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¿De dónde viene el dinero de la inmensamente rica Iglesia? ¿A quién beneficia?
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créanme no viene de esta forma!!




Prólogo

Que a Dios no se le puede encontrar en la Iglesia vaticana ni en la Iglesia luterana, es hoy en día algo evidente para la mayoría de las personas. Nosotros, cristianos originarios, nos orientamos a las enseñanzas originarias de Jesús de Nazaret, el más grande maestro de la sabiduría de esta Tierra, que mostró a la humanidad el camino hacia la libertad. El camino de Cristo conduce hacia Dios, al gran Espíritu de la libertad, para liberarse de coacción y preceptos.

La institución Iglesia ha transformado la enseñanza del Nazareno en lo contrario y ha abusado del nombre de «Cristo» para fines no cristianos. Nuestro propósito es destapar este abuso, para rehabilitar a Jesús, el Cristo. Nosotros no tenemos nada en contra si la Iglesia vaticana se llama «católica» o la iglesia luterana «evangélica», sólo que no deberían manchar durante más tiempo el nombre de Cristo con sus maquinaciones carentes de ética y moral.





Dios-Padre: «Yo no he dejado caer del Cielo la enorme fortuna de la inmensamente rica Iglesia»

Ante este abuso tampoco calla Dios, el Padre de todos nosotros, pues Él no se deja tapar la boca por ninguna institución. En el tiempo actual Dios envió a la Tierra a una persona que Le sirve como Su instrumento. Es Gabriele, la profeta de Dios para este tiempo, que nos da a los seres humanos la Palabra de Dios actual. También en abril del año 2005 –en el tiempo en que fue elegido el nuevo sucesor de la silla de san Pedro– recibió Gabriele la Palabra del Eterno en relación a la situación mundial de entonces. Entre otras cosas, el Eterno dejó de manifiesto claramente lo siguiente:
«Yo no he dejado caer del Cielo la enorme fortuna de la inmensamente rica Iglesia ni he vestido a sus representantes con púrpura ni piedras preciosas. Los miles de millones vienen del pueblo torturado y maltratado, y del Estado, que abre sus arcas más para los ricos que para los más pobres entre los pobres. Lo que ofrece la inmensamente rica Iglesia es únicamente obra humana»*.
Hasta aquí un pequeño fragmento de este mensaje de Dios a los hombres, que puede ser leído en su totalidad en la página de Internet: www.silladesanpedro.org. A continuación nos ocuparemos de la pregunta de dónde viene la riqueza de la Iglesia. Pues de Dios no viene, como ha quedado claro en las palabras de Dios-Padre.






La monstruosa fortuna de la Iglesia, tan sólo en Alemania: 500 mil millones de euros

El cuento de la «pobre Iglesia» se puede rebatir con muchos, muchísimos datos. Las Iglesias, católica y luterana, no son pobres, sino sumamente ricas. Puesto que las Iglesias no dan ninguna información sobre la fortuna y la riqueza que poseen, hay que investigar dónde ha acumulado sus propiedades y riquezas. Esto, ya sólo en Alemania, no es muy fácil.
Las Iglesias tienen más de 80.000 corporaciones o entidades, y cada una de ellas hace su propia declaración sobre sus finanzas, de modo que abrirse camino en esta maraña es sumamente difícil. No obstante, el conocido politólogo alemán Carsten Frerk, ha hecho este esfuerzo y ha desenmarañado en un libro, con el título de «Las finanzas y la fortuna de las Iglesias en Alemania», dónde se dan a conocer públicamente las propiedades de las Iglesias y dónde tienen ingresos y ganancias escondidas.
El autor ha llegado a constatar una fortuna global que asciende a más de 500 mil millones de euros, una cantidad que uno apenas se puede imaginar. De qué se compone esta suma, Carsten Frerk lo describe ampliamente en su libro:
Se trata de bienes inmobiliarios, de capitales, de Centros de asistencia de los diaconatos, de diversas fundaciones: tomando a ambas confesiones (católica y protestante) existen 20.000 fundaciones que son coordinadas por ambas Iglesias. Pero también se trata de la fortuna de las comunidades de las órdenes religiosas, de diversas aseguradoras, de obras encargadas de viviendas y urbanización, de obras de ayuda y de misión, además de todas las corporaciones, también de las empresas dedicadas a los medios de comunicación que tiene la Iglesia. Ella posee también canales de televisión, imprentas, librerías, empresas de filmación, emisoras de radio propias. Las editoriales de propiedad de la Iglesia, en parte toda una cadena de editoriales, gran cantidad de multinacionales, como de empresas de seguros, ofrecen un ámbito enorme en el que se acumula su fortuna. Un número que apenas se puede contabilizar por su gran cantidad de instituciones de diversa clase: grandes centros de vacaciones, universidades, bancos y otras empresas pertenecen también al patrimonio en propiedades y bienes raíces de las Iglesias.
Y de todas estas diversas empresas, firmas, etc., se ha acumulado sólo aquí en Alemania una fortuna que, ya se ha dicho, según apreciación de Carsten Frerk asciende a más de 500 mil millones de euros. La prestigiosa revista alemana «Der Spiegel» calculó la misma cantidad. ¡No se puede decir entonces que las Iglesias sean pobres!


