosio Mitre, el padre, le transmitió su inmediata ascendencia veneciana y, como lo denuncia el apellido, remotamente griega. La estirpe se evidencia por el cabello castaño y sus ojos glaucos, pero, más aún, por el carácter dramático, inclinado a las artes, a las letras y a las especulaciones filosóficas y científicas. Nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1821.
La multiplicidad de sus inquietudes estuvo acompañada por un talento ágil, profundo, que supo rodear de brillo los gestos y actitudes. Alternó la milicia con la política, la prosa con la poesía, la filosofía con la investigación historiográfica, la labor de estadista con el discurso de barricada, el debate parlamentario con el periodismo; como militar, como escritor y traductor, periodista, orador, historiador, humanista y político, escaló las más altas posiciones que pudieron brindarle el país y la época.
Esta rica personalidad se enriquecía con virtudes morales, tal su valor personal, la honestidad en el manejo de los bienes públicos, la austeridad republicana de costumbres y la práctica de la amistad embellecía su imagen, explicando así la condición de ídolo en un medio que lo convirtió en el arquetipo del conductor de la Argentina que se insinúa después de Caseros y se impone definitivamente en Pavón, tal la Argentina liberal, conducida desde Buenos Aires y conforme a los intereses de la ciudad-puerto.
Mitre fue brillante, culto a la europea y adalid de quienes se lanzaron a europeizar el país, y lo hizo con tal impulso y rigidez que luego de varias décadas, aún en la actualidad, su política resulta la única tenaz y duradera posterior a la Constitución de 1853. Y sus pautas son las que han moldeado la Argentina de hoy.
Prudente negociador con los correligionarios, practicó la estrategia de los acuerdos y las conciliaciones, fue sutil para zanjar diferencias entre ellos, aún a costa del sacrificio de posiciones personales.
La posteridad le ha reconocido superlativos méritos en cada una de sus innúmeras actividades, y aún aquellos que han hecho críticas demoledoras a su figura no pudieron dejar de reconocer sus altos valores.
Electo en las elecciones nacionales del 4 de septiembre de 1862, Bartolomé Mitre, asume la presidencia de la Nación el 12 de octubre y, como vicepresidente, lo acompaña el coronel doctor Marcos Paz.
En lo que hace a la política interior se ve languidecer hasta su extinción, el antiguo federalismo y, a su vez, nacen dos partidos: el liberal mitrista y el autonomista encabezado por Adolfo Alsina, que disputarían las elecciones durante un periodo largo de la historia argentina.
En el orden institucional se reformaría la Constitución, se constituiría la Corte Suprema de Justicia que elaboraría, como poder moderador y destinado a vigilar el cumplimiento de la Constitución Nacional, una doctrina singularmente valiosa.
El poder Ejecutivo Nacional, cumpliendo con una ley del Congreso, en 1863 nombró a Dalmacio Vélez Sarsfield como redactor del Código Civil y a Carlos Tejedor, para el Código Penal. Ambos cumplieron su cometido, pero los códigos elaborados entraron en vigencia después de la presidencia de Mitre.
En igual sentido se dictaron leyes nacionales sobre la ley de residencia, régimen municipal, de acefalía, sobre los territorios nacionales.
En lo económico, la preeminencia del puerto de Buenos Aires y las inversiones extranjeras: bancos y ferrocarriles, en particular ingleses, caracterizaron el control de la riqueza nacional.
La incorporación de nuevas tierras a las actividades agropecuarias y el desarrollo de las ciudades litorales hizo necesario un aumento de la mano de obra, fomentándose la inmigración; 200.000 inmigrantes ingresaron en este período.
La política educacional inspirada en el pensamiento liberal, se caracterizó por la creación del Colegio Nacional, antesala de la Universidad, convirtiéndose en la meta de los jóvenes ambiciosos del país.
