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Info•11/20/2007
Registrate y eliminá la publicidad! ¿Estuvo aquí el paraíso? Nuevas investigaciones ubican el primer huerto de la humanidad Hace 11.000 años, un grupo de cazadores-recolectores asentado entre los ríos Tigris y Éufrates tuvo la idea de “domesticar el trigo”. Según los investigadores, allí estuvo el Paraíso Terrenal del que habla la Biblia. Y el Señor plantó un jardín en Edén, mirando al Este, y puso al hombre dentro”. Esta parábola bíblica sobre el origen de la humanidad fue recogida en distintas formas por infinidad de leyendas orientales y occidentales. Si los chinos y los musulmanes tienen su particular jardín del Edén, los celtas creyeron fervientemente en Avalon, y los cabalistas, en un campo primordial “devastado por los que allí entraron”. Aunque los estudiosos del Antiguo Testamento consideran que el texto sagrado es poco más que un mito, algunos arqueólogos empiezan a sospechar que podría ser una especie de guía para desvelar aspectos oscuros de los primeros pasos de la civilización. El egiptólogo británico David M. Rohl va secretas para localizar geográficamente el lugar exacto donde estuvo ubicado el Paraíso. Tras cotejar fuentes bíblicas con textos antiguos, Rohl señala que el primer granero de la humanidad se encontraba a orillas del lago Urmía, cerca de la ciudad de Tabriz, en la frontera de Turquía e Irán, y a dos pasos de los míticos yacimientos sumerios de Irak. Y lo sorprendente es que Rohl podría estar dando en la diana. No lejos del lago Urmía se encuentra el yacimiento de Göbekli Tepe –Monte Ombligo–, un conjunto megalítico descubierto en 1995 que se halla en el curso superior de los ríos Éufrates y Tigris, en la región donde la Biblia situaba el Paraíso, en un solitario desierto de piedra caliza en el sudeste de Turquía, cerca de las fronteras de Siria, Irak e Irán. Hace unos 11.500 años, en ese punto estratégico del planeta, varios escultores del Paleolítico tallaron signos y dibujos en las columnas que adornaban el recinto sagrado donde el clan rendía culto a los muertos. Aquel grupo de cazadores-recolectores fue capaz de dar los primeros pasos para domesticar el trigo salvaje que crecía de forma espontánea en las laderas de la cordillera de Tauro y en las fértiles tierras que rodean los lagos Van y Urmía. Podría decirse que el origen de la agricultura se encontró en esa región del planeta. Al menos eso es lo que desvelan los estudios genéticos llevados a cabo por expertos alemanes e italianos asociados al prestigioso Instituto Max Planck para la Investigación de Cultivos de Colonia, en Alemania. Göbekli Tepe, fundamental para entender el pasado La vida tal como era. En el sudeste de Turquía, en medio de un vergel, vivió la primitiva tribu que se afanó en tallar pilares y construir un templo para rendir culto a los muertos. La arqueología coincide con las investigaciones de ingeniería genética vegetal. Según Ezequiel 28:14, el jardín del Edén estaba emplazado en un monte sagrado, como el Göbekli Tepe. Asimismo, este yacimiento se encuentra muy cerca de la ciudad de Urfa, donde la Biblia sitúa la gruta en la que nació Abraham, y en cuyo entorno “se percibe un gran peso mitológico”, en palabras de Klaus Schmidt, de la Universidad de Heidelberg y director de las excavaciones de este misterioso yacimiento turco. De acuerdo con una versión de la Biblia original hebrea, Abraham salió de Urfa para emprender camino hacia la tierra prometida en torno a 1800 a. C., lo que pudo contribuir a que la parábola de Adán y Eva apareciera en el Antiguo Testamento. Tras más de 100.000 años de era glaciar, los vientos templados de Eurasia volvieron a soplar en la zona alta de Mesopotamia, facilitando la floración en las suaves colinas que salpican los campos que rodean Göbleki Tepe. Schmidt cree que esta joya arqueológica es fundamental para averiguar cómo vivían esos cazadores–recolectores y cómo contribuyeron al nacimiento de aquel primer huerto de la humanidad, el legendario jardín primigenio del que habla David Rohl. “Es evidente que aquí vivieron unos seres humanos que trataron de comunicar algo a otros congéneres de una forma perdurable”, señala Schmidt. El arqueólogo alemán está convencido de que este lugar, ubicado en una pequeña montaña, es un ejemplar único, “con la energía arquitectónica y mítica de un Stonehenge”, pero infinitamente más arcaico. Su desenterramiento plantea grandes interrogantes. Uno de ellos tiene que ver con su datación, ya que el conjunto fue construido unos mil años antes de la revolución neolítica, lo que definitivamente echa por la borda la creencia de que este tipo de construcciones se llevaron a cabo tras el nacimiento del cultivo del trigo y la ganadería. Ahora sabemos que su construcción se realizó un milenio antes que el primitivo conjunto de piedra y tierra de Jericó que era considerado el más antiguo hasta que fue descubierto el yacimiento de Göbleki Tepe. Altas columnas talladas con figuras de animales ¿Es un templo? Al sudeste de Turquía, en el sitio arqueológico Göbekli Tepe- en la imagen uno de los recintos ya excavados-han aparecido 39 m de alto. Este primigenio templo de la edad dorada del Paleolítico está armado con varias columnas en forma de T de unos tres metros de altura que fueron excavadas de una pieza a partir de la roca de la cima. Sus