Para ilustrarlo podemos agregar otros ejemplos:

Se trata en total de unas 50.000 empresas en los que está activa la Iglesia en los campos mencionados: inmobiliarias, bancos, sociedades de inversiones en fondos, medios de comunicación, en sociedades aseguradoras, etc.
En total ocupan a 1.300.000 personas y tienen un movimiento anual de operaciones comerciales que asciende a 125 mil millones de euros.
En comparación, con estas ganancias, la Iglesia se encuentra en segundo lugar después de la empresa de automóviles Daimler-Chrysler. Entre los consorcios de prestación de servicios las Iglesias ocupan el primer puesto por delante de la Telekom alemana con sus 55.800 millones de euros, de Correos de Alemania con sus 40 mil millones de euros y de Ferrocarriles de Alemania con sus 28.200 millones de euros. Hay que ver estas cifras en su relación mutua para darse cuenta de que aquí se trata de un imperio económico y menos de una comunidad religiosa*.











El Vaticano ya posee un tercio de las casas de Roma

Tan sólo los bienes raíces que ambas Iglesias poseen en Alemania alcanzan la superficie de ocho mil kilómetros cuadrados. Ésta corresponde a la superficie de las ciudades alemanas de Hamburgo, Bremen, Berlín, Bremerhaven, además del Estado de El Sarre. ¡Y no se trata sólo de bosques o terrenos de cultivo! En las ciudades poseen lo que en Alemania se llaman «terrenos-filete», es decir, los que tienen la mejor ubicación y donde un metro cuadrado no tiene el valor de un par de euros, sino de cientos o de miles de euros. Y esto no es así sólo en Alemania, sino que es igual en todo el mundo donde impera el catolicismo y el protestantismo. Por ejemplo, en Italia son unas 500 mil hectáreas y en América se calculan más de un millón.
Cuando en los años 70 un periodista investigó en Roma cómo era la situación en esta ciudad, llegó a la conclusión de que un cuarto de toda la ciudad ya estaba en manos del Vaticano*. Pero como propietario no oficiaba el Vaticano, lo cual habría sido muy notorio, sino que todo estaba repartido entre 325 órdenes de monjas católicas y 87 órdenes de monjes. Aquí ya nadie puede hacerse una idea del asunto.
Veintiún años más tarde, en 1998, otro periodista volvió a hacer investigaciones y comprobó que ahora casi un tercio de las casas de Roma ya estaban en poder del Vaticano**. Él dijo que había sido muy difícil conseguir una claridad en el tema, puesto que el Vaticano, visto políticamente, es un Estado propio, donde muchas casas no están registradas y son consideradas extraterritoriales, pues en Italia el Vaticano es prácticamente un país «extranjero».
Después de la publicación del resultado de sus investigaciones, se levantaron voces indignadas que ponían en duda la veracidad global de estos datos. A raíz de ello el periodista realizó investigaciones, como un ejemplo más, en la ciudad de Verona. Él hizo un plano de esta ciudad, en el que marcó en negro todas las casas que pertenecían a la Iglesia. Después publicó dicho documento, y cuán grande fue la sorpresa general al verse que ¡la mitad del plano quedó en negro! Esto da una pequeña impresión sobre cuánto posee el Vaticano. Es simplemente algo incalculable.
Una pequeña nota informativa al margen: poco después de la publicación del artículo mencionado, el director del periódico correspondiente fue despedido. Así se puso fin a las aclaraciones que se estaban dando a la ciudadanía. De esta forma de proceder puede deducirse que, o bien este medio de comunicación pertenecía a la Iglesia misma, o era dependiente de otras empresas comerciales que pertenecían a la Iglesia.
Se trata aquí de mucho dinero. En el segundo informe sobre las propiedades inmobiliarias en Roma que apareció más tarde, en el año 1998, el periodista escribió: «La mayor parte de estas fabulosas riquezas están exentas de impuestos»*. Se trata así de inmensas cantidades que la Iglesia no sólo posee, sino que además ingresa año tras año en forma de alquileres, rentas, etc.