Durante los años 1862 a 1868 América se vio conmovida por importantes conflictos internacionales: la guerra de la Secesión en los Estados Unidos de Norteamérica; las intervenciones: española en Santo Domingo, francesa en México y, nuevamente, española en Chinchas. Se firmó la paz con España, estrechándose las relaciones con Brasil y la Banda Oriental.
El hecho más trascendente de la presidencia de Mitre en materia de política internacional fue la Guerra de la Triple Alianza contra la República del Paraguay. Se la considera la más cruenta de las liberadas en Sudamérica: duró seis años y conllevó una sangría en hombres y un enorme esfuerzo financiero que debilitó y empobreció a todos los países combatientes, Argentina, Brasil y Uruguay y, naturalmente, a su contendiente, Paraguay. Exigió al país tomar importantes créditos, conmovió las bases del imperio brasileño y debilitó la autoridad del partido liberal porteño. Esta guerra culmina con genocidio; el exterminio de un pueblo en defensa de su soberanía y de su manera de vivir. Paraguay tenía un millón de habitantes antes de empezar la guerra y algo menos de un cuarto de millón al terminar.
El Tratado de laTriple Alianza se había firmado el 1 de mayo de 1865; los países del Pacífico: Perú, Chile, Bolivia, Ecuador y Colombia protestaron contra el Tratado y ofrecieron la mediación para acabar con el conflicto.
Se produjeron reacciones contra la política nacional de enfrentar al Paraguay en muchos lugares del país. El caudillo riojano Felipe Varela, condenando la política de Mitre, se levantó contra el gobierno nacional encabezando la más importante de las campañas.
Marcos Paz falleció víctima de la epidemia de cólera y Mitre, jefe de las fuerzas aliadas, regresó al a presidencia de la Nación. La sucesión presidencial luego de innumerables alternativas, en las que una maniobra de Adolfo Alsina destruyó la fórmula oficialista Elizalde-Urquiza, volcó los votos que controlaban sus electores a favor de Domingo Faustino Sarmiento como presidente y él mismo como vice.
HECHOS NOTABLES
¿Qué pasaba en la década de 1860 a 1870, en el país, y primordialmente en Buenos Aires?
En los años '60 esta ciudad vivió conmovida por novedades permanentes: tranvías, iluminación a gas, las primeras instalaciones eléctricas. El barco a vapor se difundió en nuestros ríos y los ferrocarriles comenzaron a competir con las mensajerías. Existía ya una línea ferroviaria nacional desde hacía años que daba buenos beneficios. Las tratativas del inglés Whellright lograron éxito consiguiendo la concesión para la empresa británica Great South, que construiría una línea de Constitución a Chascomús.
El mismo intermediario logró el contrato para la construcción de la línea Rosario-Córdoba (Ferrocarril Central Argentino). Más tarde las líneas de Buenos Aires-Ensenada y Buenos Aires-Canal San Fernando.
Estas líneas tenían como propósito llevar mercaderías al puerto o puertos de Ensenada, Buenos Aires, Rosario y San Fernando, comunicándolos con la pampa húmeda.
En 1866 el rico hacendado Eduardo Olivera, de regreso de uno de sus viajes a Europa, recibió la invitación de su amigo José Martínez de Hoz para reunirse en la casa de Federico Benjamín Martínez de Hoz. El 16 de agosto se fundó la Sociedad Rural Argentina, con José Martínez de Hoz como presidente. El acta de fundación fue firmada por sesenta y tres grandes estancieros argentinos vinculados por lazos familiares y de amistad. Comienza a actuar un grupo de presión de gran trascendencia en la vida económica y política argentina.
En el mismo año, mueren dos héroes de la gesta sanmartiniana: Tomás Guido y Gregorio de Las Heras.
El Cricket Club, fundado por los ingleses para difundir este deporte, no tuvo mayor éxito; en cambio, en la primavera de 1867 se hizo una exhibición, por primera vez, de otro juego británico: el fútbol. Su suerte sería totalmente distinta.