pulidas superficies muestran relieves con figuras de animales: zorros, gacelas, patos,grullas, jabalíes y un león. Otra sorpresa es que en el centro del santuario hay otras dos columnas más grandes, de unos seis metros de altura, que están cubiertas de signos jeroglíficos indescifrables. Este hallazgo desvela que sus moradores pensaban en el más allá y que sentían la irrefrenable necesidad de transmitir sus creencias a otras generaciones. Schmidt cree que Göbekli Tepe era un grandioso espacio sagrado dedicado al culto de los muertos, ya que en su interior no se han encontrado restos de utensilios domésticos ni trazas de enterramientos. “Allí se reunían los sacerdotes alrededor de grandes fogatas para oficiar actos rituales en honor de los antepasados”, señala Schmidt. Pero más sorprendente todavía fue el descubrimiento de la estatua más antigua hallada hasta ahora, desenterrada hace años por arqueólogos turcos de la Facultad de Herran en el yacimiento de Balikligöl, en la cueva sagrada de la ciudad de Urfa, donde la tradición hebrea situaba el nacimiento de Abraham. La estatua, que muestra a un hombre que coge sus genitales con las manos, fue esculpida mil años antes de la construcción del santuario de Göbekli Tepe. Con sus enigmáticos ojos de obsidiana que miran fijamente a los espectadores del siglo XXI, la arcaica figura podría representar a un primitivo dios de la reproducción. Un vergel comparado con el actual terreno pedregoso Un tema repetido por todos los artistas del mundo. El Edén es uno de los motivos más representados por el arte y la literatura en todos los tiempos y países. Las gentes que se reunían alrededor del montículo sagrado cazaban gacelas y otros animales en un territorio feraz, muy distinto al actual terreno pedregoso que sirve de refugio a la guerrilla separatista turca del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Los cazadores–recolectores de Göbekli Tepe aprendieron a cercar grandes extensiones de prados de grano para protegerlos de los animales. Aquel primigenio huerto natural pudo haber sido el embrión de la revolución del Neolítico; o si se prefiere, el embrión del legendario Paraíso que describe el Génesis, donde se dice que Adán recibió el encargo de cultivar y conservar el jardín del Edén Según apunta el egiptólogo británico David Rohl en su libro Legend: The Genesis of Civilisation Paraíso se encontraba a orillas del lago Urmía, no muy lejos de Göbekli Tepe. En aquellos campos, los descendientes del artista que esculpió la estatua de Balikligöl descubrieron la forma de cultivar el trigo silvestre. Curiosamente cerca de ese lugar han aparecido figuras de arcilla cuyo origen se remonta en torno a 8500 a. C. “Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz aliento de vida...”. Si algunos arqueólogos sospechan que ese fragmento del Antiguo Testamento presenta ciertas similitudes con la industria de arcilla de la alta Mesopotamia, David Rohl se atreve a afirmar que la Biblia aporta datos fidedignos que desvelan cómo se produjo el amanecer de la humanidad, lo que a su vez abre nuevas perspectivas sobre la historia bíblica de la Creación. “Una vez creado el Paraíso, Jehová tomó al hombre y le puso en el huerto del Edén, para que lo labrara y lo guardase”. Pese a lo controvertidas que resultan sus propuestas, lo cierto es que algunas parábolas del Génesis guardan similitud con los acontecimientos reales que tuvieron lugar hace miles de años en los campos que rodean los lagos Van y Urmía, enclavados en el llamado “Creciente Fértil”, una amplia región que abarca el sur de Turquía, Irak, Irán, Siria, Palestina y Egipto. FUENTE --------------------------------------------------------------------------------- La soledad afecta a la salud La soledad no sólo no es buena consejera. También resta eficacia a la respuesta defensiva de nuestro organismo. Un equipo de investigadores de la Universidad de California (UCLA) acaba de identificar un patrón de expresión genética en las células del sistema inmune propio de aquellas personas que padecen crónicamente altos niveles de soledad. FUENTE El agua salada puede arder Absolutamente atónito se quedó el inventor John Kanzius, ingeniero jubilado de Pennsylvania, cuando al calentar una mezcla de agua y sal Morton con un dispositivo de radiofrecuencia ideado por él mismo para combatir el cáncer, el líquido soltó una fuerte llamarada. “No estaba buscando una fuente de energía, sino un método de desalinización”, reconoce Kanzius. Pero la serendipia, como en tantos otros casos a lo largo de la historia de la ciencia, jugó a su favor. Para comprobar que no se trataba de ningún truco, el veterano químico Rustum Roy, de la universidad norteamericana Penn State, repitió el experimento y llegó a la conclusión de que estaba ante “el mayor descubrimiento en 100 años investigando sobre el agua”. Roy y su equipo de expertos en ciencia de materiales sostienen que la radiofrecuencia libera el hidrógeno del agua salada debilitando las uniones con el cloruro sódico y el oxígeno. Eso explica por qué la llamarada alcanza los 1600 ºC. “El potencial es enorme”, afirma Rustum Roy, que asegura que ahora es el momento de confirmar si la energía liberada será suficiente para impulsar un coche u otra maquinaria pesada. FUENTE Espero que les interese!!
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