Subvenciones estatales de miles de millones para las Iglesias

Ocupémonos ahora de otro concepto, el de la «subvención estatal». ¿Acaso hay aún, aparte de los impuestos eclesiásticos y de la gigantesca fortuna, todavía más dinero para las Iglesias?
¡Claro que sí! Por de pronto hay que hacer constar que el Estado alemán renuncia al ingreso de 6.250 millones de euros anuales a raíz de la exención de impuestos a favor de la Iglesia. La mayor parte de este dinero, unos 3.500 millones de euros, se produce porque la Iglesia está exenta de pagar impuestos al Estado, pues los impuestos a favor de la Iglesia se pueden desgravar del impuesto a la renta. El Estado está supeditado naturalmente a tener ingresos para cubrir sus servicios a los ciudadanos. De ahí que los dineros de los impuestos que la Iglesia, es decir los miembros de la Iglesia, no pagan, deben ser aportados en definitiva por todos los demás contribuyentes. De nuevo tienen que cargar con todo aquellos que ya por sí lo tienen difícil.
Tan sólo en Alemania fluyen a las Iglesias anualmente 7.900 millones de euros por concepto de subvenciones para las clases confesionales de religión, para los estudios de teología, para los sacerdotes castrenses y muchas cosas más. Esto supone 8 mil millones de euros tomados de los impuestos generales, es decir, ¡no de las entradas de los impuestos a favor de la Iglesia!*
Por consiguiente, cada ciudadano en Alemania financia los estudios teológicos o también a los sacerdotes castrenses, tanto si pertenece a la Iglesia, como si es pacifista, teniendo que aceptar simplemente que los impuestos que ha pagado al Estado sean utilizados para tales fines. Y todo esto en una época en la que el ministro de Hacienda de Alemania se queja cada día de que dispone de muy pocos medios para financiar las medidas sociales necesarias.

En Alemania empobrecen cada vez más personas y unas pocas se hacen cada vez más ricas; actualmente hay unas cifras de desempleados como nunca ha habido hasta la fecha y todos tienen que apretarse el cinturón. Sólo una parte de la población no se ve obligada a ello, a saber, la burocracia eclesiástica de una Iglesia cuyo mensaje es cada vez menos valorado por los creyentes, pues sólo de un 7 a un 8 % de los miembros de la Iglesia acuden a las misas de los domingos.
Las subvenciones que recibe la Iglesia benefician así sobre todo a un aparato eclesiástico y no a la mayoría de sus fieles. Como ya se ha dicho, si los miembros de la Iglesia supieran lo que se hace con su dinero, muchos se saldrían de la misma. Normalmente esta clase de cuentos, como los que difunde aquí la Iglesia, se denominan fraudes. Una Iglesia que retiene a la mayoría de sus miembros, contándoles que con sus impuestos se financian instalaciones sociales y se apoya el bien común, engaña a sus propios miembros y a la opinión pública en general.







Las tenebrosas maquinaciones del Banco Vaticano

¿Pero por qué la Iglesia no habría de tener bancos, por ejemplo, en Alemania? El Vaticano tiene por su parte un banco propio, cuyo propietario es nada menos que el «pontífice» mismo. ¿Por qué la Iglesia no habría de hacer entonces lo mismo? Sólo hubo uno que no tuvo ningún banco, y ése fue Jesús de Nazaret, puesto que era un hombre del pueblo. Y lo que Él pensaba sobre la riqueza, lo hemos escuchado ya anteriormente.

A propósito del Banco Vaticano: éste ha estado envuelto en tenebrosos enredos. Por lo visto en él se blanqueó dinero a gran estilo. Se sacó dinero pasando por alto al fisco italiano a través de cuentas en el extranjero y empresas ocultas. Y cuando esta situación explotó, tuvieron lugar asesinatos. Había tratos con la mafia. En una relación tal el llamado banquero de Dios, Roberto Calvi, fue asesinado en Londres. Durante muchos años se intentó encubrir aquellos hechos, pero entretanto está comprobado que no pudo tratarse de un suicidio.
Hay que hacerse consciente de que el Vaticano no presenta cuentas claras, de modo que en última instancia ninguna persona sabe: a) qué valores financieros y fortunas están depositados allí, y b) cómo se formaron éstos. Pero lo que sí se sabe es cómo es la situación actual del mundo. Se sabe que 852 millones de personas padecen hambre. Se sabe que 1.200 millones de personas, esto es, 1/5 de la población mundial, vive en absoluta pobreza. Y el Papa, que es quien habla siempre de que hay que hacer cosas buenas a los demás, es él mismo el propietario de un banco y está prácticamente sentado sobre el dinero que podría ayudar a disminuir la miseria.