Una calamidad asola la zona litoral desde Corrientes hasta Buenos Aires: la epidemia de cólera. El número de muertos puede estimarse en 10.000, sólo en Buenos Aires, y se duplicó en el resto de la zona afectada.

Domingo Sarmiento 12-10-1868 / 12-10-1874
Era criollo de cepa hispánica con profundas raíces en lo visigótico y lo morisco de la raza. Su padre. guerrero de la independencia, leía a sus hijos incesablemente la historia de España. Su vida comienza en San Juan el 15 de febrero de 1811.
Pasó una niñez difícil con penurias económicas como la describe en sus escritos autobiográficos, al recordar a su madre, doña Paula Albarracín. Sin gozar de las ventajas de los jóvenes burgueses del litoral, a los que disputó posiciones en distintas etapas de su vida, no invocó jamás esas diferencias. Si fue un exagerado consentido de su propios valer, nunca acogió resentimiento. Por eso la pobreza no lo doblegó, y rompió fácilmente la estrechez de su ambiente buscando horizontes más amplios para su ambición ilimitada. Fue autodidacta y lo que logró lo obtuvo por su tenacidad puesta al servicio de la inteligencia, con un temperamento fuerte y agresivo. Su antirrosismo lo lleva a Chile a los veinte años donde en miles de oficios que sólo le permiten vivir mal no ceja de satisfacer su implacable sed de conocimientos. Vuelve a San Juan y en el temible 1840 abandona nuevamente el país para regresar a Chile. En poco tiempo sería: educador, periodista, escritor, político y asesor de gobierno.
Siguiendo con lo que nos dice en su autobiografía, recorrerá todo lo que hay de civilizado en el Globo y toda la escala de los honores humanos, en la modesta proporción de su país y de su tiempo.
Idealista como el Quijote, arremetió con imaginación, pluma y espada todo lo que tenía o creía tener adelante, pero al enfrentar los problemas concretos aparecía Sancho y el sentido práctico le advertía de la realidad y le evitaba cometer errores.
Fue la antítesis del "no te metás" y se metió siempre a los gritos, siempre en la línea de fuego, diciendo lo que pensaba y haciendo lo que le parecía justo y oportuno, sin dudar ni vacilar, justificando el epíteto de loco que lo acompañó toda la vida.
Este intelectual de excepción con la violencia de Facundo, el idealismo del Quijote y el sentido común de Sancho es el arquetipo político nacional, austero y honrado, con su carnavalesca pompa presidencial, características que lo hicieron rondar siempre entre lo sublime y lo ridículo, genio y figura capaz de quedarse y entregarse íntegramente a sus ideas.
Domingo Faustino Sarmiento asumió la presidencia el 12 de octubre de 1868, Deseoso como nadie de hacer de las luces del siglo su programa de gobierno, estaba en condiciones de imponerlo por su influencia en el ejército. Además, alejado de la contienda comicial y ausente en los forcejeos de los colegios electorales, parecía ser la unión, en la presidencia, de nacionalista y autonomistas, vueltos al tronco común del liberalismo porteño.
Sarmiento periodista y publicista respetó la libertad de prensa, dce imprenta y mural pese a que la prensa se ensañó con él desde que asumió el gobierno. Las críticas llegaron a extremos inconcebibles y las imputaciones excedían a la calumnia. El Primer Censo Nacional, llevado a cabo con escasos medios materiales, desencadenó observaciones ciertas por los gruesos errores perfectamente determinables.
Sin embargo, permitió darnos un panorama del país con 1.700.000 habitantes, distribuidos en poco menos de un millón y medio de kilómetros cuadrados, con un 12% de extranjeros y más del 70% de analfabetos.
El panorama era de un litoral portuario que avanza hacia el interior; extendiendo su influencia de importador de ciertas manufacturas. El resto del país veía languidecer sus posibilidades de desarrollo, desapareciendo la autonomía económica regional.
En su afán de llenar los vacíos, su presidencia está llena de creaciones: el Boletín Oficial, el Registro Nacional del departamento de Agricultura, el Asilo de Inmigrantes, la Oficina Meteorológica Nacional en Córdoba, la Oficina de Estadística y el Museo de Ciencias Naturales en Buenos Aires.
En lo que se refiere a la política económica fue la clásica del sistema liberal.
Los ferrocarriles seguían extendiendo las líneas por nuestro territorio y se instaló el servicio telegráfico vinculado con el exterior por cables submarinos. Se emitió el primer sello postal nacional. Se inauguró en Córdoba, en octubre de 1871, la Primera Exposición Nacional.
Sarmiento aparece en la historia como el paladín de la instrucción, la educación y la cultura nacionales. La colaboración de su ministro Nicolás Avellaneda, quien lo sucedería en la presidencia, estableció un sistema de subvenciones y premios para las provincias que estimularan la instrucción primaria -lo consiguieron La Rioja, Mendoza, San Juan y San Luis-. Al mismo tiempo se comprobó que el país carecía de maestros técnicamente capacitados para instruir masivamente a la población analfabeta. Esta carencia debía cubrirse con institutos especializados; así Sarmiento buscó técnicos con orientación democrática. Contrató 67 pedagogos norteamericanos de ambos sexos (recordemos su amistad con el educador, Horace Mann y haberse desempeñado como embajador en Washington) fundando, con ellos, las primeras escuelas normales en Paraná y Tucumán.
Los maestros sarmientinos del siglo XIX y de principios del XX, tuvieron conciencia de su función evangélica de apóstoles del alfabeto y cumplieron su misión; la mujer tuvo en la enseñanza la primera oportunidad que le brindó el país de ejercer una función técnica respetada.
Sarmiento no alfabetizó el país en seis años porque era imposible, pero creó el instrumento que lo haría posible. El índice de analfabetismo a fines del siglo XIx fue en la Argentina más bajo que en los demás países latinoamericanos y que en muchos europeos.
Siguiendo la política de Mitre, Sarmiento continuó fundando colegios nacionales en San Luis, Jujuy, Santiago del Estero, Rosario y Corrientes.
El lema "educar al soberano", fue cumplido ampliamente por el sanjuanino creando institutos dotados de personal competente y de buena formación académica, trayéndolos desde donde pudo e incorporando a la vida nacional sabios y técnicos, generalmente europeos. Bien vale la pena dar algunos nombres: Jorge A. Sterns, primer director de la Escuela Normal de Paraná; Germán Burmeister, primer director del Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, y luego de la Facultad de Ciencias Matemáticas y la Academia de Ciencias Naturales de Córdoba; Benjamín Apthrop Gould, primer director del Observatorio de Córdoba; Paul Guntherlorenz y Jorge Hyeronimus, botánicos, que iniciaron la enseñanza técnica de la agronomía; Juan Ceztz, primer director del Colegio Militar y Eugenio Alois Veit Bachmann, quien juntamente con el criollo Clodomiro Urtubey dio orientación técnica a los cursos de la Escuela Naval.
En materia de enseñanza superior y especial se crearon cursos de Ingeniería y de Minas en San Juan y Catamarca, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y la Academia de Ciencias Naturales en Córdoba, la carrera de Agronomía en Buenos Aires. Como institutos especiales surgen el Colegio Militar de la Nación y la Escuela Naval Militar.
Por lo tanto, la educación sarmientina pudo formar hombres laboriosos y honestos, capacitados para desenvolverse con eficiencia en la sociedad.
Se sancionó la ley de Bibliotecas Populares contando 140 sedes en el país en 1874, y 35.000 ejemplares en circulación. Se adoptó oficialmente el Sistema Métrico Nacional.
En política internacional se produjeron conflictos con Chile; finalizó la guerra contra el Paraguay y a pesar de su fama anticlerical, las relaciones con el Vaticano fueron excelentes.