El Papa viaja – pero pagar deben hacerlo otros

Agregando algo a lo anterior, hay que decir que el Papa Juan Pablo II visitó a muchas de aquellas personas pobres y hambrientas, pero no para llevarles algo de su fortuna. No, muy por el contrario: en Tanzania, donde el Papa fue en el año 1990, los habitantes de una región visitada por él tuvieron que pagar las medidas de seguridad para protegerlo. La ex monja María Lauda informó que para este efecto las familias de aquel lugar se tuvieron que endeudar con lo que supone el sueldo de un mes*. Vemos que el Papa no lleva nada de sus riquezas; en vez de dar, él toma. Para la seguridad externa del «Santo padre» los pobres se ven obligados a pagar, esto es, a dar parte de lo poco que tienen, y mucho más aún, como vimos antes. ¿Y qué «bendición» recibieron por ello?

De forma parecida sucedió en Goya, India, donde la visita del Papa costó 10 millones de marcos alemanes, que fueron recolectados entre los creyentes.

También la visita del Papa Ratzinger a Baviera, en septiembre de 2006, hubo de ser financiada por los contribuyentes alemanes, incluyendo las gigantescas medidas de seguridad. Aquí hay que añadir las inmensas pérdidas económicas sufridas con motivo del cierre de las autopistas y de los trayectos ferroviarios, así como las obstrucciones del tráfico con barreras en el centro de la ciudad.








¡Devolved el dinero robado!

Justamente en relación con la pobreza y las insoportables necesidades de millones de personas, la monstruosa riqueza de la Iglesia y el lujo en el que viven los denominados «servidores de Dios» se convierte en un escándalo, sobre todo cuando precisamente las Iglesias han conseguido dar la impresión de que son precisamente ellas las que ayudan a mitigar las necesidades en el mundo. Siempre que sucede una catástrofe humana, en Alemania vienen siempre en primer lugar las peticiones de ayuda de las diferentes instituciones de ayuda humanitaria, lo que en todas partes hace surgir la impresión de que las Iglesias participan en esa ayuda. La verdad es que en absoluto es así. Ellas sólo reúnen los donativos de aquellas personas que desean ayudar a sus semejantes que están en necesidad. Estos dineros van en primer lugar a las cuentas de la Iglesia. Hasta que finalmente fluye a aquellos países a los que estaban destinados, la Iglesia se beneficia de los intereses.
En vista de estas gestiones financieras de la Iglesia, en más de uno surge la misma pregunta que Frerk plantea a las Iglesias alemanas al final de su libro: «¿Por qué las Iglesias no renuncian por un año a seguir aumentando la fortuna que tienen en capital, e invierten esos tres mil millones de euros en proyectos ejemplares?»*. ¡Qué proyectos de ayuda se podrían iniciar en el tercer mundo, considerando sólo un año de renuncia!
En relación con la fortuna que tiene la Iglesia en todo el mundo, se plantea otra pregunta: ¿Por qué en el año 2000 la Iglesia reconoció a medias su culpa, diciendo: «es verdad, se robó mucho», sin que a esta declaración le hayan seguido hechos concretos? ¿Por qué no devuelve esa fortuna robada a los países pobres? ¡Cuántas mega-toneladas de oro y plata se llevaron desde Sudamérica! ¿Por qué las Iglesias no hacen derretir las custodias y candelabros de oro y dan su valor a los que les fue robado, a México o Sudamérica, donde hay una pobreza tan enorme?

Son preguntas desagradables que hacen aguzar los oídos e invitan a reflexionar. Al fin y al cabo las iglesias afirman ser «cristianas», en cierto modo las que protegen y salvaguardan la herencia religioso-espiritual de Jesús, el Cristo, el maestro de la sabiduría más grande de la humanidad. ¿Podríamos imaginarnos que Él tendría algo que ver con tales maquinaciones? Hagámonos conscientes de cómo fue Su paso como hombre por esta Tierra. Él compartió lo último de su ropaje con Su prójimo. Él no estuvo al lado de los saturados, poderosos y ricos. Él sintió con los pobres e intercedió a su favor. Él vino al mundo entre los animales. Para mantenerse trabajó como un sencillo carpintero. Y al final de su camino terrenal fue asesinado por los ricos de la manera más vergonzosa. El camino que Él vivió y enseñó no es el camino de la riqueza. Jesús, el Cristo, nos dio Su enseñanza, el Sermón de la Montaña, con la frase básica: «Lo que quieres que otros te hagan a ti, hazlo primero tú a ellos». Él nos dio el mandamiento del amor al prójimo, no el mandamiento de acumular riquezas y de explotar al prójimo.