En política nacional Sarmiento bien pronto rompió con el mitrismo y redujo al vicepresidente, Adolfo Alsina, a su cargo de presidente del Senado. Debió afrontar la última etapa de "la guerra contra la guerra"; en los últimos meses de 1868 Aurelio Zalazar, el último montonero, fue fusilado y, luego, Felipe Varela inició su última campaña en Atacama. El asesinato de Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, en San José el 11 de abril de 1870, hizo que la Legislatura provincial designara gobernador a Ricardo López Jordán. Se decretó la intervención federal, el 23 de abril de 1870 tropas del ejército y la armada nacional entraron a la provincia. López Jordán fue derrotado en marzo del '71, exiliándose en Brasil.
En 1873 hubo una segunda guerra jordanista, y en 1875 una tercera, con apoyo del Brasil.
Lanzada por Sarmiento la candidatura del tucumano Nicolás Avellaneda, para el siguiente período presidencial encontró el apoyo de Alsina, quien encabezó como jefe del Partido Autonomista Nacional, el PAN, que gobernaría por los sucesivos 40 años.
HECHOS NOTABLES
Abunda el dinero y los lugares de esparcimiento están repletos. Opera italiana, teatro francés, can can y burlesque disputan las preferencias de quienes están dispuestos a vivir "a la europea"; se inicia la "belle époque".
Al comenzar 1871, Buenos Aires vivirá la peor catástrofe de su historia: la epidemia de fiebre amarilla. Comenzó en febrero, entre el pobrerío del barrio Sur, mientras se festejaba carnaval. Sin darle importancia, el 23 de ese mes el número de muertos llegó a veinte, y al comenzar marzo, cuarenta diarios; fue el pánico. Las autoridades desconcertadas atinaron a tomar algunas medidas anodinas, se formó una comisión de vecinos presidida por el doctor Roque Pérez para luchar contra el mal. Los muertos de marzo llegan a siete mil. Ni los médicos ni los voluntarios daban abasto; no había lugar en los cementerios. Junto al heroísmo de unos, afloraban la miseria y la pequeñez humana en otros. En abril aumentaron los decesos, ocho mil. Cede en mayo y desaparece lentamente en junio. Se calculan en mas de veinte mil los muertos.
El 24 de diciembre del mismo año, otra tragedia: zarpó para Montevideo el vapor "América", con doscientos pasajeros y la tripulación. Casi simultáneamente lo hace el "Villa de Salto", entablándose entre ellos una carrera informal, suicida. Las máquinas del "América" no aguantaron y explotaron. Sólo se recogieron sesenta sobrevivientes. Una anécdota se incorporó a la leyenda porteña: Luis Viale entregó su salvavidas a Carmen Pinedo de Marcó del Pont. Su monumento en la Costanera Sur de Buenos Aires recuerda el hecho.
El remo se incorpora a las prácticas deportivas, fundándose en el Riachuelo, el "Buenos Aires Rowing Club".
El año 1872 vio la publicación de El gaucho Martín Fierro de José Hernández, que con Una excursión a los indios ranqueles de Lucio V. Mansilla y el Facundo de Domingo Faustino Sarmiento integra la trilogía cumbre de la literatura argentina de la pasada centuria. El 1 de enero de ese año, un grupo de jinetes irrumpió en la ciudad de Tandil con divisa punzó en las lanzas y los sombreros, y tomó el cuartel de policía gritando: "Mueran los gringos y los masones. ¡Viva la religión! ¡Viva Tata Dios!. El saldo: 36 muertos, de los que 31 eran extranjeros.
Por ahora esto es todo....cada Volumen pondre 4 presidentes...Asi no culturizamos un Poco.
Fuentes : http://www.pais-global.com.ar/html/argentina/presidentesargentinos.htm
http://es.wikipedia.org/
Encarta 2007