La solución está a la mano

Así pues, una persona inteligente y con buena capacidad analítica, se preguntará: Tratándose de la silla de san Pedro: ¿dónde he venido a caer? ¡Sin duda no en manos de Cristo! ¿Cómo se puede uno escapar de esta silla de san Pedro? En el caso de que ustedes mismos todavía paguen tributo a este culto idólatra totalitario, piensen tal vez ahora en liberarse de él. Pues incluso en la Biblia de la Iglesia encontrarán una instrucción adecuada. En el Apocalipsis de Juan se dice: «Sal de ella pueblo mío, no sea que os hagáis cómplices de sus pecados y os alcancen sus plagas». Y este consejo se puede seguir en cualquier momento.
Seguro que no será posible deshacerse en seguida de todos los cercos y encierros de los que hemos hablado hoy. Sobre todo en Alemania, como hemos tenido que comprobar, es muy difícil liberarse totalmente de las garras de la Iglesia, tratándose de dinero, pues también las personas que se han salido de la Iglesia continúan pagándole a través de los impuestos generales. Pero a pesar de ello, el salirse de ella es el primer paso en la dirección correcta.

Cada persona se puede formar su propia opinión hacia donde se quiere dirigir. Si ustedes se deciden por Jesús, el Cristo, el librepensador, el maestro de la sabiduría, esto no les costará ni un céntimo. Y entonces ya no necesitarán ninguna Iglesia, tampoco un culto idólatra totalitario ni mucho menos una institución, puesto que Jesús, el Cristo, vive dentro de cada uno de nosotros, también de ustedes, estimadas lectoras y estimados lectores. Por eso, ¡decídanse libremente!

Cuando nosotros, cristianos originarios, hablamos en nuestra serie de emisiones sobre cómo podemos aplicar las prácticas enseñanzas de Jesús de Nazaret en la vida diaria, no estamos supeditados a las polvorientas y falsificadas palabras de la Biblia, pues Cristo habla hoy de nuevo a los hombres a través de la palabra profética, para enseñarnos –como lo hizo siendo Jesús de Nazaret– la manera cómo podemos acercarnos a Dios. Como cristianos originarios nos esforzamos en practicar en la vida diaria las verdaderas enseñanzas de Cristo. Y nuestro deseo profundo es rehabilitar el nombre de «Jesús» o «Cristo», del que se abusa una y otra vez de múltiples maneras para fines no cristianos.

El «Santo padre» Ratzinger defiende abiertamente que se practique una crueldad bestial con animales indefensos

Tal vez resulte sorprendente para más de alguno que un programa con el título «... ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?» se ocupe del tema de los animales, pues puede que no se suponga ninguna relación directa entre el mundo de los animales y la silla de San Pedro.
El motivo de esta transmisión es una noticia que apareció en los medios de difusión a fines de 2005. En ella se leía que el Papa Ratzinger saboreó en Navidad una forma especial de tortura animal, a saber, un capón. Un capón es un gallo joven castrado. «Caponación» es el nombre que se da a la castración de un animal, en el que éste aumenta en masa cárnica, a fin de hacer su carne más delicada, un procedimiento que no suele ya efectuarse en la actualidad, por lo menos en Alemania, con motivo de las leyes de protección de animales. A la edad de 6 semanas, a los animales jóvenes se les abre la cavidad abdominal, normalmente sin anestesia, es decir, en estado plenamente consciente. Los testículos, que se encuentran en la cavidad abdominal, se extraen entonces con una tenaza, girándolo entre cinco y veinte veces (¡!). A muchos capones se les cortan también la cresta y la papada.

Algunos se preguntarán ahora consternados: ¿cómo es posible que se haga alarde públicamente de semejante tortura animal por parte de una persona que gobierna un imperio mundial y que, además, se hace venerar como «Santo padre» y «Vicario de Dios»? Y esa persona no tiene ningún reparo en autorizar que a animales indefensos se les trate con una crueldad tan bestial. ¿A quién no deja esto pensativo? ¿Y qué cosas más no tienen que sufrir los animales en el llamado Occidente cristiano, cuyos usos y costumbres fueron determinados en gran medida por la institución del Vaticano?













espero esto los haga pensar un poco !!





lo que pienso de la iglesia en imagenes!!





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